11 septiembre 2013

POR QUÉ LA INDUSTRIA ES TAN IMPORTANTE (y POR QUÉ ESPAÑA TIENE UN PROBLEMA)

POR QUÉ LA INDUSTRIA ES TAN IMPORTANTE (y POR QUÉ ESPAÑA TIENE UN PROBLEMA)

En la última entrada le echamos un vistazo a la estructura sectorial de nuestra economía y mencionamos el rápido proceso de desindustrialización que ha tenido lugar en España desde 1990, año en el que la participación de la industria en el PIB español era un 70% mayor que en 2012.

Cerraba la entrada afirmando que, a pesar de que el peso relativo de los servicios en los países ricos es mucho mayor que el de cualquier otro sector, la importancia de la industria es vital, y daba dos razones para ello: la productividad y la exportabilidad. Desarrollemos en esta entrada ese argumento.


La Importancia de la Productividad.

En una entrada anterior, cuando explicaba qué era la devaluación interna, definía la productividad como la relación existente entre la producción obtenida y los recursos empleados para ello, y afirmaba que lo más corriente era referirse a la productividad del trabajo, a la que podemos calcular como el cociente entre la producción obtenida y la cantidad de trabajo empleada.




En la industria, donde son mucho más fáciles la mecanización y el uso de procesos químicos y físicos, resulta mucho más sencillo aumentar la productividad que en los servicios. Por tanto, cuanto mayor sea el proceso de desindustrialización de un país, más difícil será aumentar la productividad de su economía.

Ahora, detengámonos a razonar esto un momento. Pensad en una planta productiva o una cadena de montaje. Es relativamente fácil aumentar la productividad de la mano de obra si se renueva la maquinaria, se rediseña la planta o se modifica la asignación de tareas. Sin embargo, pensemos en servicios típicos como pueden ser los de un masajista, una orquesta o un profesor:

  • Es posible que el masajista mejore su formación y se convierta en un auténtico experto, pero lo más probable es que eso repercuta en que sus masajes sean más satisfactorios, no más cortos.
  • Si los músicos de una orquesta aumentasen su habilidad en el manejo de sus instrumentos, de modo que pudieran tocar en quince minutos una pieza de veinticinco... ¿podríamos decir realmente que ha mejorado su productividad?
  • Sobre el papel, es posible aumentar la productividad de un profesor aumentando el número de horas lectivas y el ratio de alumnos por clase, pero inevitablemente se resentiría la calidad de su trabajo, tanto por el mayor número de horas lectivas como por la enorme cantidad de nuevos alumnos a los que debe atender (al aumento de alumnos por clase hay que añadir que ahora impartirá su materia a más clases). Y sí, con este ejemplo he arrimado el ascua a mi sardina... Emoji
Por supuesto, se puede aumentar la productividad reduciendo los salarios, que es lo que se está haciendo en España, pero intentemos centrarnos en aumentos "constructivos" de la productividad, que ya hay bastante gente que piensa en las otras formas de hacerlo...

También soy consciente de que estoy simplificando la realidad. Hay servicios en los que es posible conseguir grandes aumentos de la productividad: por ejemplo, las nuevas salas "escalonadas" de los multicines supusieron un incremento espectacular de la calidad y la productividad del servicio ofrecido; el desarrollo de internet y la informática ha supuesto también un enorme salto cuantitativo y cualitativo para servicios relacionados con la consultoría o las finanzas (aunque ya hemos visto a dónde nos han llevado muchas de esas "innovaciones")... Pero si pensáis en todos aquellos servicios que requieren una atención personalizada, estaréis de acuerdo conmigo en que en ellos es mucho más difícil aumentar la productividad que en la industria.
Un inciso: la mayor productividad del sector industrial es responsable en parte de su menor peso en el PIB de los países ricos. A medida que aumenta la productividad los bienes se abaratan, y dicho abaratamieto ha sido mucho mayor en la industria debido a su mayor productividad. Citando un ejemplo utilizado por el profesor Ha-Joon Chang en su libro 23 Cosas que No Te Cuentan sobre el Capitalismo, con el dinero que costaba hace diez años comprarse un PC (descontando la inflación) probablemente hoy se puedan comprar tres o cuatro ordenadores de potencia superior, de manera que en una casa es muy normal que haya varios ordenadores. Pero aun con varios ordenadores, es muy probable que la parte de nuestros ingresos que gastamos en informática haya bajado con respecto al pasado. En cambio, es posible que la parte de nuestros ingresos destinados a cortarnos el pelo sea igual o mayor que antaño. El resultado es que aunque parece que nos gastamos una mayor parte de nuestra renta en cortarnos el pelo y menos dinero en ordenadores que antes, lo cierto es que consumimos más ordenadores y nuestro consumo de peluquería sigue siendo el mismo.
 De igual modo, aunque nuestras fábricas produzcan más bienes que antaño, su peso en el conjunto del PIB es menor debido en parte a que su precio se ha abaratado mucho gracias a la productividad (por supuesto, esta no es la única explicación para el descenso del peso relativo de la industria, pero es uno de los factores que lo explican).


¿Y por qué es tan importante la productividad? Pues porque la capacidad de un país para mejorar su nivel de vida a lo largo del tiempo depende de su capacidad para aumentar la producción de cada trabajador.

Ya hemos mencionado varias veces que el indicador definitivo para evaluar una economía es el crecimiento del PIB. Teóricamente, se podría mantener ese crecimiento sin aumento de la productividad, siempre que aumenten los factores de producción utilizados (es decir, se incorporen más trabajadores al mercado de trabajo, se descubran y exploten nuevos recursos naturales, se apliquen continuas innovaciones tecnológicas, etc.). Pero seamos realistas, no podemos confiar en un crecimiento ilimitado de los factores de producción (y a veces, cuando lo hay nos quejamos, como ocurre cuando se protesta contra los inmigrantes que vienen a robarnos el trabajo).

Por tanto, si consideramos el PIB de un país una enorme tarta, la única forma de que dicha tarta aumente de modo que el trozo que nos toque a cada uno sea mayor que antes es aumentar la productividad, aumentar lo que cada uno de nosotros aporta a la tarta. Si os paráis a pensarlo, la principal razón por la que durante varias generaciones hemos tenido la suerte de vivir mejor que nuestros padres es porque ha aumentado nuestra productividad. Si ésta no aumentase, lo más razonable sería aspirar a vivir tan bien como ellos, pero no mejor (a menos que tengamos un gran golpe de suerte).

Y por eso es tan importante la productividad.


Industria y balanza de pagos.

Por norma general, los servicios son más difíciles de exportar que los productos manufacturados, ya que lo normal es que requieran que proveedores y consumidores se encuentren físicamente. Pensemos en los servicios que he mencionado antes (masajistas, profesores, peluqueros, etc.): ninguno de ellos es exportable (y ojo, si estos profesionales se desplazasen al exterior para ejercer su actividad, ésta constaría en el PIB de otros países, no en el español).

Por tanto, la desindustrialización también tiene efectos negativos en la balanza de pagos del país. Y un país no puede mantenerse por sus propios medios con déficit en la balanza comercial.

Cuando un país tiene un déficit en su balanza comercial, ha de cubrir ese déficit pidiendo préstamos al exterior. Si lo pensamos detenidamente, cuando un país importa más de lo que exporta, está gastando más de lo que le permite su actividad económica (utilizando un término muy de moda actualmente, estaría gastando "por encima de sus posibilidades"). Para realizar ese gasto adicional ha de pedir prestado dinero al exterior.
Por el contrario, si un país tiene un gran superávit comercial dispone de un excedente de fondos que prestará a otros países. En este sentido, es paradigmático el caso de China, que emplea los fondos obtenidos gracias a su inmenso superávit comercial en comprar títulos de deuda pública norteamericana (es decir, en prestar dinero a Estados Unidos).
Un país no puede permitirse el lujo de financiar indefinidamente sus déficits comerciarles con préstamos del exterior. Si no consigue una mayor competitividad gracias al aumento de la productividad, tarde o temprano tendrá que recurrir a la devaluación de su moneda para que sus productos san comparativamente más baratos que los del exterior. Y después está el caso de países como España, que no pueden devaluar su moneda y deben recurrir a un proceso de devaluación mucho más costoso y doloroso: la devaluación interna, justo lo que estamos sufriendoahora en España.




España, tenemos un problema.

Una vez explicados los dos motivos por los que la industria es tan importante, nos damos cuenta del auténtico problema de la economía española: España no tiene industria.

En efecto, durante más de tres décadas hemos ido desmantelando pieza por pieza todo nuestro aparato productivo. La apertura al sector exterior tras la muerte de Franco, la entrada en la Comunidad Económica Europea y la globalización han propiciado el desmantelamiento del tejido industrial español.

Este proceso tuvo su primer gran impulso con la reconversión industrial de los primeros gobiernos de Felipe González, que afectó de forma dramática a sectores como los astilleros, la siderurgia o la metalurgia, y ha tenido otros dos grandes impulsos con la crisis económica de primeros de los noventa y la actual. Así, si en 1976 había 3'5 millones de trabajadores en las fábricas españoles, en 1993 esta cifra se redujo a 2'5 millones, y en 2010 apenas superaba los 2'1 millones.

Aunque nunca hagan nada en ese sentido, a nuestros políticos se les llena la boca diciendo que España tiene que cambiar su modelo productivo, que la alternativa al ladrillo debe ser la I+D. Sin embargo, esto es otra gran falacia. La I+D no nos sacaría del pozo ni en el caso de que realmente se estuviera apostando por ella.

La investigación tecnológica está en la cúspide del proceso productivo y, como tal, está destinada a un pequeño porcentaje de la población. Sólo puede ser una solución para el desempleo masivo si el grueso del proceso productivo, la fabricación, no se deslocaliza hacia otros países (como ocurre en el caso de empresas como Inditex).

Incluso en el caso poco probable de que España se llenase de ingenieros dedicados a la investigación, es muy dudoso que pudieran competir con ingenieros como los de Bangalore, ciudad de la India donde reside medio millón de ingenieros informáticos, que trabajan para multinacionales como Microsoft, Yahoo o Intel y ganan en torno a los 1.000 euros al mes.

Nadie puede negar la importancia de la investigación como motor del desarrollo, pero el problema de España es el de un desempleo masivo y enquistado. Lo que necesitamos es encontrar trabajo estable y de calidad para seis millones de personas, muchas de ellas apenas sin formación, y el mejor medio para ello es un sector industrial potente.

Y personalmente no veo que se esté haciendo nada en ese sentido.

La economía española: ¿toro bravo o manso cabestro?http://economiapuntes.blogspot.com.es/2013/09/por-que-la-industria-es-tan-importante.html?showComment=1378910039683#c4809487493763218392