01 mayo 2014

La "Filosofía social" smithiana más allá de la economía....Adam Smith, de Sudáfrica a la Argentina Alejandra Salinas

Sudáfrica celebra en estos días veinte años de democracia y libertad, luego de décadas de sufrimiento y violencia causados por un cruel régimen de segregación y explotación racial. La transición pacífica y estable de un régimen a otro ha recibido la atención y la admiración de los analistas internacionales, y en especial la de quienes intentan comprender y explicar los motivos por los cuales el pueblo sudafricano eligió perdonar los crímenes cometidos durante los años de apartheid para encarar la construcción de un sistema político más justo. En contraste,otros países como la Argentina descartaron el camino del perdón y eligieron la vía de los procedimientos judiciales para castigar a algunos de los responsables de esos crímenes.

¿Qué factores, circunstancias e ideas pueden explicarnos porqué algunos países eligen un camino y no otro para lidiar con estas difíciles transiciones? Las respuestasa esta pregunta nos exigen contemplar los diversos aspectos sociales, jurídicos, políticos y morales en su interrelación y sus frecuentes tensiones. De cara a tanta complejidad, siempre encuentro útil e inspirador revisitar los textos clásicos, fuente de teorías simples pero con gran alcance explicativo. Es así que releyendo a Adam Smith encontré algunas ideas sobre la justicia y el perdón valiosas para abordar nuestro análisis.

En la opinión de Smith,los delitos contra la vida, la libertad y la propiedad deben ser castigados, ya que la justicia es “el pilar principal que sostiene todo el edificio social”. Sin justicia, la violencia se esparce como consecuencia delos“afectos discordantes entre las personas” y del “resentimiento y la animosidad mutua permanente”. Si la justicia es la piedra basal de la organización social, sólo una administración judicial imparcial asegura que la justicia sea igual para todos. Para Smith, todos poseemosigual dignidad, ya que cada persona no es más que “una en la multitud”. Esta idea se traduce en igualdad ante la ley y, sobretodo,en la igualdad de protección, ya que el gobierno tiene “el deber de proteger, en la medida de lo posible, a cada miembro de la sociedad de la injusticia o la opresión de todos los demás miembros de la misma”. Prevenir y castigar las injusticias es el objeto propio del gobierno. Dado que la injusticia no sólo daña a las personassinotambién produce el caos y la disolución social al provocar resentimiento y deseos de venganza, es necesario castigar la injusticia para preservar la paz.

Ahora bien, por otro lado,Smith también admite y hasta alaba la capacidad de perdonar, al escribir que “en muchas ocasiones la nobleza del perdón es incluso superior al grado más apropiado del resentimiento. Cuando la parte infractora reconoce su error o, incluso sin ningún tipo de reconocimiento, cuando el interés público requiere que los enemigos más mortales deban unirse para el cumplimiento de un deber importante, el hombre que puede alejarse de todo rencor y actuar con confianza y cordialidad hacia la persona que lo ofendió gravemente, parece merecer con justicia nuestra más alta admiración”.

Frente a la injusticia hay entonces dos opciones: castigar al responsable de un crimen, o perdonarlo. El castigo apunta a satisfacer el sentimiento de venganza de las víctimas además de disuadir a otros criminales potenciales y evitar que se pueda causar más daño. El perdón apunta, en cambio, a dejar de lado el sentimiento de venganza y mirar a un futuro en paz.
Esta visión del perdón –llamémoslo,“superior”-se justifica así debido a su utilidad social al promover la paz. Existe, sin embargo, una versión “inferior” del perdón, que Smith critica: aquella que se compadece del criminal y lo perdona sin atender a las consecuencias negativas que esto acarrea para la unión social. El perdón superior es una “capacidad extraordinaria y admirable”, concluye Smith,e inferimos nosotros que los pueblos que son capaces de perdonar también lo son. Sudáfrica es en este sentido un ejemplo extraordinario y admirable.
Pero el perdón no puede ser impuesto por decreto si una sociedad no lo abraza de corazón. Para aquellas sociedades que no lo hagan, resta entonces, como mecanismo de pacificación, la apelación a una justicia imparcial que castigue todos los crímenes en base al principio de igualdad de las personas que Smith defiende.Ello implica juzgar y, si cabe, castigar, a todas las personas culpables de haber cometido un crimen, sin importar su ideología, sus excusas o su condición social.

En suma: una lectura smithiana de la realidad actual sería aquella para la cual no es posible construir un futuro de paz y cooperación social sin la grandeza de un perdón superior, o sin la aplicación igualitaria de las normas de justicia.

Alejandra M. Salinas es Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y Doctora en Sociología. Fue Directora del Departamento de Economía y Ciencias Sociales de ESEADE y de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas. Es Secretaria de Investigación y Profesora de las Asignaturas: Teoría Social, Sociología I y Taller de Tesis de ESEADE.