22 junio 2010

III- Biologia y Economia (Soler)

3 Diálogo de la economía con la biología


En el occidente, Aristóteles realizó un primer esfuerzo taxonómico, tanto de los objetos como de las actividades del hombre. Clasificó los objetos, en inanimados y seres vivos y estos a su vez en plantas y seres móviles divididos en los animales y los hombres. En la codificación de actividades o artes, diferenció la crematística de la economía afirmando que “Hay dos clases de arte o ciencia de la riqueza: Una que tiene por objeto el tráfico (que es la crematística) y otra cuyo objeto es la economía, esta última es laudable y necesaria, aquella censurada con razón, pues es contra natura” [27] La economía, para el bien vivir se encargaba de proveer, transformar y gestionar adecuadamente la riqueza proveniente de los frutos de la naturaleza, la tierra y los animales, mas no de acuñar dinero, opulencia y grandes fortunas, propio de la crematística y de la codicia del rey Midas.

Durante la edad antigua y media, esta fue la visión predominante. En la mayoría de las culturas, no solo de Europa sino de todos los continentes, predominó la idea organicista de la tierra madre que engendra o produce todos los frutos y del sol como padre fertilizador de la misma.

En la economía del renacimiento se mantiene la anterior cosmogonía en la cual el hombre no producía riqueza, solo la transformaba, transportaba y consumía. El hombre era concebido como una criatura del universo. Según el médico alemán Paracelso el hombre era un microcosmos integrador de todos los procesos, ritmos, fuerzas de la naturaleza y el cosmos; y la práctica médica debía apoyarse en la virtud, la filosofía, la astronomía y la alquimia botánica.

A partir del siglo XVI se acrecienta la transferencia de riquezas agrícolas y minerales desde América y otros continentes hacia Europa y se presenta un desarrollo de las técnicas agrícolas a partir de la nuevas variedades. Las especies botánicas centraron la atención como lo evidencia la creación de grandes jardines botánicos en las cuatro principales ciudades de Italia. En el siglo XVIII, la tierra aun seguía considerándose la matriz de la producción, para lo cual se intensificó el estudio de la botánica y la agronomía y se distinguieron tres clases de actividades, las de los ‘apportatores’ compuestas por los agricultores, pescadores y mineros, la de los ‘conservatores’ que eran los comerciantes y la de los ‘inmutatores’ que eran los artesanos que mudaban o mejoraban las materias.

En 1735 el naturalista sueco Car Linneo, considerado el padre de la botánica moderna por aportar sus primeras bases, constató que la tierra aumentaba en tamaño cada año y estableció el sistema binario de nomenclatura dividiendo los reinos de la naturaleza en minerales, a los que reconoce crecimiento, pero no movimiento; el de los vegetales que crecen y son susceptibles de sensación y el de los animales, que tienen sensaciones y movimiento.

La primera estructuración de la economía como un sistema, fue realizada por los fisiócratas en Francia quienes mantuvieron la concepción natural de la tierra como único factor productivo de riquezas renacientes. [28] El médico Quesnay llamó a este proceso producción o generación de riquezas, al que diferenció del concepto de adición de riquezas que resultaba del trabajo de los artesanos y la industria. En 1758 elaboró el famoso “Tableau économique” que por analogía con el sistema circulatorio de la sangre describe los flujos del excedente de riqueza o producto neto, que perciben tres clases sociales: los trabajadores, los terratenientes y la clase esteril, integrada por industriales y comerciantes. En este sistema el dinero juega un papel de riqueza auxiliar o virtual circulante.

En el siglo XIX surgieron nuevas paradigmas en las ciencias naturales como la teoría celular, la microbiología, las leyes de la herencia y las mutaciones, mientras que el francés J.B Lamarck ideó un sistema de claves dicotómicas que aplicó a los vegetales consolidando el concepto de biología. En 1802 expuso su teoría de la evolución, con la cual fue marginado social y científicamente.

Hasta ese entonces era común la idea de que la naturaleza proveía y el hombre no producía, dado que esto era algo propio de un acto divino entre la madre tierra y el Sol. ¿Cuándo y por qué aparece el concepto de producción?

Desde un siglo antes, venía desarrollándose otra corriente de pensamiento que planteaba que el valor y la riqueza se originaban con el trabajo del hombre. El precursor de esta forma de pensamiento, acorde a las nuevas ideas capitalistas fue William Petty en 1672, quien preservó la idea de la tierra como la madre, pero desplazó la idea del sol como padre fertilizador, reemplazándola por el trabajo.

Estos pensamientos fueron retomados por Adam Smith en 1776, el padre de la economía política, quien atacó la teoría fisiocrática y la concepción organicista que la envolvía y enarboló el estandarte de la nueva teoría del valor y la concepción mecanicista que la fundamentaba. A partir de este nuevo paradigma, la ruptura de la noción de espacio absoluto en Newton va acompañada del abandono del concepto de producción de la naturaleza en Smith, siendo sustituida por el nuevo concepto de tiempo de trabajo como productor de valor y riqueza. La riqueza ya no se produce en el espacio, sino en el tiempo: ‘Time es money’ fue la nueva consigna. Y los relojes mecánicos sometieron a los relojes biológicos.

En este periodo se intensificó la conquista de nuevos espacios con las colonización de América, Africa y Asia y la apropiación privada de recursos naturales del globo terráqueo por parte de las potencias de la época. A ello contribuyeron, conquistadores, bucaneros, piratas y en general fuerzas militares que se encargaron de trasladar por diversos medios, excedentes para el bienestar de las metrópolis. Así, en 1813 el parlamentario Benjamin Constant señaló que “la guerra y el comercio no son mas que dos medios diferentes de alcanzar el mismo fin: poseer aquello que se desea” [29] De esta forma, con el horror de la guerra, se inició el proceso de destrucción de economías naturales en varias regiones del planeta, en aras de la acumulación originaria del mercado monetario.

Para este periodo confluyen varias formas de pensamiento que justifican tanto la teoría económica como las acciones económicas convencionales: La idea mecanicista que atribuye una mayor importancia a las máquinas frente a la naturaleza y los hombres, la idea antropocentrista que asigna al hombre el papel del rey de la naturaleza, con poder para hacer y deshacer sobre ella y la idea euro centrista que atribuye a Europa el papel de superioridad sobre otras razas del mundo. Todo lo anterior reforzado con la idea del racionalismo, con la que supuestamente se actuaría de acuerdo con la verdad. En esta nueva pirámide occidental se sitúan en la parte superior el capital y las máquinas, luego los hombres que dirigen las potencias, subordinando los hombres de otras latitudes y en el escalón mas bajo la naturaleza. Los recursos naturales solo son apreciados en la medida en que contribuyen a los sacrificios en esta nueva pirámide.

A partir de las ideas de Benjamin Fkranklin, en 1815 el anglicano inglés Roberth Malthus publicó la teoría demográfica que sostiene que la población crece cuando aumentan los medios de subsistencia y decrece al disminuir la tasa de natalidad por acciones preventivas, o al aumentar la tasa de mortalidad por el hambre o las guerras. En consonancia con lo anterior, la ayuda a los pobres agravaba las diferencias entre la población y medios de subsistencia. A partir de estos postulados predicaba la libre competencia como un medio de la naturaleza para separar los seres humanos débiles y perezosos, de los industriosos y productivos.

El inglés Charles Darwin leyó la teoría de la población de Malthus y después de su viaje marítimo alrededor de las costas de América del Sur, Africa occidental y Australia y de las reflexiones como naturalista, publicó en 1859 “El origen de las especies”. El Darwinismo planteó el postulado de la competencia, en donde sobreviven por un proceso de selección las especies más fuertes y la teoría de la evolución para explicar la variedad y escalamiento de organismos desde las especies inferiores a las especies superiores, hasta llegar al hombre. [30]
Esta ley de cambio unidireccional, alcanzó el éxito que no logró Lamarck, siendo acogida por la dirigencia del establecimiento de ese entonces, para justificar con estos dos conceptos la diferenciación de las sociedades, el odio y la destrucción de los otros.

Esta teoría fue incorporada por la ciencia económica convencional para reforzar el concepto de competencia en los mercados como un fenómeno natural y también para justificar las diferencias entre naciones, estableciendo parámetros de jerarquización de acuerdo a los niveles de mecanización y crecimiento económico. De esta manera las desigualdades estarían dadas por la naturaleza y no por la sociedad o la economía, que estaría determinada por las fuerzas del mercado, consolidándose una visión parcelaria y no global de la economía.

Para esta misma época, el naturalista alemán Alexander Von Humbolt exploró Centroamérica, los Andes Suramericanos y el Asia Rusa, escribiendo varias obras entre las que se destaca “Cosmos” iniciada en 1845, la cual plantea una concepción organicista que toma distancia frente al mecanicismo al señalar que “Los órganos se determinan uno a otro (y) el organismo todo es a la vez medio y fin (que) vive tanto tiempo cuanto funcionan las partes al servicio del todo” [31] Señalando además las interrelaciones con la naturaleza inorgánica y la relación entre las diversas disciplinas científicas para una mejor comprensión del mundo.

Entre los programas de investigación de Humbolt y Darwin se impuso en Europa este último con la teoría de la evolución por adaptarse a los intereses dominantes de la época. La idea de la libre competencia como algo natural, ha tenido tal aceptación en el mundo occidental que fue acogida por las escuelas económicas neoclásica, Keynesiana y neoliberal. Mas no así otros aspectos relacionados con la biología, incluso más importantes para la economía. Tal es el caso de la Ecología, creada como ciencia por el alemán Ernst Hackel en 1880, quien apoyó la divulgación del Darwinismo, pero enfocó su escuela hacia las relaciones de las comunidades de organismos con el medio físico en que se desenvuelven.

En 1883 Sergei Podolinski en el “estudio del trabajo humano y la unidad de la energía” redescubrió los nexos entre ecología y termodinámica, revelando la interacción de dos procesos, el uno realizado por las plantas al acumular energía a través de la fotosíntesis y el otro la conversión que hacen los animales de la energía en trabajo que luego es liberada al espacio, llegando a la conclusión de que en la época en donde predominan las primeras se acumulan más Stocks de energía por ejemplo en forma de carbón y a la inversa el predominio de animales tiende a dispersar la energía. [32]

Durante cerca de un siglo la ecología no obtuvo el reconocimiento oficial, por cuanto chocaba y sigue chocando con las ideas dominantes de antropocentrismo, mecanicismo, racionalismo parcelario y con la concepción crematística de acumular riquezas monetarias.

En 1960 Withman Rostow, en su libro “Las etapas del crecimiento económico” incorporó el concepto de evolución Darwinista a los sistemas económicos, al hablar de cinco estadios del crecimiento, que inician con las sociedades tradicionales, pasando por el despegue hasta llegar al consumo en masa. De acuerdo a esta conceptualización lineal todas las economías crecen siguiendo la misma evolución hasta llegar a la fase superior alcanzada por los países “desarrollados” o economías “fuertes”. En consonancia con este paradigma se cuestionaron como resistentes al cambio una gran diversidad de formas económicas no monetarias o no capitalistas que se oponían a una modernización que apuntaba no solo a destruirlas económicamente, sino a arrancar sus raíces sociales y culturales. Los resultados fueron un desplazamiento masivo de la población del campo, pérdida de saberes ancestrales, crecimiento monetario del PIB y formación de cinturones urbanos de desempleo y miseria en la mayoría de países del llamado tercer mundo.

Por esa misma década Konrad Lorenz, quien inicialmente se dedicó al estudio de los animales, en su madurez se interesó por el comportamiento humano y la cultura, ante la destrucción que el hombre hacía del ambiente natural y el círculo vicioso de devastación por la competencia comercial y el rápido crecimiento económico. [33] Con respecto a la cultura y considerando sus perturbaciones a la luz de las enfermedades, lo llevaron a la opinión en que la amenaza principal a la existencia de humanidad era la neurosis colectiva y que los problemas principales con que la humanidad se enfrenta, son los problemas morales y éticos

El evolucionismo ha estado muy entrelazado al determinismo que sustenta la sujeción a leyes exclusivas, eternas e invariables. Sin embargo las ciencias modernas han encontrado crecientes evidencias de la relatividad de las leyes. Así, por ejemplo, una estrella no va a conservar e irradiar energía eternamente. El sol dejará de brillar en 5.000 millones de años y con el desaparecerán las leyes del sistema solar formuladas por Kepler. En un planeta donde no haya ninguna forma de vida, no existen las leyes de la biología.

En años recientes, la teoría evolucionista ha sido cuestionada desde la misma perspectiva biológica. La microbióloga Lynn Margulis planteó en 1981 que la célula que apareció hace 2000 millones de años para convertirse en la base de todas las plantas y animales, no fue el resultado de una mutación genética, sino de una simbiosis. No fue producto de una brutal competencia por la supervivencia del más apto, sino de la cooperación.. Las cianobacterias, expelieron residuos de oxigeno en tal magnitud que provocaron su propio holocausto, obligándolas a aceptar en su interior otros organismos que les permitieran desarrollar su capacidad para sobrevivir usando el oxígeno como fuente energética. [34] Después de analizar otros casos de realimentación simbiótica, entre ellos el cuerpo humano, Margulis “llega a la conclusión de que, aunque nos consideramos seres autónomos, somos –desde el cerebro a los pies- una compilación de microbios eslabonados por cooperación simbiótica. De hecho toda vida es una forma de cooperación, una expresión de la realimentación surgiendo del flujo del caos

En 1986 Roberth Agros y George Stanciu en su libro “La nueva biología”, cuestionaron que el Darwinismo que aplicó el método reduccionista cartesiano de separar el todo en sus partes, visualizando plantas y animales individuales en competencia por sobrevivir. Estos autores, después de analizar diversas especies animales, llegan a la conclusión de que la mayoría no luchan a muerte con “dientes y garras” , sino que interactúan con el medio ambiente y entre sí, de un modo no competitivo sino cooperativo manteniendo un tamaño natural, definido por unos nichos, unas habilidades, unos territorios, como lo tiene un organismo individual. [35] “La naturaleza sabe que en la lucha, se pierde tiempo, se gastan energías, se arriesgan lesiones innecesarias, y no tiene ningún sentido”. El intelectual ruso Petr Kropotkin escribió “Si preguntamos a la naturaleza quienes somos los más aptos, si los que continuamente guerrean entre sí, o los que se respaldan mutuamente, vemos de inmediato que los animales que adquieren hábitos de socorro mutuo, son indudablemente los más aptos” [36]

La cooperación no es solo entre seres vivos, sino entre estos y lo materiales inertes.
El científico Lovelock, al analizar la composición de gases de la tierra, ha postulado que hay un sinfín de mecanismos biológicos que permiten una homeostasis o situación estable de la tierra. Un ejemplo de ello es el plancton, microorganismo oceánico que emite un gas sulfuroso a la atmósfera posibilitando la formación de nubes que reflejan hacia el espacio la luz solar evitando el calentamiento del planeta. El plancton opera así como un termostato para mantener la temperatura terrestre dentro de ciertos niveles.

El científico de sistemas Erich Jantsh, retomando las ideas de Margulis, Lovelock y McClintock, escribió que “La historia de la vida en la tierra expresa la coevolución de macro y microsistemas autoorganizativos en grados cada vez mayores de diferenciación. Aquí vemos una espiral de coevolución donde cambios en pequeña escala crean cambios en gran escala y viceversa.” [37]

Así la hipótesis Gaia, que considera la tierra como un gran ser viviente, va ganando creciente aceptación en el ámbito mundial. Las teorías coevolucionistas o de morfogénesis, han demostrado un mayor poder explicativo y predictivo que la teoría evolucionista, la cual ha venido cediendo terreno, entrando a formar parte de casos particulares en la biología.

De manera que la ideología evolucionista aplicada para justificar la libre competencia generalizada y la sujeción de todas las economías “no desarrolladas” a unos modelos de crecimiento económico considerados como evolucionados, va perdiendo su asidero en el mismo campo de la biología donde se originó. La idea sostenida por Rostow sobre las etapas del crecimiento se vuelve insostenible a la luz de los recursos disponibles, pues si todos los países asumieran el derroche de consumo energético de Estados Unidos, el sistema económico mundial se volvería inviable en un lapso no muy largo de tiempo.

Tenemos que la distribución de los recursos naturales y los ingresos monetarios no es un hecho objetivo o natural, sino que depende de factores subjetivos de carácter social, psicológico e institucional. La producción tal como está concebida encubre el control de la información, la ciencia y la tecnología para la apropiación de materias primas renovables y no renovables, por parte de pocos. Y también la degradación del ambiente con la desertificación de tierras, contaminación de aguas y polución del aire, en aras de una supuesta evolución hacia progreso.

La crisis energética en el inicio de los años setenta fue un primer campanazo de alerta acerca de la sostenibilidad de los sistemas económicos. Llamaron la atención sobre el problema, el “Manifiesto para la supervivencia”, la conferencia de las Naciones Unidas en Estocolmo y el informe del Club de Roma sobre los límites del crecimiento. En este último, realizado en 1971 bajo la dirección del profesor Dennis Meadows, a partir del análisis mundial de cinco variables como son la población, los recursos naturales, el capital, la producción industrial y la contaminación ambiental, expresó el mensaje de crear conciencia a partir del problema central “de la capacidad del planeta en que convivimos para hacer frente, mas allá del año 2000 y bien entrado el siglo XXI, a las necesidades y modos de vida de una población mundial siempre creciente, que utiliza a tasa acelerada los recursos naturales disponibles, causa daños con frecuencia irreparables al medio ambiente y pone en peligro el equilibrio ecológico global – todo ello en aras de la meta del crecimiento económico, que suele identificarse como bienestar” [38]

La intensificación de los conflictos bélicos de los años setenta de los principales Gobiernos de occidente con los árabes, de los ochenta con Irán y de los noventa con Irak en torno al petróleo, es una expresión de la crisis del sistema económico basado en Stocks de recursos no renovable y en general de un sistema de crecimiento mecánico que marginó la economía orgánica-biológica en aras del paradigma industrializante y contaminador.

Hemos visto que el modelo económico clásico y neoclásico prescindieron de los recursos bióticos y abióticos libres y abundantes que no son apropiados y valorados en términos monetarios. En contraposición, los nuevos desarrollos de la biología también ponen en entredicho el concepto de escasez, pues desde la nueva óptica lo útil es más abundante y la vida biológica se nutre de bajos niveles de entropía, de manera que sobre esta base la economía no sería la ciencia de la escasez como la denominan lúgubremente los economistas ortodoxos, sino por el contrario la ciencia de la abundancia.

Dado que los seres vivos no son independientes del medio abiótico, desde una óptica energética, habría que construir un sistema económico que distinga los Stocks renovables sobre la corteza terrestre y los no renovables depositados en la corteza terrestre, de los flujos renovables provenientes de la energía solar, que es la fuente primaria de toda energía sobre la tierra.

En el ámbito de la economía aplicada, el geógrafo colombiano Ernesto Guhl destaca que se está generando una tendencia mundial que plantea la reducción del consumo de materia y energía por unidad de producción, para satisfacer las necesidades de la población de una manera sostenible. Se propone “adelantar un proceso de desmaterialización de la economía con base en mejores diseños, en la investigación y desarrollo de procesos industriales mas eficientes, en términos de consumo de recursos y en el desarrollo de equipos y de bienes de bajo impacto ambiental. Los estudios realizados sobre el tema han utilizado el concepto de Demanda Total de Materiales (DTM) de una economía que se define como el total de flujos de recursos naturales primarios y los flujos indirectos que ellos implican, tanto locales como importados, incluyendo las alteraciones deliberadas del paisaje. La DTM también es una medida de la presión que ejerce la economía sobre el medio ambiente.” [39]

Aunque economía y ecología tienen la misma raíz Oikos que significa casa, en este caso nuestra aldea global, las dos disciplinas han permanecido divorciadas y apenas comienzan a establecer diálogos que pueden ser bastante creativos y productivos. La interrelación de las categorías biológicas, físicas y económicas requieren un enfoque sistémico u holístico que permita establecer la naturaleza heterogénea de sus elementos, sus interacciones no lineales y las características de los procesos que operan no en sistemas cerrados, sino abiertos. El reto es grande porque deben integrarse las concepciones de un sistema económico cerrado, autónomo y equilibrado con un sistema ecológico abierto, dependiente y desequilibrado.

La microbióloga norteamericana Lynn Margulis declara en oposición a la libre competencia, que para sobrevivir a la crisis ecológica y social causada por la codiciosa interferencia, quizá tengamos que iniciar empresas cooperativas drásticamente nuevas. Poco a poco se ha creado una conciencia gradual, en los campos teórico, institucional, empresarial y social para crear sinergias de retroalimentación positiva entre economía y medio ambiente.

Como conclusión, se observa que buena parte de la historia de la humanidad se caracteriza por una concepción orgánico biológica del mundo, la cual comenzó a ser sustituida a finales del siglo XVIII con la irrupción de la revolución industrial y la consolidación del paradigma mecanicista. En este ámbito se consolida la ciencia economía ortodoxa, la cual es reconocida por el establecimiento, al confluir en su interior el desplazamiento de la naturaleza como productora de riqueza, asignando al trabajo y posteriormente al capital una productividad y poder de producir. De lo biológico, se articulan a la economía los conceptos de libre competencia y evolución, los cuales justifican desde una óptica natural procesos sociales de diferenciación y subordinación y procesos de degradación ambiental.

El pensamiento moderno marginó la concepción integral de la naturaleza expuesta por Humbolt, desarrollada en la ecología por Hackel y en sus relaciones con la termodinámica por Podolinski y otros autores. Después de mucho tiempo de ostracismo han vuelto a salir a la luz pública para complementar la nueva biología que está demostrando al mundo la parcialidad de la teoría de Darwin, dejando sin piso los conceptos de competencia y evolución, bases centrales de las escuelas económicas tradicionales y posibilitando la consolidación de nuevas formas económicas a partir de criterios de convivencia y solidaridad.

De lo visto hasta este capítulo se desprende que la economía puede abordarse desde perspectivas mucho más amplias que la de la simple maximización de las utilidades que hizo de la economía una ciencia sombría. Pues ya hemos visto que las ciencias económicas se pueden apreciar desde la óptica de la física, la matemática, la biología y el humanismo con una gran variedad de posibilidades. Se requiere en consecuencia una transformación de las ideas predominantes y un cambio en el enfoque de la investigación económica