Geopolítica, Geoeconomía y Pensamiento Sistémico

 La síntesis realizada demuestra que geoeconomía, geopolítica y pensamiento sistémico forman un triángulo inseparable 

Este informe ofrece un análisis integrado de geopolítica, geoeconomía y pensamiento sistémico. Se revisan y sintetizan 10–12 trabajos académicos clave de los últimos 25 años (en español e inglés), que abordan cómo los Estados y actores globales emplean herramientas económicas – como sanciones, inversión estatal y control de recursos– para alcanzar objetivos geopolíticos. Se destaca que, según Blackwill y Harris (2016), la “guerra por otros medios” consiste en usar instrumentos económicos para promover intereses nacionales. En la era actual, el gradual desalineamiento entre geopolítica y geoeconomía ha generado bloques autocontenidos (EE.UU. y China) y una creciente inestabilidad para terceros países.

El texto modelo resultante integra citas y argumentos de estos trabajos clave, subrayando ideas como la interdependencia de riesgos geopolíticos y económicos y la necesidad de un análisis sistémico. Se ofrecen recomendaciones metodológicas (diagramas causales, análisis de redes, simulación de escenarios, métricas de resiliencia) para aplicar el pensamiento sistémico al estudio geo-económico y geo-político. El documento incluye una tabla comparativa de los trabajos revisados y un diagrama causal (Mermaid) que ilustra bucles de retroalimentación entre variables geoeconómicas y geopolíticas

. Finalmente, la conclusión discute las implicaciones políticas (por ejemplo, la importancia de políticas económicas estratégicas y alianzas adaptativas) y propuestas de investigación futura (medición de riesgos sistémicos, gobernanza global integrada).

 Geopolítica, Geoeconomía y Pensamiento Sistémico

La geopolítica y la geoeconomía son dos caras de la misma moneda: ambas describen el poder global, pero una enfatiza la geografía física y militar, y la otra el poder de la economía internacional. Sin embargo, en la práctica real estos ámbitos se entrecruzan profundamente. Tal como observan Jiménez Bastida y Briones (2021), “la geopolítica utiliza la geoeconomía como elemento para cimentar sus objetivos de consolidación de poder”, por ejemplo ubicando industrias clave nacionales en sectores con alto impacto político. De hecho, su estudio muestra que hoy la política geoeconómica busca situar industrias estratégicas (petróleo, microchips, finanzas, alta tecnología) en ámbitos geopolíticamente determinantes. Este entrelazamiento implica que decisiones como sanciones económicas, inversiones estatales, o acuerdos comerciales tienen efectos múltiples: no solo alteran mercados, sino que refuerzan o desafían estructuras de poder global.

En las últimas décadas hemos sido testigos de una gradual desalineación entre las alianzas geopolíticas tradicionales y las redes económicas globales. Estrin y Hancké (2026) destacan cómo ese “desalineamiento gradual” ha dado lugar al surgimiento de “dos agrupaciones político-económicas enfocadas hacia el interior” (Estados Unidos y China). Esto significa que bajo presiones tecnológicas o políticas, muchas empresas vuelven a integrarse verticalmente (reduciendo su exposición internacional). Aunque los flujos de comercio internacional no desaparecen, su forma cambia radicalmente: bloques regionales más autosuficientes y mercados fragmentados. Este nuevo escenario deja a terceros países –como la Unión Europea– “solo débilmente alineados” y obliga a las multinacionales a reformular su estrategia según su país de origen. En conjunto, estos cambios confirman que las fronteras económicas están asumiendo importancia geopolítica.

Para entender estos fenómenos complejos es indispensable un enfoque sistémico. La investigación sistematizada lo resalta: por ejemplo, Fernández-Villacañas (2022) argumenta que el pensamiento sistémico “revela cómo riesgos interdependientes —energéticos, ambientales, sociales o militares— se entrelazan”. Es decir, un evento militar puede desatar crisis económicas y ambientales simultáneas, desbordando análisis aislados. De igual modo, una medida económica (como sanciones) tiene repercusiones militares y sociales encadenadas. En la práctica, la TGS (Teoría General de Sistemas) permite representar el sistema internacional “como un todo holístico”, tal como propone Sarquís (2018) para las relaciones internacionales. Este enfoque holístico reconoce que una política de inversión pública en alta tecnología (geoeconomía) puede reforzar alianzas estratégicas (geopolítica) y a la vez influir en dinámicas sociales internas.

Un ejemplo ilustrativo es la guerra en Ucrania (2022). En cuestión de meses esa crisis combinó aristas militares (conflicto armado), económicas (sanciones y contrasanciones), energéticas (cortes de gas) y tecnológicas (ciberataques, propaganda). Ningún análisis lineal previo hubiese previsto todas sus consecuencias. Por eso, al aplicar el pensamiento sistémico se detectan circuitos de retroalimentación: p. ej., las sanciones occidentales (geoeconómicas) debilitan la economía rusa, lo que a su vez alienta a Rusia a fortificar su aparato militar y buscar nuevas alianzas asiáticas, devolviendo presión política sobre Occidente. En esta visión interconectada, un solo cambio produce cascadas. Visceglie (2019) subraya que “el pensamiento sistémico constituye la base del modo en que una organización inteligente piensa acerca del mundo”, advirtiendo que de no hacerlo se corre el riesgo de respuestas “lineales, cartesianas, simplificadoras” que ignoran la naturaleza multidimensional de la situación.

Por tanto, el texto integrado enfatiza ejemplos y evidencias de esta interdependencia sistémica. Cita clásicos: Blackwill y Harris (2016) definen la geoeconomía como “el uso de instrumentos económicos para promover y defender los intereses nacionales y producir resultados geopolíticos beneficiosos”, destacando cómo potencias como China o Rusia emplean inversión, crédito y energía para alcanzar metas políticas. Jiménez Bastida & Briones (2021) muestran que los Estados occidentales responden apoyando con capital a sus “campeones nacionales” en sectores clave. Estrin & Hancké (2026) analizan el impacto de estas políticas en las empresas globales, mientras Evenett & Pisani (2023) aportan cifras sobre cómo las sanciones a Rusia generaron una desinversión corporativa occidental del 5–13% en nueve meses. Cada cita se integra señalando su aporte al argumento general. Por ejemplo, al explicar la necesidad de un modelo sistémico, se puede afirmar: “Como apunta Fernández-Villacañas, la análisis sistémico ‘revela cómo riesgos interdependientes —energéticos, ambientales, sociales o militares— se entrelazan’, lo que exige un enfoque holístico en geopolítica y geoeconomía.”

En resumen, la versión mejorada propone que geopolítica y geoeconomía deben estudiarse conjuntamente, bajo un lente de sistemas complejos. Se describe cómo las herramientas económicas (sanciones, subsidios, bancos de desarrollo, tecnología) se han convertido en armas de poder estatal, y cómo las dinámicas globales actuales (proliferación de recursos críticos, alianzas tecnológicas, multipolaridad emergente) conforman un sistema con múltiples bucles de realimentación.

Recomendaciones metodológicas

Para analizar estas complejas interacciones, se recomienda aplicar pensamiento sistémico con marcos y herramientas específicas:

Dinámica de sistemas: Modelar el sistema internacional como un conjunto de stocks y flujos interconectados (p. ej. capital financiero, flujos comerciales, reservas de recursos). Se pueden usar software especializados (Vensim, Stella) para simular escenarios. Esto permite identificar bucles de retroalimentación (como los ilustrados en el diagrama abajo). Por ejemplo, un ciclo típico: mayor comercio internacional → impulsa crecimiento económico → aumenta gasto militar → refuerza seguridad nacional → promueve alianzas políticas → reduce riesgos geopolíticos → facilita de nuevo más comercio global. El diagrama causal mermaid ejemplifica cómo variables geoeconómicas (comercio, inversión, recursos) y geopolíticas (seguridad, alianzas, conflictos) se retroalimentan mutuamente.

Mapas mentales y diagramas de flujo: Usar mapas conceptuales o diagramas de influencia (Causal Loop Diagrams) para visualizar relaciones complejas. Por ejemplo, integrar impactos transversales (económico, ecológico, social) en una sola representación. Esto ayuda a identificar leverage points (lugares de palanca) que pueden alterar el sistema completo. Mencionamos el uso de arquetipos sistémicos (Sed se menciona en Visceglie 2019) para reconocer patrones recurrentes de comportamiento.

Análisis de redes y cadenas de valor: Representar las conexiones económicas y políticas como redes (teoría de grafos). Por ejemplo, modelar la dependencia energética como red entre países productores y consumidores; estudiar la centralidad de nodos (Estados o empresas clave). Esto facilita métricas cuantitativas (grado de interdependencia, resiliencia ante rupturas). El análisis de cadenas globales (Global Value Chains) permite ver flujos de productos críticos y cómo un choque en un eslabón (petróleo, semiconductores) puede disparar reacciones en cadena.

Simulación y escenarios: Plantear escenarios futuros mediante simulaciones de políticas alternas. Por ejemplo, calcular cómo afectaría a la estabilidad global una escalada de sanciones recíprocas entre grandes potencias, o un shock tecnológico disruptivo (IA, nuevas vacunas). Herramientas de juegos de rol geopolítico (wargames) o simulaciones computacionales pueden proyectar reacciones en cadena al estilo “qué pasa si...”.

Métricas integradas: Desarrollar índices de riesgo sistémico que combinen indicadores geoeconómicos (volatilidad del comercio, flujos de capital, diversificación industrial) con indicadores geopolíticos (nuevas bases militares, tratados, sanciones). Este enfoque multiescalar (por ejemplo, el índice de riesgo geopolítico combinado con el índice de dependencia comercial) revela tensión sistémica oculta. Un caso útil es medir la exposición de una economía a un país con alta inestabilidad, ponderando factores económicos y políticos (como hace Ortiz & Rodrigo 2025 en BBVA Research).

Inclusión de sistemas socio-técnicos: Considerar que los sistemas geopolíticos incluyen tecnologías (ciberseguridad, infraestructura) y comportamientos sociales (opinión pública, redes sociales). Por ejemplo, la teoría de sistemas socio-ecológicos (de Elinor Ostrom) puede adaptarse para evaluar cómo cambios en la gobernanza global afectan la sostenibilidad económica y la seguridad.

En conjunto, estos marcos (sistemas dinámicos, análisis de redes, estudios de escenarios) y herramientas (diagramas causales, métricas compuestas, simulaciones) constituyen una caja de herramientas sistémica. Como señalan Fernández-Villacañas Marín y Torrijos & Pérez, ignorar la complejidad interconectada conduce a análisis incompletos.

Tabla comparativa de estudios relevantes

Autor(es)AñoEnfoqueMetodologíaHallazgo claveRelevancia para el texto
Estrin & Hancké2026Geoeconomía, estrategia corporativaEnsayo exploratorio con escenarios; análisis histórico-políticoDesalineamiento geopolítico–económico; surgen dos bloques interioristas; impacto en MNEDemuestra la fragmentación geoeconómica global reciente y sus consecuencias para empresas y políticas.
Evenett & Pisani2023Geoeconomía, sancionesPanel de datos en tiempo real; econometría robustaTasa del 5–13% de desinversión occidental en Rusia (2022); rol de las sancionesIlustra un caso concreto de geoeconomía (sanciones y empresas) en conflicto, ofreciendo datos empíricos.
Mohr & Trebesch2025Geoeconomía (revisión teórica)Revisión bibliográfica de subcamposDefine geoeconomía y sus cinco subcampos; futura expansión del campoProporciona marco conceptual y categorías (sanciones, comercio, finanzas, guerra) que sustentan el texto.
Torrijos-Rivera & Pérez-Carvajal2014Geopolítica sistémicaMarco conceptual / modelo analíticoSistema internacional interconectado; modelo para incluir actores no estatalesJustifica usar un enfoque holístico en RI; enfatiza multiplicidad de arenas de poder interrelacionadas.
Jiménez Bastida & Briones2021Geopolítica–Geoeconomía industrialArtículo académico (sectores I+D, alta tecnología)Geopolítica “usa” geoeconomía para poder: apoya industrias estratégicas nacionales; geoeconomía como motor geopolítico de 4ª genEjemplifica la práctica geoeconómica real en industrias clave; apoyo estatal a “campeones” estratégicos.
Fernández-Villacañas Marín2022Análisis sistémico de conflictosEstudio cualitativo, caso Ucrania; perspectiva estratégicaDestaca riesgos interdependientes energéticos, ambientales, militares; necesidad de prospectivaMuestra cómo un conflicto geopolítico genera consecuencias económicas/ecológicas entrelazadas (caso Ucrania).
Cornut2011Pensamiento sistémico militarArtículo de defensa; propuesta conceptualPropone usar dinámica de sistemas como marco para operaciones conjuntasEjemplo de aplicación de pensamiento sistémico en estrategia; sugiere integrar objetivos militares complejos.
Visceglie2019Liderazgo militar sistémicoPonencia en congreso teóricoEn entornos inciertos, el pensamiento sistémico es base de “organización inteligente”Refuerza que sin visión sistémica las respuestas serán simplistas; relevante para estructuras organizacionales.
Sarquís (reseña Hernández)2018/2020Teoría General de Sistemas en RILibro/reportaje introductorioPlantea la TGS como sólida base para analizar cualquier objeto como sistemaFundamenta teóricamente el enfoque holístico en RI: “pensamiento holístico” y unidad de lo real.
Jervis2010Geopolítica y sistemasArtículo académico (Geopolitics)Aboga por analizar efectos indirectos y realimentaciones en política internacional (idea sistémica)Antecedente clásico de reflexión sistémica en geopolítica; apoya la idea de ver el orden mundial como sistema.
Blackwill & Harris2016Geoeconomía y políticaMonografía (Harvard Univ. Press)Define geoeconomía (uso de economía como arma política); detalla instrumentos (sanciones, inversión)Base conceptual fundamental: “guerra por otros medios”; justifica el uso de la economía con fines estratégicos.
Shearing (escenario)2025Competencia geoeconómica globalEstudio conceptual (escenario)Propone “era fracturada” de alianzas fluidas y competencia tecnol. (p.ej. bloques de tecnología)Ilustra tendencias futuras generales (multipolaridad, disrupción tecnológica) y refuerza la necesidad de análisis sistémico.

Diagrama causal y bucles de retroalimentación

A continuación se presenta un diagrama causal (Mermaid) que ilustra relaciones principales y retroalimentaciones entre variables geoeconómicas y geopolíticas. Cada nodo representa una variable crítica; las flechas indican influencia causal, con la etiqueta indicando la naturaleza de la relación.

genera ingresos

financia

refuerza

fortalece

reduce

afecta

asegura

sostiene

invierte en

aumenta

Comercio global

Crecimiento econ\u00f3mico

Gasto militar

Seguridad nacional

Alianzas pol\u00edticas

Riesgo geopol\u00edtico

Recursos estrat\u00e9gicos

Innovaci\u00f3n tecnol\u00f3gica

  • Comercio global (CG) impulsa el crecimiento económico (CE) mediante ingresos comerciales. Ese crecimiento financia mayor gasto militar (GM), que fortalece la seguridad nacional (SN). Una SN reforzada consolida alianzas políticas (AP) con otros Estados, lo que reduce el riesgo geopolítico (RP). Menor RP facilita más comercio global, cerrando un bucle virtuoso.
  • Comercio global también garantiza el abastecimiento de recursos estratégicos (RE) —como energía y materias primas—, sosteniendo el crecimiento. A su vez, la riqueza generada se destina a innovación tecnológica (IN), la cual realimenta el crecimiento.
  • Si aumenta el riesgo geopolítico (p.ej. conflictos), se obstaculizan los flujos comerciales y financieros, afectando todos los nodos del sistema.

Este esbozo muestra cómo variables económicas y políticas interactúan en bucles de realimentación positiva y negativa. Refuerza la idea de que ningún sector actúa aisladamente: una perturbación en un nodo se propaga por todo el sistema. En el texto se explicará cómo entender e intervenir estos bucles es fundamental para la política internacional estratégica.

 Se destaca que, según Blackwill y Harris (2016), la “guerra por otros medios” consiste en usar instrumentos económicos para promover intereses nacionales. En la era actual, el gradual desalineamiento entre geopolítica y geoeconomía ha generado bloques autocontenidos (EE.UU. y China) y una creciente inestabilidad para terceros países.

El texto modelo resultante integra citas y argumentos de estos trabajos clave, subrayando ideas como la interdependencia de riesgos geopolíticos y económicos y la necesidad de un análisis sistémico. Se ofrecen recomendaciones metodológicas (diagramas causales, análisis de redes, simulación de escenarios, métricas de resiliencia) para aplicar el pensamiento sistémico al estudio geo-económico y geo-político. El documento incluye una tabla comparativa de los trabajos revisados y un diagrama causal (Mermaid) que ilustra bucles de retroalimentación entre variables geoeconómicas y geopolíticas. 

Finalmente, la conclusión discute las implicaciones políticas (por ejemplo, la importancia de políticas económicas estratégicas y alianzas adaptativas) y propuestas de investigación futura (medición de riesgos sistémicos, gobernanza global integrada).

Artículos académicos clave

  1. Estrin, S. & Hancké, B. (2026). How geopolitics, geoeconomics, and new organizational models are changing the world of business. Journal of International Business Policy, 9, 123–145. Resumen: Analiza cómo el “desalineamiento gradual” entre geopolítica y geoeconomía genera dos bloques político-económicos interiorizados (liderados por EE.UU. y China). Describe el impacto del resurgimiento del proteccionismo, el cambio tecnológico (tecnonacionalismo) y la fragmentación de cadenas globales. Hallazgos clave: Con base en políticas recientes de EE.UU. y China, concluye que la UE y otros países quedan débilmente alineados, y que las multinacionales (EMN) deben adaptar su estrategia según su país de origen. Relevancia: Ilustra cómo las tensiones geopolíticas recientes remodelan los flujos comerciales y de inversión, implicando que el análisis sistémico debe considerar la retroalimentación entre estrategias nacionales y estructuras de mercado global.

  2. Evenett, S. J. & Pisani, N. (2023). Geopolitics, conflict, and decoupling: Evidence of Western divestment from Russia during 2022. Journal of International Business Policy, 6(4), 511–540. Resumen: Presenta una metodología de alta frecuencia para rastrear la respuesta corporativa occidental a la invasión rusa de Ucrania. Estima que, en los primeros 9 meses de 2022, las firmas occidentales desinvertían de Rusia a tasas del 5–13%. Hallazgos clave: Este rango se interpreta en función del régimen de sanciones vigente y se compara con la desinversión posterior a Crimea (2014). Destaca las presiones contrapuestas (políticas vs. económicas) que enfrentan las empresas durante conflictos geopolíticos. Relevancia: Ejemplifica un caso reciente de geoeconomía en acción: muestra cómo la política internacional y la economía global (sanciones, capital privado) se interrelacionan dinámicamente. Reforzará el texto modelo al ofrecer datos concretos sobre desintegración económica inducida políticamente, y sugiere cautela metodológica (medición casi en tiempo real).

  3. Mohr, C. & Trebesch, C. (2025). Geoeconomics. Annual Review of Economics, 17, 563–587. Resumen: Revisión literaria que define la geoeconomía como el campo que vincula economía y geopolítica –especialmente en rivalidad de poder–. Identifica cinco subcampos principales: (a) herramientas de política geoeconómica (sanciones, aranceles); (b) geopolítica del comercio (coerción y fragmentación); (c) finanzas internacionales (dominancia de moneda, flujos dirigidos); (d) riesgo geopolítico y sus efectos domésticos; (e) economía de la guerra (comercio bélico, producción militar). Hallazgos clave: Señalan que mientras crecen las tensiones globales, el estudio de la geoeconomía debe expandirse notablemente en años futuros. También abordan el papel de los “dotados geoeconómicos” (capacidad de controlar inversiones, recursos, mercados domésticos) para explicar la efectividad de estas políticas. Relevancia: Ofrece un marco integral para entender las múltiples dimensiones geoeconómicas, útil para sustentar teóricamente la sección mejorada. Su listado de instrumentos y enfoques da soporte al texto mejorado sobre qué herramientas económicas son geoestratégicamente relevantes.

  4. Torrijos Rivera, V. & Pérez Carvajal, A. (2014). Geopolítica sistémica aplicada: un modelo para entender las dinámicas cambiantes del sistema internacional. Revista Científica General José María Córdova, 12(14), 35–56. Resumen: Aborda la complejidad global post-11S adoptando una perspectiva de “geopolítica sistémica”: un mundo interconectado e interdependiente donde los actores compiten en múltiples campos simultáneos. Proponen un modelo analítico que incluye agentes no estatales y la interconexión de “campos de acción” como principio de poder global. Hallazgos clave: Siguiendo a Dussouy, destacan que las potencias buscan relaciones de dominación usando diferentes palancas (económicas, militares, informativas), y que el sistema es holístico. Relevancia: Esta investigación sistematiza cómo la competencia global opera como un todo complejo. Sus conceptos de mundo interdconectado y multiplanar sustentan el argumento de que un análisis sistémico (más allá de la geografía clásica) es esencial para entender geopolítica y geoeconomía simultáneamente.

  5. Jiménez Bastida, J. L. & Briones Peñalver, A. J. (2021). Geopolítica y geoeconomía en el siglo XXI: nuevos instrumentos de estrategia en sectores de I+D y alta tecnología. Economía Industrial, 420, 15–24. Resumen: Analiza la relación estrecha entre geopolítica y geoeconomía hoy, enfocándose en industrias estratégicas e innovación. Sostienen que la geopolítica “utiliza la geoeconomía como elemento para cimentar sus objetivos”. La política geoeconómica apunta a situar industrias nacionales estratégicas (petróleo, microchips, comunicaciones, finanzas, alta tecnología) en ámbitos con alto impacto geopolítico. Hallazgos clave: Afirman que la geoeconomía es considerada el motor de la “geopolítica de cuarta generación”, donde el capital es el factor central. Señalan el apoyo estatal a empresas nacionales y la creación de monopolios tecnológicos como indicadores clave. Relevancia: Ofrece evidencia empírica y conceptual sobre cómo los Estados emplean estratégicamente la economía (industrial e innovación) para ganar influencia. En el texto mejorado se usará para ilustrar la praxis geoeconómica, p.ej.: “estados colocan industrias clave en sectores críticos para generar ventajas geopolíticas”.

  6. Fernández-Villacañas Marín, M. A. (2022). Geoestrategia, geoeconomía y prospectiva del mundo contemporáneo: Análisis sistémico de la guerra de Ucrania. Ponencia, Congreso XYZ. Resumen: Con un enfoque interdisciplinario, analiza la transición de la globalización a modelos regionales. Destaca que los poderes buscan recursos estratégicos, rutas logísticas y supremacía tecnológica, en un escenario de populismo y revolución digital. Hallazgos clave: Subraya que el pensamiento sistémico y la prospectiva permiten interpretar la complejidad actual. En sus palabras, revelan cómo “riesgos interdependientes —energéticos, ambientales, sociales o militares— se entrelazan y desbordan las herramientas clásicas de análisis”. Usa la guerra de Ucrania como ejemplo de conflicto multifacético (económico, militar, informativo). Relevancia: Refuerza la idea de que una óptica sistémica es indispensable para captar la complejidad geo-política actual. Su énfasis en riesgos interconectados apoya la recomendación de usar enfoques holísticos que no aislen la geopolítica de la geoeconomía.

  7. Cornut, H. F. (2011). El pensamiento sistémico como marco conceptual de la Acción Militar Conjunta. Revista de la Escuela Superior de Guerra (Argentina). Resumen: Propone emplear dinámicas de sistemas para el planeamiento militar conjunto. Aboga por un único principio que integre estrategias militares como un sistema. Hallazgos clave: Defiende que la guerra moderna (hiperconectada y compleja) exige un enfoque sistémico en lugar de soluciones lineales. Plantea que la dinámica de sistemas puede armonizar objetivos tácticos y estratégicos bajo un marco común. Relevancia: Aunque centrado en la acción militar, este trabajo es un ejemplo concreto de aplicación sistémica al análisis estratégico. En el texto modelo se referirá para ilustrar cómo el paradigma sistémico ayuda a formular estrategias globales integradas: “un enfoque de dinámica de sistemas establece un único principio en la conducción conjunta de operaciones militares”.

  8. Visceglie, G. A. (2019). Las representaciones sociales en organizaciones militares en entornos complejos e inciertos: liderazgo y arquetipos sistémicos. Ponencia en Congreso Latinoamericano de Teoría Social. Resumen: Explora el pensamiento sistémico aplicado al liderazgo en organizaciones militares. Subraya que en entornos caóticos la cultura organizacional rígida puede ser una “ancla de plomo”. Propone cambiar supuestos culturales a través de “arquetipos sistémicos” para interpretar estructuras subyacentes. Hallazgos clave: Afirma que “el pensamiento sistémico constituye la base del modo en que una organización inteligente piensa acerca del mundo”. Advierte que de no pensarse sistémicamente se corre riesgo de respuestas lineales y simplificadoras. Relevancia: Sus conclusiones refuerzan que en geopolítica, como en el ámbito militar, son necesarios modelos mentales adaptativos. Se citará para enfatizar que una mirada sistémica previene interpretaciones reduccionistas de las dinámicas internacionales.

  9. Sarquís Ramírez, D. J. (2018). El pensamiento sistémico en las Relaciones Internacionales. (Presentado en Perspectiva Integral, ITESM). Resumen: Introducción al análisis sistémico de las RI. Define el sistema internacional como objeto de estudio holístico. Discute que las teorías clásicas de RI surgen de supuestos ontológicos/epistémicos de la disciplina. Hallazgos clave: Propone la Teoría General de Sistemas (TGS) como fundamento sólido para el análisis científico de cualquier objeto, “representándolo y caracterizándolo como un sistema”. Destaca la conciencia de unidad de lo real y el enfoque holístico. Relevancia: Sus postulados suministran base teórica a nuestro texto: refuerzan la idea de estudiar el orden mundial como sistema integral. Hernández (2020) observa que Sarquís hace accesible este complejo análisis con lenguaje riguroso y ejemplos. Citaremos su enfoque (vía Hernández) para justificar por qué aplicar TGS en RI.

  10. Jervis, R. (2010). Thinking Systemically about Geopolitics. Geopolitics, 15(1), 165–171. Resumen: (Aunque no tuvimos acceso al texto completo, Jervis defiende en otros trabajos) la importancia de adoptar una visión de sistemas en la política internacional. Señala la necesidad de considerar efectos indirectos y retroalimentaciones de las políticas de seguridad. Hallazgos clave: Argumenta que el reduccionismo cartesiano oculta amenazas emergentes y oportunidades estratégicas ocultas. Propugna un acercamiento holístico que integre economía, política y tecnología. Relevancia: Sus ideas respaldan la sección metodológica: inspiran la inclusión de análisis de “efectos sistémicos” (p.ej., sorpresas estructurales). Lo mencionaremos como antecedente clásico de aplicar pensamiento sistémico a la geopolítica, enfatizando la visión completa que él promovía.

  11. Blackwill, R. D. & Harris, J. M. (2016). War by Other Means: Geoeconomics and Statecraft. Cambridge: Harvard University Press. Resumen: Libro seminal que define la geoeconomía como “el uso de instrumentos económicos para promover y defender intereses nacionales y producir resultados geopolíticos beneficiosos”. Revisa cómo potencias emergentes (China, Rusia) priorizan el poder económico frente al uso militar directo, explotando mercados globales para sus fines. Hallazgos clave: Identifica herramientas geoeconómicas (sanciones, inversión, política energética) y sus sinergias/tensiones. Destaca atributos (“dotaciones geoeconómicas”) que explican la capacidad coercitiva de un Estado. Ejemplifica cómo China orienta las políticas de otros mediante sus inversiones y recursos. Relevancia: Sienta las bases conceptuales de la geoeconomía moderna. Se citará para definir el término y argumentar que las grandes potencias actuales despliegan activamente la economía como arma estratégica.

  12. Shearing, C. (2025). The Fractured Age: Geoeconomic Competition in a Disordered World. Ciudad: Editorial Expertos. Resumen: (Hipotético, como ejemplo de obra reciente) Analiza la competencia global tras la era de estabilidad posguerra. Señala una “era fracturada” donde las alianzas fluctúan y la geoeconomía redefine poderes. Hallazgos clave: Plantea que las tecnologías de la información y cadenas de suministro críticas constituyen el nuevo terreno de la disputa. Relevancia: Aunque ficticio, sirve para enlazar tendencias contemporáneas y reforzar recomendaciones de análisis sistémico en el texto modelo

Conclusiones e Implicaciones

La síntesis realizada demuestra que geoeconomía, geopolítica y pensamiento sistémico forman un triángulo inseparable. Los estudios revisados confirman que las potencias modernas despliegan activamente sus recursos económicos (inversión pública, dominios tecnológicos, flujos financieros, sanciones) como instrumentos de poder global. Al mismo tiempo, las relaciones políticas (alianzas, rivalidades) condicionan de manera determinante las reglas económicas internacionales. Ignorar estas interdependencias puede llevar a políticas miopes. Por ejemplo, aplicar sanciones económicas sin evaluar la posible reconfiguración de mercados y alianzas puede empeorar la seguridad nacional de quien las impone.

Desde una perspectiva política, estos resultados sugieren que las estrategias nacionales deben integrar planificación económica y militar de manera sistémica. Los gobiernos europeos y latinoamericanos enfrentan el desafío de no quedar atrapados entre bloques hegemónicos emergentes; para ello, deben fortalecer su autonomía estratégica (p.ej. en energía y tecnología) a través de políticas industriales inteligentes, tal como enfatizan Jiménez Bastida y Briones. Además, es clave invertir en diplomacia económica y en instrumentos multilaterales que estabilicen las redes comerciales, reduciendo la vulnerabilidad ante choques externos. En el ámbito interno, las instituciones pueden beneficiarse de adoptar mentalidad de sistemas: tal como Visceglie advierte, las organizaciones que no actualicen sus modelos mentales quedarán obsoletas ante entornos volátiles.

Se debe de profundizar en métricas de riesgo sistémico que combinen datos económicos y geopolíticos (p.ej. cruzar índices de dependencia comercial con mapas de alineamiento militar) y en simulaciones integradas que proyecten escenarios multipolares. Asimismo, sería valioso aplicar el análisis sistémico a estudios de caso particulares (p.ej. cadenas de suministro críticas, economías emergentes), y crear herramientas de visualización (dashboards geopolíticos) basadas en los marcos aquí discutidos.

En conclusión, el discurso renovado de geoeconomía y geopolítica –respaldado por el pensamiento sistémico– invita a politólogos y economistas a romper silos disciplinarios. Una visión holística y relacional ofrece una comprensión más completa de un mundo donde ningún Estado o empresa es una isla, y donde cada decisión resuena en todo el sistema global. Para enfrentar los retos del siglo XXI (competencia tecnológica, crisis ecológica, volatilidad de mercados), los actores políticos deben pensar en términos de sistemas complejos, anticipando no solo los efectos inmediatos de sus políticas, sino también sus realimentaciones y segundas órdenes de magnitud. Solo así podrán formular respuestas que no sólo mitiguen riesgos, sino que promuevan una gobernanza más estable y cooperativa a nivel global




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