Equilibrio, capitalismo y rigor intelectual

 

Equilibrio, capitalismo y rigor intelectual

Lo que realmente significa que una economía esté en equilibrio

Introducción: una palabra aparentemente sencilla que cambia todo el debate

Una controversia reciente alrededor de la nueva entrada sobre capitalismo de la Stanford Encyclopedia of Philosophy ofrece una oportunidad excelente para comprender uno de los conceptos más importantes —y también peor interpretados— de la economía moderna: el equilibrio.

La discusión comenzó cuando el economista Jesús Fernández-Villaverde criticó la forma en que la entrada presentaba las ideas de Friedrich Hayek y Milton Friedman. Según su lectura, el texto de Stanford parecía construir una secuencia bastante directa:

mercados libres → equilibrio → eficiencia → autocorrección → ausencia de crisis endógenas → interferencia política como causa de los problemas.

El problema es que esa cadena mezcla conceptos que la teoría económica moderna distingue cuidadosamente.

Un equilibrio económico no significa necesariamente estabilidad. Tampoco significa eficiencia. No exige información perfecta. No presupone ausencia de crisis. Puede haber múltiples equilibrios. Puede incorporar aprendizaje, errores, incertidumbre e intervención pública.

La idea esencial es mucho más sencilla y, al mismo tiempo, más poderosa:

Un equilibrio describe una situación en la que las decisiones, expectativas, restricciones y comportamientos de los distintos participantes son mutuamente compatibles.

Nada más.

Después debemos preguntar si ese equilibrio es bueno o malo, estable o inestable, eficiente o ineficiente, justo o injusto.

Esta distinción parece técnica, pero tiene consecuencias enormes para nuestra forma de entender el capitalismo, las crisis económicas, la regulación, el funcionamiento de las instituciones e incluso los problemas estructurales de nuestras sociedades.


1. Equilibrio no significa que la economía esté quieta

La primera confusión proviene del propio lenguaje.

En la vida cotidiana asociamos equilibrio con inmovilidad:

una balanza está equilibrada cuando ambos lados pesan lo mismo; una persona mantiene el equilibrio cuando permanece estable.

Pero “equilibrio” es un término técnico en economía.

No significa que nada esté cambiando.

Una economía puede experimentar simultáneamente:

  • crecimiento;
  • inflación;
  • innovación;
  • destrucción de empresas;
  • creación de empleo;
  • crisis;
  • cambios tecnológicos;
  • modificaciones de expectativas;

y encontrarse dentro de una trayectoria que los economistas describen como equilibrio.

Ejemplo sencillo

Imaginemos una ciudad turística.

En invierno trabajan 10.000 personas y en verano 20.000. Los precios de los hoteles suben, los salarios de algunos trabajadores aumentan, aparecen negocios temporales y después muchos vuelven a cerrar.

La economía cambia continuamente.

Sin embargo, puede existir un equilibrio económico si empresarios, trabajadores, turistas y propietarios están tomando decisiones compatibles con los precios y expectativas existentes.

Por tanto:

equilibrio ≠ inmovilidad.

El equilibrio puede ser una trayectoria dinámica.


2. Equilibrio tampoco significa estabilidad

La segunda confusión es todavía más importante.

Un equilibrio puede existir y ser extremadamente frágil.

En otras palabras:

un sistema puede ser coherente sin ser resistente.

Esto introduce una distinción fundamental entre equilibrio y estabilidad.

La estabilidad pregunta:

si el sistema recibe una perturbación, ¿regresa aproximadamente a su situación anterior o se aleja de ella?

La existencia de equilibrio no responde a esa pregunta.

Ejemplo: una corrida bancaria

Imaginemos un banco perfectamente solvente.

Los clientes creen que los demás clientes mantendrán sus depósitos.

Por tanto, nadie retira su dinero.

Ese comportamiento puede constituir un equilibrio.

Pero imaginemos ahora que comienza a circular el rumor de que el banco tiene problemas.

Cada persona piensa:

“Aunque yo crea que el banco está bien, si todos los demás retiran su dinero, debería retirar el mío antes que ellos.”

Todos hacen lo mismo.

La corrida bancaria puede convertirse también en un equilibrio.

Tenemos entonces dos situaciones compatibles con las decisiones individuales:

Equilibrio A: nadie retira el dinero.

Equilibrio B: todos intentan retirarlo.

Por tanto, un sistema puede tener equilibrio y, sin embargo, ser extremadamente vulnerable a expectativas y shocks.


3. Equilibrio no significa eficiencia

Éste es probablemente el punto central de la crítica de Fernández-Villaverde.

La existencia de un equilibrio únicamente nos dice que las decisiones de los diferentes actores son compatibles.

No nos dice que el resultado sea socialmente óptimo.

Podemos tener perfectamente:

un equilibrio malo.

Y ésta es una idea extraordinariamente importante.

Ejemplo: una fábrica contaminante

Imaginemos una empresa que produce acero.

La empresa calcula:

  • salarios;
  • electricidad;
  • materias primas;
  • maquinaria.

Produciendo 100 toneladas maximiza sus beneficios.

Los consumidores compran ese acero.

Los trabajadores aceptan los salarios.

El mercado puede encontrarse perfectamente en equilibrio.

Pero la fábrica contamina un río.

Ese coste lo soportan agricultores, vecinos y ecosistemas que no participan directamente en la transacción.

La empresa calcula:

coste privado = 80

cuando quizás:

coste social = 110.

El mercado puede estar en equilibrio y producir demasiado acero desde el punto de vista social.

La existencia del equilibrio no elimina la externalidad.


Esta distinción permite entender una de las frases más importantes de Fernández-Villaverde:

la consistencia descentralizada no equivale a maximización del bienestar.


4. Un sistema puede funcionar exactamente como está diseñado y producir malos resultados

Aquí aparece una consecuencia mucho más profunda.

Muchas veces hablamos de un problema económico diciendo:

“el sistema no funciona”.

Pero puede ocurrir justamente lo contrario.

El sistema puede estar funcionando perfectamente de acuerdo con sus incentivos y precisamente por eso generar un resultado indeseable.

Esta idea conecta especialmente bien con el pensamiento sistémico.

Ejemplo: vivienda

Supongamos una ciudad donde:

  • construir requiere muchos años;
  • existe poca disponibilidad de suelo;
  • la demanda aumenta;
  • propietarios existentes se benefician de precios elevados;
  • los municipios tienen pocos incentivos para aumentar rápidamente la oferta.

Podemos terminar con:

  • viviendas caras;
  • jóvenes que se emancipan tarde;
  • alquileres elevados;
  • poca construcción.

Podríamos decir:

“el mercado de vivienda está roto”.

Pero desde otro punto de vista existe perfectamente un equilibrio.

Cada actor responde racionalmente a los incentivos que tiene.

El problema está en la arquitectura institucional que genera ese equilibrio.

Por eso una de las ideas más útiles para el análisis económico es:

Los malos resultados no siempre son desequilibrios. A veces son equilibrios de un sistema mal diseñado.


5. Puede existir más de un equilibrio

La economía tampoco garantiza que exista un único resultado posible.

Muchos sistemas presentan equilibrios múltiples.

Las expectativas pueden determinar cuál termina materializándose.

Esto resulta especialmente importante porque introduce un elemento que la visión mecánica de la economía suele olvidar:

las creencias sobre el futuro pueden modificar el futuro.

Ejemplo: inversión empresarial

Consideremos dos situaciones.

Escenario A

Los empresarios creen que la economía crecerá.

Entonces:

  • invierten;
  • contratan;
  • compran maquinaria;
  • aumentan salarios.

Las familias reciben más ingresos y consumen más.

La economía efectivamente crece.

Escenario B

Los empresarios esperan una recesión.

Entonces:

  • retrasan inversiones;
  • reducen contratación;
  • acumulan liquidez.

El consumo disminuye.

La economía se desacelera.

La expectativa inicial contribuye a producir el resultado final.

Por tanto:

[
expectativas
\rightarrow comportamiento
\rightarrow resultado
\rightarrow confirmación\ de\ expectativas
]

Dos mundos distintos pueden ser compatibles con las mismas estructuras económicas básicas.


6. Equilibrio no requiere conocer perfectamente el futuro

Otro error frecuente consiste en imaginar que los modelos económicos suponen que todos los agentes saben exactamente lo que ocurrirá.

No es así.

Puede haber equilibrio con:

  • incertidumbre;
  • información incompleta;
  • señales imperfectas;
  • aprendizaje;
  • creencias diferentes;
  • errores.

Lo importante es que el modelo establezca cómo forman sus expectativas los individuos y cómo esas expectativas afectan sus decisiones.

Ejemplo: comprar una vivienda

Una familia decide comprar un piso.

No conoce:

  • los tipos de interés de dentro de cinco años;
  • el precio futuro de la vivienda;
  • sus salarios futuros;
  • la inflación.

Forma expectativas.

Puede pensar:

“probablemente mis ingresos aumentarán un 2 % anual”.

Otra familia puede esperar una recesión.

Ambas actúan bajo incertidumbre.

No necesitamos agentes omniscientes para analizar económicamente sus decisiones.

Precisamente gran parte de la economía moderna estudia decisiones realizadas porque el futuro es desconocido.


7. Equilibrio no significa racionalidad psicológica perfecta

También suele afirmarse:

“La economía supone que los seres humanos son perfectamente racionales.”

Es una simplificación.

Los modelos pueden incorporar:

  • atención limitada;
  • heurísticas;
  • sesgos;
  • hábitos;
  • información imperfecta;
  • racionalidad limitada.

Lo fundamental es especificar cómo toman decisiones los agentes.

Ejemplo: ahorro para la jubilación

Muchas personas saben que deberían ahorrar más pero posponen constantemente la decisión.

Podemos modelar ese comportamiento mediante preferencias con sesgo hacia el presente.

No necesitamos fingir que la persona es perfectamente disciplinada.

Podemos incorporar precisamente su comportamiento imperfecto.

Después preguntaremos:

¿qué resultado agregado genera ese comportamiento?

También puede existir un equilibrio con agentes psicológicamente imperfectos.


8. Equilibrio no elimina crisis

Aquí encontramos uno de los problemas más importantes de la descripción criticada de Stanford.

De la existencia de equilibrio no se deduce que el capitalismo carezca de tendencias endógenas hacia las crisis.

Una economía puede experimentar crisis dentro de modelos perfectamente definidos mediante equilibrio.

Ejemplo: endeudamiento

Durante muchos años:

  • los precios inmobiliarios suben;
  • los bancos conceden crédito;
  • las familias aumentan deuda;
  • el valor de las garantías crece;
  • los bancos consideran que prestar es cada vez más seguro.

Se forma un bucle:

[
precios ↑
\rightarrow garantías ↑
\rightarrow crédito ↑
\rightarrow demanda ↑
\rightarrow precios ↑
]

El comportamiento individual puede ser perfectamente comprensible.

Pero el sistema va acumulando fragilidad.

Cuando los precios dejan de aumentar:

[
garantías ↓
\rightarrow crédito ↓
\rightarrow ventas ↑
\rightarrow precios ↓
]

El mismo mecanismo funciona ahora en sentido contrario.

Por tanto, una crisis puede ser endógena al funcionamiento del sistema.

No necesitamos abandonar el concepto de equilibrio para estudiarla.


9. Equilibrio tampoco significa laissez-faire

Aquí aparece probablemente la confusión política más importante.

El equilibrio no es una doctrina favorable al libre mercado.

Es una herramienta analítica.

Podemos estudiar perfectamente un equilibrio con:

  • impuestos;
  • regulación;
  • banco central;
  • subsidios;
  • legislación laboral
  • subsidios;
  • legislación laboral;
  • aranceles;
  • gasto público.

La pregunta pasa a ser:

¿cómo cambia el comportamiento del sistema cuando modificamos una regla?

Ejemplo: impuesto al tabaco

Antes del impuesto existe un precio y una cantidad de equilibrio.

El Estado introduce un impuesto.

Eso modifica:

  • el precio pagado por consumidores;
  • el ingreso recibido por productores;
  • la cantidad vendida.

Aparece entonces otro equilibrio.


La política pública no destruye necesariamente el análisis de equilibrio.

Precisamente necesitamos el equilibrio para estudiar cómo reaccionarán consumidores y empresas ante esa política.

Por eso Fernández-Villaverde resume correctamente:

el equilibrio es una herramienta para evaluar políticas, no una prohibición contra la política económica.


10. Hayek: más que equilibrio, conocimiento y coordinación

La simplificación de Hayek resulta especialmente problemática porque gran parte de su obra se ocupa precisamente de algo mucho más profundo que un mercado alcanzando mágicamente un estado óptimo.

La cuestión central para Hayek era el conocimiento disperso.

Ningún planificador conoce simultáneamente:

  • todas las preferencias;
  • todas las tecnologías;
  • todos los costes;
  • todas las oportunidades;
  • toda la información local.

Los precios sirven como mecanismos de coordinación de esa información fragmentada.

Ejemplo: escasez de cobre

Imaginemos que una gran mina deja de producir.

Un fabricante español de cables eléctricos no necesita conocer exactamente qué ocurrió.

Observa:

el precio del cobre ha aumentado.

Ese precio transmite información.

La empresa puede:

  • reducir consumo;
  • buscar aluminio;
  • reciclar;
  • trasladar parte del coste al consumidor.

Miles de empresas reaccionan simultáneamente.

Para Hayek, ésta era precisamente una de las grandes propiedades del mercado:

permitir coordinación sin que nadie posea toda la información.

Reducir esa tradición a:

mercados libres → equilibrio eficiente

pierde gran parte de la sofisticación del argumento.


11. Friedman tampoco equivale a ausencia absoluta del Estado

También resulta demasiado simplista convertir el pensamiento de Milton Friedman en la idea de que todo mercado debe estar completamente libre de instituciones o regulación.

Incluso los mercados requieren:

  • derechos de propiedad;
  • contratos;
  • tribunales;
  • reglas monetarias;
  • legislación empresarial.

No existe capitalismo sin arquitectura institucional.

Ejemplo: comprar acciones

Cuando alguien compra una acción de una empresa necesita confiar en:

  • que realmente posee esa acción;
  • que existen normas contables;
  • que los contratos pueden hacerse cumplir;
  • que existe un sistema de liquidación;
  • que el fraude está perseguido.

El mercado no aparece antes de las instituciones.

En gran medida:

el mercado es una institución construida mediante otras instituciones.

La verdadera discusión no es, por tanto:

Estado o mercado.

Es:

qué instituciones permiten que determinados mercados funcionen mejor.

 


12. La diferencia fundamental entre existencia, estabilidad, eficiencia y justicia

Aquí podemos condensar gran parte de la discusión en cuatro preguntas que nunca deberían confundirse.

Primera: existencia

¿Existe un equilibrio compatible con las decisiones de los participantes?

Segunda: estabilidad

Si ocurre una perturbación, ¿el sistema vuelve aproximadamente a ese equilibrio?

Tercera: eficiencia

¿Podría mejorarse el bienestar de alguien sin perjudicar a otros, o existen fallos importantes de mercado?

Cuarta: justicia

¿Consideramos aceptable la distribución de renta, oportunidades, poder y riesgos?

Estas preguntas son independientes.

Ejemplo extremo

Imaginemos una economía en la que:

  • el 10 % posee casi todos los activos;
  • existe poca movilidad social;
  • las empresas son muy productivas;
  • el sistema político protege fuertemente los derechos de propiedad;
  • no existen grandes crisis.

Podría ser:

  • un equilibrio;
  • estable;
  • relativamente eficiente;

y, sin embargo, una sociedad podría considerarlo injusto.

Por tanto:

[
equilibrio \neq eficiencia \neq estabilidad \neq justicia
]

Ésta es probablemente la separación conceptual más importante de todo el debate.


13. El capitalismo no es un único equilibrio ni una única arquitectura

Una vez entendemos esto, aparece una conclusión mucho más profunda.

No existe simplemente:

“el capitalismo”.

Existen múltiples arquitecturas capitalistas.

Estados Unidos, Alemania, Dinamarca, Japón o Corea del Sur combinan de manera muy distinta:

  • Estado;
  • empresa;
  • financiación;
  • mercados laborales;
  • impuestos;
  • protección social;
  • propiedad;
  • innovación.

Todas pueden ser economías capitalistas y producir equilibrios diferentes.

Ejemplo: mercado laboral

Dos países pueden permitir empresas privadas y mercados competitivos.

Pero uno puede tener:

  • negociación colectiva fuerte;
  • elevada protección social;
  • formación profesional intensiva.

Otro:

  • contratación y despido muy flexibles;
  • menor protección social;
  • salarios más determinados individualmente.

Los dos son capitalistas.

Pero generan diferentes:

  • salarios;
  • productividad;
  • desigualdad;
  • movilidad laboral;
  • capacidad de adaptación.

La verdadera unidad de análisis deja entonces de ser simplemente:

capitalismo sí / capitalismo no

y pasa a ser:

qué arquitectura institucional produce qué tipo de capitalismo.


14. Una lectura RMS: recursos, mecanismos y sistemas

Aquí el debate encaja especialmente bien con el marco RMS.

Recursos

El sistema dispone de:

  • trabajo;
  • capital;
  • energía;
  • conocimiento;
  • tecnología;
  • crédito;
  • materias primas.

Mecanismos

Esos recursos son coordinados mediante:

  • precios;
  • contratos;
  • incentivos;
  • competencia;
  • regulación;
  • expectativas;
  • instituciones;
  • aprendizaje.

Sistema

La interacción de todos esos mecanismos produce determinados resultados.

Podemos expresarlo así:

[
Recursos
\rightarrow
Mecanismos
\rightarrow
Arquitectura\ institucional
\rightarrow
Comportamientos
\rightarrow
Equilibrio
\rightarrow
Resultados
]

Pero existe una distinción crucial:

el equilibrio describe cómo encajan las piezas; no determina si nos gusta el resultado.


15. Un ejemplo RMS: la baja productividad

Supongamos una economía donde predominan empresas pequeñas.

Cada empresario individualmente tiene razones para no crecer:

  • regulación;
  • costes financieros;
  • incertidumbre;
  • impuestos;
  • dificultad para contratar;
  • falta de capital.

Los trabajadores, por su parte, buscan estabilidad.

Los bancos prefieren financiar actividades conocidas.

Los políticos protegen estructuras existentes.

El resultado final puede ser:

  • pocas empresas grandes;
  • escasa inversión;
  • poca automatización;
  • salarios bajos;
  • baja productividad.

Nadie necesita estar actuando irracionalmente.

Puede aparecer un equilibrio perfectamente coherente.

Precisamente por eso resulta tan difícil cambiarlo.

La solución no consiste simplemente en decir:

“las empresas deberían ser más productivas”.

Hay que modificar los mecanismos que generan el equilibrio.

Esta idea es fundamental para nuestro análisis de Europa y España.


16. Instituciones: el nivel que falta cuando pensamos solamente en mercado contra Estado

Existe una tendencia política a organizar el debate mediante una oposición sencilla:

[
Mercado \leftrightarrow Estado
]

Pero una visión sistémica exige una estructura mucho más compleja:

[
Instituciones
\rightarrow
Incentivos
\rightarrow
Mercados
\rightarrow
Comportamientos
\rightarrow
Resultados
]

Los mercados necesitan reglas.

Pero las reglas también producen consecuencias inesperadas.

Por tanto, la pregunta correcta no es:

“¿más Estado o más mercado?”

sino:

¿qué combinación institucional genera mejores incentivos, mayor capacidad productiva y mejores mecanismos de corrección?

Ejemplo: competencia

Un gobierno puede no intervenir en los precios.

Pero si permite que una empresa adquiera a todos sus competidores, termina apareciendo un monopolio.

Paradójicamente, cierta intervención antimonopolio puede resultar necesaria precisamente para preservar la competencia de mercado.

Mercado y Estado no siempre son sustitutos.

En ocasiones son complementarios.


17. El error epistemológico de Stanford sería más importante que un simple sesgo político

Aquí llegamos al componente académico de la controversia.

Una enciclopedia filosófica puede perfectamente criticar el capitalismo.

Debe hacerlo.

Debe presentar:

  • Marx;
  • Hayek;
  • Friedman;
  • Keynes;
  • institucionalistas;
  • teorías de justicia;
  • teorías de explotación.

El problema aparece cuando una tradición es presentada mediante una versión intelectualmente más débil que la que realmente sostiene.

Una buena metodología académica exige steelman:

formular primero el argumento contrario en su versión más sólida antes de criticarlo.

Ejemplo

Supongamos que queremos criticar la energía nuclear.

Sería intelectualmente pobre decir:

“sus defensores creen que nunca puede ocurrir ningún accidente”.

Pocos expertos serios sostendrían eso.

Una crítica rigurosa debería aceptar primero:

“puede reducir emisiones y producir energía estable, pero existen costes, riesgos, residuos y problemas económicos concretos.”

Sólo después podemos comparar.

Lo mismo sucede con Hayek y Friedman.

Criticarlos desde una caricatura debilita la crítica.


18. Pero un error no demuestra automáticamente activismo institucional

También debemos mantener simetría intelectual con Fernández-Villaverde.

Encontrar una presentación deficiente no demuestra automáticamente que toda la institución esté politizada.

Podemos formular varias explicaciones:

  1. sesgo ideológico;
  2. desconocimiento económico;
  3. exceso de simplificación;
  4. distancia entre disciplinas;
  5. controles editoriales insuficientes.

Necesitamos evidencia adicional para distinguirlas.

Ejemplo médico

Supongamos que descubrimos un error serio en un artículo médico publicado por una revista prestigiosa.

Eso racionalmente debería reducir algo nuestra confianza.

Pero no demuestra que todos los artículos de esa revista sean falsos.

La actualización correcta es:

[
confianza\ ciega ↓
]

y:

[
verificación\ independiente ↑
]

No:

[
un\ error \Rightarrow toda\ la\ institución\ carece\ de\ valor
]

La propia crítica debe respetar el mismo rigor epistemológico que exige.


19. El verdadero aprendizaje: los equilibrios malos pueden ser muy persistentes

Quizá la conclusión más importante de todo este debate excede ampliamente la polémica Stanford.

Durante mucho tiempo tendemos a pensar:

Si un sistema produce malos resultados, terminará corrigiéndose.

Pero no necesariamente.

Un mal equilibrio puede persistir décadas.

Porque cada agente, individualmente, puede no tener incentivos para cambiarlo.

Ejemplo: trampa de baja cualificación

Las empresas piensan:

“No invertiré en tecnología porque mis trabajadores tienen poca formación.”

Los trabajadores piensan:

“No merece la pena formarme porque las empresas ofrecen empleos poco cualificados.”

Las empresas continúan ofreciendo trabajos simples.

Los trabajadores continúan invirtiendo poco en formación.

Resultado:

[
baja\ formación
\rightarrow baja\ sofisticación
\rightarrow bajos\ salarios
\rightarrow pocos\ incentivos\ para\ formación
]

El sistema puede permanecer atrapado.

No existe ninguna fuerza automática que garantice el salto hacia un equilibrio mejor.


20. Esto cambia también nuestra forma de entender China, Europa y la competencia internacional

La misma lógica permite entender uno de nuestros temas recurrentes.

China, Estados Unidos y Europa no compiten únicamente mediante precios.

Compiten mediante arquitecturas institucionales capaces de generar diferentes equilibrios productivos.

China combina:

  • financiación;
  • política industrial;
  • escala manufacturera;
  • proveedores;
  • infraestructura;
  • formación;
  • mercado interno.

Eso genera determinados equilibrios industriales.

Europa combina otro conjunto diferente de:

  • regulación;
  • mercados financieros;
  • energía;
  • Estados nacionales;
  • instituciones comunitarias;
  • protección social.

La pregunta no es simplemente:

“¿qué sistema es más capitalista?”

La pregunta relevante es:¿qué sistema transforma mejor sus recursos en capacidades productivas sostenibles?

Éste es un análisis de mecanismos y equilibrios mucho más útil que una clasificación ideológica binaria.


21. La lección metodológica de Fernández-Villaverde

El último punto de sus diez notas parece anecdótico: incluso corrige el plural latino de equilibrium.

Pero contiene una enseñanza profunda.

Cada disciplina posee términos de arte.

Palabras aparentemente comunes que tienen significados técnicos precisos.

Antes de criticar una disciplina hay que aprender su lenguaje.

Eso vale para:

  • equilibrio en economía;
  • energía en física;
  • adaptación en biología;
  • causalidad en estadística;
  • prueba en matemáticas;
  • responsabilidad en derecho.

Confundir el significado cotidiano con el significado científico genera falsos debates.

La primera obligación intelectual es entender el concepto como lo utiliza la disciplina que estamos analizando.


Conclusión: no preguntes simplemente si existe equilibrio; pregunta qué equilibrio genera el sistema

La controversia sobre la entrada de Stanford nos lleva finalmente a una conclusión mucho más importante que la polémica original.

Un equilibrio no garantiza:

  • estabilidad;
  • eficiencia;
  • justicia;
  • racionalidad perfecta;
  • información perfecta;
  • ausencia de crisis;
  • ausencia de intervención pública.

Sólo expresa una determinada forma de compatibilidad entre decisiones, creencias y restricciones.

Y eso conduce a una pregunta mucho más potente para analizar cualquier economía:

¿Qué equilibrio está produciendo este sistema, mediante qué mecanismos y con qué consecuencias?

Esta pregunta evita dos errores opuestos.

El primero consiste en idealizar el mercado:

[
mercado \Rightarrow equilibrio \Rightarrow eficiencia
]

El segundo consiste en interpretar cualquier mal resultado como prueba de que no existe equilibrio.

Ambos son incorrectos.

Puede existir perfectamente:

[
\boxed{\text{un equilibrio estable, racional y profundamente indeseable}}
]

Precisamente por eso las instituciones importan.

Y precisamente por eso la economía moderna no debería entenderse como una defensa automática del mercado ni como una teoría del laissez-faire.

Es, fundamentalmente, un intento de comprender cómo las reglas, incentivos, expectativas y restricciones producen resultados colectivos que nadie necesariamente diseñó.

La cuestión decisiva deja entonces de ser:

¿mercado o Estado?

y pasa a ser:

¿qué arquitectura institucional genera mejores equilibrios, qué mecanismos permiten corregir los malos y qué capacidades necesitamos para movernos de unos a otros?

Ésa es también una de las ideas centrales del pensamiento sistémico.

No basta con observar el resultado.

Hay que reconstruir:

recursos → reglas → incentivos → comportamientos → retroalimentaciones → equilibrio → capacidades.

Sólo entonces podemos comprender por qué algunos sistemas prosperan, otros quedan atrapados y otros parecen funcionar correctamente hasta que una perturbación revela una fragilidad que llevaba años acumulándose.

Y ésta es quizá la mejor síntesis de todo el debate:

Un sistema no demuestra que funciona bien porque esté en equilibrio. Puede estar en equilibrio precisamente alrededor de sus propios defectos.

Comprender esto cambia radicalmente la manera de pensar el capitalismo, las crisis, la regulación, la productividad y las instituciones

Fernández está usando el equilibrio en el sentido moderno de Arrow-Debreu, mientras que la discusión de Cordelli sobre Hayek/Friedman está implícitamente invocando la antigua tradición del equilibrio competitivo, en la que el equilibrio funciona como un punto de referencia a largo plazo para precios, distribución y asignación

I would be the first one to replace the word "equilibrium" with something different. Yes, it is confusing in the same way that "significance" in statistics DOES NOT mean important, not "unlikely under a specified null hypothesis." But if you are an academic, at least one can expect that you undertake the due diligence of learning what it means in economics


After reading yesterday the new entry on Capitalism in the Stanford Encyclopedia of Philosophy by @chiaracordelli

, I decided to buy her book “The Privatized State.” I started reading it and, nearly right away, I bumped into Figure 4.1, reproduced here (from the Kindle edition). There are a dozen reasons why this figure does not make sense. But perhaps the most glaring one is the units. In 2012, Federal Government Current Expenditures were $3.77 trillion: fred.stlouisfed.org/series/FGEXPND Look at the Y-axis: annual federal spending (a loose way to refer to the data I just pointed out; that is fine) runs to a bit less than $40,000,000 trillion. This is absurd by seven orders of magnitude. And the same mistake appears twice in the same figure. The dotted line, labeled “in millions,” sits at around 1.5 million on that very same axis, which would be 1.5 million million federal employees. Let me be nice and assume that this is a “minor” typo, that the Y-axis should go from 0.5 to 40, and that there are six extra zeros. Even then, the figure is off by an order of magnitude: spending in 2012 is reported to be a bit less than $40 trillion. Any macroeconomist knows that U.S. GDP in 2012 was about $16.25 trillion (or at least carries the right order of magnitude in their head). Federal spending of $40 trillion in 2012 is again absurd. In fact, no standard unit reproduces the numbers plotted. Federal outlays in 2012 were 3,774 in billions and 3,773,503 in millions. Neither is around 37,000,000. The shape of the line is fine. It rises by a factor of about 5.4 between 1960 and 2012, which is roughly what inflation-adjusted federal outlays did over that period. So, somebody plotted a real spending series correctly and then mis-scaled it and mislabeled it. My strong suspicion is that the units were off in the Excel file, and that the error then survived the writing of the book, its production, and a prize committee, without anybody stopping to ask whether the numbers on the axis could possibly be right. And this matters beyond one book, because the Stanford Encyclopedia of Philosophy has just commissioned an entry on capitalism from the same author. I am not asking here for detailed knowledge of the economy. I am asking for an author who knows the orders of magnitude of the U.S. economy I learned when I was a junior in high school and took economics for high school students (“comercio,” it was called back then), and for the kind of scholarly care that would have caught an error I found in less than five minutes of browsing. Now you are probably going to tell me: “typos happen to everyone.” Yes, but there is a “thinko” that runs much deeper. The author writes (page 143): “Consider this striking figure: while federal spending in the United States increased very significantly between 1960 and the first decade of the twenty-first century, the number of civilian workers remained more or less unchanged (see figure 4.1).” This is a key part of the argument that we have somehow “privatized the state”: we spend much more with roughly the same number of civilian workers. You cannot make that statement from Figure 4.1. First, because most of the growth of federal spending since 1960 has been transfers, mainly Social Security payments, health, and interest payments, and federal grants to state and local governments. You do not need many civilian workers to process transfers no matter how large they are. In fact, with modern computers, you probably need far fewer than in 1960. In comparison, state and local employment, now paid for in a much larger part by federal grants, went from about 6 million to about 19 million, a fact not only ignored in the discussion but also leaving the reader with a completely wrong impression about the number of government employees. And this is not an obscure objection: Dilulio’s article, the very source cited for the figure, makes the point in plain prose: “the state and local government workforce roughly tripled.” To be fair, transfers do not dissolve the puzzle entirely. Even setting them aside, real non-transfer spending still more than doubled while the federal headcount stayed flat. But the rise in the real wages of federal employees (real government wages need to keep at least roughly in line with private-sector wages and the latter grow with economic growth) and in the cost of equipment (an F-35 is between five and ten times as expensive as an F-105 in real terms, depending on how you count) means that federal spending will grow mechanically even when the number of civilian workers remains unchanged. At the end of the day, the book is not just about political theory. It is about facts regarding the effects of privatizing government services. Is it a bad idea to privatize government services? Perhaps. I do not know, and I am more than willing to listen to both sides of the debate. For example, I am quite skeptical that privatizing many activities of the U.S. armed forces, as the U.S. has done over the last decades, is a good idea. After spending a few hours reading it, the book does not help me reach any conclusion. It treats the data as decoration, as Figure 4.1 makes plain, and a central empirical claim resting on a figure like this one will persuade only those readers who already agree with the conclusion. Finally, a minor point. The caption of the figure says: “Published in ‘The Rise and Fall of the U.S. Government’ by John J. Dilulio Jr., Washington Monthly, January/February 2015,

I clicked the link, and the figure is not there. I will give the author the benefit of the doubt, since webpages are not stable and the figure may have been removed. But the main text of the article does not cite the figure either. And, from the same pen, we have, a few years later: “From all these exchanges, an ‘equilibrium,’ perhaps a ‘general equilibrium,’ spontaneously arises in a capitalist economy.” “Perhaps” you could see this one coming.


(1) Jesús Fernández-Villaverde on X: "A guide for students of economics: Ten statements that demonstrate that someone does not understand modern economics or what an equilibrium is, and that you can safely ignore everything else they say. 1. “Equilibrium means the economy is stable or at rest.” Many assume that an https://t.co/uZBDmjUePB" / X


Sí. La crítica que has traído me parece sustancialmente correcta en el núcleo técnico, pero creo que conviene separar tres niveles: el error económico de la entrada, el problema historiográfico al presentar a Hayek/Friedman y, finalmente, la acusación mucho más fuerte de que Stanford estaría sustituyendo scholarship por activismo político.

He comprobado la entrada publicada por la Stanford Encyclopedia of Philosophy el 5 de agosto de 2026, y los pasajes citados aparecen efectivamente en ella. La sección 1.4 presenta a Hayek y Friedman como exponentes del “market capitalism” y enlaza mercados libres → equilibrio → eficiencia → ausencia de crisis → interferencia política como causa del mal funcionamiento.

1. El problema principal: confundir cuatro conceptos diferentes

El defecto más importante puede resumirse así:

equilibrio ≠ eficiencia ≠ estabilidad ≠ laissez-faire.

La entrada prácticamente encadena los cuatro conceptos.

Su razonamiento es:

mercados libres → equilibrio → asignación eficiente → autocorrección → las crisis proceden de la intervención política.

Ese encadenamiento no forma parte de la teoría económica moderna.

Y aquí la crítica de Jesús Fernández-Villaverde es especialmente fuerte.

Equilibrio no significa que la economía esté “bien”

Un equilibrio económico significa, simplificando mucho, que las decisiones de los agentes son mutuamente compatibles dadas determinadas condiciones.

Puede existir perfectamente un equilibrio con:

  • desempleo;
  • monopolios;
  • contaminación;
  • burbujas financieras;
  • pobreza;
  • información asimétrica;
  • restricciones crediticias;
  • rigideces salariales;
  • externalidades;
  • mercados incompletos.

Por tanto:

Este punto es elemental pero fundamental.

La entrada, sin embargo, pasa de:

“an equilibrium … spontaneously arises”

a afirmar inmediatamente que capital y trabajo se utilizan en las proporciones más eficientes y que los bienes van donde son más valorados.

Eso necesita muchas hipótesis adicionales.

Competencia perfecta, mercados suficientemente completos, ausencia de externalidades, determinadas propiedades de preferencias y tecnologías, etc.

Es precisamente la razón por la que existen los teoremas fundamentales de la economía del bienestar: porque hay que especificar las condiciones bajo las cuales un equilibrio competitivo puede ser Pareto eficiente.

La eficiencia no viene incluida dentro de la palabra “equilibrio”.


2. Hay un segundo error todavía más interesante: equilibrio no significa estabilidad

Esto conecta mucho con nuestro análisis sistémico.

Una economía puede encontrarse siguiendo una trayectoria de equilibrio y, aun así, experimentar:

  • crisis;
  • defaults;
  • recesiones;
  • bank runs;
  • desempleo;
  • cambios tecnológicos;
  • destrucción empresarial;
  • shocks energéticos;
  • cambios bruscos de precios.

El equilibrio moderno puede ser dinámico y estocástico.

Podríamos tener:

donde los shocks ϵ alteran continuamente la economía.

El equilibrio no significa:

“todo permanece quieto”.

Significa que las reglas de decisión, expectativas y restricciones son mutuamente consistentes.

Por eso Fernández-Villaverde tiene razón cuando insiste en que pueden existir secuencias de distribuciones de probabilidad, aprendizaje, shocks y respuestas políticas dentro del propio equilibrio.

Y aquí la entrada de Stanford comete una simplificación particularmente desafortunada al pasar de equilibrio a:

“Inherently, it has no real crisis tendencies that it cannot self-correct.”

No se deduce una cosa de la otra.


3. Y mucho menos equilibrio significa laissez-faire

Este es probablemente el error conceptual más extraño.

Un modelo con:

  • impuestos;
  • regulación bancaria;
  • banco central;
  • seguro de desempleo;
  • aranceles;
  • política fiscal;
  • subsidios;
  • salario mínimo;

puede tener perfectamente un equilibrio.

De hecho, gran parte de la macroeconomía moderna consiste precisamente en comparar equilibrios bajo distintas políticas.

Por ejemplo:

y después evaluar:

WAvsWB

El equilibrio es la herramienta analítica, no una posición política.

Puedes utilizar teoría del equilibrio para defender:

  • impuestos pigouvianos;
  • política monetaria;
  • regulación antimonopolio;
  • seguro de depósitos;

o para argumentar contra ellos.

Por eso la frase:

“Capitalism goes wrong when it is politically interfered with”

puede describir una determinada posición ideológica libertaria, pero no constituye una consecuencia de la teoría del equilibrio.

Aquí Fernández-Villaverde acierta completamente.


4. Pero hay un problema todavía mayor: probablemente caricaturiza a Hayek

Esto es particularmente paradójico.

Porque Hayek es precisamente uno de los economistas menos adecuados para identificar espontaneous order con equilibrio general walrasiano.

Su preocupación central era otra:

el problema del conocimiento.

La pregunta hayekiana no era simplemente:

¿existe un vector de precios de equilibrio?

Sino:

¿cómo consigue una sociedad coordinar conocimiento fragmentado que ningún agente posee de manera centralizada?

Precios, descubrimiento empresarial, expectativas y aprendizaje forman un proceso.

Por eso reducir:

Hayek → mercados completos → equilibrio general → eficiencia

elimina precisamente la parte más interesante de Hayek.

Además, la propia SEP más adelante reconoce aspectos bastante más sofisticados del pensamiento hayekiano, incluyendo problemas derivados del predominio del mecanismo de mercado.

Eso hace todavía más extraña la simplificación de la sección inicial.


5. Friedman tampoco sostuvo algo tan simple

Hay otra afirmación problemática:

“For capitalism to exist, there must be complete, private, and unregulated markets for all factors of production.”

Esto es demasiado fuerte.

Ni siquiera una economía extremadamente liberal cumple ese criterio.

Hay:

  • regulación societaria;
  • derecho contractual;
  • propiedad intelectual;
  • regulación bancaria;
  • tribunales;
  • infraestructuras públicas;
  • moneda;
  • reglas de responsabilidad;
  • restricciones sobre determinados mercados.

Y Friedman reconocía explícitamente funciones del Estado.

Se puede discutir cuáles y cuánto Estado quería, naturalmente.

Pero convertir su posición en:

es una caricatura.


6. Aquí aparece algo que encaja perfectamente con RMS

Hay una distinción que hemos utilizado muchas veces:

arquitectura institucional

vs.

resultado del sistema.

La entrada parece asumir:

Pero el análisis sistémico obliga a introducir una capa intermedia:

Instituciones

de modo que realmente tenemos:

Y los resultados pueden ser buenos o malos dependiendo de cómo esté construida toda la arquitectura.

Esto encaja mucho mejor también con Coase, North, Williamson u Ostrom, a quienes curiosamente la propia entrada dedica inmediatamente después una sección institucionalista y reconoce que los mercados capitalistas dependen de instituciones jurídicas y políticas.

Hay, por tanto, cierta tensión interna en el propio texto:

1.4

capitalismo = mercados no regulados.

1.5

el capitalismo depende de instituciones jurídicas y políticas.

La segunda proposición es considerablemente más sofisticada que la primera.


7. El problema profundo no es que critique el capitalismo

Aquí hay que distinguir muy bien.

Una SEP sobre capitalismo debe incluir críticas al capitalismo.

Y la entrada lo hace extensamente:

Marx, explotación, dominación, alienación, desigualdad, democracia, ecología, etc.

Eso no constituye por sí mismo sesgo.

El problema académico aparece cuando una tradición que estás explicando es presentada mediante una versión más débil que la que sus propios autores defenderían.

Es el principio del steelman:

antes de criticar una teoría, preséntala en su versión intelectualmente más fuerte.

Aquí parece ocurrir parcialmente lo contrario:

Hayek/Friedman →

mercados sin regulación → equilibrio → eficiencia → ninguna crisis endógena → intervención estatal mala.

Después resulta mucho más fácil criticar esa construcción.

Eso sí constituye un problema de calidad intelectual.


8. Hay además una asimetría interesante

Observa la cantidad de matices que utiliza el texto cuando explica Marx.

La entrada advierte, por ejemplo, que Marx es complejo, distingue diferentes sentidos de explotación y señala controversias interpretativas.

También ofrece numerosas variantes marxistas y diferentes interpretaciones posteriores.

Sin embargo, Hayek y Friedman reciben cuatro párrafos extremadamente comprimidos.

Eso no demuestra necesariamente intencionalidad política.

Pero genera una asimetría epistemológica:

mientras que:

Ese patrón sí merece crítica académica.


9. Pero aquí Fernández-Villaverde también se pasa un poco

Hay dos saltos en su crítica.

Primero:

“bad scholarship”

Me parece defendible respecto a esa sección.

Pero demostrar que cuatro párrafos contienen errores o caricaturas no demuestra necesariamente que las aproximadamente 500 líneas restantes de la entrada carezcan de valor.

Segundo, el salto:

“¿Cómo puedo confiar ahora en la entrada de Hegel?”

es retóricamente potente pero epistemológicamente débil.

La SEP funciona con autores especializados distintos para cada entrada.

La página oficial atribuye específicamente Capitalism a Chiara Cordelli.

Un error importante en:

EntryA

no implica automáticamente:

EntryB, EntryC, EntryD

sean incorrectas.

Lo que sí cambia racionalmente es otra cosa:

Confianza ciega

y

Necesidad de verificacioˊn

Eso es perfectamente razonable.


10. Y tampoco demuestra todavía “activismo político”

Esta es para mí la parte menos demostrada de su argumento.

Hay tres hipótesis posibles:

H1. Activismo

La autora deliberadamente caricaturiza la teoría liberal porque parte de una determinada posición normativa.

H2. Sesgo disciplinar

Es una filósofa política interpretando un concepto económico sin suficiente familiaridad con la economía moderna.

H3. Exceso de compresión

Intentar explicar Hayek + Friedman + mercados + equilibrio + eficiencia en cuatro párrafos ha producido una simplificación intelectualmente desafortunada.

Con este fragmento podemos demostrar bastante bien que existe un problema técnico e historiográfico.

No podemos demostrar con la misma seguridad cuál de H1, H2 o H3 lo causa.

Y esa distinción es fundamental.


11. En lenguaje RMS: aquí aparece una posible “estupidez sistémica”, pero todavía no corrupción epistémica

Esto conecta directamente con varias cosas que hemos analizado.

El mecanismo peligroso sería:

El prestigio de Stanford actúa como una especie de capital epistemológico.

Precisamente por eso Fernández-Villaverde plantea una cuestión importante:

¿qué ocurre cuando una institución consume ese capital publicando contenido manifiestamente débil en un área que algunos lectores conocen bien?

El usuario descubre el error en su campo.

Después actualiza:

P(otras entradas correctas)

Ese efecto reputacional es real.

Pero no debemos pasar automáticamente a:

Faltaría evidencia intermedia.


12. La lectura más profunda

Creo que el debate interesante no es realmente Stanford contra Fernández-Villaverde.

Es un ejemplo de un fenómeno mayor que hemos encontrado repetidamente:

cuando una disciplina describe otra disciplina mediante categorías normativas propias, existe riesgo de perder el mecanismo real.

Aquí ocurre algo parecido.

La filosofía política pregunta:

¿es justo el capitalismo?

La economía pregunta:

¿cómo coordinan decisiones e información estos sistemas y qué equilibrio generan?

La historia económica pregunta:

¿cómo surgieron esas instituciones?

La ciencia política pregunta:

¿quién posee poder dentro de ellas?

Todas son preguntas legítimas.

El error aparece cuando:

descripcioˊn normativa

se presenta como:

descripcioˊn positiva del mecanismo.

Y exactamente eso parece ocurrir parcialmente con la caracterización del equilibrio.


Mi valoración final

Yo separaría así la fuerza de las acusaciones:

CríticaValoración
Confunde equilibrio con eficienciaMuy sólida
Confunde equilibrio con estabilidad/autocorrecciónSólida
Presenta equilibrio como doctrina laissez-faireMuy sólida
Caricaturiza a HayekMuy probable
Simplifica excesivamente a FriedmanMuy probable
Existe asimetría respecto a otras tradicionesPlausible y visible
La entrada entera es académicamente inútilExagerado
Demuestra activismo políticoNo demostrado
Invalida la credibilidad de toda la SEPExcesivo

Y para mí hay una conclusión todavía más interesante para nuestro marco de análisis:

El problema no es que Stanford critique el capitalismo. El problema aparece cuando sustituye una teoría compleja del funcionamiento del mercado por una caricatura normativa del mercado.

Ese es un fallo epistemológico mucho más serio que simplemente tener una ideología.

Porque una buena institución intelectual debería ser capaz de escribir simultáneamente:

el mejor argumento de Marx contra el capitalismo, el mejor argumento de Hayek sobre el conocimiento, el mejor argumento de Keynes sobre la inestabilidad, el mejor argumento de Friedman sobre libertad económica y el mejor argumento institucionalista sobre las reglas que hacen posible el mercado.

Y después permitir que el lector vea dónde chocan realmente.

En ese sentido, Fernández-Villaverde ha detectado un problema real. Su diagnóstico técnico es bastante mejor que su extrapolación institucional.

Y hay una conexión muy potente con lo que llevamos trabajando sobre “blindaje moral” y estupidez sistémica: el siguiente paso interesante sería analizar si esto es un simple error individual o si forma parte de un mecanismo institucional más general por el cual determinados entornos académicos conservan mucho rigor dentro de un paradigma pero pierden capacidad de steelman cuando describen paradigmas rivales. Ahí sí entramos de lleno en RMS.

A guide for students of economics: Ten statements that demonstrate that someone does not understand modern economics or what an equilibrium is, and that you can safely ignore everything else they say. 1. “Equilibrium means the economy is stable or at rest.” Many assume that an equilibrium is a peaceful state with no forces at play. Instead, an equilibrium is just an arrangement of actions and expectations over time that are mutually consistent. It can be locally unstable, explosive, or fragile. Nothing in the definition of equilibrium implies stability. 2. “Equilibrium implies optimality or social efficiency.” Equilibrium is often conflated with efficiency, but equilibrium merely reflects decentralized consistency, not welfare maximization. Market power, externalities, incomplete markets, nominal rigidities, and frictions routinely produce inefficient equilibria. I often teach a first-year macro graduate course, and not a single one of the equilibria I define is efficient. 3. “Equilibrium is a unique outcome.” Many often expect models to have one equilibrium. In reality, multiple equilibria arise naturally in dynamic, strategic, and incomplete-market environments. Models of coordination failures, self-fulfilling expectations, bubbles, overlapping generations, and liquidity traps all hinge on the existence of equilibrium multiplicity. 4. “Equilibrium requires perfect foresight or perfect information.” Equilibrium does not assume agents know the future. In fact, equilibria are often stochastic. The definition of equilibrium only requires that beliefs are consistent with the (perceived) stochastic laws of motion implied by the model. Bayesian learning, noisy signals, ambiguity, and subjective uncertainty all fit well within an equilibrium framework, provided beliefs converge to an internally consistent (but possibly incorrect) distribution. Bonus point: equilibria are compatible with agents having diverging beliefs that never converge to a single Dirac distribution. 5. “Real economies are rarely in equilibrium, so the concept is unrealistic.” Equilibrium is not meant to describe the daily state of the world. It is a conceptual device used to understand the outcome of our models under the assumptions we make. Also, see point 1 above. 6. “Equilibrium requires agents to be fully rational in a psychological sense.” Equilibrium only assumes internal consistency: agents optimize given preferences and constraints. It does not assume realism about human cognition. We can and do define equilibria in models with behavioral biases, bounded rationality, inattention, or rule-of-thumb behavior. We only need to ensure that the resulting actions and beliefs are mutually compatible. 7. “Equilibrium eliminates dynamics or learning.” Equilibrium is sometimes misinterpreted as a static state in which nothing evolves. In fact, many equilibria are sequences of probability distributions over states driven by shocks, policy rules, and endogenous responses. Learning dynamics (Bayesian updating, adaptive rules, experience-based expectations) can occur within equilibrium if the evolution of beliefs is self-consistent. 8. “Equilibrium renders expectations unimportant.” A common misconception is that equilibrium mechanically determines outcomes. In reality, expectations are often central: they determine investment, consumption, asset prices, and policy responses. Many equilibria differ only in their expectations. This is why communication, credibility, and forward guidance matter even in fully rational models. 9. “Equilibrium excludes policy intervention.” Some interpret equilibrium as a laissez-faire concept. In fact, equilibrium analysis is the foundation of modern policy evaluation. Fiscal, monetary, and regulatory interventions work through equilibrium responses (prices, wages, interest rates, quantities) and must satisfy equilibrium conditions to be credible. Equilibrium is a tool for policy design, not a barrier to it. 10. “Equilibriums…” Aequilibrium is a Latin neuter noun of the second declension, which forms a nominative plural in “a”. It is composed of aequus (equal; the same root as equality or equity) and libra (balance or scales or the name of several currencies over history). A final thought: “equilibrium” is a term of art. Its meaning in economics differs from its use in the natural sciences or in everyday language. Terms of art are ubiquitous across academic disciplines, and the first act of intellectual diligence when one starts studying a discipline is to learn what they mean

Estas notas de Fernández-Villaverde refuerzan mucho la crítica anterior porque permiten precisar qué es exactamente el error conceptual de la entrada de Stanford. No se trata solo de que una frase sea demasiado simple: el problema es que atribuye al concepto de equilibrio una serie de propiedades que no forman parte de su definición económica.

La clave de las diez notas puede resumirse así:

Equilibrio = consistencia mutua, no perfeccioˊn del sistema

Y esa distinción cambia por completo la lectura.

1. La idea central: equilibrio no describe un mundo “en orden”

Fernández-Villaverde insiste en que equilibrio no significa reposo, estabilidad ni ausencia de tensiones.

Un equilibrio puede ser:

  • inestable;
  • frágil;
  • explosivo;
  • estocástico;
  • cambiante;
  • sujeto a shocks;
  • caracterizado por crisis.

Por tanto, la palabra equilibrium engaña si se interpreta con su significado cotidiano de “balance”.

En economía es un término técnico.

Lo esencial es que decisiones, restricciones, precios, expectativas y reglas de comportamiento sean mutuamente compatibles.

Eso permite una definición mucho más general:

No:

Esta distinción es probablemente la más importante de todo su texto.


2. Sus diez puntos destruyen una cadena de inferencias equivocada

La interpretación ingenua suele construir algo así:

Fernández-Villaverde dice que cada flecha es incorrecta.

Su explicación permite sustituirla por algo mucho más realista:

interacciones descentralizadas uno o varios equilibrios posibles

Y después debemos preguntar separadamente:

  • ¿es estable?
  • ¿es eficiente?
  • ¿es justo?
  • ¿es resiliente?
  • ¿es único?
  • ¿es deseable?

Son preguntas diferentes.


3. Punto 1: equilibrio ≠ estabilidad

Este punto resulta crucial para nuestra lectura sistémica.

Puede haber un equilibrio cuya dinámica local sea inestable.

Eso parece paradójico solo porque utilizamos “equilibrio” en sentido cotidiano.

Imaginemos:

Podemos tener un punto o trayectoria compatible con las decisiones de todos los agentes, pero pequeñas perturbaciones pueden producir grandes desviaciones.

Por tanto:

Esto conecta directamente con los sistemas complejos.

Un sistema puede ser internamente coherente y simultáneamente:

  • vulnerable;
  • procíclico;
  • altamente apalancado;
  • cercano a un punto crítico.

Es una distinción enormemente útil.


4. Punto 2: equilibrio ≠ eficiencia

Éste es probablemente el punto que más directamente contradice la entrada de Stanford.

Fernández-Villaverde lo expresa muy bien:

equilibrium merely reflects decentralized consistency, not welfare maximization.

Es la diferencia entre:

consistencia

y

optimalidad.

Un monopolio puede estar perfectamente en equilibrio.

También una economía con contaminación.

También una economía con desempleo involuntario dentro de ciertos modelos.

También un sistema financiero con restricciones de crédito.

Por ejemplo:

Los agentes pueden comportarse perfectamente de acuerdo con sus incentivos.

Tenemos equilibrio.

Pero:

Esto es fundamental porque evita una confusión política muy habitual:

“Si los economistas utilizan modelos de equilibrio, están suponiendo que los mercados funcionan perfectamente.”

No.

Precisamente utilizamos equilibrio para estudiar por qué pueden funcionar mal.


5. Punto 3: puede haber múltiples equilibrios

Este punto tiene enormes implicaciones para el análisis económico y político.

No siempre existe:

Puede existir:

o:

dependiendo de expectativas, coordinación o creencias.

Esto abre la puerta a:

  • profecías autocumplidas;
  • corridas bancarias;
  • crisis monetarias;
  • trampas de liquidez;
  • burbujas;
  • equilibrios de bajo crecimiento;
  • equilibrios de alta inversión.

Es muy importante para RMS porque significa que las expectativas pueden seleccionar sistemas diferentes.

Por ejemplo:

Expectativa de crisis

menos inversión

menos crecimiento

mayor probabilidad de crisis.

La expectativa inicial contribuye a generar el resultado esperado.


6. Puntos 4 y 8: las expectativas no desaparecen; pueden ser el centro del equilibrio

Aquí Fernández-Villaverde corrige otra interpretación popular.

Equilibrio no significa:

todos conocen perfectamente el futuro.

Puede haber:

  • incertidumbre;
  • señales ruidosas;
  • aprendizaje bayesiano;
  • creencias heterogéneas;
  • ambigüedad;
  • errores persistentes.

Lo importante es que las reglas de formación de expectativas formen parte del modelo.

De hecho, muchos fenómenos económicos dependen decisivamente de expectativas:

Esto introduce una dimensión muy interesante:

los relatos también pueden convertirse en variables económicas.

Una narrativa suficientemente creíble puede alterar comportamiento presente.

Y eso modifica el equilibrio.


7. Punto 5: el equilibrio es una herramienta, no una fotografía

Este es quizá el mejor antídoto contra la crítica:

“La economía real nunca está en equilibrio.”

Fernández-Villaverde responde correctamente que esa frase confunde modelo y realidad.

El equilibrio es una construcción analítica.

Algo parecido sucede en física con:

  • vacío perfecto;
  • gas ideal;
  • cuerpo rígido;
  • sistema cerrado.

No afirmamos necesariamente que el mundo sea exactamente así.

Construimos una representación que permite aislar mecanismos.

En economía:

y después:

La pregunta relevante no es:

“¿Existe literalmente el equilibrio?”

sino:

“¿Nos ayuda este concepto a identificar mecanismos causales y realizar predicciones?”


8. Punto 6: racionalidad económica tampoco significa psicología perfecta

Otra buena aclaración.

Muchas críticas populares dicen:

los modelos económicos suponen seres humanos perfectamente racionales.

Pero incluso dentro de modelos de equilibrio pueden introducirse:

  • sesgos cognitivos;
  • atención limitada;
  • racionalidad acotada;
  • heurísticas;
  • hábitos;
  • reglas simples de decisión.

El equilibrio requiere fundamentalmente que el comportamiento especificado por el modelo sea internamente compatible.

Esto permite una formulación que encaja muy bien con pensamiento sistémico:

pueden generar:

Equilibrios perfectamente definidos

pero malos.


9. Punto 7: equilibrio y dinámica no son opuestos

Este punto merece especial énfasis.

Una economía puede estar continuamente cambiando y seguir una trayectoria de equilibrio.

Por ejemplo:

{xt}t=0

puede ser una trayectoria completa de equilibrio.

Cada periodo cambia:

  • producción;
  • precios;
  • capital;
  • empleo;
  • consumo;
  • tecnología.

Por tanto:

y tampoco:

Ésta es una confusión muy habitual incluso fuera de la economía.


10. Punto 9: el equilibrio no tiene ideología incorporada

Probablemente es el punto más importante para la controversia Stanford.

El análisis de equilibrio puede evaluar:

impuestos

regulación

política monetaria

política fiscal

subsidios

aranceles

transferencias

reglas financieras.

Es decir:

Por eso Fernández-Villaverde afirma acertadamente:

equilibrium is a tool for policy design, not a barrier to it.

Esto desmonta la asociación:

No existe esa identidad.


11. Su punto 10 parece una broma, pero tiene intención metodológica

La observación sobre equilibrium/equilibria parece humorística, pero sirve para cerrar la tesis.

“Equilibrium” es un term of art.

Es decir, una palabra cuyo significado técnico dentro de una disciplina no coincide necesariamente con el lenguaje común.

Y aquí introduce una norma epistemológica muy importante:

antes de criticar una disciplina hay que aprender cómo utiliza sus conceptos.

Esto vale para economía, física, biología, filosofía o derecho.

Muchos debates interdisciplinarios se estropean precisamente porque alguien toma:

significado cotidiano

y lo sustituye por:

significado teˊcnico.

12. Esto permite formular mejor el error de Stanford

Con estas diez notas, podemos reconstruir el problema de manera mucho más precisa.

La entrada parece convertir:

equilibrio

en un concepto cargado simultáneamente con:

Pero Fernández-Villaverde está diciendo:

Equilibrio=compatibilidad de acciones, restricciones y expectativas

Todo lo demás debe demostrarse separadamente.

Esa es la diferencia fundamental.


13. Y aquí aparece una enseñanza sistémica mucho más profunda

Podemos traducirlo a RMS.

Recursos

  • capital;
  • trabajo;
  • información;
  • energía;
  • tecnología;
  • crédito.

Mecanismos

  • precios;
  • expectativas;
  • incentivos;
  • aprendizaje;
  • competencia;
  • regulación;
  • coordinación.

Sistema

La combinación de todos ellos genera:

determinados equilibrios

Pero el equilibrio es el resultado de la arquitectura, no una evaluación normativa de esa arquitectura.

Por eso podríamos tener:

Sistema A

eficiente pero desigual.

Sistema B

menos eficiente pero más resiliente.

Sistema C

estable pero tecnológicamente estancado.

Sistema D

muy productivo pero financieramente frágil.

Aquí aparece algo muy importante:

La pregunta relevante no es si existe equilibrio, sino qué equilibrio produce el sistema y mediante qué mecanismos.

Esta frase me parece una excelente incorporación a nuestro marco RMS.


14. Incluso podemos ir un paso más allá: distinguir cinco propiedades

Una buena disciplina analítica debería separar siempre:

Existencia

¿Existe un equilibrio?

Unicidad

¿Hay uno o varios?

Estabilidad

¿Volvemos a él después de una perturbación?

Eficiencia

¿Maximiza algún criterio de bienestar?

Deseabilidad

¿Consideramos social o políticamente aceptable ese resultado?

Son cinco preguntas diferentes.

Y buena parte de las discusiones ideológicas aparecen porque se mezclan.


15. Aplicación a capitalismo: cambia por completo la pregunta

En lugar de preguntar:

¿El capitalismo alcanza un equilibrio?

la pregunta interesante sería:

¿qué clases de equilibrio generan las distintas arquitecturas capitalistas?

Porque no existe un único capitalismo.

Podemos comparar:

Estados Unidos

Alemania

países nórdicos

China

Todos combinan de manera distinta:

  • Estado;
  • mercado;
  • propiedad;
  • crédito;
  • empresas;
  • regulación;
  • trabajo;
  • comercio.

El debate deja entonces de ser:

Capitalismo vs Estado

y pasa a ser:

arquitecturas institucionales alternativas

Éste es exactamente el tipo de desplazamiento conceptual que llevamos haciendo en nuestros análisis sobre China, Europa y globalización.


Una nota especialmente útil para nuestro marco

De las diez afirmaciones de Fernández-Villaverde yo conservaría cuatro como reglas epistemológicas generales:

1. Consistencia no implica optimalidad.

Un sistema puede funcionar exactamente conforme a sus incentivos y producir malos resultados.

2. Estabilidad no implica eficiencia.

Un sistema malo puede ser extraordinariamente estable.

3. Inestabilidad no implica ausencia de estructura.

Una crisis puede formar parte de la dinámica endógena de un sistema perfectamente inteligible.

4. Intervención no significa romper el sistema.

La política modifica reglas e incentivos y, por tanto, genera otros equilibrios.

Esto conecta con una idea que aparece una y otra vez en RMS:

Muchos problemas que parecen “fallos” son en realidad resultados de equilibrio de un sistema mal diseñado.

Por ejemplo, baja productividad, captura regulatoria, vivienda escasa, exceso de microempresas o dependencia industrial pueden persistir no porque el sistema esté desequilibrado, sino precisamente porque los incentivos existentes hacen que ese resultado sea estable y mutuamente consistente.


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