31 octubre 2019

Recomendaciones (o no) de lectura: “Teoría Monetaria Moderna” (MMT) Pretensiones de omnisciencia y omnipotencia

Recomendaciones (o no) de lectura: Pretensiones de omnisciencia y omnipotencia (I)


Factores políticos asociados al ciclo electoral en Estados Unidos y nuevas inquietudes económicas causadas por una desaceleración económica mayor que la esperada, han dado alas a propuestas de política económica basadas en una doctrina económica conocida como “Teoría Monetaria Moderna” (MMT). Si hay que resumir la principal proposición de esta teoría en una frase, sería algo así como que en una economía con dinero fiduciario y un Gobierno que puede imponer el uso de la moneda que él mismo emite y, por tanto, que no tiene restricciones financieras, la política fiscal permite alcanzar siempre el pleno empleo y la estabilidad de precios (la "coincidencia divina" en la terminología de la Economía Neokeynesiana).
En el mundo académico MMT ha recibido muy poca atención, en buena parte porque su exposición a través de los canales habituales (seminarios, conferencias, documentos de trabajo, artículos en revistas con evaluación anónima) ha sido muy limitada. Se ha difundido como una “Guru-based theory” en lugar de mediante los modelos formales y la evidencia empírica con los que los economistas dedicados a la investigación se comunican entre sí. Por ello, la propia distinción entre sus premisas y conclusiones y el razonamiento que lleva de las unas a las otras resultan difíciles de apreciar. No obstante, ha ganado presencia en el debate sobre políticas macroeconómicas, aun cuando, como dice Paul Krugman, resulta muy complicado conseguir que debatir sobre MMT sea algo más que Calvinball, esto es, un juego sin reglas.
Con toda esta confusión, es muy de agradecer que algunos de los principales adalides de MMT (William Mitchell, Randall Wray y Martin Watts, a los que me referiré como MWW) hayan publicado Macroeconomics, una obra en formato de libro de texto con la que se trata de explicar qué es y cómo se debe enseñar lo que se presenta como “un nuevo paradigma macroeconómico” y "la guía definitiva" a la conducción de las políticas económicas.
Tal y como hice en casos similares en el pasado (aquí y aquí), dividiré esta reseña en dos partes. Esta primera es mayoritariamente descriptiva (aunque con inevitables apostillas que escribiré entre paréntesis, a pesar de que soy muy consciente de que hacerlo así causará enojo a Samuel). En una entrada siguiente resumiré la actualización de mi valoración de lo que es MMT tras revisar este libro. Como aperitivo, pero no como sorpresa, al menos para mis seguidores en redes sociales, adelantaré que no será positiva.
Lo que Macroeconomics de MWW dice ser…
Tiene ocho partes, cada una de ellas con capítulos muy heterogéneos, tanto en temática como en niveles de dificultad para lectores no iniciados en Economía.
La primera parte, a modo de introducción, describe a la Macroeconomía como una disciplina con muchas controversias (contested) y fuertemente ideologizada en la que hay que tener espíritu “crítico” (que en Macreoconomics solo se practica en una dirección única) y utilizar el lenguaje (framing) para orientar la defensa y argumentación de propuestas políticas (no tanto para clarificar argumentos y razonar). Incluye un capítulo sobre formas de producción y lo que es el capitalismo, y otros sobre los instrumentos necesarios para “hacer macroeconomía”: matemáticas -álgebra básica, cálculos de tasas de crecimiento, progresiones geométricas y números índices relativos a los agregados macroeconómicos-, gráficos e identidades contables de la Contabilidad Nacional y referidas a las relaciones entre los sectores institucionales: familias, empresas, gobierno y sector exterior.
La segunda parte solo tiene dos capítulos (poco controvertidos y de escasa novedad) dedicados a describir lo que es el dinero, la soberanía monetaria, el papel de los bancos y las diferencias entre tipos de cambio fijos y flexibles. La tercera parte se refiere a la determinación de la producción y del empleo contraponiendo la teoría clásica (que confirma la ley de Say) al modelo keynesiano, que atribuye todo el protagonismo a la demanda efectiva, el multiplicador del gasto y a la rigidez de precios. Todo la discusión se dirige a concluir que la demanda agregada de trabajo no depende de los salarios (Figura 14.4 pag. 210) y que el nivel agregado de precios se mantiene constante hasta que se alcanza el pleno empleo (Figura 16.3 pag. 247). Con todo ello, se enuncia una “regla macroeconómica básica” (pag. 219): “sujeto a la capacidad productiva existente, el gasto agregado determina la producción y la renta nacional y, estos a su vez, el empleo”.
La principal protagonista de la cuarta parte es la relación entre desempleo e inflación (la archiconocida curva de Phillips). Junto con el tratamiento habitual, se menciona también la posibilidad de histéresis (persistencia extrema del desempleo) y sus consecuencias y se introduce un instrumento fundamental de la MMT para conseguir el pleno empleo y la estabilidad de precios: el programa gubernamental de empleo garantizado.
La quinta parte se dedica al análisis de la políticas económicas en una economía abierta. Básicamente se presentan las consecuencias de consolidar las operaciones fiscales del Tesoro y las monetarias del Banco Central y lo que la política fiscal puede conseguir bajo esta perspectiva, así como del funcionamiento de los controles de capital. En la sexta parte se presentan las razones de la inevitable inestabilidad del sistema capitalista. Dichas razones se resumen en un capítulo (anticuado) sobre los determinantes de la inversión y otro sobre teorías “heterodoxas” de las crisis capitalistas.
La séptima parte es una historia del pensamiento macroeconómico desde Keynes hasta nuestros días. Tras presentar el modelo IS-LM (¡en el capítulo 28!) se describe someramente la síntesis neoclásica, la teoría de los ciclos reales, la economía neokeynesiana y las “teorías macroeconómicas heterodoxas modernas”.
Finalmente, la octava parte se dedica a presentar, desde la perspectiva de la MMT, los debates contemporáneos de política económica, entre ellos, las consecuencias del envejecimiento de la población sobre los gastos sociales, la hipótesis de los déficits gemelos, las causas de las crisis cambiarias, la elección del régimen del tipo de cambio y los problemas de la Unión Monetaria Europea, y la crisis medioambiental y los determinantes del crecimiento económico. Para terminar, se dedica un capítulo a las causas de la última crisis (aquí denominada Global Financial Crisis) en el que (cómo no) se repite la usual letanía (doblemente falsa) de que solo algunos “economistas heterodoxos” vieron venir la crisis.
lo que pretende ser
MMT se presenta como “la alternativa progresista y heterodoxa” a la macroeconomía convencional, ortodoxa y austera. Se trata de la continuación de las tradiciones keynesiana (“la verdadera”, no la bastarda), institucionalista y marxista, cuya influencia en la ciencia económica (casi) desapareció por completo a partir de 1970 con la construcción de la síntesis neoclásica.
La superioridad de MMT proclamada por MWW se defiende sobre tres pilares: i) la concepción de la Economía como el estudio de “la creación y la distribución social de los recursos de la sociedad”, en lugar de la visión simplista y desenfocada de la Economía ortodoxa que se dedica al “estudio de la asignación de recursos entre deseos ilimitados” a partir del comportamiento humano racional y de mercados sin regular, ii) una mejor descripción (que no análisis) de las operaciones monetarias y del sector bancario en economías modernas, y iii) una concepción de la política fiscal como instrumento no limitado por restricciones financieras en la consecución de objetivos sociales (idea conocida como Functional finance).
En la segunda parte de esta reseña profundizaré sobre si estos tres elementos confieren, en realidad, a MMT la superioridad de la que los autores presumen. (Anticiparé telegráficamente las respuestas: i) no, ii) sí pero no y iii) definitivamente, no).
y lo que es en realidad
Macroeconomics de MWW tiene más de Historia del Pensamiento Económico, de Contabilidad Nacional y de discusión de Políticas Económicas que de Macroeconomía. Incluso en los capítulos más descriptivos se introducen referencias (y coletillas) a controversias (viejunas, que diría Antonio) entre distintas “escuelas de pensamiento”. Con ello, este libro se acaba pareciendo a un histórico campo de batalla en el que se intentan resucitar combates intelectuales que se libraron hace mucho tiempo.
Como libro de texto de macroeconomía es bastante limitado e incompleto, tanto por el enfoque metodológico como por su contenido. Metodológicamente, se recurre a la falacia de composición para justificar la despreocupación por el comportamiento de los agentes económicos y su importancia a la hora de determinar el resultado de las políticas públicas. Ello sirve también para justificar que “no hay una sola forma correcta de hacer Macroeconomía” en defensa de un enfoque menos formal y (casi) ignorante de la evidencia empírica. Siendo muy cierto que no hay una sola forma correcta de "hacer macro", la impresión final es que lo que MWW quieren decir en realidad es que todo vale, excepto la corriente principal ortodoxa desarrollada desde 1970. En cuanto al contenido, es poco más que la repetición de una rocambolesca historia de una Macroeconomía que empieza mal en Alfred Marshall y, en lo fundamental, acaba bien y definitivamente en John Maynard Keynes.
En definitiva, mis expectativas de encontrar (por fin) en Macroeconomics de MWW una presentación rigurosa de MMT y un análisis macroeconómico formal basado en su visión “más moderna” de las operaciones monetarias, se vieron totalmente defraudadas. Daré más explicaciones en la segunda parte de esta reseña.
(Continuará el próximo viernes 18 de octubre)

Repensar la Pobreza: Reflexiones más pausadas sobre el Premio Nobel de Economía 2019 a Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer

Repensar la Pobreza: Reflexiones más pausadas sobre el Premio Nobel de Economía 2019 a Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer

Como ya anunciamos en esta entrada express, el conocido como Premio Nobel de Economía (todos los años alguien nos recuerda que Alfred P. Nobel no estableció un premio para nuestra disciplina) ha sido otorgado a Abhijit  Banerjee (MIT), Esther Duflo (MIT) y Michael Kremer (Harvard) por "su enfoque experimental para aliviar la pobreza mundial". Estos tres economistas han revolucionado la forma en la que se estudia cómo se puede estimular el desarrollo económico en países pobres, priorizando intervenciones testadas en experimentos aleatorios y basadas en el conocimiento sobre el terreno de las razones reales que determinan por qué las personas pobres a menudo toman decisiones subóptimas. Este enfoque en la lucha contra la pobreza supuso un cambio radical frente a lo que venía siendo la práctica habitual en el campo del desarrollo y en las recomendaciones de política pública de los organismos internacionales. Estas recomendaciones surgían de análisis más macro y se basaban en aquellos programas que “deberían” funcionar en teoría pero para los que la relación causa-efecto de su efectividad no estaba necesariamente establecida empíricamente. Como explicó Duflo en su ilustrativa TED talk, no sabíamos si los ingentes recursos destinados a la ayuda al desarrollo eran efectivos o no. Si los resultados observados con posterioridad a la implementación de un programa eran buenos, no sabíamos si esto se debía al programa en si. Quizás los resultados eran buenos por casualidad y hubiesen sido incluso mejores si el programa nunca se hubiese implementado.
Hasta finales de la década de los 90, los economistas que querían evaluar el impacto causal de las políticas públicas sólo podían aspirar a encontrar una fuente de variación exógena ya presente en la implementación del programa. Los llamados “experimentos naturales” utilizaban discontinuidades o factores externos que pudiesen haber ocurrido en las regiones donde el programa se implementó o a los individuos que fueran elegibles. Sin embargo, los premiados comenzaron a preguntarse el por qué deberían limitarse a intentar encontrar estos shocks exógenos y no podían asignar una política pública a un grupo de tratamiento seleccionado aleatoriamente y comparar los resultados de un grupo de control.
Mediante estos experimentos aleatorios aplicados a las políticas públicas, los premiados han conseguido aportar evidencias científicas rigurosas sobre el impacto de diversas intervenciones destinadas a la lucha contra la pobreza. Se han evaluado el efecto de los microcréditos, de sistemas de incentivos para la vacunación infantil, de programas de fomento del uso de fertilizantes en la agricultura o de incentivos para el uso de mosquiteras para prevenir malaria, entre muchos otros. Un resultado de estos estudios es que a menudo las políticas más comunmente aceptadas e implementadas, no son las más efectivas en la lucha contra la pobreza. Por ejemplo, en el ámbito educativo han observado que el proveer a los alumnos de libros gratuitos o el asegurarles la comida en el centro educativo contribuye menos a disminuir el absentismo escolar que, por ejemplo, adecuar el contenido de los programas educativos a las necesidades reales de los alumnos o prescribirles un fármaco coste-efectivo contra aquellos parásitos intestinales que evitan que los niños puedan ir al colegio de forma continuada. Por último, los galardonados también han comprobado que el rediseño de los incentivos laborales de los profesores puede ayudar a reducir el enorme absentismo laboral en algunos de estos países.
La relativa importancia de los recursos y lo crucial que resulta entender los incentivos de quienes están al mando de los servicios públicos en los países en vías de desarrollo, se refleja también en las intervenciones de los premiados en el ámbito de la salud. Por ejemplo, encontraron que una de las razones de la falta de vacunación infantil en países pobres no es sólo la falta de vacunas sino la facilidad de conseguirlas. En este sentido, sus investigaciones apuntan a la clásica enseñanza de la Economía del Comportamiento sobre el valor de los “gratis”: las tasas de vacunación pasaron en uno de sus experimentos del 18 al 75% en el momento en que las vacunas dejaban de costar algo menos de un dólar y pasaban a ser completamente gratis. De forma similar, el problema no es tanto que las vacunas no estén disponibles en los centros de salud sino que cuando se acudía a vacunarse, los encargados de poner las vacunas no estaban en sus centros de trabajo. Por ello, establecieron un sistema de unidades móviles que realizaban campañas de vacunación dirigiéndose directamente a las zonas más pobladas que, combinándolo con un pequeño incentivo (un kilo de alimentos) consiguió incrementar de forma espectacular las tasas de vacunación.
Por último, no han estado exenta de polémica las investigaciones de los premiados sobre microcréditos financieros, una herramienta clásica propuesta para salir de la pobreza extrema. En varias investigaciones, los premiados encuentran que aunque los microcréditos estén ampliamente disponibles y en condiciones muy ventajosas, los individuos pueden no tomarlos. Si bien uno de estos créditos podría permitir la inversión en fertilizantes que a medio plazo aumentaran de manera radical la productividad de las tierras cultivadas por agricultores pobres, éstos no los terminan de adoptar por tener preferencias temporales sesgadas hacia el presente: cuando uno es pobre lo que importa es el aquí y ahora, y cuesta mucho hacer un esfuerzo económico hoy, por pequeño que sea, aunque sea muy provechoso en el futuro.
Estos ejemplos ilustran la relevancia y el gran valor para la sociedad del trabajo de los galardonados. Su metodología permite dar prioridad a aquellas políticas públicas para las cuales existen evidencias científicas que funcionan y mejoran el bienestar de las personas. Esto representa un cambio de paradigma respecto a la práctica habitual en la mayoría de países que consiste en implementar aquellas políticas que los políticos “intuyen” que funcionarán mejor o que, simplemente, les darán mayores réditos políticos. Numerosos países en vías de desarrollo ha firmado acuerdos con organismos que promueven el uso de experimentos aleatorios, como el Jameel Poverty Action Lab, fundado Banerjee y Duflo, para comprometerse a diseñar sus políticas públicas en base a la evidencia empírica. Además, instituciones como el Banco Mundial y otros organismos multilaterales han empezado a requerir la realización de evaluaciones de impacto en la mayoría de sus programas de ayuda al desarrollo.
Este ha sido un premio Nobel muy celebrado, tanto por haber sido dado a economistas que se enfocan de forma práctica en obtener resultados para un problema real, como por el hecho de que los galardonados son realmente apreciados en el ámbito académico no sólo por su trabajo, sino también por su servicio a la comunidad científica, y a los investigadores jóvenes especialmente. No obstante, el premio también ha creado un estimulante debate académico. Como ya comentamos en esta entrada, se ha criticado que algunos de sus experimentos carecen de teoría económica por lo que la implementación de sus intervenciones en otros contextos puede generar resultados diferentes. A esto se le llama comúnmente falta de validez externa (lack of external validity). Esto viene acrecentado por basarse los resultados en los múltiple micro-detalles específicos de un problema concreto en un país concreto. Un segunda crítica acusa sobre la relativa falta de ética que tiene el enfoque experimental: para poder establecer causalidad, los experimentos necesitan un grupo de control. En este grupo, una intervención potencialmente beneficiosa no se implementa durante el tiempo del estudio. También es posible que el grupo de tratamiento no se beneficie, sino que se vea perjudicado por la intervención que se estudia.  Frente a la primera crítica, enarbolada por ejemplo por otro reciente premio Nobel como Angus Deaton, cabe preguntarse qué es exactamente la teoría económica y por qué no pueden ser compatibles teorías generales sobre el desarrollo económico con intuiciones, testadas posteriormente sobre el terreno y de las que se pueden establecer enseñanzas más generales. Además muchos de los estudios aleatorios de estos autores cuentan con una teoría detallada y rigurosa. Por ejemplo en el artículo sobre los incentivos a profesorado no sólo presenta un modelo de comportamiento dinámico sino que también lo estima estructuralmente y obtiene estimaciones contrafactuales. Sobre las consideraciones éticas, si bien es cierto que toda investigación experimental, como los ensayos clínicos de nuevos fármacos, sufren esta crítica, uno puede pensar también en el coste de oportunidad de no hacer estas intervenciones y en el análisis coste-beneficio a largo plazo de lo que se aprende entendiendo la relación causal de la efectividad de estos programas. Además, la participación en los grupos de tratamiento siempre es voluntaria y la asignación al grupo de control es aleatoria, por lo que, en ausencia de posibles externalidades del experimento, los “no tratados” no estarán en peor situación que la que ya estaban. Al finalizar la fase experimental, si el programa funciona, a menudo se extiende al grupo de control y los individuos se benefician de una política efectiva.  En todo caso, se trata de un debate importante y apasionante. Debate que, además, nos gustaría impulsar para impulsar de una vez la creación en España de un centro, similar a las agencias existentes en gran parte de los países desarrollados como Estados Unidos, Reino Unido o Australia, que promueva las políticas basadas en la evidencia proveniente de experimentos controlados (RCTs o “Randomized Controlled Trials”) como los que realizan los tres galardonados con el Nobel de Economía este año.
Si se han quedado con ganas de saber más, Mónica, cuyo director de tesis doctoral fue uno de los premiados (Abhijit Banerjee), será una de los ponentes, junto con Anna Sanz y Marcos Vera, de la tradicional mesa redonda anual divulgativa sobre los premios que la Asociación Española de Economía organiza en la Fundación Ramón Areces el 11 de Noviembre por la tarde.
PD: Este post es una versión “expandida” y editada del artículo publicado por Mónica en Expansión el 16/10/2019.
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