14 abril 2016

Bioeconomia:el motor del siglo XXI

Marc Palahí, director del Instituto Forestal Europeo
Tengo 41 años. De Barcelona, vivo en Finlandia, rodeado de lagos y bosques. Casado, tres hijos. Soy doctor en Ciencias Forestales y un liberal con una gran conciencia social. La educación es mi prioridad: otorga las herramientas para una sociedad verdaderamente democrática. Mi religión es la naturaleza

“La bioeconomía será el motor de crecimiento del siglo XXI”
Colab.LV | Foto: Maite Cruz

“La bioeconomía será el motor de crecimiento del siglo XXI”




Un hombre del futuro

Dejó el sur para ir al norte. Allí, su especialidad, economía y gestión forestal, tiene sentido, ni alcaldes ni presidentes de naciones lo miran con cara de asombro cuando dice que los bosques serán nuestra mayor riqueza: nos vestirán, nos darán de comer, movilidad y todo tipo de materiales. Nos salvarán la vida. Apasionado y creativo, lanza ideas que deberíamos coger al vuelo, como reconvertir la petroquímica de Tarragona en la biorrefinería más potente del sur de Europa que utilice recursos biológicos de la zona para obtener un producto de alta intensidad en conocimiento y ciencia. Sería invertir en un proyecto emblemático de futuro y de marca que atraería a inversores interesados en un modelo de país inteligente.
Para cuándo la era pospetróleo?
Estamos en ella. Puede que la transición tarde veinte o treinta años, pero ya ha comenzado.
¡...!
El acuerdo del cambio climático de París ha sido una cita histórica. Se dio un claro mensaje político y un mensaje al corazón de la economía sin precedentes: La transición a una economía baja en carbono es irreversible.
¿No es palabrería de políticos?
Es un acuerdo vinculante de todos los países responsables, desde EE.UU. hasta China, que ya se han dando cuenta de que si no se ataca el cambio climático, las economías se hundirán.
Llevamos años con esa cantinela.
Países y empresas van a sufrir medidas drásticas para sustituir materias primas y productos derivados del petróleo por materiales de base biológica y energías renovables.
Y la economía, ¿está por la labor?
El Foro Económico Mundial de Davos publicó hace unas semanas el Informe de riegos globales, que por primera vez señala el cambio climático como riesgo número uno para la economía.
¿Quién hace ese informe?
Gobernadores de bancos centrales, así que el tema va en serio. La bioeconomía –el uso de los recursos biológicos para sustituir productos derivados del petróleo–, donde el sector forestal tiene un papel esencial, va a ser motor de crecimiento clave del siglo XXI.
¿Qué dice la ciencia?
El desarrollo de la biotecnología, la nanotecnología y la biociencia ofrece nuevas soluciones de base biológica que reemplazarán los productos obtenidos de materias primas fósiles.
¿Superaremos el poliéster?
Sí, y el algodón, cuya producción requiere grandes cantidades de tierra y agua, que necesitamos para producir alimentos. La celulosa y la lignina, las dos moléculas más abundantes de la Tierra, liderarán nuevos tejidos. La fibra forestal será uno de los grandes nichos de mercado.
¿Seremos capaces de vivir sin plástico?
Ya tenemos bioplásticos, y también la tecnología necesaria para hacer coches y aviones de fibra de madera; y química y farmacéutica verde.
Cada vez más arquitectos apuestan por la construcción en madera.
Los edificios de madera son más seguros contra el fuego y los terremotos, y más rentables que los de cemento y acero. Los políticos del norte de Europa los están incentivando.
Los chinos no paran de construir megaciudades, ¿cómo las están haciendo?
Están planificando unas cien nuevas ciudades y el material prioritario es la madera. El im­pacto de las ciudades en el medio ambiente es brutal y vamos a asistir a una revolución: integraremos los bosques en ellas para, entre otras cosas, bajar las temperaturas (la reducen entre 10ºC y 15ºC).
Volvamos a Europa.
El sector de la construcción es responsable del 40% del uso energético y de las emisiones de CO2. Sólo con que este sector se tomara en serio este cambio de paradigma, el impacto sería enorme. Tenemos la tecnología, sólo hacen falta incentivos políticos para forzar el cambio.
El biocombustible resultó ser un fiasco.
El impacto de incentivar el biofuel se tradujo en deforestación. Hay que hacerlo bien. Finlandia ha creado la primera planta comercial de fabricación de biodiésel a partir de residuos de fibras forestales que previamente se utilizan para hacer tejidos y papel.
Lo que llaman uso en cascada.
Exacto. Primero se obtiene madera, luego tejido y, con los residuos, se hace biodiésel. Eso es la economía circular eficiente.
La escasez de agua es otra gran amenaza.
Y otro de los motivos por los que los bosques son tan importantes. Son bombas bióticas: hacen circular el agua y la distribuyen. Un solo árbol emite tanto oxígeno como el que necesitamos usted y yo durante un año.
Son seres generosos.
Con los recursos forestales europeos y las nuevas tecnologías, si se dieran los incentivos adecuados políticos y de inversión, el sector forestal podría llegar a absorber más del 20% de las emisiones de CO2, y siendo muy rentable.
Tenemos más bosques que nunca, pero son para mirar.
Esa es la paradoja del sur de Europa: más bosques y más incendios. Hay que utilizarlos. En Suecia y Finlandia son el motor de la economía.
Y esa reconversión, ¿saldrá muy cara?
Hay que hacer una inversión inicial, luego todo es cuestión de escala. Nos falta la infraestructura, las biorrefinerías, que en lugar de petróleo procesan recursos biológicos, y una segunda revolución en I+D que lleve a escala comercial esos nuevos productos de base biológica. Lo caro es no hacer nada.
¿Y las compañías de petróleo y gas?
Se están reduciendo las inversiones en ese sector debido al desplome de los precios. Por primera vez este año se está invirtiendo más en energías renovables que en carbón y gas juntos.
El cambio climático ya no es una teoría.
A raíz de cinco años de sequía extrema, un millón de sirios se desplazaron a las ciudades, donde se encontraron con un millón de refugiados iraquíes. Un polvorín. O atacamos el cambio climático en serio mediante un cambio de paradigma o tendremos más guerras, más refugiados y más crisis económicas. Hay que pasar de una economía fósil, muerta, a una economía viva, donde el motor sea la biología.
http://www.lavanguardia.com/lacontra/20160414/401092876130/la-bioeconomia-sera-el-motor-de-crecimiento-del-siglo-xxi.html