Equilibrio, capitalismo y rigor intelectual
Lo que realmente significa que una economía esté en equilibrio
Introducción: una palabra aparentemente sencilla que cambia todo el debate
Una controversia reciente alrededor de la nueva entrada sobre capitalismo de la Stanford Encyclopedia of Philosophy ofrece una oportunidad excelente para comprender uno de los conceptos más importantes —y también peor interpretados— de la economía moderna: el equilibrio.
La discusión comenzó cuando el economista Jesús Fernández-Villaverde criticó la forma en que la entrada presentaba las ideas de Friedrich Hayek y Milton Friedman. Según su lectura, el texto de Stanford parecía construir una secuencia bastante directa:
mercados libres → equilibrio → eficiencia → autocorrección → ausencia de crisis endógenas → interferencia política como causa de los problemas.
El problema es que esa cadena mezcla conceptos que la teoría económica moderna distingue cuidadosamente.
Un equilibrio económico no significa necesariamente estabilidad. Tampoco significa eficiencia. No exige información perfecta. No presupone ausencia de crisis. Puede haber múltiples equilibrios. Puede incorporar aprendizaje, errores, incertidumbre e intervención pública.
La idea esencial es mucho más sencilla y, al mismo tiempo, más poderosa:
Un equilibrio describe una situación en la que las decisiones, expectativas, restricciones y comportamientos de los distintos participantes son mutuamente compatibles.
Nada más.
Después debemos preguntar si ese equilibrio es bueno o malo, estable o inestable, eficiente o ineficiente, justo o injusto.
Esta distinción parece técnica, pero tiene consecuencias enormes para nuestra forma de entender el capitalismo, las crisis económicas, la regulación, el funcionamiento de las instituciones e incluso los problemas estructurales de nuestras sociedades.
1. Equilibrio no significa que la economía esté quieta
La primera confusión proviene del propio lenguaje.
En la vida cotidiana asociamos equilibrio con inmovilidad:
una balanza está equilibrada cuando ambos lados pesan lo mismo; una persona mantiene el equilibrio cuando permanece estable.
Pero “equilibrio” es un término técnico en economía.
No significa que nada esté cambiando.
Una economía puede experimentar simultáneamente:
- crecimiento;
- inflación;
- innovación;
- destrucción de empresas;
- creación de empleo;
- crisis;
- cambios tecnológicos;
- modificaciones de expectativas;
y encontrarse dentro de una trayectoria que los economistas describen como equilibrio.
Ejemplo sencillo
Imaginemos una ciudad turística.
En invierno trabajan 10.000 personas y en verano 20.000. Los precios de los hoteles suben, los salarios de algunos trabajadores aumentan, aparecen negocios temporales y después muchos vuelven a cerrar.
La economía cambia continuamente.
Sin embargo, puede existir un equilibrio económico si empresarios, trabajadores, turistas y propietarios están tomando decisiones compatibles con los precios y expectativas existentes.
Por tanto:
equilibrio ≠ inmovilidad.
El equilibrio puede ser una trayectoria dinámica.
2. Equilibrio tampoco significa estabilidad
La segunda confusión es todavía más importante.
Un equilibrio puede existir y ser extremadamente frágil.
En otras palabras:
un sistema puede ser coherente sin ser resistente.
Esto introduce una distinción fundamental entre equilibrio y estabilidad.
La estabilidad pregunta:
si el sistema recibe una perturbación, ¿regresa aproximadamente a su situación anterior o se aleja de ella?
La existencia de equilibrio no responde a esa pregunta.
Ejemplo: una corrida bancaria
Imaginemos un banco perfectamente solvente.
Los clientes creen que los demás clientes mantendrán sus depósitos.
Por tanto, nadie retira su dinero.
Ese comportamiento puede constituir un equilibrio.
Pero imaginemos ahora que comienza a circular el rumor de que el banco tiene problemas.
Cada persona piensa:
“Aunque yo crea que el banco está bien, si todos los demás retiran su dinero, debería retirar el mío antes que ellos.”
Todos hacen lo mismo.
La corrida bancaria puede convertirse también en un equilibrio.
Tenemos entonces dos situaciones compatibles con las decisiones individuales:
Equilibrio A: nadie retira el dinero.
Equilibrio B: todos intentan retirarlo.
Por tanto, un sistema puede tener equilibrio y, sin embargo, ser extremadamente vulnerable a expectativas y shocks.
3. Equilibrio no significa eficiencia
Éste es probablemente el punto central de la crítica de Fernández-Villaverde.
La existencia de un equilibrio únicamente nos dice que las decisiones de los diferentes actores son compatibles.
No nos dice que el resultado sea socialmente óptimo.
Podemos tener perfectamente:
un equilibrio malo.
Y ésta es una idea extraordinariamente importante.
Ejemplo: una fábrica contaminante
Imaginemos una empresa que produce acero.
La empresa calcula:
- salarios;
- electricidad;
- materias primas;
- maquinaria.
Produciendo 100 toneladas maximiza sus beneficios.
Los consumidores compran ese acero.
Los trabajadores aceptan los salarios.
El mercado puede encontrarse perfectamente en equilibrio.
Pero la fábrica contamina un río.
Ese coste lo soportan agricultores, vecinos y ecosistemas que no participan directamente en la transacción.
La empresa calcula:
coste privado = 80
cuando quizás:
coste social = 110.
El mercado puede estar en equilibrio y producir demasiado acero desde el punto de vista social.
La existencia del equilibrio no elimina la externalidad.
Esta distinción permite entender una de las frases más importantes de Fernández-Villaverde:
la consistencia descentralizada no equivale a maximización del bienestar.
4. Un sistema puede funcionar exactamente como está diseñado y producir malos resultados
Aquí aparece una consecuencia mucho más profunda.
Muchas veces hablamos de un problema económico diciendo:
“el sistema no funciona”.
Pero puede ocurrir justamente lo contrario.
El sistema puede estar funcionando perfectamente de acuerdo con sus incentivos y precisamente por eso generar un resultado indeseable.
Esta idea conecta especialmente bien con el pensamiento sistémico.
Ejemplo: vivienda
Supongamos una ciudad donde:
- construir requiere muchos años;
- existe poca disponibilidad de suelo;
- la demanda aumenta;
- propietarios existentes se benefician de precios elevados;
- los municipios tienen pocos incentivos para aumentar rápidamente la oferta.
Podemos terminar con:
- viviendas caras;
- jóvenes que se emancipan tarde;
- alquileres elevados;
- poca construcción.
Podríamos decir:
“el mercado de vivienda está roto”.
Pero desde otro punto de vista existe perfectamente un equilibrio.
Cada actor responde racionalmente a los incentivos que tiene.
El problema está en la arquitectura institucional que genera ese equilibrio.
Por eso una de las ideas más útiles para el análisis económico es:
Los malos resultados no siempre son desequilibrios. A veces son equilibrios de un sistema mal diseñado.
5. Puede existir más de un equilibrio
La economía tampoco garantiza que exista un único resultado posible.
Muchos sistemas presentan equilibrios múltiples.
Las expectativas pueden determinar cuál termina materializándose.
Esto resulta especialmente importante porque introduce un elemento que la visión mecánica de la economía suele olvidar:
las creencias sobre el futuro pueden modificar el futuro.
Ejemplo: inversión empresarial
Consideremos dos situaciones.
Escenario A
Los empresarios creen que la economía crecerá.
Entonces:
- invierten;
- contratan;
- compran maquinaria;
- aumentan salarios.
Las familias reciben más ingresos y consumen más.
La economía efectivamente crece.
Escenario B
Los empresarios esperan una recesión.
Entonces:
- retrasan inversiones;
- reducen contratación;
- acumulan liquidez.
El consumo disminuye.
La economía se desacelera.
La expectativa inicial contribuye a producir el resultado final.
Por tanto:
[
expectativas
\rightarrow comportamiento
\rightarrow resultado
\rightarrow confirmación\ de\ expectativas
]
Dos mundos distintos pueden ser compatibles con las mismas estructuras económicas básicas.
6. Equilibrio no requiere conocer perfectamente el futuro
Otro error frecuente consiste en imaginar que los modelos económicos suponen que todos los agentes saben exactamente lo que ocurrirá.
No es así.
Puede haber equilibrio con:
- incertidumbre;
- información incompleta;
- señales imperfectas;
- aprendizaje;
- creencias diferentes;
- errores.
Lo importante es que el modelo establezca cómo forman sus expectativas los individuos y cómo esas expectativas afectan sus decisiones.
Ejemplo: comprar una vivienda
Una familia decide comprar un piso.
No conoce:
- los tipos de interés de dentro de cinco años;
- el precio futuro de la vivienda;
- sus salarios futuros;
- la inflación.
Forma expectativas.
Puede pensar:
“probablemente mis ingresos aumentarán un 2 % anual”.
Otra familia puede esperar una recesión.
Ambas actúan bajo incertidumbre.
No necesitamos agentes omniscientes para analizar económicamente sus decisiones.
Precisamente gran parte de la economía moderna estudia decisiones realizadas porque el futuro es desconocido.
7. Equilibrio no significa racionalidad psicológica perfecta
También suele afirmarse:
“La economía supone que los seres humanos son perfectamente racionales.”
Es una simplificación.
Los modelos pueden incorporar:
- atención limitada;
- heurísticas;
- sesgos;
- hábitos;
- información imperfecta;
- racionalidad limitada.
Lo fundamental es especificar cómo toman decisiones los agentes.
Ejemplo: ahorro para la jubilación
Muchas personas saben que deberían ahorrar más pero posponen constantemente la decisión.
Podemos modelar ese comportamiento mediante preferencias con sesgo hacia el presente.
No necesitamos fingir que la persona es perfectamente disciplinada.
Podemos incorporar precisamente su comportamiento imperfecto.
Después preguntaremos:
¿qué resultado agregado genera ese comportamiento?
También puede existir un equilibrio con agentes psicológicamente imperfectos.
8. Equilibrio no elimina crisis
Aquí encontramos uno de los problemas más importantes de la descripción criticada de Stanford.
De la existencia de equilibrio no se deduce que el capitalismo carezca de tendencias endógenas hacia las crisis.
Una economía puede experimentar crisis dentro de modelos perfectamente definidos mediante equilibrio.
Ejemplo: endeudamiento
Durante muchos años:
- los precios inmobiliarios suben;
- los bancos conceden crédito;
- las familias aumentan deuda;
- el valor de las garantías crece;
- los bancos consideran que prestar es cada vez más seguro.
Se forma un bucle:
[
precios ↑
\rightarrow garantías ↑
\rightarrow crédito ↑
\rightarrow demanda ↑
\rightarrow precios ↑
]
El comportamiento individual puede ser perfectamente comprensible.
Pero el sistema va acumulando fragilidad.
Cuando los precios dejan de aumentar:
[
garantías ↓
\rightarrow crédito ↓
\rightarrow ventas ↑
\rightarrow precios ↓
]
El mismo mecanismo funciona ahora en sentido contrario.
Por tanto, una crisis puede ser endógena al funcionamiento del sistema.
No necesitamos abandonar el concepto de equilibrio para estudiarla.
9. Equilibrio tampoco significa laissez-faire
Aquí aparece probablemente la confusión política más importante.
El equilibrio no es una doctrina favorable al libre mercado.
Es una herramienta analítica.
Podemos estudiar perfectamente un equilibrio con:
- impuestos;
- regulación;
- banco central;
- subsidios;
- legislación laboral
- subsidios;
- legislación laboral;
- aranceles;
- gasto público.
La pregunta pasa a ser:
¿cómo cambia el comportamiento del sistema cuando modificamos una regla?
Ejemplo: impuesto al tabaco
Antes del impuesto existe un precio y una cantidad de equilibrio.
El Estado introduce un impuesto.
Eso modifica:
- el precio pagado por consumidores;
- el ingreso recibido por productores;
- la cantidad vendida.
Aparece entonces otro equilibrio.
La política pública no destruye necesariamente el análisis de equilibrio.
Precisamente necesitamos el equilibrio para estudiar cómo reaccionarán consumidores y empresas ante esa política.
Por eso Fernández-Villaverde resume correctamente:
el equilibrio es una herramienta para evaluar políticas, no una prohibición contra la política económica.
10. Hayek: más que equilibrio, conocimiento y coordinación
La simplificación de Hayek resulta especialmente problemática porque gran parte de su obra se ocupa precisamente de algo mucho más profundo que un mercado alcanzando mágicamente un estado óptimo.
La cuestión central para Hayek era el conocimiento disperso.
Ningún planificador conoce simultáneamente:
- todas las preferencias;
- todas las tecnologías;
- todos los costes;
- todas las oportunidades;
- toda la información local.
Los precios sirven como mecanismos de coordinación de esa información fragmentada.
Ejemplo: escasez de cobre
Imaginemos que una gran mina deja de producir.
Un fabricante español de cables eléctricos no necesita conocer exactamente qué ocurrió.
Observa:
el precio del cobre ha aumentado.
Ese precio transmite información.
La empresa puede:
- reducir consumo;
- buscar aluminio;
- reciclar;
- trasladar parte del coste al consumidor.
Miles de empresas reaccionan simultáneamente.
Para Hayek, ésta era precisamente una de las grandes propiedades del mercado:
permitir coordinación sin que nadie posea toda la información.
Reducir esa tradición a:
mercados libres → equilibrio eficiente
pierde gran parte de la sofisticación del argumento.
11. Friedman tampoco equivale a ausencia absoluta del Estado
También resulta demasiado simplista convertir el pensamiento de Milton Friedman en la idea de que todo mercado debe estar completamente libre de instituciones o regulación.
Incluso los mercados requieren:
- derechos de propiedad;
- contratos;
- tribunales;
- reglas monetarias;
- legislación empresarial.
No existe capitalismo sin arquitectura institucional.
Ejemplo: comprar acciones
Cuando alguien compra una acción de una empresa necesita confiar en:
- que realmente posee esa acción;
- que existen normas contables;
- que los contratos pueden hacerse cumplir;
- que existe un sistema de liquidación;
- que el fraude está perseguido.
El mercado no aparece antes de las instituciones.
En gran medida:
el mercado es una institución construida mediante otras instituciones.
La verdadera discusión no es, por tanto:
Estado o mercado.
Es:
qué instituciones permiten que determinados mercados funcionen mejor.
12. La diferencia fundamental entre existencia, estabilidad, eficiencia y justicia
Aquí podemos condensar gran parte de la discusión en cuatro preguntas que nunca deberían confundirse.
Primera: existencia
¿Existe un equilibrio compatible con las decisiones de los participantes?
Segunda: estabilidad
Si ocurre una perturbación, ¿el sistema vuelve aproximadamente a ese equilibrio?
Tercera: eficiencia
¿Podría mejorarse el bienestar de alguien sin perjudicar a otros, o existen fallos importantes de mercado?
Cuarta: justicia
¿Consideramos aceptable la distribución de renta, oportunidades, poder y riesgos?
Estas preguntas son independientes.
Ejemplo extremo
Imaginemos una economía en la que:
- el 10 % posee casi todos los activos;
- existe poca movilidad social;
- las empresas son muy productivas;
- el sistema político protege fuertemente los derechos de propiedad;
- no existen grandes crisis.
Podría ser:
- un equilibrio;
- estable;
- relativamente eficiente;
y, sin embargo, una sociedad podría considerarlo injusto.
Por tanto:
[
equilibrio \neq eficiencia \neq estabilidad \neq justicia
]
Ésta es probablemente la separación conceptual más importante de todo el debate.
13. El capitalismo no es un único equilibrio ni una única arquitectura
Una vez entendemos esto, aparece una conclusión mucho más profunda.
No existe simplemente:
“el capitalismo”.
Existen múltiples arquitecturas capitalistas.
Estados Unidos, Alemania, Dinamarca, Japón o Corea del Sur combinan de manera muy distinta:
- Estado;
- empresa;
- financiación;
- mercados laborales;
- impuestos;
- protección social;
- propiedad;
- innovación.
Todas pueden ser economías capitalistas y producir equilibrios diferentes.
Ejemplo: mercado laboral
Dos países pueden permitir empresas privadas y mercados competitivos.
Pero uno puede tener:
- negociación colectiva fuerte;
- elevada protección social;
- formación profesional intensiva.
Otro:
- contratación y despido muy flexibles;
- menor protección social;
- salarios más determinados individualmente.
Los dos son capitalistas.
Pero generan diferentes:
- salarios;
- productividad;
- desigualdad;
- movilidad laboral;
- capacidad de adaptación.
La verdadera unidad de análisis deja entonces de ser simplemente:
capitalismo sí / capitalismo no
y pasa a ser:
qué arquitectura institucional produce qué tipo de capitalismo.
14. Una lectura RMS: recursos, mecanismos y sistemas
Aquí el debate encaja especialmente bien con el marco RMS.
Recursos
El sistema dispone de:
- trabajo;
- capital;
- energía;
- conocimiento;
- tecnología;
- crédito;
- materias primas.
Mecanismos
Esos recursos son coordinados mediante:
- precios;
- contratos;
- incentivos;
- competencia;
- regulación;
- expectativas;
- instituciones;
- aprendizaje.
Sistema
La interacción de todos esos mecanismos produce determinados resultados.
Podemos expresarlo así:
[
Recursos
\rightarrow
Mecanismos
\rightarrow
Arquitectura\ institucional
\rightarrow
Comportamientos
\rightarrow
Equilibrio
\rightarrow
Resultados
]
Pero existe una distinción crucial:
el equilibrio describe cómo encajan las piezas; no determina si nos gusta el resultado.
15. Un ejemplo RMS: la baja productividad
Supongamos una economía donde predominan empresas pequeñas.
Cada empresario individualmente tiene razones para no crecer:
- regulación;
- costes financieros;
- incertidumbre;
- impuestos;
- dificultad para contratar;
- falta de capital.
Los trabajadores, por su parte, buscan estabilidad.
Los bancos prefieren financiar actividades conocidas.
Los políticos protegen estructuras existentes.
El resultado final puede ser:
- pocas empresas grandes;
- escasa inversión;
- poca automatización;
- salarios bajos;
- baja productividad.
Nadie necesita estar actuando irracionalmente.
Puede aparecer un equilibrio perfectamente coherente.
Precisamente por eso resulta tan difícil cambiarlo.
La solución no consiste simplemente en decir:
“las empresas deberían ser más productivas”.
Hay que modificar los mecanismos que generan el equilibrio.
Esta idea es fundamental para nuestro análisis de Europa y España.
16. Instituciones: el nivel que falta cuando pensamos solamente en mercado contra Estado
Existe una tendencia política a organizar el debate mediante una oposición sencilla:
[
Mercado \leftrightarrow Estado
]
Pero una visión sistémica exige una estructura mucho más compleja:
[
Instituciones
\rightarrow
Incentivos
\rightarrow
Mercados
\rightarrow
Comportamientos
\rightarrow
Resultados
]
Los mercados necesitan reglas.
Pero las reglas también producen consecuencias inesperadas.
Por tanto, la pregunta correcta no es:
“¿más Estado o más mercado?”
sino:
¿qué combinación institucional genera mejores incentivos, mayor capacidad productiva y mejores mecanismos de corrección?
Ejemplo: competencia
Un gobierno puede no intervenir en los precios.
Pero si permite que una empresa adquiera a todos sus competidores, termina apareciendo un monopolio.
Paradójicamente, cierta intervención antimonopolio puede resultar necesaria precisamente para preservar la competencia de mercado.
Mercado y Estado no siempre son sustitutos.
En ocasiones son complementarios.
17. El error epistemológico de Stanford sería más importante que un simple sesgo político
Aquí llegamos al componente académico de la controversia.
Una enciclopedia filosófica puede perfectamente criticar el capitalismo.
Debe hacerlo.
Debe presentar:
- Marx;
- Hayek;
- Friedman;
- Keynes;
- institucionalistas;
- teorías de justicia;
- teorías de explotación.
El problema aparece cuando una tradición es presentada mediante una versión intelectualmente más débil que la que realmente sostiene.
Una buena metodología académica exige steelman:
formular primero el argumento contrario en su versión más sólida antes de criticarlo.
Ejemplo
Supongamos que queremos criticar la energía nuclear.
Sería intelectualmente pobre decir:
“sus defensores creen que nunca puede ocurrir ningún accidente”.
Pocos expertos serios sostendrían eso.
Una crítica rigurosa debería aceptar primero:
“puede reducir emisiones y producir energía estable, pero existen costes, riesgos, residuos y problemas económicos concretos.”
Sólo después podemos comparar.
Lo mismo sucede con Hayek y Friedman.
Criticarlos desde una caricatura debilita la crítica.
18. Pero un error no demuestra automáticamente activismo institucional
También debemos mantener simetría intelectual con Fernández-Villaverde.
Encontrar una presentación deficiente no demuestra automáticamente que toda la institución esté politizada.
Podemos formular varias explicaciones:
- sesgo ideológico;
- desconocimiento económico;
- exceso de simplificación;
- distancia entre disciplinas;
- controles editoriales insuficientes.
Necesitamos evidencia adicional para distinguirlas.
Ejemplo médico
Supongamos que descubrimos un error serio en un artículo médico publicado por una revista prestigiosa.
Eso racionalmente debería reducir algo nuestra confianza.
Pero no demuestra que todos los artículos de esa revista sean falsos.
La actualización correcta es:
[
confianza\ ciega ↓
]
y:
[
verificación\ independiente ↑
]
No:
[
un\ error \Rightarrow toda\ la\ institución\ carece\ de\ valor
]
La propia crítica debe respetar el mismo rigor epistemológico que exige.
19. El verdadero aprendizaje: los equilibrios malos pueden ser muy persistentes
Quizá la conclusión más importante de todo este debate excede ampliamente la polémica Stanford.
Durante mucho tiempo tendemos a pensar:
Si un sistema produce malos resultados, terminará corrigiéndose.
Pero no necesariamente.
Un mal equilibrio puede persistir décadas.
Porque cada agente, individualmente, puede no tener incentivos para cambiarlo.
Ejemplo: trampa de baja cualificación
Las empresas piensan:
“No invertiré en tecnología porque mis trabajadores tienen poca formación.”
Los trabajadores piensan:
“No merece la pena formarme porque las empresas ofrecen empleos poco cualificados.”
Las empresas continúan ofreciendo trabajos simples.
Los trabajadores continúan invirtiendo poco en formación.
Resultado:
[
baja\ formación
\rightarrow baja\ sofisticación
\rightarrow bajos\ salarios
\rightarrow pocos\ incentivos\ para\ formación
]
El sistema puede permanecer atrapado.
No existe ninguna fuerza automática que garantice el salto hacia un equilibrio mejor.
20. Esto cambia también nuestra forma de entender China, Europa y la competencia internacional
La misma lógica permite entender uno de nuestros temas recurrentes.
China, Estados Unidos y Europa no compiten únicamente mediante precios.
Compiten mediante arquitecturas institucionales capaces de generar diferentes equilibrios productivos.
China combina:
- financiación;
- política industrial;
- escala manufacturera;
- proveedores;
- infraestructura;
- formación;
- mercado interno.
Eso genera determinados equilibrios industriales.
Europa combina otro conjunto diferente de:
- regulación;
- mercados financieros;
- energía;
- Estados nacionales;
- instituciones comunitarias;
- protección social.
La pregunta no es simplemente:
“¿qué sistema es más capitalista?”
La pregunta relevante es:¿qué sistema transforma mejor sus recursos en capacidades productivas sostenibles?
Éste es un análisis de mecanismos y equilibrios mucho más útil que una clasificación ideológica binaria.
21. La lección metodológica de Fernández-Villaverde
El último punto de sus diez notas parece anecdótico: incluso corrige el plural latino de equilibrium.
Pero contiene una enseñanza profunda.
Cada disciplina posee términos de arte.
Palabras aparentemente comunes que tienen significados técnicos precisos.
Antes de criticar una disciplina hay que aprender su lenguaje.
Eso vale para:
- equilibrio en economía;
- energía en física;
- adaptación en biología;
- causalidad en estadística;
- prueba en matemáticas;
- responsabilidad en derecho.
Confundir el significado cotidiano con el significado científico genera falsos debates.
La primera obligación intelectual es entender el concepto como lo utiliza la disciplina que estamos analizando.
Conclusión: no preguntes simplemente si existe equilibrio; pregunta qué equilibrio genera el sistema
La controversia sobre la entrada de Stanford nos lleva finalmente a una conclusión mucho más importante que la polémica original.
Un equilibrio no garantiza:
- estabilidad;
- eficiencia;
- justicia;
- racionalidad perfecta;
- información perfecta;
- ausencia de crisis;
- ausencia de intervención pública.
Sólo expresa una determinada forma de compatibilidad entre decisiones, creencias y restricciones.
Y eso conduce a una pregunta mucho más potente para analizar cualquier economía:
¿Qué equilibrio está produciendo este sistema, mediante qué mecanismos y con qué consecuencias?
Esta pregunta evita dos errores opuestos.
El primero consiste en idealizar el mercado:
[
mercado \Rightarrow equilibrio \Rightarrow eficiencia
]
El segundo consiste en interpretar cualquier mal resultado como prueba de que no existe equilibrio.
Ambos son incorrectos.
Puede existir perfectamente:
[
\boxed{\text{un equilibrio estable, racional y profundamente indeseable}}
]
Precisamente por eso las instituciones importan.
Y precisamente por eso la economía moderna no debería entenderse como una defensa automática del mercado ni como una teoría del laissez-faire.
Es, fundamentalmente, un intento de comprender cómo las reglas, incentivos, expectativas y restricciones producen resultados colectivos que nadie necesariamente diseñó.
La cuestión decisiva deja entonces de ser:
¿mercado o Estado?
y pasa a ser:
¿qué arquitectura institucional genera mejores equilibrios, qué mecanismos permiten corregir los malos y qué capacidades necesitamos para movernos de unos a otros?
Ésa es también una de las ideas centrales del pensamiento sistémico.
No basta con observar el resultado.
Hay que reconstruir:
recursos → reglas → incentivos → comportamientos → retroalimentaciones → equilibrio → capacidades.
Sólo entonces podemos comprender por qué algunos sistemas prosperan, otros quedan atrapados y otros parecen funcionar correctamente hasta que una perturbación revela una fragilidad que llevaba años acumulándose.
Y ésta es quizá la mejor síntesis de todo el debate:
Un sistema no demuestra que funciona bien porque esté en equilibrio. Puede estar en equilibrio precisamente alrededor de sus propios defectos.
Comprender esto cambia radicalmente la manera de pensar el capitalismo, las crisis, la regulación, la productividad y las instituciones
Fernández está usando el equilibrio en el sentido moderno de Arrow-Debreu, mientras que la discusión de Cordelli sobre Hayek/Friedman está implícitamente invocando la antigua tradición del equilibrio competitivo, en la que el equilibrio funciona como un punto de referencia a largo plazo para precios, distribución y asignación
I would be the first one to replace the word "equilibrium" with something different. Yes, it is confusing in the same way that "significance" in statistics DOES NOT mean important, not "unlikely under a specified null hypothesis." But if you are an academic, at least one can expect that you undertake the due diligence of learning what it means in economics
After reading yesterday the new entry on Capitalism in the Stanford Encyclopedia of Philosophy by @chiaracordelli
, I decided to buy her book “The Privatized State.” I started reading it and, nearly right away, I bumped into Figure 4.1, reproduced here (from the Kindle edition). There are a dozen reasons why this figure does not make sense. But perhaps the most glaring one is the units. In 2012, Federal Government Current Expenditures were $3.77 trillion: fred.stlouisfed.org/series/FGEXPND Look at the Y-axis: annual federal spending (a loose way to refer to the data I just pointed out; that is fine) runs to a bit less than $40,000,000 trillion. This is absurd by seven orders of magnitude. And the same mistake appears twice in the same figure. The dotted line, labeled “in millions,” sits at around 1.5 million on that very same axis, which would be 1.5 million million federal employees. Let me be nice and assume that this is a “minor” typo, that the Y-axis should go from 0.5 to 40, and that there are six extra zeros. Even then, the figure is off by an order of magnitude: spending in 2012 is reported to be a bit less than $40 trillion. Any macroeconomist knows that U.S. GDP in 2012 was about $16.25 trillion (or at least carries the right order of magnitude in their head). Federal spending of $40 trillion in 2012 is again absurd. In fact, no standard unit reproduces the numbers plotted. Federal outlays in 2012 were 3,774 in billions and 3,773,503 in millions. Neither is around 37,000,000. The shape of the line is fine. It rises by a factor of about 5.4 between 1960 and 2012, which is roughly what inflation-adjusted federal outlays did over that period. So, somebody plotted a real spending series correctly and then mis-scaled it and mislabeled it. My strong suspicion is that the units were off in the Excel file, and that the error then survived the writing of the book, its production, and a prize committee, without anybody stopping to ask whether the numbers on the axis could possibly be right. And this matters beyond one book, because the Stanford Encyclopedia of Philosophy has just commissioned an entry on capitalism from the same author. I am not asking here for detailed knowledge of the economy. I am asking for an author who knows the orders of magnitude of the U.S. economy I learned when I was a junior in high school and took economics for high school students (“comercio,” it was called back then), and for the kind of scholarly care that would have caught an error I found in less than five minutes of browsing. Now you are probably going to tell me: “typos happen to everyone.” Yes, but there is a “thinko” that runs much deeper. The author writes (page 143): “Consider this striking figure: while federal spending in the United States increased very significantly between 1960 and the first decade of the twenty-first century, the number of civilian workers remained more or less unchanged (see figure 4.1).” This is a key part of the argument that we have somehow “privatized the state”: we spend much more with roughly the same number of civilian workers. You cannot make that statement from Figure 4.1. First, because most of the growth of federal spending since 1960 has been transfers, mainly Social Security payments, health, and interest payments, and federal grants to state and local governments. You do not need many civilian workers to process transfers no matter how large they are. In fact, with modern computers, you probably need far fewer than in 1960. In comparison, state and local employment, now paid for in a much larger part by federal grants, went from about 6 million to about 19 million, a fact not only ignored in the discussion but also leaving the reader with a completely wrong impression about the number of government employees. And this is not an obscure objection: Dilulio’s article, the very source cited for the figure, makes the point in plain prose: “the state and local government workforce roughly tripled.” To be fair, transfers do not dissolve the puzzle entirely. Even setting them aside, real non-transfer spending still more than doubled while the federal headcount stayed flat. But the rise in the real wages of federal employees (real government wages need to keep at least roughly in line with private-sector wages and the latter grow with economic growth) and in the cost of equipment (an F-35 is between five and ten times as expensive as an F-105 in real terms, depending on how you count) means that federal spending will grow mechanically even when the number of civilian workers remains unchanged. At the end of the day, the book is not just about political theory. It is about facts regarding the effects of privatizing government services. Is it a bad idea to privatize government services? Perhaps. I do not know, and I am more than willing to listen to both sides of the debate. For example, I am quite skeptical that privatizing many activities of the U.S. armed forces, as the U.S. has done over the last decades, is a good idea. After spending a few hours reading it, the book does not help me reach any conclusion. It treats the data as decoration, as Figure 4.1 makes plain, and a central empirical claim resting on a figure like this one will persuade only those readers who already agree with the conclusion. Finally, a minor point. The caption of the figure says: “Published in ‘The Rise and Fall of the U.S. Government’ by John J. Dilulio Jr., Washington Monthly, January/February 2015,



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