Las reformas..., pero ¿Qué Reformas?

Las reformas..., pero ¿Qué Reformas?¹

En esta entrada os voy a hablar de una de mis últimas contribuciones, escrita con dos amigos cercanos, Carmen Beviá y Antonio Romero-Medina. Esto me dará pie para hablar de otras historias que os darán idea de cómo es la vida de un académico y os ilustrarán cómo la teoría más abstracta puede arrojar luz sobre la realidad y cómo cambiarla.

Nuestro trabajo estudia la trayectoria de una organización que está compuesta por tres tipos de individuos: productivos, medianos y flojitos que contribuyen a la producción de esta organización con un output individual, grande, mediano y pequeño respectivamente. En cada período, la organización decide por votación entre sus miembros dos cosas: la manera de repartir el output, por ejemplo, a todos por igual o proporcionalmente al output individual o una mezcla de esas dos, etc. Y qué individuo se incorpora a la organización. En nuestra mente, el principal ejemplo era el de la universidad española.

Para simplificar suponemos que siempre hay candidatos de los tres tipos dispuestos a ser fichados. La pregunta es ¿qué tipo de políticas adoptará esa organización? ¿Contratará siempre a los mejores? ¿Se repartirá el output de manera meritocrática, igualitaria o de cualquier otra forma?

Este problema se nos había ocurrido a Antonio y a mí, pero la verdad, no éramos capaces de sacarlo adelante. Nos reuníamos y patateábamos el problema como se patatea una comida muy fuerte para tu estómago. Decidimos pues pedirle a Carmen que se uniera al equipo. Ella estaba trabajando por entonces en temas parecidos y se unió a nosotros encantada. Rápidamente el trabajo empezó a despegar.

A todo esto, nuestro buen amigo Juan de Dios Moreno-Ternero estaba pidiendo trabajos para un volumen de homenaje a John Roemer. Y aquí toca hablar de John. Conocí a John hace muchos años a través de Joaquim Silvestre. La fama de John de poco sociable se deshizo rápidamente y me conquistó por su inteligencia y sinceridad. Y esto fue el principio de una bella amistad y de una admiración compartida por mis coautores... O sea que había que contribuir a su homenaje sí o sí. Y decidimos que este paper podría ser adecuado porque sus temas tocaban fibras sensibles de John, del que debo decir, que se considera Marxista practicante.

John Roemer, Elizabeth S. and A. Varick Stout Professor of Political Science and Economics. Universidad de Yale.

El trabajo fluyó muy rápido y enseguida tuvimos resultados de una entidad suficiente como para presentarlos en público. Yo tenía un sabático que pasé primero en Cambridge UK y a partir de marzo en la Northwestern al ladito de Chicago (my kind of town...). Hice un tour presentándolo por varias universidades americanas incluyendo la Georgetown y la George Mason (ambas en Washington), en esta última invitado por César Martinelli. En la primera también estaba, haciendo su doctorado, María Hernández de Benito (hoy en la universidad de Alicante) que había sido mi ayudante en la C3 y a la que yo había convencido para que cruzara el charco.

Había dos cosas que me interesaban en Washington. Por una parte, Roger Lagunoff (Georgetown) había hecho un paper parecido (esto son las pesadillas que tienes de mayor, reemplazando a la que tienes de joven cuando sueñas que te falta una asignatura para acabar la carrera). Afortunadamente Lagunoff es un tipo inteligente, amable y tranquilo que se tomó la cosa a bien y, contento con que le citáramos y discutiéramos su trabajo, me llevó a la cena que suele seguir a los seminarios a un maravilloso restaurante a la vera del Potomac. Por cierto, que el Atlético de Madrid (mi equipo) jugaba las semifinales de la Champions a la hora del seminario. La cosa se arregló con María siguiendo el partido por internet y haciéndome las señales pertinentes mientras yo explicaba la trayectoria del equilibrio Markoviano perfecto. Todo, incluyendo el resultado, salió bien.

En la George Mason hay el único grupo de economistas austríacos que conozco en una universidad entre las 100 mejores del mundo. Y tenía curiosidad por saber su reacción ante nuestro trabajo. Desgraciadamente no aparecieron por mi seminario. De hecho, yo he participado en muchísimos congresos internacionales y no creo haberlos visto nunca. Eso sí, según algunos y algunas, son los economistas de más impacto en el mundo (?).

Pues creo que ya es hora de que os cuente los resultados del trabajo. Que, como los tres mosqueteros, son cuatro, mayormente.

1. Las organizaciones que comienzan con mayoría de agentes flojitos contratan un buen número de agentes medianos que, eventualmente, serán mayoría y decidirán a quien se contrata y cómo se reparte el output. Pero los intereses de estas dos "clases" están perfectamente alineados. Quieren un buen número de agentes productivos pero que no sean tantos como para tener el poder político. A esto, que en un modelo distinto ya estaba en el paper de Lagunoff, le llamamos el "Efecto Cesión".

2. Es muy posible que los agentes de mayor productividad reciban menos de lo que aportan. Esto se debe a que el sistema de reparto se establece por votación y mientras que los mejores sean minoría tendrán que aceptar, democráticamente, el resultado de las votaciones. A esto le llamamos "Explotación" en este caso del más productivo por los menos productivos. Y aquí ocurre en una sociedad perfectamente democrática. Es la "esclavitud de los talentosos" ya señalada en el contexto de imposición óptima por Mirless.

3. La organización no va a contratar siempre a los mejores. Lo hará mientras que no amenacen su supremacía política. De hecho, en muchos casos se contratará el máximo número de agentes productivos que no obtengan el poder político porque si lo obtuvieran, impondrían un reparto proporcional al output individual. Los desgraciados agentes productivos que se quedan en el bíblico llanto y crujir de dientes (desempleo) conforman lo que llamamos "Desempleo Político".

4. La composición de los padres fundadores de la organización determina totalmente la trayectoria de ésta. Si los flojitos o los medianos tienen mayoría al principio, se contratarán agentes muy productivos hasta que estos vayan a alcanzar el poder político y luego se irán contratando alternativamente agentes productivos y medianos. Y el reparto será igualitario. Si los productivos son mayoría sólo se contratará a agentes productivos y cada agente recibirá su productividad.

El lector decidirá si esta parábola le recuerda o no el funcionamiento de muchos departamentos de economía de nuestro país. A nosotros mucho. Y tiene consecuencias. Una vez que las organizaciones están en marcha es muy difícil cambiar su rumbo. Es preferible crear otras nuevas en las que se contrate a lo mejorcito de que el país disponga. Así Francisco I creó el College de France y lo colocó al otro lado de la calle donde está la Sorbona, por entonces sumida en un dulce sueño. O la universidad central de Berlín que se creó con los fichajes de Hegel y Humboldt. El lector puede construirse su ejemplo favorito comparando entre sí a las universidades que se crearon en España a principios de los 80 (como Alicante y otras) y haciendo lo mismo entre las creadas a finales de los 80 (como la Pompeu, la C3 y otras).

La lección es que aumentar la financiación es inútil a no ser que se vincule a la contratación de los mejores y aun así puede no usarse. Los ejemplos de esto último abundan. El programa Ramon y Cajal, cuyos investigadores pueden ser hasta cuatro veces más productivos que los de la media, no ha sido usado en la misma medida por todas las universidades, ¡de 48 sólo 23 usaron este programa!

Resumiendo, los dineros de Europa no nos van a hacer necesariamente más productivos ni van a arreglar nuestros -seculares- problemas con la enseñanza y la productividad porque las organizaciones tienen sus propios objetivos -que suelen ser los de sus grupos dominantes- y usarán esos recursos para mantener el statu quo.[2] Incluso en un modelo en el que no hay camarillas, ni individuos que ejercen influencias en otros y en el que los entrantes adquieren instantáneamente los mismos derechos que los establecidos, es difícil que las organizaciones mediocres dejen de serlo. O las obligamos a competir o creamos otras nuevas, pero cuidado, con unos fundadores de lo mejorcito que haya en el país. No podemos repetir la historia de los dineros de América que nos hicieron más mal que bien convirtiéndonos en uno de los primeros ejemplos de la enfermedad holandesa.

El dinero de más allá de nuestras fronteras que, al final, nos empobreció.

Por último, remarcar que en nuestro modelo no hay competencia entre organizaciones. Si la hubiera, veríamos como hay una fuga de cerebros de las organizaciones menos meritocráticas a las que más. También podríamos ver que el talento se acaba concentrando en muy pocos sitios, una situación que, llevada al extremo, no puede ser óptima (esto último parece ser el caso con los Ramon y Cajal desgraciadamente).

Después de presentar este trabajo en varios seminarios más, me atreví a hacerlo en mi departamento de acogida, el MEDS de la Northwestern. Cuando ya había salido de casa recordé que el color de esta universidad es el morado y que yo tenía una camisa de este color. Así que volví a casa y me cambié de camisa con la consecuencia de que, a pesar del carrerón, llegué al seminario 5 minutos más tarde de la hora de comienzo (y encima sudado). Y allí estaban, professors a los que yo había admirado desde que era pequeñito (Kalai, Wolinsky, Austen-Smith...) y otros fantásticos de la generación más joven (Baliga, Schummer, Persico, Egorov...) con cara de circunstancias que hasta hicieron por reírse cuando, para quitar hierro a mi falta, empecé el seminario con un "Sorry, I'm Spanish". Los grandes son ansí.

P. D. El lector valiente que quiera echarle una legañada al paper final, puede hacerlo aquí.


[1]Agradezco a Carmen Beviá, Cesar Martinelli, Juan de Dios Moreno-Ternero y Antonio Romero-Medina sus comentarios a una versión preliminar de este trabajo. Todos los errores son de mi exclusiva responsabilidad.

[2]Un razonamiento similar se ha usado para criticar parte de la ayuda donada al tercer mundo, ver por ejemplo "The White Man's Burden: Why the West's Efforts to Aid the Rest Have Done So Much ill and So Little Good" de W. Easterly

The profit paradox: o de cómo la falta de competencia nos hace más desiguales y más pobres

 

The profit paradox: o de cómo la falta de competencia nos hace más desiguales y más pobres

Antonio Cabrales 2

Una de las primeras entradas que escribí por estas páginas tenía que ver con la competencia. Me preocupaba que la reacción a la crisis bancaria fuera solamente la fusión de bancos y cajas nacionales, y no escuchaba nada acerca del nefasto efecto de estas fusiones en la competencia. Una década después seguimos igual, con fusiones entre bancos nacionales que reducen la competencia. Hoy vuelvo al ataque con el tema, porque he leído un libro impresionante, The Profit Paradox, de Jan Eeckhout, cuya tesis me ha dejado muy perturbado. La falta de competencia puede ser la causa principal del aumento espectacular de la desigualdad y de la pobreza en Occidente. Y esto a su vez es el origen de muchos otros males. Por cierto, si está leyendo esto deprisa y no puede seguir con el resto de la entrada recuerde que nos puede ver en directo hablando con Jan en Twitch el día en que se publica esta entrada (22-06-2021) a las 7 de la tarde y en el canal de Youtube un par de días más tarde (la ventaja de Twitch es que es en directo y pueden preguntar al autor directamente).

Primero una nota sobre el autor. Aunque hemos hablado de él aquí alguna vez y es uno de los economistas que trabajan en España con un mayor prestigio internacional, no ha hecho mucha labor divulgativa. Hasta ahora, claro. Porque este libro suyo vale por todas mis entradas por aquí multiplicadas por cien. Lo interesante es que el libro nace de una de sus líneas de investigación en los últimos años. En particular este artículo del Quarterly Journal of Economics en el que se documenta el ascenso del poder de mercado en las últimas décadas, y las implicaciones que esto tiene en el descenso de la participación de los salarios y el ascenso de los beneficios en el PIB.

El libro sigue de manera muy cercana, y expandida esta estructura. La primera sección se centra en la evolución reciente del margen comercial (precio – coste). La segunda documenta la evolución paralela de los salarios, la desigualdad y otras magnitudes y fenómenos sociales de primer orden. La última sección es una reflexión sobre lo que podemos hacer para solucionar los graves problemas que causa este fenómeno.

El capítulo dos de la primera sección empieza con una cita de Warren Buffett (el “sabio de Omaha”) que es muy útil para explicar el fenómeno: “No quiero un negocio que sea fácil para la competencia. Quiero un negocio con un foso alrededor. Quiero un castillo muy valioso en el medio, y luego quiero que el duque a cargo del castillo sea honesto, trabajador y capaz, y luego quiero un gran foso alrededor del castillo.”

A las empresas no les gusta la competencia, porque hace disminuir los beneficios en general (hay excepciones, claro, en mercados donde puede fluir información tecnológica entre competidores que les ayuda a reducir costes, o mejorar el producto). En esas condiciones, si se pueden asegurar de que los competidores no entran en el mercado, las cosas les van a ir mucho mejor. Lógicamente la limitación de la competencia es ilegal, pero hay maneras de subvertir este proceso sin acabar con multas millonarias o, peor, en la cárcel. Una de ellas, es “comprar” a los competidores. Empezaba esta entrada discutiendo la ola de fusiones en el sector bancario español. Esto no es una anécdota nacional, en el sector tecnológico ha habido oleadas masivas de fusiones. Por ejemplo, Facebook se ha consolidado como líder de las redes sociales comprando a WhatsApp o Instagram.

Se preguntarán los lectores cómo permiten esto las autoridades de la competencia. En el caso de las fusiones españolas bancarias, había el problema de viabilidad del sector bancario (aunque habría sido mejor que bancos extranjeros se hicieran cargo de nuestras cajas desde el punto de vista de competencia). Pero en general la razón por la que se permiten las fusiones es porque si la fusión genera disminuciones suficientes de costes, en teoría la ganancia vía (reducción de) costes puede superar la pérdida en competencia. En teoría, porque por lo general las empresas (o sus consultoras) son muy creativas argumentando las increíbles reducciones de costes que van a obtener si se fusionan (de ahí los EREs bancarios, que vienen justificados porque las fusiones bancarias podrían permitir reducción de costes vía eliminación de sucursales y servicios centrales duplicados, por ejemplo), pero el track record a la hora de la verdad es malo, argumenta Eeckhout (y yo estoy de acuerdo).

Otra cuestión importante es que el cambio tecnológico está creando la posibilidad de crear barreras de entrada en la industria que tienen que ver con inversiones masivas en infraestructura, después de lo cual el coste marginal es muy bajo (por cierto, un libro que ya tiene años sobre este tema, pero que aún es actual es éste de John Sutton). Un ejemplo de libro de texto son los ferrocarriles. Una vez uno ha puesto las vías por todo el país, puede operar trenes a un coste relativamente bajo. Un nuevo entrante que tenga que recuperar el coste de esa infraestructura duplicada, no los va a hacer si entra y hay una competencia fuerte en precios. Y por tanto no entra. Esto es lo que en los libros de introducción se llama el monopolio natural. Y las inversiones en logística de Amazon o Zara los convierte fácilmente en monopolistas naturales de sus sectores.

Esto va mucho más allá de una anécdota, y no es un solo sector. Cuando vi el siguiente gráfico en el libro, casi me caigo de espaldas. Los márgenes han aumentado más de un 50% en todo el mundo.

La segunda parte del libro responde a la pregunta obvia de cualquier lector con espíritu crítico: ¿y qué? La gente hace cosas interesantes (Facebook, Amazon, Zara) y esto les lleva a tener beneficios porque mejoran la vida de todos. Se supone que eso es lo que hace el capitalismo ¿no? Váyanse a Cuba o Corea del Norte y pregunten si les preocupan los márgenes comerciales de Amazon.

Pues no es tan fácil. Es también de economía de primero que el poder de mercado disminuye el excedente social, y que se debe controlar. Para empezar, una empresa con poder de mercado disminuye el excedente del consumidor. Lo que yo no veía tan claro es que además puede hacer que los salarios caigan. La forma mejor de verlo es pensar qué pasa si Amazon, Google y Facebook son las únicas empresas que contratan informáticos. Pues claramente los salarios de los informáticos van a sufrir.

De nuevo, esto va más allá de la anécdota. Miren la participación de los salarios en el PIB:

La de los beneficios:

O los salarios contra la productividad:

Casi que podría dejarlo aquí, pero no olviden el impacto que tiene la desigualdad en la polarización política y el populismo 0 lo que Anne Case y Angus Deaton llaman las muertes por desesperación (otro gran libro sobre el que hay que hablar, aunque Judit Vall ya habló de esto por aquí).

La tercera parte del libro se pregunta si hay solución. Y la propuesta es relativamente simple, dados los dos problemas originales. Por un lado, ser mucho (yo diría muchísimo) más duro antes de aceptar una fusión por “ventajas de costes”. La evidencia de que no mejoran el bienestar público es demasiado grande. Por otro lado, para aquellos contextos en los que las ventajas de una infraestructura única son grandes, hacer como con los ferrocarriles, o la electricidad. La red debe ser interoperable. Google debe permitir que varios anunciantes usen sus datos masivos para ofrecer servicios de publicidad en el buscador, Amazon debe ofrecer su red logística a varios proveedores. La forma concreta que adopte esta interoperabilidad puede no ser sencilla, pero nos jugamos mucho si no estudiamos cómo hacerlo bien.

Si tengo que ofrecer una crítica a este magnífico libro lo haré, para no perder mi credibilidad de Sith Lord. Una crítica sustancial es que el libro no hace mención a una explicación alternativa al aumento de la desigualdad y la caída de los salarios. El ascenso del neoliberalismo desde los años 80 desmontó una serie de protecciones básicas: sindicatos que pierden peso, sistemas fiscales que se hacen menos progresivos, además de una “liberalización” de la política de competencia. Es decir, la falta de competencia es un síntoma más de un problema social más complejo.

Por otro lado, a los lectores más técnicos quizá les preocupen algunas relaciones causales que se apuntan en el libro. ¿Verdaderamente podemos poner una flecha de causalidad de márgenes a salarios? ¿No podría ser al revés, o como digo en el párrafo anterior, haber una tercera causa central?

Pero no se preocupen, estas preguntas tienen respuestas. Le vemos en Twitch o en Youtube.

 

En recuerdo del economista Juergen B.Donges (1940-2021)

 

En recuerdo del economista Juergen B.Donges

Jürgen Bernhard Donges es un economista alemán. Es profesor emérito de economía política en la Universidad de Colonia, y ha sido un miembro del Consejo alemán de Expertos Económicos (1940-2021)


Hasta Siempre, Querido Juergen

Te vamos a necesitar más que nunca y por eso tu obra es una fuente de sabiduría e inspiración. Estás con nosotros en cada una de tus palabras y en nuestra memoria

La noticia de tu fallecimiento, Juergen, ha sido un shock para mí. Hace pocas semanas compartimos una sesión del Consejo Asesor de la Fundación Rafael del Pino en la que, como era habitual, destacó tu análisis detallado y certero, así como tu sentido del humor ante las dificultades técnicas de participar vía telemática. En muchas ocasiones en las que tuve el honor de compartir ideas y análisis contigo siempre quedaba en nuestra memoria tu análisis económico inapelable y tu buen humor.

«Daniel, en economía es muy fácil y lucrativo halagar al poder político y defender la irresponsabilidad. Defender la cordura es hoy una heroicidad», me dijiste hace unos meses. ¡Qué razón tenías, querido Juergen!

Y es que, Juergen, no solo eras uno de los economistas más reconocidos internacionalmente, eras una de esas pocas personas que ponía la verdad como pilar innegociable de tu análisis.

No es fácil expresar el vacío que dejas en una profesión, la de economista, en la que no sobran perfiles como el tuyo, que defiendan la cordura, la responsabilidad y la libertad con rigor y claridad. Te vamos a echar mucho de menos. Porque eras un ser humano único, maravilloso, generoso y humilde. No es que fueras un ejemplo para todos nosotros, es que eres un gigante intelectual del que aprenderemos los economistas durante décadas.

Te vas, querido Juergen, pero estás muy cerca de todos nosotros, porque dejas un legado de valor incalculable y yo, personalmente, sé que estarás ahí en espíritu cuando tengamos que defender la libertad ante el avance del intervencionismo destructor y los cantos de sirena que prometen paraísos de gasto y solo crean miseria de deuda.

En España tuvimos el lujo de contar siempre contigo y tus comentarios de coyuntura en la reunión de economistas periódica del Instituto de Estudios Económicos, así como tu aportación impagable en la Fundación Rafael del Pino junto con tus clases magistrales, que merecían ese calificativo –«magistral»- como pocas, generaban siempre un doble impacto: inspirador y provocador de una profunda reflexión.

Resumir tu currículo en un artículo de 500 palabras es imposible. Licenciado y Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de Saarbrücken en Alemania, dirigías el Otto Wolff Institute for Economic Studies. Catedrático de Economía y director del Instituto de Política Económica de Colonia, formaste parte de la OCDE, del Banco Mundial, de la American Economic Association y de la Royal Economic Society, y presidiste también el Consejo Económico de los Cancilleres Kohl y Schröder.

Nos olvidamos muchas veces de la importancia de ese periodo, en el que Alemania pasó a convertirse en un líder global implementando una política responsable de gasto con unas finanzas saneadas y sólidas. Parece, querido Juergen, que el mundo se haya olvidado de que se llamaba a Alemania «el enfermo de Europa» en la época de Schröder y que la responsabilidad presupuestaria y la cordura económica lanzaron al país a fortalecerse y liderar Europa.

Hoy nos intentan vender que las políticas que siempre devastaron Europa y el mundo, imprimir moneda y endeudarse, son las recetas para crecer. Tú y muchos otros sabemos que solo llevan al estancamiento y la pobreza. Te vamos a necesitar más que nunca y por eso tu obra es una fuente de sabiduría e inspiración. Estás con nosotros en cada una de tus palabras y en nuestra memoria.

«Vamos a tener que luchar mucho, Daniel», me decías. Lo haremos. Juntos, como siempre. Porque eres un ejemplo eterno. Hasta Siempre, querido Juergen.

Daniel Lacalle es doctor en economía, autor y profesor de economía global

  • https://www.abc.es/economia/abci-daniel-lacalle-hasta-siempre-querido-juergen-202106261715_noticia.html

  Te vamos a necesitar más que nunca y por eso tu obra es una fuente de sabiduría e inspiración. Estás con nosotros en cada una de tus palabras y en nuestra memoria. Recordando a Juergen Donges."Daniel LC

Juergen B. Donges: “Es inexorable y urgente proveer de liquidez a empresas y autónomos”

Entrevista a Juergen B. Donges, colaborador del Instituto de Estudios Económicos, en Dirigentes.

En la crisis del Covid-19 la planificación es más importante que nunca, lo que quizás explica la situación más controlada que existe en Alemania. Si algo se les da bien a los alemanes es hacer planes, organizar y ordenar, lo sabe Juergen B. Donges de cerca. El economista ha vivido un tiempo en España y por ello tiene mucho cariño a la evolución económica y política de la Península. Sin embargo, su pensamiento económico es muy alemán: hay que ser transparente, no endeudarse mucho y sobre todo no improvisar. No solamente ha asesorado al Gobierno alemán en ocasiones, también es catedrático en uno de los institutos más prestigiosos de investigación de economía en Alemania – Cologne Institute for Economic Policy. Donges ha conocido a los grandes políticos alemanes, desde Kohl a Merkel.

¿Está de acuerdo en que estamos ante una crisis nunca vista desde la Segunda Guerra Mundial?

Completamente de acuerdo. Recuerdo las grandes crisis económicas globales desencadenadas por el derrumbe del sistema monetario internacional de Bretton Woods 1971-73, las explosiones del precio del petróleo en 1973 y 1979, los atentados terroristas cometidos el 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers en 2008, y el excesivo endeudamiento público en diversos países de la zona euro en la década pasada. El COVID-19 ya ha ocasionado hasta ahora más daños económicos que aquellos sucesos que en su momento fueron traumáticos.

¿Cómo vive usted la situación de cuarentena en Alemania?

De salud, bien. De sentimientos, con plena confianza en la labor que están realizando los epidemiólogos e investigadores científicos, con una gran admiración por el trabajo que sin parar, y no siempre con recusos suficientes, está efectuando el personal sanitario que asiste a los afectados por el virus y con suma gratitud a todos los profesionales del orden público, por un lado, y a los de los medios de comunicación y de los servicios básicos, por el otro, que nos protegen frente a la propagación del virus y nos atienden, respectivamente. Me impresiona sobermanera el espíritu de unidad, solidaridad y civismo que está poniendo de manifiesto la ciudadanía; este comportamiento es formidable porque había decaído un tanto en el pasado.

¿Podría ocurrir que el impacto de la crisis por el COVID-19 sea menos importante de lo que pensamos ahora?

Todo dependerá de cómo y cuándo se logre frenar la pandemia. Si la situación sanitaria se ha normalizado a principios de verano, tendremos una evolución coyuntural en forma de ‘V’, es decir, una recesión en el semestre actual y el inicio de la recuperación económica en el segundo semestre, acelerándose a lo largo del próximo año. Si la pandemia perdurara y hubiera que mantener las medidas sanitarias hasta otoño, nos encontraríamos con una ‘U’ alargada, es decir, la reactivación se demoraría hasta ya entrado 2021. El peor escenario es el de la ‘L’, caracterizado por que no haya una forma eficaz de combatir el virus hasta que no tengamos una vacuna eficaz, lo que puede tardar. En este caso no habría una recuperación de la actividad a corto plazo y la tasa de paro se mantendría presistemente alta. A día de hoy, yo le doy la mayor probabilidad al escenario en ‘V’.

Sin COVID-19, ¿también hubiéramos entrado en recesión a nivel mundial?

No. Todos los indicadores apuntaban a una cierta ralentización del crecimiento global y del comercio mundial, pero con visos de una recuperación pronta.

¿Cómo puede salir España del frenazo del turismo a medio plazo?

El problema es efectivamente muy serio, dada la gran importancia de este sector en la economía nacional. El semestre actual hay que darlo por perdido y como no recuperable, a diferencia de la situación en la industria. Con respecto al turismo internacional el sector tendrá que hacer muchos esfuerzos para asegurarse la fidelidad de su clientela habitual una vez normalizada la situación sanitaria. Tendrá que contrarrestar posibles cambios en las preferencias de los turistas extranjeros hacia destinos nacionales, por el ‘efecto miedo’, que ya se percibe, por ejemplo, entre los alemanes.

¿Cómo puede salir el sector de las aerolíneas de esta situación?

Continuando con el proceso de consolidación que ya se había iniciado antes del estallido de la pandemia. Hay demasiadas aerolíneas y muchas al borde de la quiebra. Una limpieza del mercado es inexorable. ¿Deberíamos ya organizar una salida para salvar la economía y también la moral?

No se puede suspender la actividad económica indefinidamente, puesto que el remedio sería peor que la enfermedad. Pero no hay que precipitarse, no hay que improvisar, no hay que arriesgar la seguridad de las personas que se incorporan al trabajo, y hay que seguir estrictamente las recomendaciones de los expertos científicos.

¿Qué debería hacer el sector privado para activar la economía?

De momento aprovechar las oportunidades del negocio online y del teletrabajo, que son muchas sobre todo en el sector de los servicios y en el comercio. Según cuándo y cómo se organice una desescalada de las restricciones impuestas a la actividad no esencial, las empresas industriales se volcarán por restablecer las cadenas de valor nacionales y globales, que habían sido interrumpidas, y tratarán de crear demanda por sus productos para lo cual será importante que los consumidores tomen confianza en que la vuelta a la normalidad está encarrilada.

¿Qué puede hacer el gobierno español?

Actualmente, la prioridad absoluta es la de frenar la evolución de las infecciones. En el contexto económico el Gobierno es consciente de que hay que evitar el deterioro del tejido productivo. Es inexorable y urgente proveer de liquidez a las empresas y autónomos con el fin de evitar al máximo quiebras con los consabidos efectos letales sobre el sector bancario que se enfrentaría a un fuerte aumento de los niveles de morosidad de créditos. Las medidas adecuadas incluyen subsidios a fondo perdido como se ha hecho en Alemania para afrontar los costes fijos, avales para créditos, la reducción de las cotizaciones sociales empresariales y un aplazamiento para el pago de impuestos. Todo hay que efectuarlo a través de un plan coherente y trasparente reduciendo al mínimo los trámites burocráticos que tienen que ser ágiles y flexibles y no cansinos y costosos. Para la futura recuperación económica se necesitarán estímulos fiscales para las empresas y hogares junto con un aumento del gasto en inversión pública.

¿Conviene endeudarse todavía más?

Dado que la Comisión Europea ha suspendido temporalmente la norma sobre el déficit público (3% del PIB), el estado español podría endeudarse todo lo que haga falta. No tiene que temer un aumento insostenible de las primas de riesgo sobre los bonos del Tesoro una vez que el BCE ya ha puesto en marcha un programa de epidemia pandémica con 750.000 millones de euros. Además, el Gobierno puede acogerse al plan de asistencia europeo acordado el 9 de abril por los ministros de Finanzas del Eurogrupo (medio billón de euros), recurriendo al MEDE y al BEI en condiciones relajadas. Este plan prevé también prestaciones por desempleo (100.000 millones de euros) que el Gobierno puede aprovechar si lo considera necesario.

¿Está Alemania en una mejor posición?

Sí. Aquí se ha aprovechado mejor la bonanza de la larga expansión coyuntural para llegar a una consolidación fiscal con superávit presupuestario y una reducción del ratio de la deuda públíca sobre PIB desde el 82,5% en 2010 hasta un 49% en 2019. Pero también Alemania registrará este año un notable déficit público y un aumento de la deuda sobre PIB como consecuencia de los programas de reactivación recientemente adoptados con un volumen total de 756.000 millones de euros, equivalentes a casi el 22% del PIB.

¿Cómo ve el impacto en EEUU?

Pues más o menos igual al de los demás países avanzados: una acusada recesión y un fuerte aumento del desempleo. Cabe esperar que, en vista de las elecciones presidenciales en noviembre, el Gobierno lance fuertes medidas fiscales de estímulo a la actividad y al empleo. La ya elevada deuda pública se disparará hacia arriba.

¿Podría esta situación acelerar los cambios necesarios con respecto al cambio climático?

El reto del cambio climático no ha desaparecido por el coronavirus, claro está. La restructuración avanzará tanto mejor y eficientemente cuanto mejor se regule la producción y el consumo con arreglo al llamado principio “QCP, quien contamina, paga”. La aplicación de este principio se puede efectuar mediante la introducción de un impuesto sin objetivo recaudatorio (‘tasa Pigou’), como en Suecia, o a través de un mercado de derechos de emisión, como en la UE, pero con una cobertura total de la producción y el consumo. Entonces las empresas y los hogares tendrán un fuerte incentivo para que se efectúe una transición energética hacia una economía lo más descarbonizada posible: con innovación tecnológica y cambios de comportamiento.

¿Qué podemos aprender de esta cuarentena?

En lo médico, es vital que cada país tenga un sistema sanitario eficiente y eficaz junto con buenas condiciones para la investigación básica y aplicada en el área de la virología. En lo económico, es estimulante descubrir que las formas de producir y trabajar con productividad y de estudiar y formarse profesionalmente con calidad pueden ser distintas a las acostumbradas; el proceso de la digitalización lo facilitaría en gran medida.

https://www.ieemadrid.es/2020/04/15/juergen-b-donges-es-inexorable-y-urgente-proveer-de-liquidez-a-empresas-y-autonomos/

 El 15 de diciembre de 2020, la Fundación Rafael del Pino organizó la conferencia titulada “La economía de mercado, ¿en crisis post Covid-19?”, impartida por Juergen B. Donges, catedrático emérito de Economía de la Universidad de Colonia.

Según el profesor Donges, tenemos un problema de desafección a la economía de mercado. Esta tiene una serie de pilares: iniciativa individual, libre empresa, derecho de la propiedad privada, libertad de contratación, libre movimiento de personas y capitales y competencia en los mercados nacionales e internacionales.

El activismo monetario ha enraizado la creencia en papa Estado. Sorprende que los ciudadanos acepten que los gobiernos restrinjan sus derechos sin apenas control parlamentario, así como la fuerte intromisión en la economía. Estamos ante una situación en la que la disposición de los ciudadanos es pagar un precio nada desdeñable por el control de la pandemia.

Esta situación no es nueva. Siempre que hemos tenido problemas económicos graves ha aumentado la desafección a la economía de mercado, como sucedió en la Gran Depresión, las dos crisis del petróleo y la Gran Recesión.

Los males que aquejan a la sociedad en forma de paro, pobreza, desahucios, desigualdad, daños medioambientales. Todo esto es atribuido al sistema de libertades económicas. Estos problemas ya existían antes de la pandemia y constituyen un reto permanente para los gobiernos, a los que unos gobiernos responden mejor que otros. Desde determinados círculos intelectuales, sindicales y políticos se pronuncian los mensajes anti economía de mercado, para tratar de relegarla. Incluso el Papa Francisco articula su escepticismo hacia la economía de mercado, sin tener en cuenta cómo el peronismo ha empobrecido la economía argentina.

Uno de los argumentos es que la pandemia exime a los responsables de los problemas previos y que se necesita ayuda externa, a través de los fondos europeos, para superar esos problemas. Los gobiernos no son culpables de la gran embestida de la pandemia, pero no es casualidad que las consecuencias sean más acentuadas en unos que en otros. Los países más golpeados habían registrado ya antes unas debilidades estructurales en la economía como baja productividad, persistencia de elevadas tasas de paro, sistema educativo inapropiado, excesivo gasto público estructural, administración ineficiente, instituciones endebles, un tejido productivo anquilosado. De estas debilidades estructurales sí que son responsables los gobiernos nacionales, al no haber aplicado las políticas económicas necesarias. La pandemia lo ha puesto de manifiesto.

Italia es el ejemplo más llamativo, pero España no se libra de este diagnóstico. El BCE ha señalado esto sin que los gobiernos afectados se dieran por aludidos. Tampoco en España donde la agenda del gobierno contempla la derogación de la reforma laboral a pesar de los buenos resultados que ha dado en materia de creación de empleo.

Los defectos estructurales no se disiparan con dinero nacional o europeo. Las ayudas públicas para satisfacer necesidades empresariales a corto plazo pueden amortiguar el impacto del Covid, pero para que la recuperación sea sostenible en el tiempo son necesarios todos los ingredientes de la economía de mercado que impulsan la flexibilidad de adaptación de empresas y familias a las circunstancias cambiantes, incluidas la transición digital y la transición energética.

El estado no es el actor más adecuado para que la economía sea eficiente. Todo lo contrario. Ningún funcionario tiene la capacidad de predecir futuras tendencias económicas. Los sistemas de planificación central son ilustrativos del tremendo fracaso colectivo de estos postulados en términos de crecimiento económico bajo, paro elevado y niveles de vida míseros, aparte de violar sistemáticamente los derechos humanos. En áreas muy especializadas, como la industria armamentística o la espacial pueden conseguir éxitos espectaculares, pero los ciudadanos no demandan armas nucleares ni satélites artificiales.

China se libra de este diagnóstico por el cambio tras la muerte de Mao. Su espectacular desarrollo en las últimas décadas pone de relieve todo lo que se puede conseguir con un poco de libertad económica.

Con la desescalada empezó levemente la recuperación, con la economía de mercado como marco de renacimiento. Para el año próximo, los organismos internacionales marcan velocidades distintas entre países y sectores. El crecimiento global podría situarse en torno al 5% y el comercio mundial podría volver modestamente a la senda de la expansión gracias a que las cadenas de valor empiezan a recomponerse. A la cabeza marcharía China, con un ritmo de crecimiento por encima de la media mundial. Recuperaría pronto los niveles de actividad previos a la pandemia.

A China le seguirían Estados Unidos, Alemania y Francia. En estos países la epidemia no mejora como sería deseable, con lo que la recuperación sería más lenta que la contracción previa y tardaría más en compensar las pérdidas de producción de la primera mitad de 2020. En el furgón de cola irían los países con más peso del sector terciario, en concreto el turismo, que es donde más repercuten las medidas para evitar contagios.

Para España se prevé un crecimiento del 6% y el 7% del PIB. Parece mucho, pero la base es un nivel de producción históricamente bajo y no volvería a los niveles previos de PIB hasta 2023. La recuperación mostraría un perfil tipo K, con sectores como la industria manufacturera y las actividades digitalizadas avanzado a un ritmo moderado, y otras actividades, como el turismo, quedando rezagadas. Estas previsiones incluyen el impacto de los fondos europeos. El supuesto es que estos fondos lleguen a tiempo y que se destinen a proyectos de inversión de futuro, sólidos y generadores de PIB y empleo, lo cual no está garantizado. Si el gobierno no presenta con credibilidad esos proyectos, no debería recibir esa ayuda porque caería en saco roto. Los fondos se utilizarían para tapar agujeros presupuestarios y financiar políticas sociales sin efecto alguno sobre la competitividad y el crecimiento potencial a medio plazo.

Los principales bancos centrales mantendrán su rumbo extremadamente acomodaticio. Los gobiernos nacionales seguirán utilizando sus herramientas fiscales para estimular la demanda. En Estados Unidos, esas medidas son de mayor envergadura. España transmite a los mercados mensajes desconcertantes, como la implantación de subidas de impuestos en 2021 para grandes compañías y rentas altas, además de subir algunos impuestos indirectos, introducir la tasa Google y la tasa Tobin, sin reparar en el efecto disuasorio de esas medidas sobre las inversiones empresariales, y con escaso impacto recaudatorio.

Las cosas pueden ir de mal a peor en todos los países si perdura la actual segunda ola y hay un contagio que obligue a endurecer las restricciones sobre la actividad. Eso ocurriría si se atrasa demasiado la disponibilidad de vacunas efectivas para el Covid-19. Si eso sucede, la confianza de los agentes caería, la recuperación no se afianzaría y se tardarían años en recuperar los niveles de actividad previos a la pandemia, al menos hasta 2026. Entonces, la reactivación tendría la forma de una W o de L.

Si se cumplirán o no las previsiones, dependerá en gran medida del buen funcionamiento de la economía de mercado, para lo que son irrenunciables tres cosas: la globalización de la actividad económica, la especialización en la producción de bienes y servicios con arreglo a las ventajas comparativas de cada país y sector empresarial, y unas cadenas de valor eficientes, repartidas multilateralmente y no solo con China como epicentro, como ha sido hasta ahora. Es decir, urge un elevado grado de apertura de las economías junto con el libre comercio y libertad de movimiento de capitales y personas. Esto tiene dos implicaciones: hay que contener el proteccionismo arancelario y no arancelario. Con Biden posiblemente las cosas cambien, pero solo posiblemente, porque Biden no es un anti proteccionista convencido, sino que representa al Partido Demócrata, que tiende a intervención en la economía, a los proteccionismos.

La segunda implicación se refiere al transito de las personas. Será necesario fortalecer los controles sanitarios fronterizos. La cuestión está en cómo hacerlo. Debería hacerse de forma transparente, coordinada entre los países y en términos claros para los agentes económicos con el fin de evitar distorsiones.

Como los shocks de oferta crearon escaseces de productos sensibles, cunde ahora una nueva idea: la necesidad de recuperar el control nacional sobre las cadenas globales de valor y, con ello, reducir la dependencia excesiva de China y otros países. Esta idea la defiende el gobierno francés junto con el gobierno alemán. Estos dos gobiernos promulgan el objetivo de repatriar sectores considerados estratégicos, lo que incluye la sanidad, cuyas actividades habían sido externalizadas a países con costes laborales más bajos. También pretenden legislar las cadenas globales de valor, exigiendo que en esos países se respeten unas condiciones dignas de trabajo. Esto es un cinismo porque las economías en desarrollo no tienen por qué compartir posturas sobre como regular los mercados de trabajo.

La desconfianza de muchos políticos, sobre todo los de corte populista, hacia las fuerzas de merado les impide valorar las consecuencia negativas, como el aplanamiento de la curva de aprendizaje, lo que mantiene elevados los costes de producción y de innovación tecnológica. Esto también discrimina a los países emergentes y en desarrollo, que se quieren integrar. Su exclusión de las cadenas de valor significa que recibirán menos inversiones, menos tecnología.

En la economía de mercado no se producen tales contradicciones. Las empresas deciden el modelo de producción internacional que consideren rentable. Tal vez consideren conveniente cambiar la estructura de la cadena de valor y reducir la dependencia de proveedores extranjeros. Lo importante es no echar a perder los grandes efectos benéficos que genera la división internacional del trabajo.

Un tema actualmente muy controvertido es si para encarrilar trayectorias de crecimiento fuerte y constante en el tiempo habría que ampliar el endeudamiento. La cuestión no es que la pandemia esté pasando factura a las cuentas públicas, disparando los déficits y la deuda hasta niveles históricos. La expectativa es que la recuperación ayudara a generar el superávit primario que vaya reduciendo los niveles de deuda. Este no es el problema. No estamos hablando de los déficits públicos actuales.

La cuestión de fondo que preocupa es la posibilidad de que la economía de mercado sufra de forma secular una acumulación excesiva de capital debido a que, con los elevados niveles de vida alcanzados y el envejecimiento de la población, las personas tienden a aumentar el ahorro, mientras que la demanda de capital permanece constante y se incrementa al ritmo propio de los desarrollos tecnológicos. Además, está el aumento del ahorro involuntario, y también un acusado incremento del ahorro precaución de las familias, ante una situación excepcional de riesgo laboral. Esto amplia la brecha entre oferta y demanda de capital. Para cerrarla, sigue el argumento, se requiere un aumento permanente de la deuda pública que aumente la demanda de capital y reduzca el consumo. Es más, según estos analistas habría que eliminar la norma constitucional que limita el uso del déficit estructural. Este es el escenario en el que ahora estamos, que pone muy intentos a socialistas y sindicalistas.

Este mensaje, sin embargo, no es lógico si lo miramos desde el punto de vista de la eficiencia económica, porque hay que evaluar las implicaciones en la realidad de una política así. Hay tres factores fundamentales. Uno no hay un mecanismo eficaz que canalice la deuda pública hacia una inversión eficiente. Dos, no hay garantía alguna de que el tipo de interés real se mantenga por debajo de la tasa de crecimiento de la economía, con independencia dela política monetaria. Esto tendría que darse permanentemente para que el mayor endeudamiento público sea sostenible en el tiempo y el estado no se vea sometido a ataques especulativos. Lo normal es que el tipo de interés sea superior a la tasa de crecimiento. Tres, el envejecimiento poblacional, que irá produciendo el desahorro de las familias a largo plazo.

Ante esta situación, es conveniente priorizar el principio de la estabilidad presupuestaria a medio y largo plazo, porque incentiva a los inversores extranjeros a comprar deuda soberana y protege a futuras generaciones de heredar hipotecas de deuda pública que reducen el margen fiscal del gobernó para aplicar políticas anticíclicas y que obligan a subir impuestos.

Lo que los agentes económicos necesitan ahora es certidumbre cara al futuro. No la pueden recibir en cuanto a la evolución de la pandemia porque todo depende de cuándo habrá una vacuna eficaz. Pero sí la pueden obtener de la política económica. El modelo adecuado es la economía de mercado, y no otro, no uno de mayor presencia del estado, que no ayuda a nadie, y menos aún a los que buscan empleo. Sin la libertad empresarial en un marco de competencia, no estaríamos asistiendo a la carrera investigadora con la que las compañías farmacéuticas de todo el mundo buscan vacunas eficaces contra el coronavirus. Esto se produce en una economía de mercado.

https://frdelpino.es/video-frdelpino/la-economia-de-mercado-en-crisis-por-covid-19/

"Lo esencial era tener un plan y España no lo ha tenido"

Juergen Donges, que presidió el consejo económico de los cancilleres Kohl y Schröder
"Lo esencial era tener un plan y España no lo ha tenido"
LLUÍS AMIGUET  - 30/04/2010

Libros  de Donges

https://www.marcialpons.es/autores/donges-juergen-b/1001282/

https://elpais.com/noticias/juergen-b-donges/

 

Productividad y salarios en el modelo de Ricardo. Ejemplos

 

Productividad y salarios en el modelo de Ricardo. Ejemplos

2.b.ii Productividad y salarios en el modelo de Ricardo

Salarios y productividad

En el modelo de Ricardo la productividad se define como el número de productos que un trabajador puede fabricar en una hora y los salarios es la remuneración que obtiene el trabajador por todo lo que se gana vendiendo el producto fabricado (Precio del producto/Nº de horas de fabricación).

La productividad depende de muchos factores en sí, como puede ser la tecnología utilizada en cada país, que puede ser muy diferente, o los requerimientos laborales que son la cantidad de horas de trabajo necesarias para producir un bien, a mayor requerimiento menor productividad y viceversa.En este apartado también veremos lo que son los precios los cuales son determinados por la competencia de los mercados, suponiendo que hay una competencia perfecta entre estos, y son controlados por la sociedad.

Entre la producción y los salarios hay una conexión, la productividad se mide a través del “VALOR AÑADIDO POR HORAS DE PRODUCCION”.

Podemos decir que los ingresos recibidos por ventas, menos los costes de producción, esa diferencia es el “valor añadido por horas de producción”.

En un modelo normal diremos que el valor añadido por horas de producción es igual a las rentas de trabajo de capital de un sector. se entiende por renta de trabajo la remuneración total de todos los trabajadores de un país y por rentas de capital es el conjunto de los obtenidos por el capital en concepto de beneficios, interés, dividendos.

En el modelo de Ricardo es diferente ya que no se tiene en cuenta el capital y por lo tanto la productividad del trabajo será igual al valor añadido entre el número de horas trabajadas. dicho modelo asegura que los países que tienen con productividad laboral muy elevada tienen salarios más elevados, por lo tanto podemos decir que el salario depende de la productividad, a mayor productividad mayor salarios y viceversa. Se puede observar en la siguiente gráfica.

graf6

Los países con peores tecnologías también son capaces de exportar, ya que los salarios bajos les permiten compensarlo con su baja productividad

Las rectas de la gráfica no siempre son crecientes, también puede haber momentos decrecientes, debido a la productividad, pero los salarios estarán por debajo de la productividad.

El PSOE lanzó, una propuesta para la igualación de los salarios mínimos para el conjunto de los países miembros de UE; sin un incremento de la productividad que lo sostenga, las consecuencias serían, que elevaría el desempleo y por lo tanto sería contraproducente ya que, los aumentos de salarios no generan aumentos de productividad. Si elevar el salario no eleva a su vez la productividad, los beneficios empresariales por unidad de producto y el empleo caerían. No tendría sentido al generar coste sociales superiores a sus beneficios. (1)

“No está claro si esta vinculación salario con la productividad es algo positivo.”(Angela Merkel)(2)

Causalidad entre salarios y productividad

La relación que existe entre los salarios y la productividad es la determinación de los primeros por el último, es decir, la productividad determina los salarios en el modelo de Ricardo.

Hemos de tener en cuenta para ello dos supuestos básicos:

-La existencia de competencia perfecta, es decir, la noción de que los mercados perfectamente competitivos proporcionan a los individuos el nivel máximo de bienestar.

-La perfecta movilidad de capitales. Esto significa a grandes rasgos que los trabajadores elegirán trabajar en el sector que le pague el salario más alto, por tanto, para mantener el equilibrio en los sectores estos deberán ser iguales.

La siguiente fórmula establece dicha relación:

W=P*Prod

W es igual a los salarios, P es igual al precio de producir un bien y Prod es igual a la productividad en la producción de un bien.  Esta producción puede expresarse mediante el producto marginal del trabajo (PML).

La productividad de una persona en la producción de un bien es el número de unidades que puede producir por unidad de tiempo.

Ahora tengamos en cuenta según el modelo ricardiano, dos bienes A y B. A través de estos podemos establecer una relación gracias a la movilidad de capital ya que según este principio llegamos a la conclusión de que:

Wa = Wb

Entonces para el bien A:

Wa = Pa*Proda

Y para el bien B:

Wb = Pb*Prodb

Al cumplir la igualdad Wa=Wb tenemos que:

Pa*Proda = Pb*Prodb

Pa/Pb = Prodb / Proda

Por un lado, en el lado derecho obtenemos el cociente de la Prodb/Proda que es igual a la pendiente de posibilidades de producción, es decir, al coste de oportunidad de producir una unidad adicional del bien A.

Para entenderlo mejor hemos de saber que el coste de oportunidad de fabricar una unidad de un bien A es el sacrificio que debemos hacer en cantidad fabricada de otro bien, es decir, la cantidad de bien que hay que dejar de producir para obtener una unidad del bien B.

Por otro lado, en el lado izquierdo tenemos el precio relativo del bien A. Un ratio de precio como Pa/Pb indica siempre el precio relativo del bien numerador expresado en términos de la cantidad del bien del denominador al que hay que renunciar.

Por tanto, la pendiente de la frontera de posibilidades de producción es igual al precio relativo del bien A.

Para entenderlo mejor el bien A será mantequilla y el bien B serán armas. Para hallar los precios de los bienes se utilizará un método indirecto, repasaremos el método de determinación de salarios. Las empresas contratan trabajadores hasta que el coste de una hora adicional de trabajo es igual al valor de una hora más de producción por tanto, cuando la producción marginal es igual a los costes marginales de la mano de obra. Si suponemos dos bienes sean mantequilla y armas; y que además el trabajo es perfectamente móvil entre estos dos sectores y que los trabajadores elegirán trabajar en el sector que pague el salario más alto, entonces los salarios deberán ser iguales en ambos sectores. De esta afirmación deducimos la ecuación de igualdad:

P(mantequilla)*Prod(mantequilla)=P(armas)*Prod(armas)

Reorganizando tenemos que;

P(mantequilla)/P(armas)=Prod(armas)/Prod(mantequilla)

El lado derecho de la ecuación es la pendiente de la FPP, que como habíamos dicho antes es el coste de oportunidad de producir un paquete adicional de mantequilla. Lo que está en el lado izquierdo es el precio relativo de la mantequilla. Para entender por qué el precio relativo de mantequilla equivale a la ratio Prod(armas)/Prod(mantequilla), supongamos que un paquete de mantequilla cuesta 5 u.m y un arma cuesta 10 u.m. luego… 5/10=½ = ½ es decir, la Prod(armas)=1 y Prod(mantequilla)=2 (se necesitan 2 uds de trabajo en mantequilla pra producir 1 ud de trabajo en armas).

Ejemplo de productividad y salario

En el siguiente gráfico encontramos diferentes países en el que se representa el valor añadido por hora de la producción de un determinado año. De los países representados, Estados Unidos es el país con mayor productividad, siendo el país con menos productividad Portugal.

La productividad del trabajo es medida mediante el valor añadido por hora del trabajo. Esto es la producción por trabajador en un determinado periodo de tiempo. Puede ser medido por volumen físico o en términos de valor de los bienes producidos. Al hacer una comparativa entre la productividad y los salarios podemos observar que a mayor salario mayor productividad. Por tanto, los países con mayor productividad sus salarios son más elevados, tal y como expresa el Modelo de Ricardo.

La productividad depende principalmente de tres factores:

– Factor individual: los trabajadores de la empresa.

– Factor empresa: depende de la infraestructuras de la empresa, gestión, organización…

– Factor País: regulación mercantil del País, situación económica…

La productividad y los salarios deben de estar en equilibrio. Es decir, si una empresa tiene unos salarios altos pero la productividad es baja, la empresa deberá despedir a parte de su plantilla para encontrar el equilibrio entre productividad y salario. Este fenómeno aconteció en España en la época de la burbuja inmobiliaria.

graf-7

graf-8

Otros ejemplos de salarios, productividad y costes puede ser el siguiente;

– El salario en España    W=Pv/aLV. =Pv/1

-El salario en la India       W*=Pt/a*LT =Pt/5

– El salario relativo de España. W/W*=Pv a*LT/Pt aLV=5

siendo “t” textil  y “v” vino, podemos decir que India puede ser  competitiva en la producción de textil a pesar de tener una productividad más baja porque c*t=W* a*LT< w aLT, lo que  es equivalente a w/w (5)>a*LT/aLT(2.5). La productividad de España es 2.5 veces la de India, pero sus salarios son 5 veces los de la India.

De la misma manera, España puede ser competitiva en la producción de vino a pesar de sus salarios más altos porque su productividad relativa (10) es mayor que su salario  (5)

Para determinar la competitividad lo que cuenta no es solamente la productividad ni  tampoco solamente los salarios, sino los costes de producción, que son una combinación de la productividad y de los salarios

 

Productividad y salarios según modelos alternativos

TEORÍA DE ADAM SMITH:

El modelo ricardiano, difiere y se considera una evolución de la teoría de Adam Smith, la cual no va a fundamentarse en la ventaja comparativa sino en la ventaja absoluta. Esta ventaja absoluta no va a ser más que la capacidad de un país para producir un bien determinado haciendo uso de menos recursos que el resto de países. Por tanto, Adam Smith postuló que cada nación debía especializarse en producir mercancías sobre las cuales tuviera ventaja absoluta. La consecuencia según Smith es que todos los países saldrían ganando con el comercio y finalmente se alcanzaría la misma eficiencia.

Esta teoría se topó con limitaciones como las relacionadas con el valor de la mano de obra en cada país, el cual no es el mismo, y el inconveniente de que si un país tuviese ventaja absoluta en la producción de varios bienes, dicho país los abarcaría todos y el otro país ninguno. Este inconveniente es el que trató de superar David Ricardo en 1817, con su teoría de la ventaja comparativa.

SHAPIRO Y STIGLITZ:

Según David Ricardo, los salarios iban a depender de la productividad. Sin embargo, ¿sería posible afirmar lo contrario, es decir, que la productividad varía en respuesta a los incrementos o decrementos en los salarios? Los defensores que efectivamente así es, exponen que en el corto plazo un aumento de los salarios influye en la eficiencia de los trabajadores. El desarrollo de esta teoría se lo debemos a Shapiro y Stiglitz, que argumentan que las empresas pueden, y suelen ofrecer salarios por encima del nivel que vacía los mercados (el salario que se iguala a la productividad) por varias razones. Entre estas razones podemos encontrar la de asegurarse que los tranajadores hacen un buen trabajo cuando no hay posibilidades de monitorizarlos, y también para elevar la fidelidad de los mejores o directamente para influir en su productividad. Hay infinidad de trabajos que muestran que empresas que pagan salarios superiores al de sus competidoras, suelen tener mejores resultados.

BIBLIOGRAFÍA

(1) http://www-vozpopuli.com/la_economia_explicada/Causalidaad-salarios-productividad_7_837586237-html

(2) http://noticias.universia.es/practicas-empleo/noticia/2015/04/15/1123311/impacto-salario-productividad-html

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La teoría económica es clara, subida de salarios sin incrementos de productividad da lugar a desempleo. Básicamente porque en un entorno como ese, por cada nuevo empleado que contrata el empresario a mayor coste, obtiene el mismo output unitario y por lo tanto menor rentabilidad total. Y en ese caso un ser racional prefiere quedarse como está o reducir la plantilla.

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 Seguimos con el capítulo 19 , donde la genealogía pasa de instituciones relativamente persistentes a cambio, innovación, selección y destru...