LA NUEVA POLÍTICA INDUSTRIAL Y LA TRANSICIÓN DIGITAL EN LA UNIÓN EUROPEA

 LA NUEVA POLÍTICA INDUSTRIAL Y LA TRANSICIÓN DIGITAL EN LA UNIÓN EUROPEA
Gaetano D’ADAMO

Juan SAPENA (*)

La política industrial, tan denostada en décadas anteriores y ausente de los tratados fundacionales de la Unión Europea, ha vuelto a tomar un carácter protagonista en la dinámica estratégica de países como Estados
Unidos y China. También en Europa, tras la crisis financiera  la pandemia del China, se ha ido construyendo una política industrial más proactiva, acompañada de tratados bilaterales que han liberalizado el comercio con países con los que existe una relación más estrecha. de este modo, la política industrial europea así definida estaría al servicio del compromiso que la Unión Europea tiene con mercados globales abiertos, aunque con la necesidad de dotarse de una cierta autonomía
estratégica. Sigue existiendo, no obstante, cierta diferencia entre los objetivos prioritarios
de algunos Estados miembros y la Unión en su conjunto. Mientras algunos Estados
miembros siguen priorizando el apoyo a los denominados «campeones nacionales», la
Unión estaría dando preeminencia a determinados pilares, tales como los requeridos
para la transición digital y energética. En este nuevo contexto, si bien los mercados globales
abiertos siguen siendo una aspiración, la interacción estratégica entre un número relativamente
reducido de jugadores ha ganado importancia.

INTRODUCCIÓN: ¿HACIA UN NUEVO EQUILIBRIO ENTRE INTERVENCIÓN Y LIBRE MERCADO?

DURANTE los últimos años, ha reverdecido el interés por la validez de la política industrial como instrumento eficaz para el posicionamiento de las regiones económicas en el escenario global (Wade, 2012).
En EE. UU., la política industrial ya no es considerado un tema tabú. Al mismo tiempo, la crisis
financiera desencadenada en 2007 y la larga recesión que esta comportó empañaron el aura de
infalibilidad atribuida al mercado como mecanismo asignador capaz de autorregularse (Wade,
2010). Más recientemente nuevos desafíos han ido emergiendo  la pandemia del Covid-19 y planteamientos nacionalistas en cuanto a las vacunas desarrolladas, la inestabilidad de las cadenas de suministro globales, la transición medioambiental y la competencia geopolítica, o el reciente debate sobre el apoyo gubernamental a empresas y sectores de importancia estratégica han reactivado el interés en materia de política industrial.


Por muchas décadas, como se apunta en Wade (2014), el discurso político norteamericano ha venido considerando como anatemas expresiones tales como «política industrial» o incluso «política tecnológica» y «política de innovación», en un discurso que negaba la capacidad de los Gobiernos para impulsar la innovación, el crecimiento y la competitividad.

Paradójicamente, la realidad no concordaba con dicha
narrativa, y era el mismo Gobierno
de EE. UU. el que de facto
venía aprobando y ejecutando
numerosos programas de apoyo
y estímulo tanto a determinadas
tecnologías como a sectores. La
red Internet que eclosiona en los
años noventa tiene su origen en
programa de investigaciones de
la agencia ARPA del ministerio
estadounidense de defensa. Tan
solo el retorno de la inversión
pública en esta iniciativa seguramente
compensaría por sí solo
cualquier otro error que haya
cometido el Gobierno norteamericano
en materia de política
industrial. Además, la evidencia
histórica sugiere que los Gobiernos
de prácticamente todas las
economías no occidentales que
alcanzaron el estatus económico
de país «desarrollado» en los
últimos dos siglos habrían utilizado
de modo activo instrumentos
que podrían calificarse como
política industrial a fin de conseguir
el impulso necesario para
converger, e incluso superar, a
las economías occidentales. Iniciativas
en materia de política
industrial en los años ochenta
y noventa hicieron posible que
los famosos tigres asiáticos, incluidos
Corea, Taiwán y tambiénChina, hoy se hayan convertido
en potencias industriales.
En la actualidad, la política
industrial está cobrando impulso
en muchos países, con algunos
economistas apuntando a China
como modelo de éxito. La población
se pregunta si podemos
confiar en el libre mercado 􀃋
existe la preocupación de que
los países desarrollados estén
perdiendo su ventaja innovadora,
no solo por motivos económicos,
sino también por razones
de seguridad nacional.
En EE. UU. hay un claro consenso
político para la creación
de incentivos útiles para producir
semiconductores (Ley de Chips),
pues más del 90 por 100 de los
chips avanzados, cruciales para la
defensa 􀃋 la inteligencia artificial
(IA), provienen de Taiwán, lo que
plantea preocupaciones sobre
la vulnerabilidad de la industria
estadounidense en caso de un
ataque. Para abordar tales riesgos,
el Gobierno de EE. UU. está
asignando 39.000 millones de
dólares en fondos de la Ley
de Chips. Estas políticas son parte
de un enfoque más amplio de
apoyo a la industria, que también
incluye 370.000 millones
de dólares en subsidios a la energía
limpia dentro de la Ley de Reducción
de la 􀀕n􀁱ación 􀂟􀀕􀀪A􀂠.
Por su parte, Japón está proporcionando
subsidios por valor
de más de 500 millones de dólares
a ciertas empresas (campeonas)
para fomentar la inversión
en el país, como parte de sus
esfuerzos por reducir la dependencia
de China.
En Europa ha habido, tradicionalmente,
una cierta resistencia
a aumentar el intervencionismo
en la industria. Tras una
oposición inicial de la ComisiónEuropea a la propuesta de fusión
Alstom-Siemens en febrero
de 2019, los responsables de las
carteras ministeriales en materia
industrial de Francia y Alemania
suscribieron un manifiesto
􀂟Altmaier 􀃋 􀀜e Maire, 2019􀂠 en el
que plantearon la conveniencia
y las líneas maestras para reformar
las normas de la UE en materia
de competencia, con el fin
de facilitar la creación de megaempresas
europeas.
􀀌e esta forma, la 􀀭nión
Europea (UE) está ampliando su
política industrial, incluso reservando
160.000 millones de euros
de sus fondos de recuperación
del C􀀠􀀲􀀕􀀌-19 para innovaciones
digitales como chips, baterías,
y adaptación climática. Asimismo,
en respuesta a los subsidios
masivos de la Ley de Reducción
de la 􀀕n􀁱ación de los 􀀍􀀍. 􀀭􀀭., se
está planteando en el seno de la
UE un enfoque común para apoyar
la competitividad y proteger
la producción en sectores estratégicos.
Todo ello constituye una
nueva política industrial europea
que persigue una mayor autonomía
estratégica de la Unión, si
bien compatibilizándola con un
alto grado de libre comercio a
nivel multilateral.
El resto del artículo se estructura
de la forma siguiente. En la
sección segunda se establecen
los retos y los enfoques estratégicos
adoptados por la política
industrial a lo largo del tiempo;
en la sección tercera, se describe
la nueva política industrial adoptada
por la UE, especialmente
tras la pandemia del C􀀠􀀲􀀕􀀌-19􀂷
en la sección cuarta, se explica la
importancia que la digitalización
puede tener sobre el crecimiento
de la productividad y las medidas
adoptadas por la UE para
conseguir este objetivo en el futuro.
Finalmente, en la secciónquinta se describen un conjunto
de conclusiones para el futuro de
la política industrial europea.
II. RETOS Y ESTRATEGIA DE
LA POLÍTICA INDUSTRIAL
1. Qué es la política
industrial
La política industrial es un concepto
escurridizo (Bosch, 2014)
tanto por la delimitación del propio
sector industrial como por lo
que se refiere a los instrumentos
empleados. Evenett (2003) propone
la definición de política industrial
como «cualquier tipo de
intervención selectiva o política
gubernamental que intente alterar
la estructura sectorial de la
producción hacia sectores que se
espera ofrezcan mejores perspectivas
de crecimiento económico
que las que ocurrirían en ausencia
de tal intervención, es decir,
en el equilibrio del mercado».
􀀨ero esta definición gen􀁣rica
incluye un amplio abanico de políticas
gubernamentales tanto de
carácter «horizontal», con objeto
de proporcionar un marco favorable
para la actividad desarrollada
por las empresas (a través
de medidas de política fiscal, de
fomento de la competencia, políticas
regionales, sociales, laborales
o ambientales, entre otras),
o de tipo «vertical» o selectivo,
orientadas al favorecimiento de
sectores específicos de la economía.
Por un lado, incluye un
amplio y heterogéneo abanico
de instrumentos empleados por
los Gobiernos a fin de estimular
el desarrollo de algunos sectores
industriales, o de todos los sectores
industriales de una economía.
Las medidas adoptadas estarían
así «dirigidas a mejorar la competitividad
y la capacidad de las empresas
nacionales, y a promover
la transformación estructural􀀍n defi nitiva, la política industrial
se refi ere a los esfuerzos
del Gobierno para dar forma
a la economía apuntando a industrias
específi cas, empresas o
actividades económicas. Esto se
logra a través de una gama de
herramientas tales como subsidios,
incentivos fi scales, desarrollo
de infraestructura, reglamentos
de protección, y apoyo a la
investigación y el desarrollo.
En el ámbito de la construcción
europea, el Tratado
de 􀀪oma 􀂟􀀪C􀀜 1999, 120􀁰
􀁋􀀪C􀀜􀁇1999􀁇120􀁰 ter􀁌􀂠, a diferencia
de lo que ocurre con otros
sectores como el agrario, no
contemplaba, específi camente,
una política industrial que abarcara
todos los aspectos que
afectan a la competitividad y a
la problemática específi ca de la
industria. Como tal, la política
industrial de la UE solo fue defi
nida por primera vez en 1992
en el artículo 157 del Tratado
de Maastricht, actualmente recogido
en el Tratado de Funcionamiento
de la Unión Europea
suscrito en 􀀜isboa en 2009. Se
trata de una política de carácter
horizontal (no selectiva) y tiene
por objeto instaurar unas condiciones
marco que favorezcan la
competitividad industrial.
Sin embargo, esta concepción
de la política industrial ha
cambiado hacia un mayor «activismo
», especialmente tras la crisis
del C􀀠􀀲􀀕􀀌-19. 􀀍n un mundo
de creciente nacionalismo económico
y tensiones geopolíticas,
vuelve el interés para impulsar
empresas o sectores industriales
«campeones» como un objetivo
de política relevante para aquellos
Gobiernos que buscan avanzar
en sus intereses nacionales.
􀀍llo conlleva defi nir qu􀁣 􀁹industrias
» son las susceptibles de esta
mayor intervención y cuál puede

ser la estrategia industrial correcta
para favorecer el crecimiento
a largo plazo.
2. ¿Qué actividades son
industria?
El concepto de política industrial
es una traducción del inglés
􀂀ndust􀂲􀂀a􀂇 􀂝o􀂇􀂀􀁏y (1). Indudablemente,
el sector industrial es
considerado de vital importancia
para el impulso de la productividad
y, en general, de la competitividad
de una economía
tanto por el uso intensivo que
efectúa de 􀂀n􀂝uts de otros sectores,
como por su papel como
proveedor de nuevas tecnologías
y nuevos conocimientos para
otros sectores tales como los
servicios. 􀀌esde los a􀂏os ochenta,
el sector industrial ha venido
experimentando una progresiva
disminución de su participación
en el PIB y el empleo en Europa,
como puede observarse en el
gráfi co 1.

Pese a todo, la producción
industrial, como también ocurre
en los servicios, engloba un conjunto
muy amplio y heterogéneo
de actividades y productos, que
incluyen tecnologías muy diversas
y también con diferentes grados
de contribución al avance de
la productividad y el desarrollo
económico.
􀀌urante las 􀃃ltimas d􀁣cadas,
la fragmentación internacional
de la producción ha devenido en
cadenas de valor globales en las
que las regiones compiten, no
solo por alojar la actividad productiva
(por su impacto en el empleo),
sino también la radicación
de los benefi cios empresariales
(con el potencial efecto sobre la
recaudación tributaria), y la localización
de nodos de decisión
estratégica, o de innovación. En
estas cadenas de valor globales
estarían integradas las diferentes
fases necesarias para la producción
de bienes y servicios, optimizando
conjuntamente tantoventajas competitivas asociadas
a la especialización como también
economías de escala potenciales,
incidiendo de manera crucial
en los 􀁱u􀂅os de importación 􀃋
exportación de los países. Como
apuntan Antras y Chor (2022),
las cadenas de valor no siempre
adoptan la forma lineal (serpientes),
sino que en ocasiones sirven
a un centro corporativo desde
diferentes ubicaciones (arañas).
El juego de la interacción estratégica
está servido; si a ello además
unimos que los atributos
que definen la competitividad de
un producto no son solo tangibles,
sino también intangibles y
ambas categorías de atributos
están fuertemente asociados
a la compatibilidad con otros
productos queda claro el papel
que también puede tener la política
industrial como reguladora
de los estándares tecnológicos de
los productos y tecnologías. Es
evidente que cualquier política
industrial moderna debe fi􀂅arse
no solo en empresas o sectores
concretos, sino en el conjunto
de la cadena de valor para actuar
sobre ella.
3. The strategy, stupid:
competencia versus
campeones
La política industrial no es un
fin en sí mismo, sino un instrumento
para alcanzar mayores
cotas de crecimiento y bienestar
a largo plazo. Por tanto, el tipo
de política industrial dependerá
de la estrategia que elija cada
país para el desarrollo. Algunos
países han apostado por apoyar
una economía de mercado dinámica,
junto con la libre entrada
de empresas y garantizando que
las mismas operan de manera justa
y competitiva en el mercado.
Esta estrategia de promocionar
una «competencia justa» también
ofrece una vía alternativapara alcanzar objetivos de seguridad
nacional 􀂟de􀁿􀂲􀂀s􀂆􀂀ng) frente
a una política industrial más
intervencionista. En lugar de que
cada país promueva campeones
nacionales, el enfoque de «mercado
competitivo» fomenta una
cadena de suministro global diversificada
basada en principios
de apertura comercial, evitando
así una guerra económica. Este
enfoque puede conducir a una
ma􀃋or eficiencia e innovación a
largo plazo mientras se mitigan
los riesgos de interrupciones en
la cadena de suministro a través
de la diversificación 􀃋 la cooperación
internacional.
No se trataría, por tanto, solo
de realizar apuestas (􀂝􀂀􀁏􀂆􀂀ng
􀃉􀂀nne􀂲s), sino de colaborar estrechamente
con el sector privado
para que este pueda competir.
Como apuntan 􀀲allas, 􀀛leinman 􀃋
Biscotti (2011), «la economía del
conocimiento 􀁋en biotecnología􀁌
no surgió espontáneamente de
abajo hacia arriba, sino que fue
impulsada por una política industrial
sigilosa de arriba hacia abajo
». Los líderes gubernamentales
y empresariales abogaron, simultáneamente,
por la intervención
del Gobierno para fomentar el
desarrollo de la industria biotecnológica
y argumentaron hipócritamente
que el Gobierno debería
dejar que el libre mercado
funcionara. Como observó Reich
􀂟1982􀂠, los Gobiernos siempre
acaban por hacer estrategia industrial,
aunque, sin una estrategia
coherente, acabará siendo el
resultado aleatorio de la presión
de intereses particulares.
Según este argumento, aunque
las ganancias de eficiencia
pueden hacer que sea sensato
elegir la estrategia de capitalismo
de «mercado competitivo»,
los Gobiernos a menudo sucumben,
en mayor o menor medida,a la tentación de establecer campeones
nacionales (sectoriales
o empresariales). Ello implica la
adjudicación de contratos mediante
subsidios o exenciones
fiscales, o la inversión en infraestructuras
específicas destinadas
a dichos «campeones». Sin embargo,
promover campeones
nacionales también puede tener
consecuencias negativas, dando
lugar a una concentración
del poder económico, una mala
asignación de recursos y al descuido
de las consideraciones a
largo plazo. Asimismo, también
puede socavar la competencia
en el mercado y la innovación,
perjudicando en última instancia
el crecimiento y el bienestar.
A pesar de estos costes e ineficiencias,
muchos Gobiernos se
sienten impulsados a promover
campeones por motivos de economía
política: obtener resultados
más rápidos, proporcionar
puestos de trabajo para sus ciudadanos
y así mantener el poder
político. Por tanto, este tipo
de políticas industriales activas de
naturaleza vertical tienen un
componente político mayor que
las hace muy atractivas, pues
proporcionan una sensación de
control sobre la economía, que
proporciona un «plus» de mayor
seguridad tanto para el Gobierno
como para la sociedad.
Sin embargo, es fundamental
considerar las posibles desventajas
de este enfoque, como el
riesgo de falsear la competencia
y obstaculizando la innovación.
􀀌e hecho, e􀃊isten e􀂅emplos de
política industrial vertical con
éxito dispar dependiendo de sectores
o empresas.
El apoyo del Gobierno chino
a la industria de los coches eléctricos
es un buen ejemplo del
uso de la estrategia al serviciodel desarrollo de una industria líder
en el mercado global (2). En
tan solo dos años, desde 2020
a 2022, la venta de vehículos
eléctricos en China ha pasado de
1,3 a 6,8 millones de unidades,
mientras que en Estados Unidos
las ventas apenas sobrepasaron
las 800.000, según un informe
publicado on􀂇􀂀ne en Yang
(2023).
En este período, una serie de
fabricantes de vehículos chinos
se ha beneficiado de generosos
subsidios del Gobierno, exenciones
de impuestos, contratos de
adquisición y otros incentivos
de políticas. Gracias a ellos,
estos fabricantes lideran una
constante optimización de las
tecnologías para satisfacer las
necesidades del mercado chino,
ya que las ayudas también han
estimulado la demanda local de
compradores de automóviles.
Este dominio en el sector de los
vehículos eléctricos no solo le ha
dado a la industria automotriz de
China un crecimiento sostenido
durante la pandemia, sino que
también ha impulsado a China
en su búsqueda para convertirse
en uno de los líderes mundiales
en política climática.
Según expertos del sector, la
convicción de que la desventaja
era insuperable en motores de
combustión interna frente a los
fabricantes de EE. UU., Alemania
y Japón, hizo que la estrategia
del Gobierno chino estuviese
orientada a la inversión en un
territorio de nueva aparición,
los automóviles que funcionan
completamente con baterías, un
espacio cuya competencia aún
no era tan disputada. El riesgo
era elevado, pero la recompensa
era potencialmente grande.
Esta estrategia, decidida iniciada
alrededor de 2001, hubo
de construirse contando con laimplicación de toda la cadena
de suministro, de la que no se
excluyó a empresas extranjeras,
como en el caso de Tesla.
En la UE, el caso de Airbus
es a menudo considerado como
un modelo de intervención industrial
exitosa (posiblemente el
único) del Gobierno en la economía.
La creación del consorcio
Airbus a finales de la d􀁣cada de
19􀂹0, que desafió el dominio
de Boeing en los mercados mundiales,
fue posible gracias a subsidios
gubernamentales, compromisos
de absorber pérdidas
􀃋 financiación para la cobertura
de costes fi􀂅os. Como resultado,
Airbus se convirtió en un formidable
competidor.
Sin embargo, la reciente experiencia
china con el avión
C􀀠MAC C919 demuestra que la
política industrial vertical puede
tener resultados negativos. Impulsada
por la convicción de que
una gran nación debería tener
sus propios aviones, China invirtió
70.000 millones en el desarrollo
de su avión comercial en la
compa􀂏ía estatal C􀀠MAC para
desafiar el dominio de 􀀉oeing 􀃋
Airbus. El proyecto ha sido un
fiasco hasta el presente, 􀃋a que
se ha retrasado por más de cinco
años debido a obstáculos regulatorios,
tecnológicos y de la cadena
de suministro (3). Además,
el C919 tampoco ha sido certificado
todavía por ningún autoridad
de aviación fuera de China,
en parte debido a problemas de
seguridad.
La lección que podemos derivar
de estos casos es que la
promoción de campeones a veces
puede ser efectiva, pero no
es una receta de éxito asegurado.
􀀌e hecho, en muchos casos,
aunque exista un fallo de mercado,
al Gobierno puede resultarlemuy difícil abordar el problema
sin causar distorsiones asignativas
significativas o incurrir en
altos costes fiscales. Además,
cuando varios países se involucran
en política industrial para
promover su propia política de
campeones, ello puede conducir
a una carrera hacia el abismo en
términos de subsidios y protecciones.
En un área económica
integrada como la UE, las posibilidades
de éxito de una política
industrial de cualquier país
individual son muy escasas, generando,
al mismo tiempo, una
situación económica inestable
globalmente. La UE deber preservar
el mercado único y evitar
las disfunciones derivadas de un
uso asimétrico de las ayudas de
Estado en función de la situación
fiscal de cada país miembro. 􀀍s
evidente, por tanto, que la UE
debía adaptar su política industrial
a las nuevas necesidades,
especialmente tras las lecciones
aprendidas de la pandemia del
C􀀠􀀲􀀕􀀌-19.
III. LA «DOBLE TRANSICIÓN»
Y LA NUEVA POLÍTICA
INDUSTRIAL EUROPEA
La industria representa alrededor
del 20 por 100 del valor
añadido de la UE y el 80 por 100
de las exportaciones de mercancías
􀂟gráfico 2􀂠. 􀀍n la economía
de la UE, las pequeñas y medianas
empresas representan más
del 99 por 100 de las empresas
􀂟gráfico 3􀂠, 􀂅ugando un papel
central desde el punto de vista
económico y social.
Este contexto –es decir, la importancia
de la industria para la
competitividad exterior, y la relevancia
de las pymes en el tejido
económico de la UE– explica el
enfoque que la política industrial
ha tenido a lo largo de las
décadas tanto en los Estadossecmiembros
como en la UE en su
conjunto. La política industrial
europea también ha ido evolucionando
junto al proyecto de
integración europea y, si bien en
el tema de la política industrial
la UE tiene exclusivamente una
competencia de apoyo, coordinación
y complemento de lasacciones nacionales (4), su papel
ha ido creciendo a lo largo de las
décadas.
Entre los años cincuenta y
ochenta la política industrial era
básicamente de carácter nacional
y estaba centrada en un enfoque
«vertical», es decir de apoyo a secmiembrostores específi cos que se consideraban
estratégicos desde el punto
de vista de la política económica
nacional. En ese período, los Estados
miembros intervenían en la
economía con instrumentos que
incluían, entre otros, subsidios y
aprovisionamiento preferencial
por parte de agencias estatales.
La política industrial tuvo el objetivo,
en esa época, de reconstruir
una economía de paz, aprovechar
los benefi cios de la unión
aduanera que se iba creando (a
partir de fi nales de los a􀂏os sesenta)
y responder a los desafíos
causados por la crisis industrial en
los años setenta.
Entre los años ochenta y la
primera década del 2000 se
empezaron a tomar las primeras
medidas de carácter europeo,
con el objetivo de crear y
completar el mercado común.
Esta transición supuso un cambio
gradual hacia intervenciones
«horizontales» de carácter
legislativo que tenían el objetivo
de mejorar el entorno empresarial
y favorecer la competencia.
Este cambio de postura era, de
un lado, necesario para cumplir
con las reglas europeas de competencia,
y de otro, complementario
a la creciente integración
comercial a nivel global, con la
gradual reducción de barreras
comerciales en el marco de los
acuerdos internacionales.
Finalmente, tras el estallido
de la crisis económica 􀃋 fi nanciera
de 2008-2009, 􀃋 sobre
todo en los años más recientes,
la política industrial europea ha
tenido que responder a nuevos
desafíos, que se pueden poner
sobre tres ejes:
1. Tens􀂀ones g􀂇o􀁆a􀂇es􀂢 La economía
global se ha visto afectada
por tensiones crecientes
entre las mayores potencias 

fory
una tendencia a la vuelta al
unilateralismo y al proteccionismo
en algunos países. Estas
tensiones son bien de carácter
militar (como en el caso
más reciente de la guerra provocada
por Rusia en Ucrania)
y comercial, en términos de
nuevas barreras comerciales y
subsidios introducidos en países
terceros para responder a
una supuesta competencia
desleal o para apoyar a la industria
nacional.
2. 􀀬􀂲ans􀂀􀁏􀂀􀂒n 􀃈e􀂲de y d􀂀g􀂀ta􀂇􀂢 La
«doble transición» es una de
las prioridades principales
de las políticas actuales de la
UE, bien para responder a
la crisis climática y para garantizar
que la economía europea
pueda aprovechar todas las
ventajas de la digitalización,
sin quedarse por detrás de sus
principales competidores.
3. Necesidad de reforzar la resi-
􀂇􀂀en􀁏􀂀a de 􀂇a e􀁏ono􀂊􀂁a eu􀂲o-
􀂝ea􀂢 En los últimos tres años,
la pandemia del C􀀠􀀲􀀕􀀌-19, la
guerra en Ucrania y las consecuencias
macroeconómicas
de estas dos crisis han demostrado
que la dependencia
de la economía europea
en ciertos bienes y sectores
puede afectar a su resiliencia.
La industria europea se
ha enfrentado a una elevada
in􀁱ación, escasez de mano
de obra en ciertos sectores,
cambio demográfico, interrupciones
en las cadenas de
suministro, subida de tipos
de interés y volatilidad en los
precios de la energía y de
los bienes intermedios. Todos
estos factores afectan negativamente
a su competencia,
sobre todo en un mercado
global en el que otros países
aplican políticas cada vez
más intervencionistas.El resultado de estos desafíos
fue la necesidad de más coordinación
a nivel europeo y un enfoque
(con algunos matices) más
intervencionista, a fin de apo􀃋ar
a la economía europea en un
mercado global más complejo.
􀀍ste enfoque está bien definido
en una reciente Comunicación
de la Comisión Europea que indica
que la UE debería «􀁋a􀁏tua􀂲􀁌
􀂊u􀂇t􀂀􀂇ate􀂲a􀂇􀂊ente s􀂀e􀂊􀂝􀂲e 􀂧ue
􀂝ueda􀁖 y 􀁋esta􀂲􀁌 d􀂀s􀂝uesta a a􀁏-
tua􀂲 de 􀂊ane􀂲a aut􀂒no􀂊a s􀂀 es
ne􀁏esa􀂲􀂀o» (5).
En otras palabras, si el enfoque
horizontal sigue siendo central,
también por la necesidad de hacer
el entorno empresarial de
todos los países europeos más
atractivo 􀃋 ma􀃊imizar los beneficios
del mercado común, el apoyo
a sectores estratégicos y a la
inversión ha vuelto a ser central
en las políticas europeas, con
instrumentos nuevos 􀃋 específicos.
El primer paso hacia una nueva
política industrial de la UE
que responda a estos retos fue
la publicación de la nueva estrategia
industrial en marzo de
2020 (6). Esta estrategia está
centrada en la transición verde
y digital. En la nueva política
industrial de Europa, el Pacto
􀀲erde 􀀍uropeo 􀂟􀀍u􀂲o􀂝ean 􀀓􀂲een
􀀌ea􀂇) juega un papel central, ya
que es «la nueva estrategia de
crecimiento de Europa» (7), con
el objetivo principal de hacer
de Europa el primer continente
climáticamente neutro de aquí
a 2050. Coherentemente con
este objetivo, la nueva estrategia
industrial europea indica
que todas las cadenas de valor
industrial deberían desempeñar
un papel clave en la transición
verde. Al mismo tiempo, para
que Europa conserve su soberanía
tecnológica y digital, el forytalecimiento del mercado único
digital, junto a una mejora de la
capacidad industrial en infraestructuras
digitales, sustentarían
la transición digital.
􀀜a pandemia del C􀀠􀀲􀀕􀀌-19 􀃋
las consecuencias económicas
y geopolíticas de la guerra en
Ucrania impulsaron una actualización,
o quizá una aceleración,
de dicha estrategia, empezando
por un análisis del impacto de la
pandemia sobre los diferentes
e􀁏os􀂀ste􀂊as 􀂀ndust􀂲􀂀a􀂇es de la
􀀭􀀍 􀂟8􀂠. 􀀌e hecho, uno de los
problemas evidenciados por la
pandemia del C􀀠􀀲􀀕􀀌-19 fue
la presencia de dependencias
industriales y tecnológicas estrat
􀁣g􀂀􀁏as, es decir, dependencias
en ciertos bienes y productos
que tienen un papel crítico en
la economía y la sociedad europea.
Según la Comisión Europea,
la identificación de dichas
dependencias 􀂅ustificaría, desde
el punto de vista de la política
industrial europea, la adopción
de medidas adicionales «basadas
en hechos, proporcionales y
focalizadas».
El análisis de las dependencias
estrat􀁣gicas ha identificado 137
productos, aproximadamente el
6 por 100 de las importaciones
europeas, con elevada dependencia,
en los sectores de las materias
primas, farmacéutico, y de
los bienes necesarios para la transición
verde y digital. Estos productos
proceden principalmente
de China, 􀀲ietnam 􀃋 􀀉rasil, 􀃋 en
menor medida de otros países.
Entre estos productos hay algunos
que se consideran más vulnerables
porque el potencial de
diversificación es mu􀃋 limitado,
como en el caso de las llamadas
􀁹tierras raras􀁺. 􀂟9􀂠 􀀜os instrumentos
propuestos por la Comisión
Europea para reducir las dependencias
estratégicas son:la diversificación del suministro,
con nuevos acuerdos comerciales
con países tercios;
– la agrupación de recursos con
países aliados;
– la promoción de a􀂇􀂀an􀃎as 􀂀ndust
􀂲􀂀a􀂇es inclusivas en áreas
estratégicas (las primeras serían
la Alianza sobre Procesadores
y Tecnologías de Semiconductores
y la Alianza
􀀍uropea para los 􀀌atos 􀀕ndustriales,
􀀍dge y 􀀊􀂇oud);
– la movilización de inversión
pública y privada, incluso a
través de los denominados
􀂝􀂲oye􀁏tos 􀂀􀂊􀂝o􀂲tantes de 􀂀nte
􀂲􀁣s 􀁏o􀂊􀃃n eu􀂲o􀂝eo, que
􀁱e􀃊ibilizan las normas sobre
ayudas estatales para apoyar
a sectores en los que los
mercados solos no serían suficientes.
􀀌os a􀂏os despu􀁣s del comienzo
de la pandemia del
C􀀠􀀲􀀕􀀌-19, cuando 􀀍uropa se
estaba recuperando del impacto
económico y social de la pandemia,
la guerra provocada por
Rusia en Ucrania ha causado un
nuevo choque para la economía
europea, además de la crisis humanitaria.
La guerra ha provocado
una subida sin precedentes
del precio de la energía, riesgo
de interrupción en el suministro
de gas y petróleo importados
desde 􀀪usia, 􀃋 una in􀁱ación
que ha llegado a niveles que no
se habían registrado en Europa
en los últimos cuarenta años. La
subida de la in􀁱ación relacionada
con el precio de la energía
no ha afectado solo a la Unión
Europea, sino también a otras
economías avanzadas como
Estados Unidos, Canadá y Reino
Unido. Sin embargo, la situación
de la UE era más delicada siendo
Rusia su principal proveedor defuentes energéticas fósiles (gas,
petróleo), especialmente en algunos
países como Alemania e
Italia. Todo esto ha llevado a una
aceleración en la transición verde
para acompañar a la reducción
de las importaciones de fuentes
de energía fósiles de Rusia.
Al mismo tiempo, otras economías
avanzadas y emergentes
han empezado a implementar
planes industriales de apoyo a la
transición verde. La preocupación
sobre el impacto para la industria
europea de las políticas industriales
de apoyo a la transición verde
en otros países, como el 􀀕n􀁱at􀂀on
􀀪edu􀁏t􀂀on 􀃐􀁏t en Estados Unidos
y los subsidios a las inversiones en
tecnologías limpias en China, ha
empujado Europa a recentrar sus
esfuerzos para evitar distorsiones
prolongadas de los mercados internacionales.
El resultado ha sido la presentación
del Plan Industrial del
􀀨acto 􀀲erde 􀀍uropeo en febrero
2023 (10), que está centrado
en cuatro pilares: 1) un entorno
regulatorio predecible 􀃋 simplificado,
que facilite la producción
de bienes clave para la neutralidad
climática y la reducción de
los tiempos para las autorizaciones;
2) acceso más rápido a
la financiación, 􀁱e􀃊ibilizando las
normas europeas sobre ayudas
estatales y empujando la utilización
de los instrumentos financieros
europeos que apoyan a la
transición verde; 3) capacidades
formativas, para reducir la falta
de trabajo en los sectores claves
para la transición; y 4) comercio
abierto para asegurar la resiliencia
de las cadenas de suministro.
Se está discutiendo también
sobre la creación de un Plata-
􀁮o􀂲􀂊a 􀀍u􀂲o􀂝ea 􀂝a􀂲a 􀂇as 􀀬e􀁏no-
􀂇og􀂀as 􀀍st􀂲at􀁣g􀂀􀁏as, que apoyaría
a la inversión y la competitividadeuropea a través de una movilización
completa y utilización
más 􀁱e􀃊ible de la financiación
disponible y de los instrumentos
financieros e􀃊istentes, con el fin
de preservar una ventaja europea
en tecnologías modernas y «críticas
», es decir, con un papel central
para las transiciones verde y
digital. Esas tecnologías incluyen
las relacionadas con la informática,
incluida la microelectrónica,
la computación cuántica y la inteligencia
artificial, 􀃋 tambi􀁣n la
biotecnología y biofabricación y
tecnologías a cero emisiones.
En conclusión, el Plan Industrial
del 􀀨acto 􀀲erde 􀀍uropeo reconoce
que, sobre todo debido
a un contexto global caracterizado
por competencia injusta y
precios de la energía elevados,
son necesarias medidas temporales
􀃋 específicas para apo􀃋ar a
la industria europea. Estos factores
􀂅ustificarían, en el ámbito
de la transición verde, el paso
de una política industrial con enfoque
«horizontal» a una nueva
política que reconoce la necesidad
de ciertas intervenciones de
tipo vertical.

DIGITALIZACIÓN Y
COMPETITIVIDAD
Tal como se ha explicado en
la sección precedente, la transición
digital presenta importantes
oportunidades y retos para
la economía europea y global.
Además, la UE tiene un sector de
las TIC (tecnologías de la información
y la comunicación) más pequeño
respeto a su PIB que otras
potencias como EE. UU. y Reino
Unido, aunque comparable con
Canadá, Japón y Corea del Sur, y
con muchas diferencias entre los
Estados miembros (11). Por estas
razones, la digitalización tiene un
papel importante en la nueva política
industrial europea.

La digitalización tiene un impacto
importante sobre la productividad
y la competitividad,
y entonces puede ser generadora
de crecimiento económico. El
proceso de transición digital se
ha acelerado con la pandemia
del C􀀠􀀲􀀕􀀌-19, con todos sus
retos. Al mismo tiempo, como
se ha descrito en la sección precedente,
la interrupción de las
cadenas de suministro en plena
pandemia y la presencia de tensiones
globales crecientes han
hecho claros los riesgos para la
industria europea debido a dependencias
excesivas.
Para comprender la importancia
de la digitalización en la
política industrial actual hay que
analizar primero su papel en el
crecimiento económico y la competitividad.
Los primeros estudios económicos
que buscaron una relación
empírica positiva entre la
digitalización y el crecimiento de
la productividad, especialmente
aquellos que utilizaban datos a
nivel agregado o sectorial, no
podían encontrar una fuerte relación.
Sin embargo, los desarrollos
agregados ocultan importantes
dinámicas a nivel microeconómico.
Los estudios a nivel de
empresa han demostrado, de un
lado, que la dispersión de la productividad
entre las empresas ha
aumentado, sobre todo en las
economías avanzadas (Berlingieri
et a􀂇􀂢, 2020), lo que sugiere que
la difusión tecnológica entre
empresas ha sido d􀁣bil. 􀀌e otro
lado, esta divergencia ha sido
más fuerte en las industrias altamente
digitalizadas, favoreciendo
el surgimiento de campeones
tecnológicos globales (Bajgar et
al., 2019􀂠.

Los estudios que utilizan datos
a nivel de empresa encuentran,
en este caso, una relación
positiva entre la adopción digital
y la productividad (Gal et a􀂇􀂢,
2019􀂠 que depende􀁕
(i) 􀀌e la presencia de otros factores
empresariales como
el capital organizacional, las
habilidades de gestión, el
􀀕􀂥􀀌 􀃋 las inversiones intangibles,
el capital humano y
las habilidades relacionadas
con las TIC, junto con un
entorno regulatorio favorable.
Además, las diferentes
tecnologías digitales son
complementarias, y las ganancias
de productividad
de la digitalización pueden
aparecer con cierto retraso
tras su adopción.
(ii) 􀀌el sector de actividad, 􀃋a
que los estudios empíricos
demuestran que la relación
entre digitalización y productividad
tiende a ser mayor
en la industria que en los
servicios.
(iii) 􀀌el nivel inicial de productividad
de las empresas. La
relación entre la adopción
de tecnologías digitales y el
crecimiento de la productividad
es más fuerte para las
empresas altamente productivas,
que probablemente se
benefician de la presencia
de habilidades organizativas
y técnicas. Esto implica que
la digitalización podría exacerbar
la dispersión en los
resultados de las empresas.
La adopción digital es también,
sistemáticamente, mayor
en las grandes empresas que en
las p􀃋mes 􀂟gráfico 4􀂠, 􀃋 este es
el caso en la UE como en otras
economías. En general, los resultados
sugieren que las ganancias

de productividad generadas por
la digitalización fueron aprovechadas
por pocas empresas,
tendencialmente grandes y altamente
productivas (Berlingieri,
Blanchenay y Criscuolo, 2017),
lo que explicaría por qué los datos
a nivel macro no siempre llegan
a mostrar la relación entre
productividad y digitalización a
nivel de economías nacionales.
Si bien la digitalización representa
una oportunidad, esta es
también un reto desde el punto
de vista de la política económica
sobre tres dimensiones: i) el mercado
laboral y la demanda de
habilidades; ii) la competencia; y
iii) la competitividad internacional
y autonomía estratégica.
— Impacto sobre la política
laboral y de habilidades
La digitalización afecta a la
demanda de habilidades, y la falta
de tales habilidades puede
impedir que los países obtengan
todos los beneficios de la digitalización.
Una primera consecuencia
de la digitalización es una mayor
demanda de habilidades
digitales y relacionadas con la
tecnología. En este sentido, las
habilidades en ciencia, tecnología,
ingeniería y matemáticas
(􀀫􀀬􀀍M es el acrónimo en inglés),
incluidas las habilidades en TIC,
son las más importantes. Sin
embargo, la demanda de habilidades
digitales creada por la
transformación digital va más
allá, ya que el uso generalizado
de las tecnologías digitales hace
que sea necesario un cierto nivel
de habilidades digitales para la
mayoría de los trabajos. Este es
el caso de ciertas tareas que son
más fáciles de automatizar (por
ejemplo, contabilidad y trabajo
de oficina􀂠.Para complementar la tecnología
y adaptarse a los cambios
en las tareas, los trabajadores
necesitan también habilidades
no cognitivas, como comunicación,
habilidades de gestión,
creatividad y pensamiento crítico,
cuya escasez puede reducir
los efectos de la digitalización
en la productividad (Morandini,
Thum-Th􀃋sen 􀃋 􀀲andeplas, 2020).
Una mayor penetración de
las tecnologías digitales, incluido
el desarrollo de inteligencia
artifi cial 􀂟􀀕A􀂠, puede tambi􀁣n
desplazar puestos de trabajo, y
crear nuevos. El efecto de desplazamiento
es más fuerte en
las industrias intensivas en tareas
rutinarias. En la UE, en 2018, alrededor
del 14 por 100 de los
puestos de trabajo se enfrentaban
a un riesgo muy elevado
de automatización (Pouliakas,
2018). Al mismo tiempo, las
nuevas tecnologías no necesariamente
destruyen empleos asernivel
macro, ya que los efectos
positivos globales de las tecnologías
sobre la productividad y la
riqueza también crean empleos
en otros lugares (Cappelli 2020).
En conclusión, la digitalización
tiene un impacto importante
en la distribución de la renta
y del trabajo entre sectores y tareas
laborales: por tanto, las políticas
laborales y de educación
activas, que en gran medida son
competencia nacional en la UE,
son necesarias para maximizar
sus benefi cios.
— Impacto sobre la
competencia
La competencia tradicional
con un gran número de empresas
no siempre es viable en
la economía digital 􀂟Cremer, 􀀌e
Mont􀂅o􀃋e 􀃋 Schweitzer, 2019􀂠.
En mercados que evolucionan
muy rápidamente y en los que
las plataformas digitales tienenun papel importante, una regulación
integral a nivel sectorial,
como la que se utiliza para los
usos tradicionales, puede ser inapropiada,
por al menos tres razones.
Primero, las nuevas tecnologías
de la información tienen
economías de escala muy fuertes:
el coste de producción es
mucho menos que proporcional
al número de clientes atendidos.
Una vez creada, la información
puede transmitirse a un gran
número de personas a un coste
muy bajo, casi nulo. La presencia
de importantes economías
de escala también ayuda a comprender
el aumento de los servicios
gratuitos.
Segundo, los mercados generados
por la revolución digital
están sujetos a externalidades
de red muy importantes: la
utilidad para cada usuario de
utilizar una tecnología o un sernivelvicio aumenta a medida que aumenta
el número de usuarios. El
otro lado de la moneda es que,
cuando hay unas plataformas o
empresas implantadas y con un
elevado número de usuarios en
un sector, puede ser difícil para
otras empresas entrar con éxito.
Las nuevas formas de mercado
generadas por la digitalización
pueden estar caracterizadas por
dinámicas de 􀃉􀂀nne􀂲􀁿ta􀂆es􀁿a􀂇􀂇.
Tercero, la evolución de la
tecnología ha permitido a las
empresas recopilar, almacenar
y utilizar grandes cantidades de
datos, que son uno de los ingredientes
clave. Sin embargo, los
datos pueden ser de naturaleza
muy diferente y el acceso a los
datos –sobre todo privados– por
parte de las empresas hace necesario
encontrar un equilibrio entre
la eficiencia generada por la
interoperabilidad y la protección
de la privacidad de los usuarios.
En conclusión, la 􀂝o􀂇􀂁t􀂀􀁏a de
􀁏o􀂊􀂝eten􀁏􀂀a tiene que adaptarse
a las nuevas realidades de
mercado generadas por la transición
digital. Por esta razón, la
􀀜e􀃋 􀀍uropea de Mercados 􀀌igitales
–aplicable desde principios
de mayo de 2023– introdujo una
serie de obligaciones y prohibiciones
para que las plataformas
jueguen un papel de «guardianas
» (12) de esos mercados.
Junto a la Ley Europea de Servicios
􀀌igitales tiene el ob􀂅etivo
de facilitar el crecimiento de las
empresas innovadoras en el sector
digital y la competencia, con
obligaciones más estrictas para
las plataformas más grandes.
— Impacto sobre la
competitividad y la
autonomía estratégica
La UE es un actor importante
en términos de conocimiento einnovación, pero se queda algo
por detrás de sus principales
competidores mundiales en inversión
privada en investigación.
􀀌esde 2014, su posición ha empeorado
con respecto a Japón,
Corea del Sur, Estados Unidos
y China. Si bien la UE es líder
tecnológico en la fabricación de
productos avanzados, en algunos
ámbitos como la inteligencia
artificial, macrodatos 􀃋 robótica
todavía tiene que ponerse al
nivel de los líderes mundiales,
EE. UU. y China (13).
Además de la adopción y desarrollo
de tecnologías específicas,
la hiperconectividad está
impulsando la transformación
económica, lo que dará lugar
a nuevos servicios y productos,
pero también conlleva riesgos.
Primero, hay riesgos de ciberataques
y cortes de red. Segundo,
los datos generados en la UE se
almacenan y tratan mayoritariamente
a través de proveedores
que no son europeos, lo que i)
somete la utilización de esos datos
a otras jurisdicciones; ii) crea
dependencias estratégicas; y iii)
puede suponer riesgos en términos
de ciberseguridad.
La política industrial puede
tener un papel muy importante
en limitar los riesgos para la
competitividad y autonomía estratégica
debidos a la transición
digital. En la UE, la respuesta se
centra hoy en día principalmente
en dos ámbitos: apoyo a sectores
clave para la transición digital
para desarrollar una capacidad
productiva y liderazgo europeo,
y modernización de la reglamentación
utilizando el «poder reglamentario
» de la Unión.
En el primer ámbito, por encima
de los instrumentos descritos
en la sección tercera, iniciativas
recientes tienen el objetivo deaumentar sustancialmente la capacidad
de producción de la UE
en tecnologías punta, especialmente
los semiconductores, ya
que la fabricación de semiconductores
está en el centro de la
innovación y de la revolución industrial
digital.
Los semiconductores son los
componentes en la base de
los 􀁏􀁽􀂀􀂝s, que están integrados
en prácticamente todos los productos
tecnológicos, y son pues
un facilitador clave para la digitalización
de la industria. Su papel
explica la importancia de la
seguridad de suministro y de
la resiliencia de la producción
de semiconductores para la industria
europea en su conjunto.
Sin embargo, Europa tiene una
cuota de mercado en la producción
global de semiconductores
de alrededor del 10 por 100, y
los semiconductores utilizados
en la industria europea están
producidos mayoritariamente
por proveedores de terceros países.
Además, Europa tiene capacidades
limitadas de fabricación
de chips y una fuerte dependencia
en cuanto al diseño, el embalaje
y el montaje (14).
En este contexto, la ambición
de la Ley de Chips para la UE (15)
es que Europa se convierta en
líder de la industria en los mercados
de semiconductores, alcanzando
al menos el 20 por
100 de la producción mundial
en semiconductores de última
generación de aquí a 2030. Para
lograrlo, Europa tendría que aumentar
notablemente su capacidad
efectiva de producción, y
la estrategia europea sobre los
chips establece unas cuantas
medidas combinadas con apoyo
a la inversión. La inversión que
se estima será movilizada hasta
2030 gracias a estas medidas
superaría los 43.000 milloneseuros, incluyendo 11.000 millones
de inversión pública.
¿Se puede considerar el apoyo
a la transición digital como una
vuelta a una política industrial
puramente vertical, o de «campeones
nacionales»? No, por dos
razones.
Primero, estas medidas se colocan
en un contexto en el que la
seguridad de suministro de ciertos
bienes (los semiconductores)
tiene una importancia estratégica
para la industria en su conjunto,
y al mismo tiempo otras potencias
están poniendo en marcha
políticas de este tipo: por ejemplo,
el 􀀊􀀔􀀕􀀨􀀫 and 􀀫􀁏􀂀en􀁏e 􀃐􀁏t en
EE. UU. pone más de 35.000 millones
de euros en el apoyo a la
producción de semiconductores;
China ha estado considerando un
plan de financiación p􀃃blica para
su industria nacional de semiconductores;
Japón ofrece subsidios
de alrededor de 500 millones de
euros a empresas del sector para
que inviertan en el país y reducir
su dependencia de China. El
apoyo al sector entonces no solo
contribuiría a reforzar la industria
europea en el sector, sino también
reduciría el riesgo de deslocalización.
Segundo, la reglamentación
tiene un papel central en la política
industrial europea. La convergencia
global sobre los mismos
estándares internacionales
ayuda a reducir los costes de
adaptación, con un impacto positivo
sobre los consumidores.
Gracias al tamaño de su mercado
común, la UE ejerce un poder
regulatorio significativo a nivel
global, que es perceptible sobre
todo en las áreas de estándares
globales. En diferentes casos, las
reglas europeas para el sector
digital han devenido referentes
globales (Bradford, 2020). Estee􀁮e􀁏to 􀀉􀂲use􀂇as es consecuencia
de que las empresas que operan
a nivel global encuentran beneficioso
adoptar los estándares
establecidos en Bruselas de manera
uniforme en todos sus negocios.
Las medidas incluidas en
la 􀀜e􀃋 de Mercados 􀀌igitales 􀃋 la
􀀜e􀃋 de Servicios 􀀌igitales son el
ejemplo más reciente de reglamentación
europea que podría
tener un impacto más allá de las
fronteras de la UE.
V. CONCLUSIONES
La actividad industrial es una
parte clave de la actividad económica
en todos los países desarrollados.
Su notable aportación
al progreso tecnológico tanto a
través de la generación de innovaciones
de producto y de proceso
como por su mayor consumo
de innovaciones tecnológicas
generadas por otros sectores; su
mayor capacidad para generar
empleos de calidad, con niveles
de cualificación más elevados
que el promedio y mejor remunerados;
su efecto tractor, vía
demanda, sobre los servicios de
mercado y, en especial, los avanzados,
o la mayor productividad
de las empresas industriales y su
impacto positivo sobre la balanza
comercial son las razones que
explican su relevancia.
La política industrial, tan denostada
en décadas anteriores
y ausente de los tratados fundacionales
de la UE, ha vuelto a
tomar un carácter protagonista
en la dinámica estratégica de
países como Estados Unidos y
China. También en Europa, tras
la crisis financiera 􀃋 la pandemia
del C􀀠􀀲􀀕􀀌-19, se ha ido construyendo
una política industrial más
proactiva, acompañada de tratados
bilaterales que han liberalizado
el comercio con países con
los que existe una relación másestrecha. 􀀌e este modo, la política
industrial europea así definida
estaría al servicio del compromiso
que la UE tiene con mercados
globales abiertos, aunque con
la necesidad de dotarse de una
cierta autonomía estratégica.
Sigue existiendo, no obstante,
cierta diferencia entre los
objetivos prioritarios de algunos
Estados miembros y la Unión en
su conjunto. Mientras algunos
Estados miembros siguen priorizando
el apoyo a los denominados
«campeones nacionales»,
la Unión estaría dando preeminencia
a determinados pilares,
tales como los requeridos para
la transición digital y energética.
Pese a su incremento notable
en los últimos años, la magnitud
de la apuesta presupuestaria de
la Unión aún se sitúa por debajo
de la de sus principales competidores
en esta carrera hacia
el futuro. Este cambio de paradigma
en cuanto a la visión del
papel de la política industrial es
la consecuencia de un contexto
de cambio, donde las verdades
absolutas son más bien poco frecuentes,
y la visión estratégica cobra
importancia en la gestión de
las políticas públicas. En este nuevo
contexto, si bien los mercados
globales abiertos siguen siendo
una aspiración, la interacción estratégica
entre un número relativamente
reducido de jugadores
ha ganado importancia.

Europa, previsiones, escenarios 2025-2030 y reforma instituciones supranacionales

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2025/06/europa-previsiones-escenarios-2025-2030.html

Política industrial en una Europa ampliada

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2025/06/politica-industrial-en-una-europa.html

https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=LEGISSUM:n26022&frontOfficeSuffix=%2F 

 CHINA Y ESTADOS UNIDOS: DOS MODELOS DE POLÍTICA INDUSTRIAL Y UN MISMO OBJETIVO -ANTONIO HIDALGO NUCHERA-ALEJANDRO LEGARDA ZARAGÜETA

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2025/06/china-y-estados-unidos-dos-modelos-de.html

China VS Europa: Pensamiento sistémico / Ingeniería económica

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2025/06/china-vs-europa-pensamiento-sistemico.html

 "Razones para desarrollar una política industrial activa en España" de Legarda y Hidalgo (2011)

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2025/06/razones-para-desarrollar-una-politica.html

Documentos  guardados Economía internacional en pdf

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HACIA UNA NUEVA AGENDA INDUSTRIAL EUROPEA BASADA EN LA RESILIENCIA

 HACIA UNA NUEVA AGENDA
INDUSTRIAL EUROPEA BASADA
EN LA RESILIENCIA

Román ARJONA
William CONNELL-GARCÍA
Josefina MONTEAGUDO
Paolo PASIMENI
􀀊o􀂊􀂀s􀂀􀂒n 􀀍u􀂲o􀂝ea􀁖 􀀌􀂀􀂲e􀁏􀁏􀂀􀂒n 􀀓ene􀂲a􀂇 de Me􀂲􀁏ado 􀀕nte􀂲􀂀o􀂲􀁖
􀀕ndust􀂲􀂀a􀁖 􀀍􀂊􀂝􀂲end􀂀􀂊􀂀ento y 􀀨y􀂊es

La UE se ve confrontada con una «permacrisis
» global de amplio alcance. Las disrupciones
y la incertidumbre han hecho necesaria
una nueva política industrial que incida en
la resiliencia, articulándose alrededor de la
autonomía estratégica abierta. El presente trabajo
muestra que el mercado único impulsó
la integración comercial, y apunta a efectos
positivos en términos de resiliencia asociados
a la integración de la cadena de suministro
dentro de la UE. Se detectan tendencias que
afectan a la resiliencia industrial de la UE,
como la desindustrialización y el reshoring.
Posteriormente se aborda el marco conceptual
sobre la resiliencia, diseñado para atajar las
consecuencias colaterales de los retos a largo
plazo. Y se esbozan las dos metodologías de
alerta temprana introducidas por la Comisión
􀀍uropea para identificar perturbaciones en la
cadena de suministro y dependencias, incluyendo
puntos de especial fragilidad.

INTRODUCCIÓN
LOS últimos cuarenta años
representan probablemente
el período con la mayor
concentración de cambios institucionales
y tecnológicos de
toda la historia. En cuanto a los
primeros, destacan dos hitos
clave como la creación del mercado
único europeo y el establecimiento
de la Organización
Mundial del Comercio (OMC);
entre los segundos, la digitalización
y la emergencia de
las tecnologías de la información
han tenido un impacto
muy relevante en la división
del proceso de producción. El
resultado ha sido una vigorosa
globalización (Sachs, 2020;
Bernhofen, 2016) y un mundo
cada vez más interconectado.
No obstante, a lo largo de
los últimos años, y de manera
especial desde la irrupción de la
pandemia del COVID-19, hemos
atravesado disrupciones e incertidumbre,
en un entorno de
«permacrisis» abierta y con consecuencias
a medio plazo, que
incluyen tensiones geopolíticas y
una profunda redefinición de las
cadenas de suministro globales.
Durante décadas, el avance
del proceso de integración
europea ha ido de la mano de

un esfuerzo progresivo e incesante
por consolidar el mercado
único europeo (Baldwin, 1989;
Young, 2015). Pero las tendencias
globales han provocado un
replanteamiento del paradigma
económico tradicional, basado
en la eficiencia, y su sustitución
por un modelo económico
nuevo para la política industrial,
con un protagonismo de
aspectos como la competitividad
sostenible y la resiliencia.
El presente artículo examina los
impulsores de este nuevo paradigma
económico.
En la sección dos, el artículo
analiza los indicadores tradicionales
de la integración del
mercado único y concluye que
las economías incluidas en el
mercado único presentan ahora
una mayor integración que las
de fuera del bloque. Los autores
afirman que el comercio interno
dentro del mercado único
se ha vuelto considerablemente
más 􀁱uido 􀃋 sin fricciones, 􀃋
que la progresiva integración en
las cadenas globales de valor se
ha traducido en un porcentaje
cada vez mayor de valor añadido
procedente de productos intermedios
producidos en terceros
países. Concluyen que la integración
de la producción en cadenas
globales de valor dentro del
mercado único puede aumentar

la resiliencia y evitar costes vinculados
al reshoring. Esto reviste
una importancia crucial para el
mercado único en vista del cambiante
entorno mundial.
A continuación, la sección
tres aborda la cambiante dinámica
global y detecta cuatro
tendencias a largo plazo con
un sustancial impacto en la resiliencia
de la industria de la
Unión Europea (UE): 1) la progresiva
desindustrialización en
curso con pérdida de capacidad
de fabricación en la UE, que
ha golpeado especialmente a
territorios de la UE con sectores
industriales tradicionales y
menos desarrollados; 2) nuevas
prácticas de shoring, por las
que las empresas toman cada
vez más sus decisiones de localización
sobre la base de nuevos
parámetros como las crisis
logísticas, y las cuales generan
un diagnóstico dispar en términos
de su impacto económico)
un desplazamiento progresivo
de las dependencias desde los
combustibles fósiles hacia las
materias primas; y 3) perturbaciones
de gran alcance en las
cadenas de suministro de productos
e insumos críticos para la
sociedad, algunos sometidos a
«puntos de especial fragilidad».
El artículo reconoce que una
serie de leyes recientes adoptadas
por la UE constituyen pasos
dirigidos a reforzar la resiliencia
de la base industrial de la UE.
La sección cuatro analiza
cómo ha evolucionado el marco
conceptual en apoyo de la resiliencia
industrial de la UE. Observa
cómo un mundo rápidamente
cambiante está acompañado
de un giro desde un paradigma
económico tradicional centrado
en la eficiencia hacia otro caracterizado
por un nuevo modelo
económico para la política industrialindustrial,
con la sostenibilidad y
la resiliencia como rasgos distintivos.
Dicho giro parte del hecho
de que las políticas tradicionales
no han sido capaces de resolver
adecuadamente las consecuencias
colaterales de los retos
a largo plazo, como el cambio
climático o las complejidades
generadas por las dependencias
estratégicas. Este cambio de paradigma
con la «competitividad
sostenible» como objetivo incluye
elementos novedosos, como
la adopción de nuevas prácticas
empresariales verdes y un enfoque
de «autonomía estratégica
abierta».
Por último, la sección cinco
repasa la resiliencia en la práctica,
presentando dos recientes
metodologías introducidas
por la Comisión Europea para
medir, monitorizar y anticipar
problemas en las cadenas de suministro
y dependencias estratégicas.
􀀍l mecanismo de notificación
de alertas en la cadena de
suministro (SCAN, por sus siglas
en ingl􀁣s􀂠 capta presiones in􀁱acionistas
y/o escasez en productos
críticos, generando señales
de alerta tempranas en relación
con posibles perturbaciones.
Utiliza el concepto de los diseños
prevalentes para detectar
variaciones anómalas de precios
􀃋 cantidades en cestas predefinidas
de materias primas utilizadas
para tecnologías limpias
específicas, como los paneles
solares. Un segundo desarrollo
metodológico reciente evalúa
las dependencias estratégicas
de la UE con datos altamente
desagregados a nivel de producto.
Revisa cuidadosamente
􀃋 filtra el universo de bienes
comercializados de la UE para
identificar aquellos en los que
la UE presenta dependencias estructurales
del exterior y puntos
de especial fragilidad.

EL MERCADO ÚNICO
DE LA UE COMO
PLATAFORMA PARA
LA RESILIENCIA
El comercio internacional,
medido por el cociente entre las
exportaciones mundiales totales
y el PIB, aumentó a un ritmo
medio del 6 por 100 durante las
tres décadas anteriores al estallido
de la gran crisis financiera,
casi el doble de rápido del ritmo
al que se expandió el PIB global
(3,4 por 100). Posteriormente,
parece haberse estabilizado durante
alrededor de una década,
hasta el histórico shock del
COVID-19.
En esta sección, se plantea
la cuestión de hasta qué punto
el mercado único ha sido una
palanca para la integración económica
en la UE. Dado el contexto
mundial de integración
global durante las tres últimas
décadas, tal valoración objetiva
requiere observar la integración
del mercado único no solo en
términos absolutos, sino también
con relación a un contrafactual
verosímil: ¿qué habría
sucedido si no hubiera existido
el mercado único?

Se examina la integración comercial
a través de diferentes
baremos, centrándose no solo
en los 􀁱u􀂅os comerciales brutos,
sino también en el comercio en
valor añadido y en los costes del
comercio. Se calculan los niveles
alcanzados y la tendencia de
dichos parámetros dentro del
mercado único, pero también en
relación con el resto del mundo.
De este modo, se puede saber si,
y en qué medida, la integración
interna es superior (o inferior)
y progresa a mayor ritmo (o a
menor ritmo) que la integración
con el resto del mundo.

􀀜os 􀁱 u􀂅os comerciales dentro
del mercado único europeo han
aumentado en paralelo al crecimiento
económico general y a la
integración mundial. 􀀜os 􀁱 u􀂅os
de comercio entre los Estados
miembros de la UE y el resto del
mundo también han aumentado
sostenidamente desde 1992. Sin
embargo, estos últimos flujos
son menores que los 􀁱 u􀂅os internos
dentro de la UE.
􀀜a crisis fi nanciera mundial 􀃋
la pandemia del COVID-19 constituyeron
detonantes de sendos
shocks para el comercio. En la década
transcurrida entre estos dos
importantes shocks, la ratio del
comercio sobre el PIB dentro
del mercado único se mantuvo
bastante estable y el volumen de
los intercambios comerciales con
el resto del mundo descendió
ligeramente. Esto es consistente
con la ralentización del comercio
global observada a nivel agregado
mundial. Los principales
socios comerciales de la UE son
los Estados Unidos y China.

 

1. Comercio medido a través
del valor añadido
Este apartado se centra en el
comercio en términos de valor
añadido. Esto representa una manera
informativa de re􀁱 e􀂅ar cada
una de las fases que constituyen
las cadenas internacionales de
valor, en las que se produce la
aportación de valor. También proporciona
una visión más exacta de
dónde se crea valor y dónde reside
la fuente última de renta que es
eventualmente consumida.
A partir de la información
de la base de datos TiVa de la
Organización para la Cooperación
y el Desarrollo Económicos
(OCDE) (1), explotamos datos
referidos a flujos comerciales
bilaterales de bienes industriales
entre pares de países; en particular,
examinamos la proporción que el
valor añadido producido en un
determinado país representa en
la demanda fi nal total de bienes
industriales del otro país socio.
Dividimos el valor añadido
total producido en la UE y la de-

manda fi nal total de la 􀀭􀀍 en tres
categorías: la proporción «nacional
», la proporción «mercado
único», y la proporción «resto
del mundo». La proporción «nacional
􀁺 se refi ere a aquella parte
producida y consumida dentro
de un mismo Estado miembro de
la UE. La proporción «mercado
􀃃nico􀁺 se refi ere a la parte que es
producida por un Estado miembro
de la UE y es consumida por
otro Estado de la UE en virtud de
􀁱 u􀂅os comerciales transfronterizos
dentro del mercado único. La
proporción «resto del mundo» se
refi ere a la parte que es producida
por un país y es consumida
por otro en virtud de 􀁱 u􀂅os comerciales
transfronterizos entre
un Estado miembro de la UE y un
país extracomunitario.
Calculando la participación
relativa de estas tres categorías
en la demanda fi nal total en t􀁣rminos
de valor añadido, obtenemos
las proporciones relativas
por el lado de la oferta (2). Calculando
la participación relativa de
estas tres categorías en absorber
y pagar por el valor añadido totalproducido en la UE con relación
a la demanda fi nal, obtenemos
las proporciones relativas por el
lado de la demanda (3).
Durante los veinticuatro años
para los que hay datos disponibles,
las proporciones nacionales
relativas han mostrado un retroceso
constante, en consonancia con
el aumento global de los flujos
comerciales internacionales. Esto
es así tanto en lo que respecta al
lado de la oferta como en lo que
se refi ere a la demanda. Mientras
que en 1995 más de un 60 por
100 del valor añadido total se producía
internamente por cada país
y se consumía dentro de las fronteras
nacionales, dicha proporción
había bajado hasta cerca de un 45
por 100 en 2018.
La importancia relativa de los
􀁱 u􀂅os transfronterizos de bienes
industriales dentro del mercado
único también se incrementó
durante el período comprendido
entre 1995 y 2018, aunque
de forma más moderada. Por el
lado de la oferta, el valor añadido
producido por dichos 􀁱 u􀂅os
internos se situó en torno al 23
por 100 del total al comienzo
del período y pasó a representar
alrededor del 2􀂹 por 100 al fi nal
del mismo. Por el lado de la demanda,
la proporción relativa de
dichos 􀁱 u􀂅os en cuanto a absorción
de la producción de bienes
industriales pasó del 22 por 100
al 26 por 100 del total.
No obstante, lo que más se
acentuó fue la importancia relativa
de los 􀁱 u􀂅os comerciales con
el resto del mundo. 􀀌ichos 􀁱 u􀂅os
suponían menos del 16 por 100
del valor añadido total producido
en 1995, y aumentaron hasta más
del 29 por 100 en 2018, alcanzando
un máximo de casi el 32
por 100 en 2012. Asimismo, por
el lado de la demanda, los flu-jos de comercio con el resto del
mundo al fi nal del período eran
más relevantes que el comercio
interno dentro del mercado único,
absorbiendo un 29 por 100 de la
producción total de la UE, mientras
que veinticuatro años atrás
representaban un 18 por 100.
En resumen, lo que dicen
estos datos es que, al examinar
el comercio en valor añadido
referido a productos industriales,
la integración dentro del mercado
único ha ocurrido en paralelo
a la integración comercial global.
Las economías de los Estados
miembros presentan defi nitivamente
un grado de apertura superior
al del comienzo del período,
aunque la integración global
ha progresado a un ritmo más
alto que la interna.
2. Costes del comercio
Los costes del comercio son
otra medida útil de la integración
comercial. La progresiva reducción
de las barreras al comerciopretende favorecer la integración
comercial. En concreto, el
abaratamiento de los costes de
transporte ha propulsado el comercio
global hasta niveles sin
precedentes (Hummels, 2007).
El seguimiento de la evolución
de los costes del comercio en el
tiempo ofrece un buen proxy del
nivel de integración entre dos o
más economías.
El Banco Mundial publica
periódicamente su serie Trade
􀀊osts 􀀌ataset con estimaciones
de los costes del comercio bilateral
de productos manufacturados
(Novy, 2013; Arvis et a􀂇.,
2016) (4). Utilizando estos datos
􀂟gráfi co 2􀂠, en este apartado se
analiza la evolución de los costes
del comercio bilateral entre los
28 países que formaban la UE al
fi nal del período para el que ha􀃋
datos disponibles (2018). Construimos
una media a partir de
las 756 combinaciones posibles
de costes del comercio bilateral,
para cada a􀂏o, con el fi n de detectar
tendencias en los costesmedios del comercio dentro del
mercado único (5).
Durante los veinticuatro años
para los que hay datos, existe un
descenso ininterrumpido de los
costes del comercio dentro del
mercado único. Esta es una clara
indicación de la intensidad de la
integración que se ha verifi cado
en este período, durante el que
se aprobaron varios instrumentos
legislativos de peso dirigidos
a crear un mercado único
Europeo (6). Además, los costes
del comercio al fi nal del período
dentro del mercado único son
considerablemente menores que
los relativos a los dos principales
socios comerciales, Estados
Unidos y China. Como nota positiva,
dado que los costes medios
del comercio bilateral dentro
del mercado único siguen
siendo relevantes, cualquier esfuerzo
adicional hacia un mercado
único sin fricciones tendría
un considerable impacto. Esto
es muy importante en la medida
en que Europa trata de fortalecer
su resiliencia mediante
la diversifi cación, allí donde es
posible, pero también mediante
el reshoring y la construcción de
capacidad, donde sea necesarioSi bien la información sobre
el nivel de integración apunta
a un claro resultado positivo,
la información sobre la velocidad
de la integración arroja
una imagen más ambivalente:
al comienzo del período considerado,
los costes medios del
comercio que los países de la
UE soportaban tanto dentro
del mercado único como en
relación con Estados Unidos
eran similares, mientras que dos
décadas y media de integración
progresiva condujeron a unos
costes del comercio dentro de
la UE más bajos que con Estados
Unidos. No obstante, la velocidad
de la integración con China,
alentada por una reducción de
los costes del comercio, ha sido
mayor, en particular durante la
primera década del siglo XXI.
3. Una evaluación
contrafactual
Para evaluar, de manera sintética,
el nivel relativo y la velocidad
de la integración comercial
dentro del mercado único de
la UE, se comparan indicadores
de integración entre los Estados
miembros de la UE y el restodel mundo 􀂟gráfi co 3􀂠. 􀀜a forma
de hacerlo es calculando, para
cada indicador utilizado en los
dos subapartados anteriores, las
ratios entre las dos medidas (7).
La comparativa del comer-
􀁏􀂀o tota􀂇 indica que el mercado
único de la UE está más integrado
dentro de sus fronteras
que con el resto del mundo. Esto
sugiere que el establecimiento
del mercado único ha resultado
ser un impulsor relevante de la
integración comercial. También
podemos apreciar, no obstante,
que la ratio permanece estable
desde principios de la década de
los noventa hasta el estallido
de la crisis financiera mundial,
descendiendo posteriormente.
􀀍sto signifi ca que la velocidad de
la integración antes de la crisis
fi nanciera mundial ha ido pare􀂅a
a la velocidad de la integración
global, y que posteriormente
ha sido más lenta. Después de
2013, de nuevo, la velocidad
de la integración del comercio
bruto dentro del mercado único
vuelve a ser más alta que con el
resto del mundo.
El comercio en valor añadido,
sin embargo, revela otrosmatices en esta historia. Ambas
ratios, tanto la relativa a la magnitud
del valor añadido producido
(oferta) como la relativa a
la demanda final para absorber la
producción (demanda), describen
una pauta descendente durante
el período. En concreto,
a partir de la crisis financiera
mundial, incluso caen hasta un
valor menor que uno, lo cual
implica que el comercio en valor
añadido con el resto del mundo
se vuelve más relevante que el
comercio interno dentro del mercado
único. Nuevamente, a partir
de 2013 se observa el inicio
de una reversión de tendencia,
especialmente en la dimensión
de la oferta.
􀀜a crisis financiera mundial 􀃋
la posterior crisis soberana de la
zona del euro, que fue privativa
de la UE, hizo que se invirtiesen
las tornas entre la relevancia del
mercado único y la relevancia
del resto del mundo como principales
fuentes de valor añadido
producido e incorporado en bienes
intermedios, y como principal
fuente de demanda final
para absorber la producción europea.
Esto es consistente con la
renqueante y anémica recuperación
de la zona euro durante
ese período en el que el resto
del mundo, en cambio, crecía a
tasas mucho más altas.
Para calcular la reducción relativa
de los 􀁏ostes de􀂇 􀁏o􀂊e􀂲􀁏􀂀o
en el mercado único se construyen
dos ratios: una con el promedio
de los costes del comercio
bilateral entre cada Estado
miembro y Estados Unidos, y
otra con el promedio de los costes
del comercio bilateral entre
cada Estado miembro y China.
Utilizamos la inversa de los índices
medios de los costes del
comercio porque una reducción
implica un resultado positivo.Podemos ver, en ambos casos,
que los costes del comercio son
y se mantienen más bajos dentro
del mercado único que respecto
a los dos principales socios
comerciales. La ventaja comparativa
en cuanto a reducción de
los costes del comercio interno
y los relativos a Estados Unidos
es constante durante el período,
mientras que la reducción
de los costes del comercio con
China ha sido más rápida que la
reducción de los costes internos
en la primera mitad del período
considerado, discurriendo luego
de manera pareja durante la segunda
mitad.
4. Discusión de los
resultados
La medición de los tres indicadores
de integración presentados
en el apartado anterior apunta a
una evaluación bastante positiva,
aunque es necesario hacer algunas
matizaciones.
En primer lugar, los indicadores
tradicionales de integración,
a saber, el comercio total y los
costes del comercio, sugieren
que las economías dentro del
mercado único están más integradas
entre sí que respecto a
países terceros. Es también plausible
afirmar que su nivel de integración
es mayor del que habría
sido si el mercado único no hubiera
existido. Aunque ahora el
comercio interno total no sigue
un ritmo de integración más rápido
que el comercio con el resto
del mundo, esto puede deberse
también a que el nivel interno
de integración ya es mucho más
alto. Además, la evolución de
los costes del comercio nos dice
que el comercio interno se ha
vuelto considerablemente más
􀁱uido 􀃋 sin fricciones dentro del
mercado único. Por consiguiente,
un primer resultado de esteanálisis es que el mercado único
ha contribuido en gran medida a
la integración.
En segundo lugar, tenemos
que conciliar este resultado
con el que resulta del análisis
comparativo del comercio en
valor añadido, según el cual la
proporción relativa del resto
del mundo se ha vuelto más
prominente que el comercio
transfronterizo dentro del mercado
único. La explicación más
probable de esta aparente incongruencia
es el progresivo
desarrollo y peso de las cadenas
globales de valor.
La diferencia entre el comercio
total (más integrado dentro
que fuera del mercado único)
y el comercio en valor añadido
(que apunta a una importancia
relativa inversa) nos dice que,
aunque los productos finales
tienden a comercializarse de
manera más libre dentro del
mercado único, la fuente del valor
añadido incorporado en dichos
productos finales se encuentra
cada vez más radicada
en países terceros. Este resultado
está vinculado al fenómeno
de la descomposición del proceso
de producción en varias fases
y su deslocalización creciente
en diferentes países en el marco
de cadenas internacionales de
valor integradas. Tal tendencia
ha llevado a una situación en
la que una proporción cada vez
mayor de valor añadido se origina
a partir de los productos
intermedios producidos en países
terceros, y una proporción
creciente de la demanda final
para absorber el valor añadido
producido en la UE procede del
resto del mundo. Muy probablemente,
el ascenso de China
en el sistema comercial global
ha sido otra fuerza impulsora.
Estos resultados deben leerse

en perspectiva, ya que las tendencias
descritas distan mucho
de ser características exclusivas
de la UE.
Los datos disponibles no permiten,
por el momento, estudiar
el efecto que las recientes disrupciones,
como la pandemia
del COVID-19, las subidas de los
precios de la energía o la invasión
rusa de Ucrania, han tenido
sobre esta tendencia. Sin embargo,
un futuro análisis debería
analizar hasta qué punto esta
tendencia tiene continuidad o se
invierte. Desde una perspectiva
de políticas, la integración de
las distintas fases de la producción
en cadenas internacionales
de valor dentro del mercado
único puede ayudar a revertir
esta tendencia, aumentando la
relevancia del mercado común
y evitando los costes de una repatriación
total (reshoring) de la
producción dentro de las fronteras
nacionales. Este puede ser
un argumento para la política
industrial en el mercado único.
III. TENDENCIAS A LARGO
PLAZO CON IMPACTO
EN LA RESILIENCIA
INDUSTRIAL
DE LA UE
En las últimas décadas, la UE
se ha venido enfrentando a retos
cada vez más complejos en el
ámbito social, medioambiental
y económico, como son el cambio
climático, el envejecimiento
poblacional y una intensa digitalización
de su economía y sociedad.
Dichos retos han ejercido
una presión constante sobre la
economía, la industria y la sociedad
europeas y, con frecuencia,
han generado tensiones que han
llevado, por ejemplo, al aumento
de las desigualdades económicas
y a la polarización social
(Acemoglu y Loebbing, 2022

Charron, Lapuente y Rodríguez-
Pose, 2022).
Además, estos factores se han
agravado en los últimos años
debido al impacto de la «permacrisis
» (8) (Zuleeg, Emmanoulidis
y Borges de Castro, 2023), «policrisis
» (Nowotny, 2023; Henig y
Knight, 2023) o la «edad del desorden
» (9), con incesantes perturbaciones
y altos niveles de incertidumbre
(Comisión Europea,
2022). En ocasiones, estos retos
han con􀁱uido, 􀃋 se han retroalimentado,
con eventos globales
sin precedentes como la pandemia
del COVID-19, la agresión
rusa a Ucrania y la crisis
energética, junto con sus efectos
relacionados en los precios,
amplificando su impacto conjunto
en la economía (Allam,
Bibri y Sharpe, 2022). Muchas
de estas perturbaciones corren
el riesgo de generar repercusiones
a medio plazo en forma de
tensiones geopolíticas, algunas
relacionadas directamente con
la escasez de fuentes de energía
y materias primas, pero también
con cuellos de botella derivados
de dependencias estratégicas,
así como presiones asociadas a
la importante y profunda redefinición
de la arquitectura y la
dinámica de las cadenas globales
de valor a la que estamos asistiendo.
Con el trasfondo de este entorno
global menos disciplinado,
detectamos cuatro tendencias a
largo plazo que están teniendo
un fuerte impacto en la resiliencia
de la industria europea e in􀁱u􀃋endo
en el diseño y la implementación
de nuevas políticas públicas
en apoyo de la resiliencia económica
e industrial (10).
En primer lugar, un proceso
de progresiva des􀂀ndust􀂲􀂀a􀂇􀂀􀃎ación
(Rodrik, 2016) con un graveriesgo de pérdida de capacidad
manufacturera en la UE y otras
economías avanzadas. Este fenómeno
está ocurriendo a diferentes
ritmos en todo el planeta
(He, 2023) y dentro de cada
país (Yazgan, Marangoz y Bulut,
2023). La proporción representada
por la manufactura dentro
del valor añadido disminuyó sensiblemente
entre 1995 y 2022 en
la UE, pasando de representar el
20 por 100 en 1995 a un 16,7
por 100 en 2022. Por supuesto,
existen notables diferencias entre
Estados miembros en términos
de la magnitud de este descenso,
pero el efecto apunta inequívocamente
en la misma dirección
para todas las principales economías
de la UE.
Esta pérdida general de peso
de la industria sobre el PIB no
está exenta de preocupaciones
en relación con la intensidad de
las desigualdades sociales y territoriales,
así como por el descontento
político y económico que
ello puede generar (MacKinnon
et a􀂇., 2022; Diemer et a􀂇, 2022;
Rodríguez-Pose, Dijkstra y
Poelman, 2023). El riesgo de
de-sindustrialización afecta en
especial a industrias tradicionalmente
más ancladas en la
competitividad de costes y que
realizan inversiones poco productivas,
reflejo de estructuras
económicas menos resilientes
(Vu, Haraguchi y Amann, 2021;
De Oliveira, 2022).
No obstante, aunque se espera
que la transición verde traiga
consigo importantes oportunidades
asociadas a la reconfiguración
de los modelos de producción
y de consumo, de no
ir acompañado de medidas de
políticas públicas adecuadas,
ello también puede generar riesgos.
Rodríguez-Pose, Dijkstra
y Poelman (2023) apuntan enconcreto al riesgo de una distribución
desigual de las ventajas
de esta transición entre
unos territorios y otros, con la
amenaza de que beneficie más
a aquellos territorios con una
elevada concentración de capacidades
tecnológicas, innovación,
habilidades y empleo. En este
contexto, las regiones menos desarrolladas,
periurbanas y rurales
situadas en el sur y al este de
Europa podrían exponerse al riesgo
particular de un «descontento
con lo ecológico», asociado a
posibles tendencias desindustrializadoras
o a la falta de cambios
estructurales favorables inducidos
por las tecnologías verdes.
Además, el riesgo de desindustrialización
parece impulsado
por tres grandes vectores.
Uno, el progresivo avance de
los sectores orientados a los
servicios en la economía de la
UE. Según Eurostat, el empleo
industrial en la UE disminuyó
desde cerca de los 35 millones
de personas en 1995 hasta
aproximadamente 30 millones
en 2022, un 13 por 100 menos.
Dos, una pérdida de relevancia
de sectores tradicionales, como
la minería de carbón y la industria
pesada, en el valor añadido
bruto industrial total de la UE.
􀀍sto ha amplificado las disparidades
regionales entre aquellas
regiones de la UE que dependían
más de tales industrias de
largo arraigo y las que lograron
acometer con éxito un cambio
estructural. Y tres, la nueva dinámica
y arquitectura de estas
cadenas, con un desplazamiento
relevante de grandes eslabones
de estas cadenas hacia
terceros países como China durante
las últimas décadas, explicado
fundamentalmente por su
mayor competitividad de costes
(Antras y Chor, 2022).

En comparación con terceros
países socios, la amplitud,
la cadencia y el ritmo del descenso
del empleo en los sectores
manufactureros son también
distintos en la UE y en Estados
Unidos. En EE. UU., comenzó antes
(véase, por ejemplo, Rowthorn y
Ramaswamy, 1997) y con una
pérdida comparativamente mayor
de estos empleos. China, en cambio,
experimentó un crecimiento
notable de su sector manufacturero
durante las últimas décadas,
lo que le ha llevado a convertirse
en el principal fabricante y exportador
del mundo (West y Lansang,
2018). Esto está asociado
a menores costes laborales, pero
también al tamaño de sus mercados
domésticos, y a una pléyade
de políticas gubernamentales en
apoyo de la reindustrialización
(Jigang, 2020). Si bien Japón aún
conserva una sólida base manufacturera
en los sectores del
automóvil, la electrónica y la maquinaria,
también ha sufrido una
relevante desindustrialización debido
a la rápida adopción de los
avances tecnológicos, la presión
globalizadora y un giro en sus
prioridades económicas (OCDE,
2021).
En segundo lugar, han ido
surgiendo nue􀃈as 􀂝􀂲􀀹􀁏t􀂀􀁏as de
«shoring», tanto a nivel global
como en la UE. Las empresas
toman cada vez más sus decisiones
de localización sobre la base
de nuevos parámetros como la
intensidad en las disrupciones en
cadenas de valor, la probabilidad
de que estas se vean afectadas
por crisis logísticas, la disponibilidad
y seguridad del acceso a materias
primas, el capital humano
y las capacidades, las inversiones
en I+D e innovación o la generosidad
del entorno empresarial
(Fernández-Miguel et a􀂇􀂢, 2022;
Alguacil, Martí y Orts, 2023;
Myro y Gandoy, 2023).

Desde la Gran Recesión, y
espoleadas por la crisis del
COVID-19, nuevas prácticas
de localización –en sus diversas
formas y denominaciones,
como reshoring, back-shoring,
on-shoring, near-shoring y
friend-shoring– parecen haber
ganado fuerza como elemento
esencial de las estrategias de las
empresas radicadas en economías
avanzadas como EE. UU.
y la UE (Somoza, 2022; Llobet,
2022). Ahora bien, la intensidad
con la que se materializan en la
práctica sigue siendo una cuestión
abierta al debate académico
(Mondres, 2022). Una evaluación
del impacto económico de,
por ejemplo, el reshoring y el
back-shoring arroja resultados
mixtos (Butollo y Staritz, 2022).
Por un lado, tales prácticas de
shoring pueden proporcionar un
fuerte seguro frente a disrupciones
globales y apoyar un mejor
acceso y seguridad de suministro
en relación con insumos críticos,
como las materias primas.
Pero los modelos económicos,
que típicamente no incorporan
los efectos positivos de la resiliencia
económica, tienden a
encontrar una relación entre el
friend-shoring y pérdidas significativas
de bienestar, comercio
y precios (Attinasi, Boeckelmann y
Meunier, 2023; Smarzynska
Javorcik et a􀂇., 2022).
En tercer lugar, se está produciendo
en la UE un despla-
􀃎a􀂊􀂀ento 􀂝􀂲og􀂲es􀂀􀃈o de 􀂇as de-
􀂝enden􀁏􀂀as est􀂲at􀁣g􀂀􀁏as desde
los combustibles fósiles, para los
que Europa Oriental ha sido
tradicionalmente un proveedor
clave, hacia las materias primas,
para las que la demanda de la
UE se ha visto cubierta convencionalmente
con suministros de
mercados asiáticos (11). Carrara
et a􀂇. (2023) y la Agencia Internacional
de la Energía (IEA, porsus siglas en inglés) prevén una
oferta insuficiente para cubrir la
demanda mundial de insumos
clave como el cobalto, esencial
para las baterías. Alcanzar los
objetivos de política de la UE
contribuirá a un aumento sin
precedentes de la demanda de
tales materiales durante el período
previo a 2030 y 2050. Por
ejemplo, de cara a lograr los objetivos
de REPowerEU para 2030,
Carrara et a􀂇. (2023) estiman que
la necesidad de imanes permanentes
para turbinas eólicas hará
que la demanda de metales raros
de la UE se multiplique casi por
cinco. Además, China domina
la cadena de valor mundial de
imanes permanentes desde la
minería 􀃋 el refinamiento hasta
la producción, y estos son fundamentales
para los vehículos
eléctricos y las turbinas eólicas
(Gauß et a􀂇., 2021; Carrara et a􀂇.,
2023, Arjona, Connell-García y
Herghelegiu, 2023).
En cuarto lugar, la UE se beneficia
claramente de una participación
abierta e integrada en
las cadenas globales de valor
(Camarero, López-Villavicencio y
Tamarit, 2022), lo que redunda
en ganancias de eficiencia 􀃋 resiliencia
para sus empresas. Pero
las 􀂝e􀂲tu􀂲􀁆a􀁏􀂀ones de 􀂇as 􀁏adenas
de su􀂊􀂀n􀂀st􀂲o han afectado a
productos e insumos de importancia
crítica para la sociedad,
especialmente con la aparición
de puntos de especial fragilidad
o cuellos de botella (Arjona,
Connell-García y Herghelegiu,
2023) (12).
Los acontecimientos recientes
han puesto de manifiesto que
problemas de suministro inicialmente
limitados al ecosistema
industrial sanitario (por ejemplo,
equipos de protección personal)
se pueden expandir rápidamente
a la mayoría de ecosistemas industriales (por ejemplo, electrónica,
movilidad, energías renovables,
construcción e industrias
de gran consumo energético).
Problemas de suministro de insumos
energéticos (por ejemplo,
gas), materias primas básicas
(por ejemplo, magnesio)
y productos de alta tecnología
(por ejemplo, semiconductores)
corren el riesgo de retrasar la
recuperación económica y los
ob􀂅etivos que la 􀀭􀀍 se ha fi􀂅ado
para la doble transición ecológica
y digital. Estas disrupciones
en las cadenas de valor se han
visto magnificadas por efectos
de concentración de importaciones
provenientes de determinados
países proveedores, aumentos
rápidos de demanda global,
crisis logísticas o restricciones
ligadas a la política comercial.
Los ejemplos de productos en los
que la UE se enfrenta al mayor
riesgo de puntos de especial fragilidad
son diversos y van desde
la salud (antibióticos, vitaminas,
instrumental médico y productos
relacionados con el COVID-19),
hasta el sector digital (ordenadores
portátiles y componentes,
receptores de radiodifusión o
teléfonos móviles) pasando por
las energías renovables (luces led
o repuestos para bicicletas).
Además, si bien durante décadas
la globalización fue la norma
en las cadenas de fabricación
globales, la literatura económica
parece haber detectado, en
algunos casos, una ralentización
de la dinámica de las cadenas
globales de valor en forma de
una reversión de la globalización
o s􀂇o􀃉􀁆a􀂇􀂀sat􀂀on (Javorcik, 2020;
Blázquez, Díaz-Mora y González-
Díaz, 2023). Existen dos fuerzas
que subyacen a esta tendencia.
La primera es la reducción
de la competitividad de costes de
ciertos participantes clave en las
cadenas globales de valor, como
sus siglas en inglés) prevén una
oferta insuficiente para cubrir la
demanda mundial de insumos
clave como el cobalto, esencial
para las baterías. Alcanzar los
objetivos de política de la UE
contribuirá a un aumento sin
precedentes de la demanda de
tales materiales durante el período
previo a 2030 y 2050. Por
ejemplo, de cara a lograr los objetivos
de REPowerEU para 2030,
Carrara et a􀂇. (2023) estiman que
la necesidad de imanes permanentes
para turbinas eólicas hará
que la demanda de metales raros
de la UE se multiplique casi por
cinco. Además, China domina
la cadena de valor mundial de
imanes permanentes desde la
minería 􀃋 el refinamiento hasta
la producción, y estos son fundamentales
para los vehículos
eléctricos y las turbinas eólicas
(Gauß et a􀂇., 2021; Carrara et a􀂇.,
2023, Arjona, Connell-García y
Herghelegiu, 2023).
En cuarto lugar, la UE se beneficia
claramente de una participación
abierta e integrada en
las cadenas globales de valor
(Camarero, López-Villavicencio y
Tamarit, 2022), lo que redunda
en ganancias de eficiencia 􀃋 resiliencia
para sus empresas. Pero
las 􀂝e􀂲tu􀂲􀁆a􀁏􀂀ones de 􀂇as 􀁏adenas
de su􀂊􀂀n􀂀st􀂲o han afectado a
productos e insumos de importancia
crítica para la sociedad,
especialmente con la aparición
de puntos de especial fragilidad
o cuellos de botella (Arjona,
Connell-García y Herghelegiu,
2023) (12).
Los acontecimientos reciChina (Huang, Sheng y Wang,
2021). La segunda, las perturbaciones
en el suministro y las
crisis logísticas, y las dependencias
estratégicas. La superposición de
estas dos fuerzas ha generado un
clima proclive a la adopción de
políticas de autonomía estratégica
abierta en todo el mundo (13)
(Van den Abeele, 2021; Attinasi
et a􀂇., 2022ab). Sin embargo, los
datos no parecen avalar de forma
concluyente una reversión de la
tendencia globalizadora, al menos
por ahora (Seifermann, 2022).
En este contexto, la UE está
aplicando un nuevo enfoque
de política industrial (14) en
aras de la resiliencia basado
en el concepto de «autonomía
estratégica abierta», centrado
en dos objetivos. El primero
es la importancia del papel de
la UE como socio abierto al
comercio internacional basado
en un sistema de reglas estables.
El acceso a las cadenas de
comercio y suministro globales
ha demostrado ser muy eficaz
para promover la productividad
de las empresas europeas
(Shu y Steinwender, 2019), su
innovación (Akcigit y Melitz,
2021; Comisión Europea, 2022) y
su resiliencia (Baldwin y Freeman,
2022a; Baldwin, Freeman y
Theodorakopoulos, 2022b).
El segundo es crear capacidad
interna donde sea necesario en
la UE y, en particular, en ámbitos
estratégicos como la salud,
las baterías, el hidrógeno, los
chips o las materias primas. Los
principales socios comerciales
de la UE, por su parte, también
han ido adoptando estrategias
análogas (15).Acontecimientos recientes,
como la pandemia del
COVID-19, la guerra de agresión
rusa contra Ucrania y la subida
de los precios de la energía, hanreforzado este objetivo político
de la UE, que ha desplegado su
agenda de autonomía estratégica
abierta a fin de evitar riesgos
asociados a la «no disponibilidad
» de productos críticos, intermedios
o finales. 􀀍l plan industrial
asociado al Pacto Verde
(Green Deal) (16), y una batería
de leyes aprobadas en la UE que
incluyen la Ley Europea de Chips
(17), la Ley Europea de Materias
Primas Críticas (18) y la Ley sobre
la Industria con Cero Emisiones
Netas (19), son pasos claros en
esa dirección. Estas iniciativas
reflejan la determinación de la
UE en garantizar una agenda
de política industrial impulsada
por la resiliencia, que asegure el
suministro de productos críticos.
Habida cuenta de la rápida
evolución del contexto político y
económico esbozada al comienzo
de esta sección, parece más pertinente
que nunca revisar y mejorar
periódicamente la metodología
introducida por la Comisión
Europea (2021b) para detectar,
monitorizar y anticipar dependencias
estratégicas en ecosistemas
industriales sensibles, como
proponen Arjona, Connell-García
y Herghelegiu (2023).

UN NUEVO MARCO
CONCEPTUAL PARA
SUSTENTAR LA POLÍTICA
DE RESILIENCIA
El mundo rápidamente cambiante
descrito ha venido acompañado
de una creciente conciencia
de que los paradigmas
tradicionales en materia económica
y de políticas también
tendrán que evolucionar y adaptarse;
es decir, debemos repensar
nuestro modelo económico.
Aunque las consideraciones de
eficiencia impulsadas por el mercado
han sido catalizadores de
prosperidad económica y un pilar

merclave
del modelo económico de
Europa hasta la fecha, también
han mostrado cierta incapacidad
para resolver las consecuencias
«colaterales» tales como el cambio
climático antropogénico, las
dependencias estratégicas respecto
de terceros países y sus
vulnerabilidades asociadas, o
unas crecientes desigualdades
socioeconómicas territoriales.
La pandemia y la reciente
crisis energética han puesto a
la vista una serie de incómodos
equilibrios o compromisos
(t􀂲ade􀁿o􀁮􀁮s). Hemos aprendido
que las estructuras de producción
eficientes que hacen a nuestro
negocio competitivo también
pueden crear vulnerabilidades
en forma de dependencias de
productos o tecnologías, y eventualmente
provocar escasez de
productos críticos, como los
equipos de protección individual,
las vacunas o tecnologías críticas
como los paneles solares fotovoltaicos.
Hemos sido testigos
del trilema que converge en la
política energética y lo difícil que
resulta compaginar sus tres vértices
–energía asequible, segura
y limpia (descarbonización)– sin
renunciar a uno a costa de otro.
Lo obvio ha monopolizado el
primer plano de la atención. Los
mecanismos de mercado desempeñan
una función esencial y, en
último término, aliviarán algunas
de las disrupciones que sufre la
economía. Sin embargo, no son
suficientes cuando las brechas
entre los beneficios sociales y
privados se vuelven demasiado
grandes. Ahí, la racionalidad
económica de las políticas industriales
debe entrar en juego, con
aspectos tales como la sostenibilidad
(en sentido amplio, abarcando
tanto lo verde como lo
social) y la resiliencia asumiendo
un papel decisivo de un nuevomodelo económico, uno más
dispuesto a dar respuesta a las
ineficiencias económicas 􀃋 a los
«nuevos daños colaterales».
Incluso mecanismos de mercado
tradicionales, como el 􀁱u􀂅o
s􀁏􀁽u􀂊􀂝ete􀂲􀂀ano de destrucción
creativa, no parece estar funcionando
adecuadamente en las
actuales circunstancias. Recientes
análisis muestran que el mecanismo
de reasignación en términos
de entrada y salida de actores de
innovación se ha ralentizado significativamente
en Europa a lo
largo del tiempo y está jugando
un papel en lastrar la creación
y la difusión de innovación
(Comisión Europea, 2022). Asimismo,
un análisis reciente de
Biondi et a􀂇. (2023) muestra una
reducción generalizada de las
tasas de reasignación del empleo
en Europa, junto con una disminución
del número de empresas
de reciente creación y su participación
en la actividad total.
Con este telón de fondo,
algunos de los principales ingredientes
de la nueva forma
de hacer negocios incluyen un
giro hacia paradigmas económicos
más justos y con propósito,
desde modelos cimentados en
el statu 􀂧uo (business as usual)
en favor de otros más «inusuales
»: 1) la adopción de nuevas
prácticas de negocio en las que
las decisiones en materia de inversión
y de innovación revisten
tanta importancia como las relativas
a la competencia; 2) utilizar
insumos más caros si eso reduce
las dependencias estratégicas,
garantiza la sostenibilidad y mejora
la resiliencia; y 3) pensar no
solo en los puestos de trabajo,
sino también en la calidad de
los mismos. A nivel de políticas,
estamos asistiendo de hecho a
un cambio de rumbo, dejando
de buscar cubrir huecos de merclave

cado insatisfechos y optando por
introducir cierta direccionalidad
en las políticas con un enfoque
orientado a la misión. Esto ha
adoptado la forma de un «renacimiento
» en la política industrial,
priorizando la inversión en
áreas como el crecimiento sostenible
y la competitividad.
El objetivo es crear una economía
que crezca de manera
equilibrada y sea capaz de integrar
tanto consideraciones
distributivas como los límites
naturales, así como de resistir
shocks, demostrando capacidad
para adaptarse y recuperarse
«hacia adelante». No es bastante
con recuperarse hasta el punto
anterior; la recuperación con una
visión «hacia adelante» hace que
el descontento generado por los
shocks y por las necesarias transformaciones
estructurales resulte
más aceptable.
El ADN del modelo económico
está ahora gravitando en
torno a la competitividad, la
sostenibilidad y la resiliencia, y
adoptando en concreto la forma
de una agenda de «competitividad
sostenible». En una reciente
Comunicación (10), la Comisión
ha intentado proponer un marco
cuyos principales pilares son precisamente
esos. Reconociendo
las interacciones entre eficiencia
económica, resiliencia, objetivos
sociales y medioambientales, la
Comunicación hace énfasis en
la necesidad de trabajar simultáneamente
sobre varias palancas
de competitividad sostenible,
que van desde el acceso al capital
privado, el I+D y las capacidades
domésticas en áreas críticas que
inclu􀃋en la eficiencia en el uso de
recursos 􀃋 la cualificación de la
mano de obra.
La complejidad del modelo
económico orientado hacia

la competitividad sostenible es
esencial, ya que podrían materializarse
relaciones inversas entre
sus diversos objetivos a largo
plazo y entre estos y los objetivos
a corto plazo. Con sus señales
de precios, la reciente crisis energética
es un ejemplo de cómo
las fuerzas del mercado pueden
a menudo ayudar a alinear
objetivos privados y públicos.
Por ejemplo, la transición verde
podría implicar un abandono de
la energía «marrón» (hasta hace
poco) más barata y su reemplazo
por soluciones limpias más
ecológicas que son, en conjunto,
más caras si el nivel de madurez
de las tecnologías asociadas es
todavía bajo o no están listas
para su despliegue completo
(21). En este contexto, la crisis
energética ha ofrecido una oportunidad
para alinear consideraciones
a corto y a largo plazo,
y para desplegar las herramientas
para crear una sólida industria
verde limpia futura en la UE.
En la próxima sección repasamos
cómo la 􀀭􀀍 está reconfigurando
su caja de herramientas
de políticas, porque los enfoques
tradicionales ligados a la eficiencia
podrían no ser suficiente 􀂟22􀂠.
Por lo pronto, hay dos aspectos
de la caja de herramientas que
merecen subrayarse: la necesidad
de un argumentario verde
para la inversión privada; y el
papel del mercado único.
La consecución de los objetivos
en materia verde y de resiliencia
de la UE requiere de inversiones
masivas en el desarrollo y
despliegue de nuevas tecnologías
limpias, las cuales serían imposibles
de alcanzar sin la plena involucración
del sector privado (23).
Por ejemplo, se estima que las
necesidades de inversión para
impulsar la capacidad de fabricación
de la UE de energía eólica

solar fotovoltaica, bombas de
calor, baterías y electrolizadores
ascienden a unos 92.000 millones
de euros durante el período
2023-2030 (24). A través de la
inversión p􀃃blica, la financiación
directa o con avales, pero también
mediante el establecimiento
de normas claras que rijan las
relaciones económicas al tiempo
que eviten una carga regulatoria
excesiva, la intervención pública
actúa como un factor reductor
del riesgo y un catalizador de la
inversión privada.
Nuestro activo más importante
sobre el que basar un argumentario
verde en Europa
para culminar con éxito la doble
transición ecológica y digital
es el mercado único, un entramado
en el que se reúnen las
ventajas de la escala, la cualificación,
la especialización, la
innovación y la diferenciación,
sustentado por unos mercados
de mayor tamaño. El mercado
único es algo más que un «mercado
», pues junto a un marco
normativo común que reduce o
elimina el riesgo de las inversiones
se combinan la capacidad
para establecer estándares globales
con las ventajas asociadas
al fi􀂲st􀁿􀂊o􀃈e􀂲 y la posibilidad de
tejer alianzas sectoriales.
V. RESILIENCIA EN LA
PRÁCTICA: DETECCIÓN
TEMPRANA DE
PUNTOS DE ESPECIAL
FRAGILIDAD Y
PROBLEMAS EN
LA CADENA DE
SUMINISTRO
Con el objeto de mejorar la
preparación para afrontar los
riesgos derivados de las dependencias
estratégicas, utilizamos
un marco cuantitativo para
monitorizar las perturbaciones
en las cadenas de suministro

Hemos desarrollado una nueva
herramienta de vigilancia denominada
SCAN (siglas en inglés
de notificación de alertas
en las cadenas de suministro)
cuyo objetivo es captar señales
de presiones inflacionistas y/o
escaseces signifi cativas de productos
críticos que resultan de
desequilibrios entre demanda
y oferta, por ejemplo, cuando
la oferta no es capaz de atender
un repunte de la demanda.
La herramienta SCAN opera
a dos niveles diferentes: de productos
y de sectores industriales.
Cada nivel de operación tiene
por objeto informar diferentes
tipos de respuesta de políticas. A
nivel de producto, SCAN concentra
su enfoque en un conjunto
de productos o tecnologías críticos
y/o estratégicos. Al enfocarse
solo sobre productos, SCAN
puede informar directamente
acerca de políticas orientadas
(por ejemplo, la reciente Ley
Europea sobre Chips). Por otro
lado, un análisis similar puede
llevarse a cabo a nivel de sectores
industriales para identifi car
disrupciones con consecuencias
más significativas a nivel agregado.
Esta capa adicional de
perspectiva de SCAN aporta un
entendimiento más profundo
del nivel de tensión y su impacto
signifi cativo en t􀁣rminos económicos
para la UE en conjunto.
Actualmente, si bien admite
ampliaciones, la aplicación de
SCAN se ha centrado fundamentalmente
en los bienes u􀂝st􀂲ea􀂊
(primeras fases) de la cadena de
valor de un producto, en concreto
sus materias primas. Al concentrarse
en este segmento de
la cadena de valor, SCAN puede
utilizarse para generar alertas
tempranas de disrupciones potenciales
en la parte de la cadena
que, en ciertos casos, tiende aexperimentar una mayor concentración
de la producción en cada
ubicación geográfi ca.
SCAN utiliza el concepto de
diseños que subyace a un grupo
de tecnologías limpias, pudiendo
incluir diferentes «cestas de materias
primas» utilizadas como
componentes para una determinada
tecnología (ver gráfico
4). Por ejemplo, los paneles
solares pueden fabricarse utilizando
distintas combinaciones
de materias primas (es decir,
distintos diseños tecnológicos).
Estas materias primas incluyen
en particular el silicio, el borato
y el fosfato; el cadmio y el telurio;
el cobre, el indio, el galio y
el selenio; pero también muchos
otros. Como primera aproximación
a una posible perturbación
grave, SCAN se ha centrado en
las materias primas utilizadas
en los diseños tecnológicos más
extendidos (Benoit et a􀂇., 2022;
Amaral et a􀂇., 2022).

En el ejemplo de los paneles
solares, el diseño tecnológico
basado en el silicio (junto con
el borato y el fosfato) suponía,
en 2020, una cuota de en torno
al 95 por 100 de la producción
anual. Al evaluar posibles perturbaciones
graves en la cadena
de suministro, la evaluación
combina el criterio de las tecnologías
de mayor prevalencia
junto con el ejercicio SCAN, permitiendo
enfocarse específi camente
sobre las materias primas
críticas necesarias para fabricar
paneles solares basados en el
silicio.
Comprender los diseños tecnológicos
de mayor prevalencia
en la tecnología crítica o estratégica
objeto de análisis es solo
parte del ejercicio de vigilancia.
Una vez que el análisis ha limitado
el ámbito de las materias
primas a examinar, la metodología
SCAN utiliza indicadores de
alta frecuencia para monitorizareficazmente variaciones anómalas
en los precios (al alza) y en
las cantidades (a la baja). En este
contexto, realizamos un control
exhaustivo de la evolución periódica
tanto de los precios de
importación (medidos en valor
unitario) como de las cantidades
importadas (medidas en volumen).
Los resultados del análisis
SCAN se ilustran utilizando
cuatro cuadrantes 􀂟que re􀁱e􀂅an
variaciones en cantidad y variaciones
en precio, como se puede
observar en el gráfico 4) para
resumir la información sobre la
posible tensión soportada por
determinadas materias primas.
La herramienta de vigilancia
SCAN también permite anticipar
tensiones en la cadena de suministro
a nivel de producto casi
en el momento mismo en que
se materializan, y permite inferir
si dichas disrupciones observadas
tienen carácter transitorio o
persistente. Si el mismo tipo de
perturbación ocurre en sucesivas
tandas de SCAN, ello es señal de
que el problema tiene carácter
persistente y se requiere prestar
particular atención al problema
identificado.
Dado que este ejercicio neutral
y basado en datos no puede
anticipar perturbaciones no
materializadas, debería complementarse
con indicadores
estructurales que den una indicación
de vulnerabilidades ex
ante susceptibles de materializarse
en tensiones en la cadena
de suministro si suceden
determinados eventos. A tal fin,
el punto de arranque de este
análisis es 2021, año en que la
Comisión Europea introdujo su
metodología 􀁆otto􀂊􀁿u􀂝 y basada
en datos para evaluar las
dependencias estratégicas de la
UE sobre productos.En una reciente publicación
(Arjona, Connell-García y
Herghelegiu, 2023), ampliamos
esta metodología para anticipar
y monitorizar dependencias estratégicas
explotando la nueva
base de datos sobre comercio
FIGARO aportada por la Comisión
Europea, que incorpora la necesidad
de filtrar las ree􀃊portaciones
en el comercio internacional. La
falta de un tratamiento correcto
de las reexportaciones es un
inconveniente presente en muchas
bases de datos sobre comercio,
y puede llevar a incrementos o
disminuciones artificiales del
número de productos dependientes.
El análisis de dependencias
complementa así diversos estudios
recientes que analizaron los
factores que afectan a la resiliencia
de las cadenas de suministro
(Inoue y Todo, 2022; Metelli et
al. 2022; Baldwin y Freeman,
2022a; Baldwin, Freeman y
Theodorakopulos, 2022b; Benoit
et a􀂇., 2022; Martin, Mejean
y Lagrogne-Joussier, 2022,
Lebastard y Serafini, 2023;
Schwellnus et a􀂇., 2023). Además,
sirve de complemento a estudios
que han analizado vulnerabilidades
globales y nacionales (Bonneau
y Nakaa, 2020; Jaravel y Mejean,
2021; Comisión Europea, 2021;
Reiter y Stehrer, 2021; Ioannou et
al., 2023; Schwellnus, Haramboure
y Samek 2023a; Schwellnus et a􀂇􀂢,
2023b).
La evaluación de las dependencias
de productos de la UE
se basa en un análisis exhaustivo
de alrededor de 5.400 productos
importados por la UE durante el
período 2017-2020. El objetivo
fue revisar cuidadosamente y
filtrar estos productos para identificar
casos en los que la 􀀭􀀍 e􀃊-
hibía dependencias estructurales
del exterior. Un producto es clasificado
como dependiente del
exterior si satisface tres criteriosclave. Primero, la mayor parte de
las importaciones de países
de fuera de la UE tiene su origen
en menos de tres países extranjeros.
Segundo, las importaciones
de fuera de la UE representan
al menos el 50 por 100 de las
importaciones totales de dentro
de la UE. Y tercero, las importaciones
de fuera de la UE superan
el total de exportaciones desde
la UE. Esto es entonces complementado
con una evaluación de
la posición agregada relativa
de cada uno de los bienes comercializados
en base a los mismos
tres indicadores económicos.
En consecuencia, a partir de los
productos previamente identificados
como dependientes, pretendemos
seleccionar aquellos
que forman parte además del
decil 10 de la distribución de los
5.400 productos del Sistema Armonizado
HS6, es decir, los más
dependientes.
Combinando estos tres criterios,
se obtienen las dependencias
de productos de la UE en
forma de productos que exhiben
una concentración excesiva en
fuentes e􀃊tran􀂅eras, son significativamente
escasos dentro de
la UE y tienen una baja probabilidad
de sustituirse con producción
interna. Dentro de las
industrias intensivas en energía,
la lista de productos dependientes
incluye, fundamentalmente,
materias primas utilizadas como
insumos en otros diversos sectores
industriales. Esto abarca
el manganeso, el níquel, el aluminio,
el cromo, los metales de
tierras raras, el molibdeno, los
boratos, el uranio, el silicio y
los imanes permanentes, entre
otros. Además, se identifican
dependencias relativas a fuentes
de energía tradicionales, como
el cobre o el coque y los gases
de petróleo. En el ecosistema
industrial de la salud, los produc

tos dependientes engloban una
gama de compuestos heterocíclicos,
alcaloides, ciertos medicamentos,
vitaminas, instrumentos
médicos (por ejemplo, aparatos
de cintigrafía, mecanoterapia u
ortopedia), y productos relacionados
con el COVID-19, como
guantes quirúrgicos o prendas
de protección. El ecosistema de
energías renovables presenta
dependencias en lo que respecta
a materias primas cruciales para
la transición verde, así como en
productos finales como células
fotovoltaicas o lámparas led.
Dentro del ecosistema digital,
algunos productos destacables
incluyen los ordenadores portátiles,
los teléfonos móviles, los
monitores y los proyectores.
􀀭na vez identificadas las dependencias
de la UE en relación
con productos de importancia
estratégica a nivel de productos
individuales, se puede in􀁱uir
sobre las acciones de política
eficaces 􀁪como realizar esfuerzos
de diversificación, aumentar la
sustituibilidad de la producción,
construir capacidad interna o de
almacenamiento– a través
de un mejor entendimiento de
las características concretas de la
red global del comercio asociada
a esos productos. Analizar las
redes globales del comercio de
las dependencias de la UE tambi
􀁣n puede a􀃋udar a identificar
vulnerabilidades adicionales en
forma de «puntos de especial
fragilidad» (a los que nos referiremos
como SPOF, por sus siglas
en inglés) o cuellos de botella.
Nuestro análisis de dependencias
sugiere que el riesgo relativo de
experimentar un SPOF está in-
􀁱uido por dos grandes factores􀁕
el nivel de centralidad de grados
de salida que tiene un producto
dentro de una red global y la
concentración de las exportaciones
mundiales de ese producto

A partir de estos dos factores,
identificamos productos en los
que un país exportador ocupa
una posición de nodo central
en las redes comerciales de numerosos
países, y en los que hay
probabilidades de una elevada
concentración de la producción
mundial en un único país.
El riesgo de experimentar un
SPOF global viene determinado
por la comparación de la posición
relativa de cada producto
comercializado según los indicadores
anteriormente mencionados.
Los productos con el riesgo
más alto de SPOF se encuentran
clasificados con el ranking más
alto (esto es, en el decil 10) del
total de productos HS6 comercializados,
mientras que aquellos
con el riesgo más bajo reciben
un ranking más retrasado. Una
vez que las posiciones relativas
de cada producto comercializado
han quedado establecidas,
revisamos de nuevo las 204
dependencias de la UE previamente
identificadas para evaluar
su vulnerabilidad e informar las
decisiones de política en cuanto
a posibles estrategias de mitigación.
De los 204 productos dependientes,
alrededor del 20 por
100 se encuadran en la categoría
del decil más alto, indicando el
riesgo más elevado de experimentar
un SPOF global, en tanto
que solo el 6 por 100 se encuentran
en la categoría de riesgo
más bajo. Dentro del riesgo más
alto, encontramos productos
con diversas aplicaciones estratégicas,
incluyendo las relativas
a la salud (como antibióticos,
vitaminas, instrumentos médicos
y productos COVID-19), la
tecnología digital (como ordenadores
portátiles, componentes,
receptores de radiodifusión o
teléfonos móviles) y las energías
renovables (como luces led).

Como conclusión, las medidas
de política eficaces para mejorar
la resiliencia de las cadenas
de suministro de la UE deberían
tener como fundamento un robusto
análisis de datos. Unos
datos precisos y actualizados son
un requisito esencial para monitorizar
la resiliencia de la cadena
de suministro e identificar las
dependencias de la UE. Sobre la
base de unos datos exhaustivos,
los responsables de política económica
pueden identificar vulnerabilidades,
anticipar riesgos
e implementar estrategias perfiladas
con el objetivo de mejorar
la resiliencia. Como hemos visto
en ambos ejercicios, explotando
el poder del análisis de datos, los
responsables de política económica
pueden obtener percepciones
valiosas sobre la dinámica de
las cadenas de suministro para
identificar áreas críticas de me􀂅ora
e implementar unas medidas
mejor orientadas.
VI. CONCLUSIONES
El mundo en general, y la
UE en particular, afrontan un
nuevo y prolongado período de
«permacrisis». Caracterizado por
altos grados de disrupción e incertidumbre
y una dinámica del
comercio en rápida transformación,
este nuevo contexto global
está provocando un cambio
del paradigma económico que
venía sustentando hasta ahora
las decisiones en materia de política
económica en la mayoría
de economías avanzadas. Este
giro nace de las preocupaciones
por la seguridad económica
(Sullivan, 2013; Comisión Europea,
2023) y sienta las bases
para una nueva política industrial.
El nuevo paradigma económico
trasciende a las consideraciones
tradicionales de eficiencia
para adentrarse en un nuevo enfoque
marcado por la búsquedade resiliencia, y cuyos ejes son la
autonomía estratégica abierta y
la competitividad sostenible.
El presente artículo ha examinado
indicadores tradicionales
de la integración del mercado
único y ha constatado cómo
unos intercambios comerciales
más 􀁱uidos 􀃋 sin fricciones entre
las economías de la UE se ha traducido
en una mayor integración
en el seno del mercado único
que fuera de él. Ello también permite
deducir que la integración
de la producción en cadenas
globales de valor dentro del mercado
único puede ser un factor
relevante para impulsar la resiliencia
económica e industrial.
También se ha examinado
la cambiante dinámica global,
detectando cuatro tendencias a
largo plazo con un importante
impacto en la resiliencia: riesgo
de desindustrialización, nuevas
prácticas de shoring, un desplazamiento
en las dependencias estratégicas
desde los combustibles
fósiles hacia las materias primas, y
perturbaciones en las cadenas de
suministro relativas a productos
e insumos críticos para la sociedad.
Con este telón de fondo,
una serie de leyes recientemente
aprobadas en la UE van encaminadas
a fortalecer la resiliencia de
la base industrial de la UE.
El artículo también ha presentado
un análisis de la evolución
del marco conceptual con atención
a la resiliencia industrial de
la UE. En él se hace hincapié en
que las políticas tradicionales
han mostrado cierta impotencia
a la hora de responder a las
consecuencias colaterales de los
retos socioeconómicos a largo
plazo. Se concluye con la descripción
de dos metodologías
recientes desarrolladas internamente
por la Comisión Europeapara monitorizar y generar alertas
tempranas de problemas en
la cadena de suministro y dependencias
estratégicas, haciendo
énfasis en las vulnerabilidades y
los puntos de especial fragilidad.

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 CHINA Y ESTADOS UNIDOS: DOS MODELOS DE POLÍTICA INDUSTRIAL Y UN MISMO OBJETIVO -ANTONIO HIDALGO NUCHERA-ALEJANDRO LEGARDA ZARAGÜETA

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China VS Europa: Pensamiento sistémico / Ingeniería económica

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2025/06/china-vs-europa-pensamiento-sistemico.html

 "Razones para desarrollar una política industrial activa en España" de Legarda y Hidalgo (2011)

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2025/06/razones-para-desarrollar-una-politica.html

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 Seguimos con el capítulo 19 , donde la genealogía pasa de instituciones relativamente persistentes a cambio, innovación, selección y destru...