Europa ante la decisión que no puede aplazarse
Europa entra en la segunda mitad de la década de 2020 en un entorno internacional que ya no responde a los supuestos sobre los que se construyó el orden posterior a la Guerra Fría. No se trata de una crisis pasajera ni de una anomalía coyuntural. Se trata de una mutación estructural del sistema internacional, caracterizada por la competencia abierta entre grandes potencias, el uso de la economía como instrumento de poder y la pérdida de eficacia de las instituciones multilaterales clásicas.
Este informe ha mostrado que los riesgos que enfrenta Europa no son solo externos. Son también el resultado de una brecha entre el mundo tal como es y las herramientas con las que Europa intenta gobernarlo.
1. El fin de una comodidad estratégica
Durante décadas, Europa pudo prosperar bajo un equilibrio implícito:
seguridad externalizada,
reglas multilaterales relativamente estables,
integración económica sin rivalidad sistémica directa.
Ese equilibrio ha desaparecido.
No por un colapso súbito, sino por erosión progresiva.
Hoy, las decisiones relevantes se toman:
cada vez más fuera de las instituciones universales,
en círculos reducidos,
mediante hechos consumados,
con lógica de poder y no de procedimiento.
Europa no puede seguir actuando como si este desplazamiento fuera reversible por mera apelación normativa.
2. El riesgo de la irrelevancia no es teórico
El mayor peligro para Europa no es verse arrastrada a una confrontación directa, sino convertirse en un espacio gestionado por decisiones ajenas.
Cuando otros actores:
definen reglas comerciales,
controlan cadenas críticas,
imponen sanciones o protectorados,
reconfiguran territorios o estándares,
y Europa solo reacciona, el resultado no es neutralidad, sino subordinación funcional.
La irrelevancia estratégica no se anuncia; se consolida silenciosamente.
3. Decidir no es abandonar los valores
Existe una falsa dicotomía entre defender valores y ejercer poder.
Este informe sostiene lo contrario:
Sin capacidad de decisión y ejecución,los valores europeos quedan expuestos, no protegidos.
La defensa del Estado de Derecho, de la soberanía y del multilateralismo efectivo exige instrumentos capaces de actuar cuando las reglas se ignoran o se instrumentalizan.
Europa no necesita renunciar a su identidad política.
Necesita dotarla de capacidad operativa.
4. La responsabilidad del momento
Los líderes europeos afrontan una responsabilidad que trasciende ciclos electorales:
decidir si Europa seguirá siendo un actor político o un espacio económico vulnerable;
aceptar que la incertidumbre es el nuevo entorno permanente;
asumir que la no-decisión también es una decisión, y suele ser la más costosa.
La historia demuestra que los sistemas que sobreviven no son los que predicen mejor el futuro, sino los que se adaptan antes.
5. Una llamada a la acción sobria
Este informe no propone aventuras ni rupturas abruptas.
Propone algo más exigente: realismo institucional.
construir capacidad de decisión europea,
integrar contingencia y viabilidad,
proteger la base industrial y social,
y participar activamente en la configuración del nuevo orden, no solo en su comentario.
El tiempo de los diagnósticos ya ha pasado.
El tiempo de la arquitectura de decisión ha llegado.
Cierre
Europa no está condenada a la irrelevancia.
Pero tampoco está protegida de ella.En un mundo de competencia sistémica,la prosperidad y la autonomía no se heredan:se deciden.
No hay comentarios:
Publicar un comentario