14 diciembre 2011

N-377: Modelos de otros paises.Paro juvenil

Paro juvenil: ¿Qué hacen los suizos para que les vaya tan bien?
by FLORENTINO FELGUEROSO on 14/10/2011
Ayer tuvimos en Fedea una visita de excelencia: Urs Ziswiler, el embajador de Suiza en España (y Andorra). El objetivo del encuentro era transmitirnos una de las bondades de este país: tienen el paro juvenil más bajo de Europa.

Y la razón principal, según el embajador, no es otra que su sistema de formación profesional  dual, aquel que combina, en alternancia, la educación en la escuela con el aprendizaje remunerado en la empresa.
Este modelo que se basa en la figura del aprendiz, tendría su origen ya en la Edad Media, en las asociaciones gremiales, y se habría mantenido desde entonces cambiando de forma para integrarse en el sistema educativo reglado.
Según el OECD Education at a Glance (2011), en el año 2009, un 65.5% de los estudiantes de la secundaria posobligatoria suizos seguían itinerarios de formación profesional, un 60% lo hacía siguiendo programas que combinan las escuelas con el  empleo en alternancia. Con sólo un 7% de abandono escolar temprano, estas cifras indican que más de la mitad de la población juvenil pasa por este sistema. En España, entre el 70% de los jóvenes que no han abandonado el sistema educativo, un 43% seguía estudios de FP  y sólo un 2% lo hacía bajo la fórmula de la formación dual.
Según el prospecto que nos dejó el embajador, el sistema dual estaría orientado al mercado de trabajo, teniendo pues dos grandes ventajas: capacita a los jóvenes para su entrada en el mercado de trabajo y cubre las necesidades de las empresas, garantizando que existan suficientes especialistas y cuadros en el futuro. “La estrecha correlación con el mercado de trabajo explicaría por qué Suiza tiene una de las tasas de paro juvenil más bajas entre los países europeos”.
Suiza no es el único país que apostó por la formación profesional reglada dual. Este modelo educativo es de hecho una característica bien conocida de los países germanoparlantes: Alemania, Austria y Suiza, y también de Dinamarca que lo adoptó en los años 80. Cómo se puede observar en el Gráfico 2, los cuatro países ocupan una muy buena posición en el podio de los de menor tasa de paro juvenil.

Los pros y contras de la FP dual
Las costes y beneficios de la formación dual vienen bien resumidos en estos dos documentos de la OCDE, aquí y aquí.
A mi modo de ver, la principal ventaja del modelo dual es que a diferencia de nuestro modelo educativo, la transición de la escuela al mercado de trabajo no se pospone hasta el final de los estudios. De esta forma, al menos teóricamente, las ventajas del sistema dual son claras. Al final de la educación secundaria posobligatoria, los estudiantes disponen ya de una amplia experiencia laboral. En ambos sistemas pueden obtener un diploma o graduación con la misma edad, pero en el primero ya han adquirido así dos tipos de capital humano adicionales,  uno de carácter genérico (la primera experiencia laboral, que sirve para otras empresas) y otro de carácter específico (la antigüedad en una empresa, el que “vale, vale”, y la probabilidad de que permanezca en la empresa es alta).
Para entender bien los beneficios del sistema dual hay que recordar una de las máximas de la economía laboral: debido al “riesgo de pirateo” de los jóvenes ya formados por parte de otras empresas, estos han de costearse su propia formación por medio de un menor salario. Los jóvenes, aún sin título, tienen un menor salario de reserva (el que estarían dispuestos a aceptar para trabajar) que aquellos con título, y, así mismo, resulta muy probablemente más “admisible” para los agentes sociales  negociar un salario inferior para un aprendiz de 16 años que para un titulado con 18 o 21 años.  Por contra, la alternativa al sistema de educación dual acaba siendo la de los contratos de prácticas. Si estos incluyen un menor salario, serán tildados de “contratos basura” y, sino, deberán financiarse por el Estado por vía de subvenciones. En definitiva, el sistema resulta igualmente costoso para las arcas públicas (véase aquí otra entrada en la que ya abordamos este tema). Adicionalmente, también surge el problema del control de la formación de los jóvenes durante prácticas, que no está garantizada por el sistema educativo reglado.
El sistema sólo puede funcionar si existe una plena predisposición de empresas, agentes sociales y de las autoridades educativas que ofrecen los cursos reglados y supervisan la formación. Debe existir un mercado de trabajo de aprendices en el que el Estado interviene como intermediario. En Suiza, cerca de un 30% de las empresas participan en este proceso, teniendo las PYMEs mayor peso que las grandes empresas. La oferta educativa ha de ajustarse a las necesidades de las empresas en el largo plazo (para el corto plazo ya están las políticas activas de formación) y esto no es nada sencillo. La evidencia muestra para Alemania que sólo la mitad de la población con formación profesional reglada trabaja en empleos para los que se formaron.
¿Sería factible en España?
Un buen punto de arranque es que los sindicatos estarían, a priori, a favor de la implantación del sistema de formación dual en España y los partidos políticos también. Ahora bien, estos últimos no parecen ponerse de acuerdo. El PP apoyaría que se implante en la formación reglada. De hecho, este curso ya ha promovido una primera experiencia piloto en la Comunidad de Madrid. El actual gobierno y el futuro candidato apuestan más bien por mantener el sistema actual y reforzar la formación dual de aquellos jóvenes que han abandonado la escuela en edad temprana sin cualificación alguna para un oficio. No cabe duda que el reto es extremadamente complicado. Hay que cubrir ambas necesidades, la avería es muy gorda, pero no es menos cierto que si no se cierra el grifo, será muy difícil arreglarla.
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Pregunto, no seria mejor que el parado, tuviese la oportunidad, de cobrar dicho paro, incluso un año mas, a cambio de ser aprendiz, a cambio de formarse en la empresa, partiéndose el estado y la empresa los costes. Al cabo de 1-3 años si el parado se hubiese adaptado a la empresa, podría tener un lugar de trabajo. Ventajas para el empresario que tendría a un trabajador formado y ventajas para el estado con un parado menos a pagar.

Enlaces empresa-universidad, tambien hay que analizar el modelo de Finlandia que incentiva los masters, tesis, doctorados con aplicación practica en la empresa.
El prof.Pavón, nos explicaba porque no funcionan en este caso las politicas de oferta, en la universidad…tiene razón el profesor ?Innovación o ladrillo:
http://www.youtube.com/watch?v=YUcKZSgBa8Q


Si hay poco dinero, por la contraccion del credito, si hay que aplicar modelos de desarrollo raiz, el contrato de aprendiz volvera a ser necesario para volver a plantar semillas, en el caso de micropymes.
Pero el asunto mas importante es hacer crecer las pymes medianas a grandes, como hizo Alemania, y por esto es muy importante conocer su modelo flexible, su capitalismo renato, su formación profesional que aplico y sigue aplicando.
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Rta:Florentino:Estoy de acuerdo contigo. También deberíamos aprender del comportamiento de los sindicatos alemanes, esenciales para el sistema dual funcione y la figura de aprendiz esté plenamente incorporada a los convenios colectivos. 
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Dar una oportunidad a los jóvenes
by SAMUEL BENTOLILA on 03/12/2011
Hoy aparece publicado un artículo mío en El Confidencial, que reproduzco aquí por su interés para los lectores de NeG.
Siempre que va a nacer un nuevo gobierno, muchos se lanzan a ponerle deberes; es una especie de compulsión. En nuestra comprometida coyuntura actual, recordada a diario por los mercados financieros internacionales, esta práctica se ha extendido mucho, alcanzando a gente tan notable como la canciller Merkel o el vicepresidente europeo Almunia. Me atrevo a unirme al coro, porque creo que no se está dando suficiente importancia a un asunto esencial: el futuro de los jóvenes.
En abril de 2009 un conjunto de académicos, entre los que me encontraba, hizo pública una propuesta de reforma laboral, después conocida como el “Manifiesto de los Cien”. Aunque tuvo bastante eco, al final no convenció al gobierno. Ahora seis economistas (Cabrales, Fernández-Villaverde, Garicano, Rubio-Ramírez y Santos) hemos publicado un libro, titulado “Nada es gratis. Cómo evitar la década perdida tras la década prodigiosa”, en que explicamos –para no expertos– la crisis de la economía española. También aportamos ideas de reforma estructural, que en el área laboral se inspiran en aquella propuesta inicial. Dado que las dos reformas laborales llevadas a cabo por el gobierno saliente fueron muy limitadas, las propuestas originales lamentablemente siguen estando vigentes.
Nuestro mercado de trabajo funciona tan mal que somos capaces de pasar de una tasa de paro del 8% al 21,5% en solo cuatro años. Esta variabilidad extrema tiene mucho que ver con la temporalidad. Solo el 8,5% de los 14,4 millones (sí, millones) de contratos firmados en 2010 fueron indefinidos, mientras que casi dos tercios de los contratos temporales cuya duración se conoce fueron de menos de un mes y solo un 1% de más de un año. Esta “batidora” no hay forma de explicarla sino es a través de la diferencia de coste de despido entre los contratos indefinidos y los temporales.
Si nuestra tasa de paro más que duplica la de la Unión Europea (UE), en temporalidad somos también líderes mundiales absolutos, pues esta afectaba a un tercio de los asalariados durante las dos décadas previas a 2007 y solo la crisis ha rebajado esa tasa a un cuarto, mientras que en la UE es el 14%.
La dualidad perjudica especialmente a los jóvenes. Durante el periodo 1990-2007, un joven que entraba al mercado de trabajo tardaba cinco años antes de encontrar su primer empleo indefinido. Durante ese periodo pasaba cuarenta meses con contratos temporales (siete en promedio) y veinte meses en el paro. Ahora la situación es aún peor. Si desde el tercer trimestre de 2007 el empleo indefinido ha caído solo un 2% y el temporal lo ha hecho en un 30%, el empleo temporal de los jóvenes entre 16 y 24 años ha caído casi a la mitad. Esto explica que hayamos alcanzado la insoportable tasa de paro juvenil del 47%.
De hecho, la temporalidad ya no es solo un asunto de jóvenes. De 2005 a 2007 afectaba al 30% de los trabajadores entre 30 y 39 años y al 23% entre 40 y 49 años. Este es el horizonte de los jóvenes, quienes además apenas reciben formación cuando tienen esos contratos.
Es prioritario acabar con esta situación. La solución propuesta en España, en Francia y en Italia, avalada por la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y la OCDE, es introducir un contrato laboral indefinido único.
La propuesta para España consiste en suprimir los contratos temporales, salvo para el caso de bajas temporales, e introducir un contrato indefinido cuya indemnización por despido crezca con la antigüedad en el empleo, alcanzando un máximo inferior a los 45 días de salario por año de servicio del despido improcedente de los contratos indefinidos ordinarios. Su mayor virtud es dar certeza y flexibilidad a las empresas que consideren contratar, protegiendo a la vez progresivamente más a los trabajadores con mayor antigüedad.
El fuerte sesgo contra los jóvenes de nuestra actual estructura de protección del empleo es un aspecto compartido por las leyes que regulan la negociación colectiva. En la actualidad, esta no atiende a los intereses ni de los parados ni de los temporales, ni a los intereses de las pequeñas empresas y sus trabajadores. Acercar la negociación al nivel de las empresas, reducir su inercia y su grado de indiciación con la inflación permitiría que las condiciones de trabajo respondieran a las variaciones de la productividad y al ciclo económico. Así la respuesta del mercado de trabajo no sería la de siempre: la creación desbocada de empleo en las expansiones y la destrucción brutal en las recesiones.
Hay otras propuestas para favorecer el empleo juvenil. Por ejemplo, la OCDE destaca la lucha contra el fracaso escolar y la combinación de la educación reglada y la inserción laboral. Estas políticas son seguramente importantes, pero la mera revisión de la estructura de contratos laborales y de la negociación colectiva ya representaría un paso importante, dado el fuerte sesgo de estas en contra de los jóvenes.
Es difícil exagerar la importancia de estos cambios. En la UE, el 11% de los jóvenes ni estudia ni trabaja, mientras que en España estos “ni-ni” ascienden a la quinta parte. Estas personas sufren un gran riesgo de marginación y muchos más están abocados a quedar marcados de por vida por su entrada en un mercado de trabajo tan hostil. La falta de horizonte vital ha llevado a los jóvenes a manifestarse en la calle desde el pasado 15 de mayo. Empezar a rectificar los nefastos efectos de nuestras instituciones laborales sobre los jóvenes no sería suficiente pero sí una condición necesaria para poder evitar una generación perdida.
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