20 abril 2011

N-148 -Un modelo de crecimiento insostenible, de Luis Garicano y J. Ignacio Conde-Ruiz

El año 2008 puso fin a un largo ciclo de crecimiento de la economía española iniciado en 1995. Este ciclo de crecimiento permitió a España experimentar un fuerte proceso de convergencia real con Europa. En concreto la diferencia en renta per cápita de España respecto a la media de la UE-15 se redujo en más de siete puntos, alcanzando el 90%. El gran motor de este enorme crecimiento fue el empleo.

Gracias a la incorporación de la mujer al mercado de trabajo y al fenómeno de la inmigración, en 14 años se crearon más de ocho millones de empleos, la tasa de participación laboral subió más de 15 puntos y la tasa de paro se situó por primera vez por debajo de la media europea. En consecuencia, a pesar de la reciente crisis, en España se han creado casi seis millones de puestos de trabajo desde 1995, distribuidos entre casi todos los sectores de la economía.

Sin embargo, este proceso de creación de empleo y riqueza tan importante se freno en seco en el 2008, dejando al descubierto sus importantes debilidades. El aumento insuficiente de la productividad y la acumulación de desequilibrios externos son las claves para entender la insostenibilidad del modelo productivo, insostenibilidad que sin embargo el boom inmobiliario estaba enmascarando en los últimos años del ciclo.



Pese a contar con una importante inversión de capital físico y de esfuerzo humano (en horas trabajadas y en educación), lo cierto es que durante el periodo 1995-2008, España ha sido uno de los países europeos donde el crecimiento de la productividad ha sido mas bajo.

Observamos una caída continuada desde 1995 en los niveles de productividad con respecto a Europa hasta los inicios de la crisis, donde la destrucción de empleo de baja productividad hizo repuntar de forma temporal la productividad en nuestro país.

Este hecho es muy preocupante, pues la productividad es la variable clave que determina el nivel de bienestar que una economía puede sostener. En efecto, para que un país sea capaz de mejorar el nivel de vida del que disfrutan sus ciudadanos es absolutamente necesario que se produzcan cada vez mas bienes y servicios por trabajador.



La incapacidad de la economía española para generar crecimiento de la productividad es la debilidad clave del modelo de crecimiento español. Tal como mostramos en un reciente informe de Fedea-McKinsey, en el que hemos participado, un análisis más detallado de las causas de esta diferencia en productividad laboral apuntan que, si bien España tiene un mayor peso relativo de sectores poco productivos (por ejemplo construcción), más del 50% del diferencial en productividad se produce por una menor productividad relativa dentro de cada uno de los sectores. Es decir, uno por uno, la mayor parte de los sectores españoles son menos productivos que sus equivalentes europeos. Además, aquellos pocos sectores que son más productivos respecto a Europa también han visto reducida su ventaja.

La mala evolución de la productividad española, unida a un incremento significativo de los costes laborales, han producido una significativa erosión de la competitividad de España frente a otras economías. Éste es uno de los efectos directos más importantes del mal desempeño en términos de evolución de la productividad.



Los desequilibrios externos refuerzan la necesidad de un cambio. La evolución de la relación comercial con el exterior a lo largo de este periodo está caracterizada por la acumulación de fuertes desequilibrios en términos de balanza comercial y financiera, que obligan a España a depender continuamente de la financiación exterior.



En primer lugar, debido en parte al importante peso de la inmigración, el crecimiento español ha estado orientado en más de un 80% al consumo doméstico, considerablemente por encima de otras economías europeas. En comparación con estas, España tiene un mayor porcentaje de su producción orientada a consumo doméstico.



Por otro lado, España ha aumentado en mucha mayor medida la importación de bienes y servicios (que han crecido un 10,1% anual en términos nominales de 1995 al 2008) que la exportación de los mismos (que ha crecido al 8,5% anual en el mismo periodo), dando lugar a una degradación significativa de la balanza por cuenta corriente, y alcanzando niveles de déficit muy elevados (rozando el 10% del producto interior bruto). Aunque estos déficits se han visto parcialmente corregidos en el periodo más reciente, el desequilibrio acumulado es muy significativo. El resultado de estos altísimos déficit sostenidos ha sido una necesidad de financiación que, acumulada a lo largo de los años 2000 al 2009 sumaba 520 mil millones de euros.



En primer lugar, España cuenta con infraestructuras de primera línea mundial que complementan los activos naturales. En particular una ventaja clave de España es su localización privilegiada, entre Europa y África,entre el Mediterráneo y el Atlántico. Además, España posee la red de autopistas más extensa de Europa, desde finales del 2010 es la primera nación de Europa en número de kilómetros de alta velocidad y se encuentra en el top cinco de países que más mercancías mueven en sus puertos.



En segundo lugar, España cuenta con abundante capital humano competitivo. A pesar de tener tasas de abandono escolar muy elevadas e importantes carencias en el sistema educativo, el 38,2% de la población española entre 25 y 34 años tiene titulación universitaria, frente al 33,5% europeo. Además estos licenciados son más económicos de emplear, aunque en parte pueda reflejar razones de baja calidad y no sólo de cantidad de oferta, lo cierto es que contratar a un joven licenciado español ** supone un coste medio de 38.000 euros frente a los cerca de 70.000 euros de un alemán o ingles.



Y, en tercer lugar, España cuenta con un tejido empresarial competitivo a escala mundial. Hay empresas líderes españolas en 12 de los 38 sectores en los que la revista Forbes clasifica las actividades económicas. Una indicación de esta competitividad global de las empresas españolas es que, mientras otras economías modernas están perdiendo cuota de exportaciones, España ha conseguido mantener su cuota en estos últimos 10 años a pesar de la irrupción de China e India.



En definitiva, el patrón de crecimiento tradicional ha llegado a su fin.

España necesita un nuevo modelo de crecimiento basado en un ciclo virtuoso de productividad, competitividad y, de una mayor capacidad para captar demanda externa y generar una demanda interna sostenible, y no basada en endeudamiento creciente.



En el informe Fedea-Mckinsey, identificamos, a través de un análisis sectorial, cuáles serán los futuros motores de crecimiento así como las reformas necesarias para que arranquen. En futuros artículos entraremos en esta materia.



Luis Garicano. Catedrático London School of Economics. Director de la Cátedra Mckinsey en la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea). Escrito conjuntamente con J. Ignacio Conde-Ruiz, profesor titular en la Universidad Complutense e Investigador en Fedea

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** no me extraña pues que muchos se larguen hacia Alemania donde cobran 3 veces mas.