20 abril 2011

N-132- Hacia una cultura de la innovación

Las ideas expuestas hasta ahora conforman parcialmente un modelo de comportamiento que contribuye a que las sociedades que lo tienen asimilado sean más innovadoras que otras que no lo tienen. No hay que insistir en la necesidad de adoptar el modelo en cuestión en una época en la que los países desarrollados no tienen más remedio que competir en creatividad e innovación con economías emergentes y países en vías de desarrollo.


No es difícil conseguirlo. Simplemente hay que desarrollar una cultura de la innovación. Pero la cultura no es otra cosa que el conjunto de valores que una sociedad comparte, es decir, aquellos principios, actitudes y costumbres a los que una determinada sociedad da importancia y valora. Aquello en definitiva que tiene valor para una mayoría de los miembros de la sociedad en cuestión


Algunos de esos valores pueden ser reseñados someramente. En primer lugar habría que mencionar la vocación emprendedora de las personas, la cual está unida al gusto por los negocios propios, el interés por las iniciativas y la capacidad para la asunción de riesgos.


La curiosidad y la formación que permiten a las personas tener más amplitud de miras, más imaginación y más interés por las cosas es también algo identificable en los países innovadores.


La ingenuidad, el amor al cambio y la concepción dinámica de la existencia son de la misma forma valores fundamentales observados en las sociedades avanzadas y ricas. El escepticismo, el conservadurismo excesivo y el rechazo continuo de lo nuevo serían las actitudes contrarias, muy típicas por cierto de las sociedades estáticas y atrasadas.


La afición a la tecnología y a su aplicación es otra característica destacable de la cultura para la innovación. Hay que estar al tanto de los avances tecnológicos aunque sin ser necesariamente un especialista en ellos. Hay que tener curiosidad por los nuevos conocimientos y, por supuesto, por sus aplicaciones.


El sentido práctico, el interés por lo concreto y la búsqueda de la utilidad de todo es otra dimensión típica de las sociedades innovadoras. En las mejores épocas de un país como los Estados Unidos, que ha desarrollado una de las culturas más innovadoras de todas los tiempos, se tenía un slogan poderoso, “todo lo que funciona es válido”.


La valoración de lo artesanal, la cercanía a las cosas e, incluso, la acción con las manos, son también características observadas en los países más exitosos. Es lo que hace unos años Jhon Naisbitt identificó como “High Tech- High Touch” y lo que con frecuencia se dice en las regiones más tecnológicamente avanzadas de Norteamérica, “Tecnología Avanzada, es decir, Nueva Artesanía”. (Naisbitt, 1982). La excesiva conceptualización e intelectualización del mundo, la teorización de todo, la cultura como verborrea y otros rasgos observados en ciertos países, son enemigos de la innovación, incluso de la innovación en el terreno de las ideas.


Por supuesto, y aunque esto no sea una exigencia sólo válida para la innovación, es necesario dar valor e importancia al trabajo, a la disciplina y al esfuerzo. Si hay algo realmente amenazante de economías emergentes como China y la India es su capacidad para el trabajo duro, su disciplina y su disponibilidad para vivir simplemente y con muy poco.


Y, en fin, y en términos más generales, la ambición de las personas, el afán de progreso y la preocupación por la mejora del mundo. Así como la existencia de circuitos paralelos de financiación particularmente en forma de “capital riesgo” y, al menos en términos parciales, financiación pública de las actividades más científicas.


Esto último, nunca insistiremos bastante en ello, es extremadamente importante. La mayor parte de las grandes innovaciones de la historia han sido resultado de la simbiosis armoniosa entre inventores y financiadores así como de la capacidad de gestión de otros participantes en los procesos de innovación.



http://www.tendencias21.net/Prospectiva/Hacia-una-cultura-de-la-innovacion_a200.html

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2-¿A qué obstáculos tiene que hacer frente un emprendedor?



El Global Entrepreneurship Monitor (GEM) presentado esta semana por el IE Business School. Y es que, según este estudio, que recoge la opinión de más de 600 expertos en 59 países, la actividad emprenedora en España bajó nada menos que en un 15,57% en 2010.

España, en una situación delicada

Nuestro país no sale nada bien parado de este estudio, que lo coloca como uno de los seis menos emprendedores dentro de los veintiún países con economías “impulsadas por la innovación”. El estudio asegura que la disposición de los consumidores a aceptar y adquirir productos innovadores, un factor, que sin embargo, no ha evitado que el emprendimiento nuevo haya caído un 25% y el naciente un 4,34%. Los únicos brotes verdes parecen situarse en el futuro más o menos inmediato, ya que la intención de emprender en los próximos tres años ha repuntado un 21,8%, respecto a 2009. Pero ya sabemos que de la intención a la acción hay un paso considerable.



Los motivos del descenso

¿Qué factores son los culpables de este descenso emprendedor? Hace unos meses ya hablábamos de algunos factores que daban la espalda a los emprendedores, que navegan a sus anchas en el mundo online pero acaban naufragando en el offline. Según el estudio, los principales escollos de los emprendedores son la falta de financiación y la burocracia, además de una deficiente educación e inercia emprendedoras.



El informe también señala que el 1,9% de los encuestados han abandonado una actividad empresarial en 2010, de los cuales el 48,6% se debieron a la falta de rentabilidad del negocio y el 17,8% a los problemas para obtener financiación.

http://www.cotizalia.com/emprendedores/2011/obstaculos-tiene-hacer-frente-emprendedor-20110324-66565.html



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3-Enlace:

The Knowledge-Based Economy Modeled, Measured, Simulated



‎'the triple helix of university-industry-government relations'

http://www.universal-publishers.com/book.php?method=ISBN&book=1581129378