09 mayo 2012

Two-handed approach -JAVIER ANDRÉS on 20/07/2010


Muchos de los lectores de NeG, y desde luego la mayoría de los colaboradores, son lo suficientemente jóvenes como para que les resulte igual de cercana la Gran Depresión que la estanflación de los setenta/ochenta del siglo pasado. Para ellos, ambas son historia. Sin embargo para quienes iniciábamos nuestra andadura profesional por aquellas fechas –en los ochenta, no en los treinta- es difícil no establecer comparaciones entre la situación actual y la que sufrieron las economías occidentales y, muy en particular, España hace tres décadas.
Las diferencias son notables. Mientras que nadie duda en catalogar la recesión actual como una recesión típica de demanda, los shocks de oferta tuvieron una importancia crucial en la estanflación de entonces. Aspectos como el desarrollo y la integración financiera, la globalización, etc, son también factores que diferencian uno y otro episodio. Por ello no deja de ser sorprendente el paralelismo entre las propuestas de política económica que entonces hicieron furor en el mundo académico –también tras la recesión de principios de los noventa- y las que hoy se proponen desde ámbitos similares. Algún crítico avispado podría habernos advertido de esta aparente inconsistencia. ¿Cómo es que, a pesar de estas diferencias en el diagnóstico, hoy seguimos proponiendo algo parecido a lo que entonces se dio en llamar ‘two-handed approach’?
El two-handed approach proponía la aplicación simultánea de políticas de oferta y de demanda y fue defendido por muchos economistas europeos como Charlie Bean, Olivier Blanchard, Willem Buiter, Rudi Dornbusch, Richard Layard, Steve Nickell,  entre otros. 
Su lógica se entiende de una forma natural cuando la economía sufre un shock de oferta de la magnitud de los sucesivos incrementos del precio del petróleo en 1973 y 1978. La caída de la actividad y el aumento del paro hacen muy tentadora la aplicación de medidas fiscales y monetarias contracíclicas que, sin embargo, acaban teniendo un efecto inflacionario que se suma al del shock inicial. Esta fue de hecho la respuesta de (la mayoría de) bancos centrales y gobiernos en 1973 llevando a la inflación en muchos países desarrollados a valores cercanos al 20 por ciento anual. Tras el segundo shock en 1978 la política monetaria cambió de orientación, centrándose en la recuperación de la estabilidad de precios. El resultado fue un incremento generalizado del desempleo y una lenta vuelta de la inflación a los niveles de los años sesenta. Tras el shock de oferta, la expansión de la demanda primero y su drástico frenazo después sumieron a las economías en una situación de elevado paro e inflación y pusieron en cuestión el uso tradicional de las políticas de estabilización.
El two-handed approach -que Charlie Bean denominaba jocosamente ‘two hundred approach’, para señalar el predicamento creciente que fue teniendo en la profesión- partía de la convicción de que las políticas de demanda sólo tendrían el efecto deseado si simultanea y rápidamente se aplicaban políticas dirigidas a mejorar las condiciones de oferta de la economía. Estas políticas de oferta eran necesarias para compensar el encarecimiento de un input fundamental para la producción y para favorecer el cambio de tecnologías, en favor de un uso menos intensivo de los derivados del petróleo, con la mayor eficiencia y el menor coste posibles. También en la recesión de principios de los noventa, la elevada volatilidad del desempleo y la persistencia de la inflación volvieron a poner sobre la mesa la necesidad de reformar los mercados como paso previo a la aplicación de políticas contracíclica de demanda.
A pesar de diferente naturaleza de la crisis actual, las discusiones de política económica están siguiendo –en España sobre todo- una pauta muy similar. La respuesta inicial, coordinada en la reunión del G20 en Londres, fue un estímulo monetario y fiscal sin precedentes, pero cuando este ha empezado a dar síntomas de agotamiento muchos han vuelto la vista hacia propuestas que enfatizan la necesidad de corregir las limitaciones por el lado de la oferta de la economía y, muy en particular, del mercado de trabajo. ¿Por qué esta preocupación de nuevo por las reformas? ¿Pero no habíamos quedado en que esto es una crisis de demanda? ¿No bastará con mantener los estímulos hasta que se recupere el buen funcionamiento del sector financiero?
Desde el inicio de la crisis ha habido una reivindicación del uso de las políticas de estabilización -‘we are all keynesians now’. De hecho las condiciones para que las políticas de demanda alcancen todo su potencial parecen ahora idóneas. La contracción del crédito es un campo abonado para que los bancos centrales se embarquen en políticas monetarias expansivas, y la caída resultante en la demanda del sector privado abre la puerta a una expansión del gasto público. Las características específicas de la crisis financiera permitieron además abrigar grandes esperanzas sobre la eficacia de las políticas fiscales discrecionales y de los estabilizadores automáticos: el mantenimiento de tipos de interés muy reducidos –ausencia de ‘crowding out’- y la existencia de consumidores ‘no ricardianos’ que básicamente consumen todo lo que ingresan y tienen por ello una tasa de ahorro muy baja. Por otra parte el principal riesgo de la aplicación excesiva de políticas de demanda es la inflación y este riesgo no aparece en el horizonte cercano, a pesar del extraordinario crecimiento de las magnitudes monetarias y de los ingentes déficits fiscales en muchos países desarrollados -de hecho no faltan quienes, comoMartin Wolf, tildan a la política monetaria actual del BCE no de expansiva sino más bien de timorata.
Sin embargo, con el paso del tiempo, el interés por las políticas de oferta ha ido ganando terreno otra vez. Hay varias explicaciones para ello y no todas son amables con los partidarios de las reformas. Para algunos se trata de ‘cierta pereza intelectual’, como se nos ha achacado desde diversos frentes académicos y periodísticos. Esto podría ser cierto para algunos que por edad hemos vivido ambas crisis y que a lo peor simplemente nos hemos limitado a repetir recetas de entonces. Pero muchos jóvenes economistas, que no vivieron aquellas recesiones, se han apuntado a una interpretación similar y con buenas razones para ello.
En primer lugar el parón del crédito no es tan sólo un shock de demanda, sino que tiene también los tintes de un shock de oferta aunque de forma poco convencional. Las economías desarrolladas han reducido sustancialmente su dependencia del petróleo -por lo que pueden considerarse más eficientes en lo energético- pero dependen mucho más del crédito, que ha crecido más rápidamente que el PIB en la última década. Cuando este se encarece o simplemente no está disponible, sus efectos sobre la producción y la demanda de trabajo y capital son inmediatos. De nuevo hay que reorganizar la producción, de nuevo hay que reasignar recursos hacia sectores menos intensivos en el uso del crédito bancario y de nuevo es necesario que este proceso se haga de la mejor forma posible –en términos de coste y de eficiencia.
Pero más importante todavía es el hecho de que la percepción que hoy tenemos de la eficacia y el uso adecuado de las políticas de demanda ha cambiado en más de un sentido. Es evidente que los estímulos públicos son necesarios para mitigar el impacto catastrófico que la pérdida generalizada de confianza tiene sobre la economía. Pero el mantenimiento de estas políticas durante un tiempo prolongado no ayuda necesariamente a recuperar dicha confianza, que es fundamental para superar la crisis financiera. Respecto a la política monetaria, la posibilidad de topar con el límite cero del tipo de interés es muy elevada en un contexto de baja inflación. Además el cortocircuito bancario afecta de una forma fundamental al mecanismo de transmisión monetaria. Algo similar ocurre con la política fiscal. Años de investigación teórica y empírica han confirmado que los multiplicadores fiscales son positivos aunque en general más pequeños de lo que tradicionalmente se suponía y, sobre todo, que estos multiplicadores son todavía más modestos cuando los estímulos fiscales no vienen acompañados de un compromiso creíble de consolidación en un plazo razonable. Además algunos de los supuestos en los que se basaba la presunción de un efecto importante de la política fiscal no se satisfacen. El mantenimiento de bajos tipos de interés por parte de los bancos centrales no es suficiente para mitigar el ‘crowding out’ cuando la percepción del riesgo es elevada. Prueba de ello es el proceso de ‘flight to quality’ que hace a muchos inversores demandar ávidamente algunos títulos públicos en detrimento de otros y de la inversión privada. El tipo de interés que fija el banco central pierde relevancia en la financiación externa de las empresas, que tienen que pagar una prima de riesgo muy importante o simplemente no pueden acceder al crédito bancario. Por otra parte, la necesidad de hacer frente a las deudas acumuladas en el pasado y la elevada incertidumbre están impulsando la recuperación de las tasas de ahorro de las familias, contribuyendo a reducir los multiplicadores fiscales.
Pero es que además la tolerancia social a los efectos no deseados de las políticas de demanda ha variado también sustancialmente . El costoso proceso de desinflación que tuvieron que afrontar las economías de mercado tras el segundo gran shock del petróleo ha condicionado desde entonces la actuación de los bancos centrales, que tienen entre sus mandatos la prevención de una inflación excesiva. Esto influye también en la capacidad para manipular los tipos de cambio y para reducir el peso de la deuda con inflación. Por otra parte, el proceso sostenido de expansión de la deuda pública –como ratio sobre el PIB- que tuvo lugar durante los ochenta, tanto durante las recesiones como en las expansiones, es hoy impensable. La propia globalización financiera, que hace que los gobiernos se endeuden en un mercado global –frente a una financiación más nacional hace años- impone un escrutinio diario de las condiciones macro-financieras de los países para colocar sus bonos en competencia con otros muchos países en situación similar.
La competencia que los países emergentes suponen para los más desarrollados plantea a estos el reto de una ganancia permanente de eficiencia para mantener nuestro nivel de vida relativo y el objetivo de pleno empleo –o algo que se le parezca- sin el recurso a políticas de demanda que sólo son eficaces si usan transitoria y juiciosamente. Esta ganancia de eficiencia requiere un esfuerzo para mejorar los mecanismos de asignación en nuestras economías. La Unión Europea en su conjunto es consciente de la urgencia con la que debe afrontarse este reto para evitar que la región se convierta en el ‘sick man of the world’ con un raquítico crecimiento en el futuro. España parte de un retraso notable respecto al promedio europeo por lo que su esfuerzo tiene que ser mayor. Incluso en la crisis con más componente de demanda que ha tenido lugar en los últimos tiempos, la necesidad de aplicar reformas estructurales va a estar presente entre las propuestas de política económica. Y por mucho tiempo. Larga vida al two-handed approach

http://www.fedeablogs.net/economia/?p=5480

"Las políticas de oferta suelen tener un impacto contractivo a corto plazo, y los gobiernos dudaban de que la expansión de demanda fuera suficiente para contrarrestar el shock de la “Gran Recesión”.
Ahora que se tienen que revertir las políticas expansivas, es doblemente costoso convencer al electorado de emprender políticas de oferta. Pero, paradójicamente, parece ser que éstas sólo se consideran viables por parte de los dirigentes políticos cuando la situación es muy mala y el electorado está dispuesto a aceptar que se prueben medidas antes consideradas tabú" (no olvidemos a Stan Fischer)  Samuel B.
"La economía política de las políticas de oferta, es un factor determinante para entender porqué se aplican o no y cuando se hace. Parece que sólo cuando estamos al borde del abismo -o cayendo- nos planteamos que a lo mejor hay que esforzarse para ir por el buen camino. Esto es comprensible desde el punto de vista del electorado en general, pero es imperdonable en economistas y políticos que deberían estar bien formados y conocer nuestra historia –cómo mínimo- reciente. Yo tengo la impresión –aunque esto supongo que es indemostrable, a menos que la psicología social y económica nos eche una mano- de que al final el coste electoral de estas medidas tiene más que ver con el hecho de que se aplican tarde y, a veces, mal, que con su coste social en sí" Jaiver A
"es evidente que en los próximos años el crédito exterior y el crédito bancario van a ser más escasos. Por ello, la actividad productiva y el consumo deben reorientarse para hacerse menos dependientes del crédito"
"La única forma de mantener las ventajas de la globalización financiera sin incurrir en estos riesgos es precisamente homogeneizar la competitividad de las economías y desincentivar la acumulación de capital inmobiliario favoreciendo el productivo"
"Con relación a la estanflación, la respuesta generalizada al primer shock del petróleo fue errónea porque estaba guiada por muchos años de ‘fine tuning’, en los que las recesiones se combatían con políticas expansivas. Estos ciclos tenían causas tecnológicas y/o de demanda, pero al no ser muy acusados permitían establecer un intercambio ‘aceptable’ entre inflación y desempleo –lo que supone moverse a lo largo de una curva de Phillips o con pequeños desplazamientos de esta. Los shocks del petróleo fueron de tal magnitud que los intentos de frenar el desempleo se saldaron con una inflación elevadísima que paso a convertirse en la principal preocupación de la política económica. Las medidas orientadas a controlar la inflación tuvieron éxito poco a poco, pero en una primera instancia funcionaron a base de contraer aún más la demanda y, con ello, aumentar el desempleo. Cuando las expectativas de inflación se estabilizaron fue posible abordar ambos problemas de forma más equilibrada"
. Lo de recesiones de oferta y de demanda es una forma de organizar nuestro pensamiento, pero no es difícil separar las caídas de la actividad causadas por que las empresas no encuentran rentable producir más, porque ha aumentado el precio de algún input por ejemplo, de aquellas en las que no lo hacen por falta de mercado final. Es cierto que todo está en todos los lados –el crédito influye en la demanda y en la oferta, los salarios son un coste y un componente de la renta, etc- pero creo que el esquema sigue siendo válido.
Es cierto que detrás de estos shocks hay muchas veces decisiones de gobiernos o errores en la gestión por parte de responsables económicos. Pero el efecto del aumento del petróleo es similar si tiene un origen bélico o geopolítico o se debe a la demanda de las grandes economías emergentes. Esto tiene un impacto global con el que los países tienen que lidiar. Y eso se puede hacer con más o menos acierto.
"En cuanto al tema de la deuda,es el elemento crucial de la crisis actual y que es necesario estudiar cómo han conseguido otros países salir de una situación parecida. Ejemplos hay en la historia reciente. Además algunos tenemos mucha deuda porque otros tienen mucho ahorro, y hay países que han logrado pasar de un grupo a otro de forma relativamente rápida. Los emergentes, por ejemplo, o Alemania que ha recuperado en unos años su competitividad tras el coste que supuso la integración de la Alemania del Este. No se me ocurrirá decir que es fácil, pero hay estrategias que nos pueden acercar más a esta solución que otras. Y desde luego todas pasan por llevar a cabo reformas profundas en muchos ámbitos de nuestro sistema productivo"  J.Andres
todas las crisis son complejas y desafían una definición simplista. Y por supuesto el crédito es de lo primero que cae cuando lo hace la confianza. Pero en la crisis de los setenta convergieron tres elementos –no sólo el precio del petróleo- que sin duda afectaron a la capacidad productiva de la economía.
Por una parte el agotamiento del rápido crecimiento de la productividad total de los factores que se había alcanzado en los primeros años de reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial – que podríamos catalogar como un shock tecnológico negativo. Esto ya suponía una limitación para el crecimiento de las rentas que se había logrado en los cincuenta y sesenta. El aumento del precio del petróleo vino a poner más presión empobreciendo a los países importadores. Este empobrecimiento no fue digerido por el trabajo y ni por el capital que se embarcaron en un intento por recuperar rentas, en lo que Layard y Nickell denominaron la ‘batalla de los markups’, y que dio lugar a corto plazo a inflación –una espiral de precios y salarios. Esta espiral fue primero validada por la política monetaria y después combatida con firmeza. De ahí la simultaneidad de inflación y desempleo.
Por su parte las políticas de demanda pueden ser una ayuda en un momento determinado, pero utilizadas para facilitar el ajuste por el lado de la oferta que tarde o temprano se hace necesario en cada crisis. Pretender sostener la actividad sobre la base de un recurso duradero a la política monetaria y a la fiscal es poco efectivo y genera efectos negativos también duraderos" J.Andres
"el déficit exterior acumulado en tiempos de bonanza ya tenía que ver con la alarmante pérdida de competitividad que sufríamos, en buena medida a consecuencia de las deficiencias de nuestros mercados de trabajo y de bienes y servicios. Es decir no se trata de que los salarios se moderen en las recesiones y crezcan en las expansiones, sino de que en todo momento se adapten para favorecer la competitividad –interior y exterior- de nuestras empresas. Aquellas que lo hagan mejor podrán pagar más salarios y las que sean menos productivas pagarán menos" J.Andres
"los estados de ánimo en los mercados funcionan en esencia como hace cien años. Hoy tienen más influencia porque todos hemos acudido a endeudarnos a todas partes: la globalización. Los ahorradores del mundo tienen más alternativas donde elegir y lógicamente se dirigen todos hacia aquellas inversiones más seguras. Es cierto que en el margen siempre puede haber actuaciones poco éticas y que la regulación debe impedirlas, pero no son la causa principal de los vaivenes que hemos observado. Ahora nos tratan algo mejor porque parece que estamos en una senda sostenible que a lo mejor no lo era hace unos meses. Además, ese es el privilegio de los prestamistas, imponen sus condiciones como en tantas facetas de la vida, ya se sabe ‘beggars can’t be choosers’. Nuestra alternativa debe ser reducir la dependencia del crédito, en particular el crédito externo" J.Andres
Irving Fischer, indicaba no hay nada más deflacionsita que estar saturados de deudas, o lo que es lo mismo, cuando nos endeudábamos para pujar por los inmuebles (o con la garantía del valor mágico que les dábamos y les seguimos dando, aunque queda poco tiempo para la Capitulación) sabíamos que, al final de la escapada, nos esperaba des-endeudarnos y, por tanto, deflacionarnos (en puridad, esto es lo que está implícito en el Finantial Accelerator).
Crédito y deuda tienen dinámicas contrapuestas.
"Las entidades financieras, que son las que alimentan las burbujas inmobiliarias al financiarlas con su crédito masivo e indiscriminado, se sienten mucho más seguras con una legislación a la española que a la americana, la evaluación del riesgo será más realista ante la penalización que conlleva hacerse con un fuerte stock de pisos por devolución de llaves masiva
Son los bancos y CCAA los que conceden o no los créditos, habiendo, normalmente, una demanda (descerebrada o caradura) mucho mayor que la propia oferta del banco, es el banco el que impone las condiciones basadas en el riesgo, y está claro que el riesgo es menor cuando consigues un esclavo de por vida que cuando te entregan las llaves
Y no que decir tiene de los dramáticos efectos sociales de la legislación “a la española”

En España en el 2006, hacíamos más viviendas que en UK (con su burbujita)+Francia+Alemania JUNTOS, y casi tantas como en USA con su particular burbujita, ninguna de ellas comparables, en magnitud relativa al tamaño del país, a nuestra inmensa super-burbujaza, y lo anterior también tiene que ver...
Hablando mal y pronto, USA tiene mucha “subprime”, pero es que España es un país “subprime”  -DFC
"España se ha constituido en un Sistema Bancario de Derecho, donde los que tienen derechos (los de verdad) no son las personas, sino los bancos (sobre todo las Cajas de Ahorro)

En España, al contrario que USA y otros muchos países, la deuda hipotecaria NO se salda con la entrega de la vivienda, como en USA, donde es el prestamista quien asume buena parte del riesgo del préstamo, aquí en la muy “avanzada socialmente” España, si no puedes pagar la hipoteca, el banco te lo embarga, lo subasta (ya sabemos como funcionan y la clase de subastas “libres” que hay en este país) y después el banco sigue persiguiendo al deudor de por vida, luego a los descendientes, etc….Por que las deudas a los bancos en España no se saldan ni con la muerte del deudor…"DFC

En estos momentos China está comprando deuda soberana de casi todos los países en mala situación, una parte en forma “visible”, y otra más importante de forma opaca, a través de sociedades e intermediarios, como, en otro ámbito, lo está haciendo (créanme) con, por ejemplo, inmuebles en muchas zonas de la costa española
Son las grandes crisis donde se producen los cambios estratégicos de poder, donde se cambian los centros de gravedad políticos en el mundo, y en esta crisis hay un claro ganador, por que en una crisis de exceso de deuda el ganador es el que aporta liquidez, como ocurrió con USA al final de la 1ª y 2ª guerras mundiales
Clausewitz decía que “la guerra es la política por otros medios”, se puede decir que, en el caso de China “la economía es la guerra por otros medios”, con el mismo objetivo hegemónico
"Hay que pararse en la mentalidad, en la forma de entender la vida de la sociedad china, y de sus clases dirigentes para entender el movimiento, la estrategia general, por que en su caso, el éxito económico no busca el bienestar de sus ciudadanos, ni es un fin en sí mismo, China no ha pasado por una Ilustración (en el sentido histórico del término), y en la concepción confuciana, que podríamos asimilar al estoicismo greco-romano, es más importante los aspectos relacionados con el prestigio del grupo, personificada en la nación (en abstracto), o el partido, que para nada tiene en consideración al individuo
Esta forma de pensamiento tiene siglos y no se ha modificado por el comunismo, que sólo incorporó, a esta concepción, matices de orden “lingüistico”, es decir, formales, pero no de fondo, por que, como he dicho muchas veces, las “visiones del mundo” tienen una pervivencia de siglos…"DFC


"Hay mucha literatura sobre los ‘desequilibrios globales’ que muestran como esos factores idiosincrásicos que señalas en China –y en otros países que son los prestamistas del mundo- interaccionan con la globalización financiera de los últimos veinte año. No me atrevo a decir que los desequilibrios globales hayan sido los causantes, de la crisis, porque es un tema aún objeto de investigación a falta de un consenso, pero desde luego no se puede entender la situación actual sin esos desequilibrios.


Sin embargo la constatación del enorme potencial de los países proveedores de ahorro a nivel mundial nos debería llevar a preguntarnos por qué nosotros no estamos entre ellos. No todo son factores estructurales ni ancestrales. Alemania, Holanda, algunos países escandinavos, también son países prestamistas, que sufren esta crisis pero que no necesitan de grandes cambios estructurales para superarla. Cuando la demanda mundial despegue volverán a crecer y mientras tanto se trata de para el golpe lo mejor posible¬. Además en los últimos veinte años ha habido países que han ‘cambiado de bando’ y además de una forma relativamente rápida. De atraer ingentes cantidades de fondos externos han pasado a ser exportadores netos. La propia China es un ejemplo, pero también países con economías de mercado y cultura similar a la nuestra" J.Andres
"Se trata de mejorar la eficiencia de todos los mercados, y en España tenemos mucho camino por recorrer: bienes y, sobre todo, servicios, energía, financiero, etc. De todas formas déjame que te haga una reflexión un poco fatalista. En esta ‘guerra de posiciones’ el capital siempre lo tiene más fácil, básicamente porque es más móvil. El factor trabajo, sobre todo el de los países más desarrollados, es menos proclive a desplazarse en busca de mejores oportunidades y por eso tiene un menor poder de negociación. Un inversor está dispuesto a invertir en, por ejemplo, Bulgaria para obtener más rendimiento pero no muchos trabajadores están dispuestos a desplazarse, incluso entre provincias, por un empleo.
La mejor solución para compensar esta ‘debilidad’ del factor trabajo es la acumulación de capital humano. Este siempre es necesario y se remunera bien y aumenta el poder de negociación del trabajador. Pero no nos engañemos, eso no significa cualquier estudio sino aquel que tiene un valor de mercado. Por supuesto no soy tan mercantilista como para defender que no sea razonable elegir una formación con poco valor en el mercado pero que me gusta; solo que en este caso tengo que considerar que el disfrute que tengo por ella es parte del rendimiento que obtengo y lo tengo que sumar al económico" J.Andres

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Charles R.Bean

Willem H. Buiter

Il Sorpasso: El ajuste fiscal, Misión Imposible (de Jesús Fernández-Villaverde y Luis Garicano)


La crisis de los 70 (página 99 en adelante).

Las  dos grandes medicinas de Europa----ante la recesion de balance, bancos zombies, desapalancamiento....http://articulosclaves.blogspot.com.es/2012/05/cambio-de-cambio-de-rumbo-alemania.html