Dos teorías distintas sobre el poder en el siglo XXI

- La primera teoria, representada por el paper de Fernández-Villaverde, Ohanian y Yao, sostiene que China sigue una trayectoria clásica de convergencia económica.

- La segunda, defendida por numerosos analistas geopolíticos y tecnólogos, considera que China está construyendo una forma distinta de hegemonía basada en escala, datos, industria y control de redes globales.

La cuestión central es determinar cuál de estas dos visiones explica mejor la realidad emergente.

1. La tesis neoclásica: China como potencia de convergencia

El argumento del paper es relativamente sencillo:

  • China creció porque partía muy lejos de la frontera tecnológica.
  • Acumuló capital a una velocidad extraordinaria.
  • Absorbió tecnología extranjera.
  • Repitió un patrón similar al de Japón, Corea o Taiwán.

La conclusión es contundente:China no constituye una excepción histórica.

Sería simplemente el mayor episodio de convergencia económica jamás observado.

Si esto es correcto, la consecuencia geoeconómica es clara:

  • China seguirá siendo enorme.
  • China seguirá siendo relevante.
  • Pero no alcanzará la frontera tecnológica estadounidense.
  • No sustituirá a Estados Unidos como potencia hegemónica.

Según esta visión, China sería una potencia de escala, pero no una potencia de frontera.


2. La tesis alternativa: la hegemonía ya no depende del PIB per cápita

Los defensores del ascenso hegemónico chino parten de una premisa distinta.

Consideran que medir la hegemonía mediante PIB per cápita es utilizar una métrica del siglo XX para analizar un mundo del siglo XXI.

La pregunta no sería:¿Alcanzará China la renta per cápita estadounidense?

Sino: ¿Controlará China suficientes nodos críticos de la economía mundial?

Desde esta perspectiva, el indicador relevante no es el ingreso medio de los ciudadanos chinos.

Los indicadores relevantes son:

  • producción industrial,
  • baterías,
  • vehículos eléctricos,
  • paneles solares,
  • tierras raras,
  • puertos,
  • logística,
  • comercio marítimo,
  • manufactura avanzada,
  • inteligencia artificial,
  • capacidad de despliegue industrial.

Aquí la imagen cambia radicalmente.


3. Escala versus frontera tecnológica

La principal fortaleza del modelo neoclásico es que explica muy bien el crecimiento histórico.

Su principal debilidad es que puede subestimar los efectos de la escala.

Históricamente:

  • Gran Bretaña dominó por innovación.
  • Estados Unidos dominó por innovación y escala.
  • China podría intentar dominar mediante escala extrema.

La diferencia es importante.

La frontera tecnológica genera innovación.

La escala genera dependencia.

Y la dependencia también crea poder.

Por ejemplo:

  • Europa no depende de China porque China tenga el mejor laboratorio del mundo.
  • Europa depende de China porque China concentra enormes capacidades industriales.

La hegemonía puede surgir tanto de la innovación como del control de nodos críticos.


4. Lo que el modelo neoclásico no captura completamente

Desde una perspectiva RMS y de riesgo sistémico, el paper tiene una limitación importante.

Analiza:

  • productividad,
  • capital,
  • trabajo,
  • convergencia.

Pero no analiza:

  • dependencia industrial,
  • control logístico,
  • cadenas de suministro,
  • estándares tecnológicos,
  • redes digitales,
  • infraestructuras críticas.

Sin embargo, gran parte del poder contemporáneo surge precisamente de esas redes.

China controla posiciones extraordinariamente fuertes en:

  • baterías,
  • refinado de minerales críticos,
  • paneles solares,
  • vehículos eléctricos,
  • manufactura electrónica,
  • puertos y logística marítima.

La pregunta relevante pasa a ser:

¿Puede un país ser hegemónico sin liderar todas las tecnologías de frontera si controla los principales flujos industriales del planeta?

La respuesta no es evidente.


5. La visión RMS: China como potencia sistémica parcial

El análisis RMS sugiere una posición intermedia.

Ni la visión neoclásica ni la visión de hegemonía inevitable parecen completamente satisfactorias.

China presenta fortalezas extraordinarias:

Masa

  • Mercado gigantesco.
  • Base manufacturera sin precedentes.
  • Capacidad de movilización de recursos.

Escala

  • Producción industrial.
  • Infraestructura.
  • Logística.
  • Energía.

Coordinación

  • Política industrial.
  • Crédito dirigido.
  • Planificación estratégica.

Dependencias inducidas

  • Baterías.
  • Tierras raras.
  • Paneles solares.
  • Vehículos eléctricos.
  • Componentes industriales.

Pero también presenta debilidades estructurales:

Frontera tecnológica

Sigue dependiendo parcialmente de:

  • semiconductores avanzados,
  • software crítico,
  • equipamiento de litografía,
  • ecosistemas de innovación occidentales.

Demografía

  • Envejecimiento acelerado.
  • Caída de población activa.

Productividad

  • Rendimientos decrecientes de la inversión.
  • Sobrecapacidad industrial.

Finanzas

  • Elevado endeudamiento.
  • Sector inmobiliario tensionado.

Por ello, China parece más una potencia sistémica incompleta que una potencia hegemónica plena.


6. El gran error europeo

Para Europa, la cuestión realmente importante no es decidir quién tiene razón.

El verdadero riesgo es otro.

Tanto si China alcanza la hegemonía como si no la alcanza, Europa sigue enfrentándose a una competencia sistémica.

Si la tesis neoclásica es correcta:

  • China seguirá siendo una potencia industrial gigantesca durante décadas.

Si la tesis hegemónica es correcta:

  • China aumentará aún más su capacidad de influencia global.

En ambos casos:

  • Europa debe reducir dependencias.
  • Europa debe reforzar capacidades industriales.
  • Europa debe construir autonomía tecnológica.
  • Europa debe mejorar su coordinación institucional.

La estrategia europea no puede depender de acertar una predicción sobre China.

Debe ser robusta bajo ambos escenarios.


7. Conclusión: ¿potencia de escala o potencia hegemónica?

El paper del NBER sugiere que China no completará la transición hacia una potencia de frontera comparable a Estados Unidos y que su convergencia económica terminará estabilizándose muy por debajo de los niveles estadounidenses.

Sin embargo, los partidarios de la tesis hegemónica señalan algo igualmente importante:la hegemonía contemporánea puede derivar no solo de la innovación, sino también del control de redes, infraestructuras, cadenas de suministro y capacidades industriales.

La síntesis  desde una perspectiva RMS es:

China probablemente no sustituirá a Estados Unidos como hegemón único del sistema internacional. Pero tampoco será simplemente otra economía convergente. Se está convirtiendo en una potencia sistémica de escala capaz de generar dependencias estructurales, influir sobre flujos globales y condicionar decisiones económicas de terceros países durante varias décadas.

La cuestión estratégica para Europa no es si China alcanzará la hegemonía total.

La cuestión estratégica es que incluso una China no hegemónica puede ser lo suficientemente poderosa como para alterar profundamente el equilibrio industrial, tecnológico y geoeconómico europeo

 Resumen estructurado del paper “The Neoclassical Growth of China” (NBER Working Paper 31351)

Resumen estructurado del paper “The Neoclassical Growth of China” (NBER Working Paper 31351)

 Resumen estructurado del paper “The Neoclassical Growth of China” (NBER Working Paper 31351)

 China cuadruplicó su PIB per cápita relativo al de EE. UU. entre 1995 y 2019, y el artículo muestra que este ascenso puede explicarse casi por completo con un modelo neoclásico estándar —Ramsey‑Cass‑Koopmans— combinado con un proceso simple de convergencia de productividad total de los factores (TFP).

China pasó de 6,6 % del PIB per cápita estadounidense en 1995 a 25 % en 2019, un aumento casi cuadruplicado en solo 25 años.

Los autores muestran que el patrón de crecimiento chino no es único, sino que se parece mucho al de Japón, Corea, Taiwán, Hong Kong y Singapur durante sus fases de despegue:

  • crecimiento inicial extremadamente rápido,

  • seguido por una desaceleración pronunciada conforme se agota la convergencia tecnológica.

Este paralelismo es clave: China no está rompiendo las leyes de la macroeconomía; está siguiendo el mismo camino que otros países del Este Asiático.

. El modelo neoclásico sí explica el milagro chino

El artículo demuestra que un modelo muy básico —sin trucos institucionales ni supuestos heterodoxos— puede reproducir la trayectoria china:

  • Ramsey‑Cass‑Koopmans con

    • acumulación de capital,

    • preferencias estándar,

    • y un proceso parsimonioso de catch‑up de TFP.

El modelo encaja bien tanto con China como con otros países asiáticos en etapas similares.

Esto implica que el crecimiento chino no requiere explicaciones alternativas como “excepcionalismo institucional”, “planificación estatal superior”, o “modelos híbridos”: la macro neoclásica basta.

 Proyección: fuerte desaceleración del crecimiento chino

Usando el modelo y comparando con los vecinos asiáticos, los autores concluyen:

  • El crecimiento chino se desacelerará sustancialmente.

  • EE. UU. crecerá más rápido que China alrededor de 2043.

  • El PIB per cápita chino se estabilizará cerca del 44 % del nivel estadounidense hacia 2100.

Es decir: China no alcanzará a EE. UU. en ingresos per cápita; su convergencia se detendrá a menos de la mitad del nivel estadounidense.

Implicación conceptual

El trabajo refuerza una idea importante:

El “milagro chino” no es una excepción a la teoría del crecimiento; es un ejemplo más de convergencia neoclásica acelerada.

La desaceleración futura no es un accidente político, sino una predicción estructural del modelo.

Conclusión

El artículo sostiene que:

  • China creció rápido porque estaba muy lejos de la frontera tecnológica y acumuló capital masivamente.

  • Ahora está entrando en la fase en la que el catch‑up se agota.

  • Su crecimiento futuro será mucho más lento que el estadounidense.

  • Su nivel de vida se estabilizará en torno al 40–45 % del de EE. UU. hacia finales de siglo

Los datos económicos de China no son mejores que los de sus pares

Cada uno de estos enfoques —neoclásico (Fernández‑Villaverde et al.), Young, Krugman, y el marco de state capitalism— explica el crecimiento asiático desde ángulos distintos. 

El paper neoclásico sostiene que China creció como cualquier economía en convergencia: acumulación de capital + catch‑up de TFP. Young y Krugman argumentan que el milagro asiático fue input‑driven, no eficiencia. El enfoque de state capitalism afirma que China creció por intervención estatal estratégica, no por dinámica de mercado.

Los tres enfoques explican partes distintas del fenómeno

Modelo neoclásico (Fernández‑Villaverde, Ohanian & Yao)

Modelo neoclásico

  • Usa Ramsey‑Cass‑Koopmans con catch‑up de TFP.

  • China crece rápido porque:

    • parte muy lejos de la frontera tecnológica,

    • acumula capital masivamente,

    • y converge en productividad.

  • No requiere instituciones “especiales”: China se comporta como Japón, Corea o Taiwán en su fase de convergencia.

  • Predicción: desaceleración fuerte y estabilización en ~44 % del PIB per cápita de EE. UU.

Enfoque: crecimiento explicado por fundamentos macroeconómicos universales.

Young (1995): el milagro asiático como “perspiration, not inspiration”

Young 1995

Young estudió Singapur, Hong Kong, Corea y Taiwán y concluyó:

  • El crecimiento se explica por acumulación de factores:

    • más capital físico,

    • más horas trabajadas,

    • más educación.

  • Pero muy poca mejora en TFP.

  • Es decir: crecimiento extensivo, no intensivo.

Comparación con el modelo neoclásico:

PuntoNeoclásicoYoung
Motor del crecimiento   TFP + capital                         Capital + trabajo
Naturaleza del milagro  Convergencia estándar                           Input-driven
PredicciónDesaceleración natural     Desaceleración inevitable por agotamiento de inputs

El modelo neoclásico acepta que la TFP china creció, pero de forma parsimoniosa; Young diría que incluso esa TFP está sobreestimada

. Krugman (1994): el milagro asiático no es milagro

Krugman 1994

Krugman popularizó la tesis de Young:

  • El crecimiento asiático es como el soviético: más inversión, más trabajo, no más eficiencia.

  • Sin mejoras de productividad, el crecimiento no es sostenible.

  • Predijo que Asia se desaceleraría (lo cual ocurrió).

Comparación con el modelo neoclásico:

  • El neoclásico dice que China sí tuvo catch‑up de TFP, aunque moderado.

  • Krugman diría que ese catch‑up es insuficiente para sostener el ritmo.

  • Ambos coinciden en la desaceleración futura, pero por razones distintas.

Enfoque de “state capitalism” (Naughton, Breslin, Heilmann, etc.)

State capitalism

Este enfoque sostiene que China creció por:

  • Estado desarrollista que dirige la inversión,

  • SOEs estratégicas,

  • crédito dirigido,

  • subsidios industriales,

  • competencia entre gobiernos locales,

  • control del tipo de cambio,

  • represión financiera,

  • planificación sectorial (Made in China 2025).

Aquí el motor del crecimiento no es la convergencia neoclásica, sino:

  • coordinación estatal,

  • movilización de recursos,

  • política industrial,

  • supresión de consumo para financiar inversión.

Comparación con el modelo neoclásico:

PuntoNeoclásicoState capitalism
Motor del crecimientoTFP + capitalIntervención estatal
Rol del EstadoSecundarioCentral
Interpretación del milagroConvergencia estándarModelo institucional único
PredicciónDesaceleración por agotamiento del catch‑upDepende de la capacidad estatal de reasignar recursos

El enfoque estatal explica cómo China movilizó recursos; el neoclásico explica por qué esa movilización produce crecimiento

Síntesis comparativa final

¿Qué explica mejor el milagro chino?

  • Neoclásico: la dinámica macro fundamental.

  • Young/Krugman: la composición del crecimiento (inputs vs TFP).

  • State capitalism: los mecanismos institucionales que permitieron movilizar esos inputs.

 ¿Qué predicen sobre el futuro?

  • Neoclásico: desaceleración estructural por convergencia.

  • Young/Krugman: desaceleración porque el input-driven growth se agota.

  • State capitalism: desaceleración si el Estado pierde capacidad de reasignación eficiente.

Todos coinciden en la desaceleración, pero por razones distintas

La lectura geoeconómica del paper es mucho más incisiva que la interpretación macro estándar, porque revela qué significa realmente que China siga un patrón “neoclásico normal” y que su convergencia se detenga en torno al 40–45 % del PIB per cápita de EE. UU. Lo que el modelo describe como “catch‑up de TFP” y “acumulación de capital” es, en clave geoeconómica, una fase de expansión del poder estructural chino que ahora entra en su límite sistémico.

El hallazgo clave del paper —China se estabiliza en ~44 % del PIB per cápita de EE. UU.— tiene una lectura estratégica:

🔹 China no alcanza la frontera tecnológica occidental

Esto implica que:

  • no controla los nodos de innovación global,

  • no domina las tecnologías de propósito general (GPTs),

  • no puede reescribir las reglas del sistema internacional.

🔹 Su poder estructural queda incompleto

En RMS, China logra masa (M) y capacidad de presión (S), pero no logra:

  • control de arquitectura (quién define estándares, plataformas, protocolos),

  • control de frontera tecnológica,

  • control de instituciones globales.

El modelo neoclásico, sin pretenderlo, confirma que China no se convierte en potencia de frontera, sino en potencia de escala.

Lo que el modelo describe como “catch‑up de TFP” y “acumulación de capital” es, en clave geoeconómica, una fase de expansión del poder estructural chino que ahora entra en su límite sistémico.

Si China crece como un país asiático típico y no como una potencia capaz de romper la frontera tecnológica, entonces su ascenso no es un cambio de hegemonía, sino un episodio de convergencia parcial que no altera la jerarquía estructural del sistema internacional.

El modelo neoclásico, leído geoeconómicamente, implica:

China no sustituirá a EE. UU. como potencia sistémica porque su crecimiento no es de frontera, sino de alcance limitado.

  El “milagro chino” como fase de expansión del poder estructural

En RMS, el crecimiento acelerado de China entre 1995 y 2019 se interpreta como:

  • Aumento de masa económica (M): multiplicación del PIB y del peso en el comercio global.

  • Aumento de capacidad de presión (S): más instrumentos coercitivos (financiación, inversión, control de cadenas).

  • Aumento de resiliencia interna (R): urbanización, industrialización, absorción de tecnología.

El paper muestra que esta fase se explica por:

  • acumulación de capital,

  • transferencia tecnológica,

  • y convergencia de productividad.

Geoeconómicamente, esto es expansión por absorción, no por innovación estructural.

 La convergencia limitada como techo geoeconómico

El hallazgo clave del paper —China se estabiliza en ~44 % del PIB per cápita de EE. UU.— tiene una lectura estratégica:

🔹 China no alcanza la frontera tecnológica occidental

Esto implica que:

  • no controla los nodos de innovación global,

  • no domina las tecnologías de propósito general (GPTs),

  • no puede reescribir las reglas del sistema internacional.

🔹 Su poder estructural queda incompleto

En RMS, China logra masa (M) y capacidad de presión (S), pero no logra:

  • control de arquitectura (quién define estándares, plataformas, protocolos),

  • control de frontera tecnológica,

  • control de instituciones globales.

El modelo neoclásico, sin pretenderlo, confirma que China no se convierte en potencia de frontera, sino en potencia de escala

 La desaceleración como transición geoeconómica

El paper predice que EE. UU. crecerá más rápido que China alrededor de 2043. Geoeconómicamente, esto significa:

🔹 Fin del ciclo de ascenso relativo chino

China deja de cerrar la brecha y empieza a abrirla. Esto implica:

  • pérdida de momentum estratégico,

  • reducción de capacidad para financiar coerción económica,

  • menor margen para sostener políticas industriales masivas.

🔹 Inicio del ciclo de estabilización coercitiva

Cuando el crecimiento se agota, las potencias que no alcanzan la frontera tienden a:

  • aumentar la coerción externa,

  • reforzar el control interno,

  • intensificar la política industrial defensiva,

  • buscar rentas geopolíticas (recursos, mercados cautivos).

Esto encaja con la China post‑2015: Made in China 2025, dual circulation, securitización de la economía.

 El modelo neoclásico como diagnóstico de vulnerabilidad estructural

El modelo revela tres vulnerabilidades geoeconómicas:

1. Dependencia de catch‑up tecnológico

China no genera TFP endóneo suficiente. Esto implica dependencia de:

  • tecnología extranjera,

  • cadenas globales,

  • know‑how externo.

En RMS, esto es dependencia estructural tolerable que se vuelve crítica cuando se politiza.

2. Sobreinversión como mecanismo de poder

El crecimiento chino se basa en inversión masiva. Geoeconómicamente, esto crea:

  • sobrecapacidad exportada como instrumento coercitivo,

  • presión deflacionaria global,

  • dependencia de mercados externos.

Pero también genera fragilidad: cuando la inversión deja de ser eficiente, el poder estructural se erosiona.

3. Desaceleración como pérdida de capacidad coercitiva

Menor crecimiento implica:

  • menos recursos para financiar Belt and Road,

  • menos margen para sostener SOEs estratégicas,

  • menos capacidad para subsidios tecnológicos.

El modelo predice una China con poder coercitivo decreciente.

 Implicación estratégica: competencia de modelos sin sustitución hegemónica

El paper, leído geoeconómicamente, implica:

🔹 China no sustituye el modelo occidental

Porque no alcanza la frontera tecnológica ni la productividad de EE. UU.

🔹 China sí desafía el sistema

Porque su masa económica y su capacidad de presión son suficientes para generar:

  • fricciones comerciales,

  • coerción industrial,

  • competencia por estándares,

  • tensiones en cadenas de valor.

🔹 Pero el desafío es de alcance, no de reemplazo**

China se convierte en una potencia estructural parcial: capaz de presionar, pero no de reescribir el sistema.

Lectura RMS final

China aumenta resiliencia durante el catch‑up, pero la desaceleración futura la reduce.

La masa económica crece, pero no alcanza la masa de frontera.

China maximiza coerción durante la fase de ascenso, pero la desaceleración limita su capacidad futura.

Resultado RMS: China es una potencia estructural incompleta que no logra hegemonía, pero sí genera competencia sistémica prolongada.

Conclusión geoeconómica

El paper, sin mencionarlo explícitamente, demuestra que:

El ascenso chino es un episodio de convergencia parcial que no altera la jerarquía tecnológica global. China será una potencia de escala, no una potencia de frontera. La competencia con EE. UU. será intensa, pero no desembocará en sustitución hegemónica


Ampliación 

Qué trayectorias sistémicas abre y cierra para China dentro del sistema internacional, y cómo se ve eso en clave geoeconómica y RMS..

1. De trayectoria de crecimiento a trayectoria sistémica

El paper te da una trayectoria macro:

  • Fase 1 (≈1978–2010): catch‑up acelerado, acumulación de capital, salto de productividad relativa.

  • Fase 2 (≈2010–2040): desaceleración progresiva del crecimiento, agotamiento del catch‑up de TFP.

  • Fase 3 (≈2040–2100): estabilización en torno al 4045% del PIB per cápita de EE. UU., con EE. UU. creciendo más rápido.

En lectura geoeconómica, eso no es sólo una curva de PIB: es una trayectoria de poder estructural que pasa por:

  1. Ascenso relativo (China cierra brecha).

  2. Meseta relativa (China deja de cerrar brecha).

  3. Reapertura de brecha (EE. UU. vuelve a distanciarse).

El mensaje duro: el modelo implica que China no completa la transición a potencia de frontera, sino que se estabiliza como potencia de escala.

2. Trayectorias sistémicas en RMS

2.1. Trayectoria de Recursos (R)

Fase de ascenso:

  • Industrialización masiva: expansión de capacidad manufacturera, infraestructura, urbanización.

  • Acumulación de capital humano: educación, absorción tecnológica.

  • Capacidad financiera interna: movilización de ahorro, crédito dirigido.

Fase de meseta:

  • La inversión marginal pierde eficiencia.

  • El envejecimiento demográfico reduce dinamismo.

  • El espacio para seguir expandiendo recursos sin caer en sobrecapacidad y deuda se estrecha.

Lectura sistémica: China pasa de una fase de expansión de recursos a una fase de gestión de recursos. Eso cambia su comportamiento externo: menos “crecer a toda costa”, más “proteger lo acumulado”.

2.2. Trayectoria de Modelo (M)

Fase de ascenso:

  • Modelo de convergencia acelerada: absorber tecnología externa, no crearla.

  • Estado desarrollista como coordinador de inversión y política industrial.

  • Integración en cadenas globales como mecanismo de catch‑up.

Fase de meseta:

  • El modelo de convergencia se agota: ya no hay tanto que absorber.

  • El Estado se desplaza hacia un modelo de securitización económica:

    • dual circulation,

    • control de datos,

    • restricción de dependencias críticas.

Lectura sistémica: El modelo chino deja de ser un modelo de crecimiento y se convierte en un modelo de gestión de vulnerabilidades. Eso implica más control, más intervención, más fricción con el entorno internacional.

2.3. Trayectoria de Sistema (S)

Fase de ascenso:

  • China aumenta su peso en comercio, inversión, cadenas de valor.

  • Gana capacidad de coerción geoeconómica:

    • sobrecapacidad exportada,

    • financiación de infraestructuras (BRI),

    • control de nodos industriales (baterías, solar, etc.).

Fase de meseta:

  • La desaceleración limita recursos para sostener esa coerción.

  • La brecha de productividad con EE. UU. se estabiliza en niveles que no permiten hegemonía.

  • La capacidad de reescribir reglas globales se reduce.

Lectura sistémica: China se consolida como actor sistémico fuerte, pero no hegemónico. La trayectoria sistémica es de competencia prolongada sin sustitución.

3. Orquestación: cómo se conectan R, M y S en el tiempo

La orquestación es clave para entender las trayectorias:

3.1. Orquestación en la fase de ascenso

  • Recursos → Modelo: el Estado moviliza recursos (capital, trabajo, tecnología importada) hacia un modelo de convergencia.

  • Modelo → Sistema: la integración en cadenas globales convierte ese crecimiento en influencia sistémica (exportaciones, inversiones, estándares industriales).

  • Sistema → Recursos: el acceso a mercados y tecnología retroalimenta la acumulación de recursos.

Es un loop virtuoso: más integración → más crecimiento → más poder → más integración.

3.2. Orquestación en la fase de meseta

Cuando el catch‑up se agota:

  • Recursos se tensan: inversión menos eficiente, demografía adversa.

  • Modelo se endurece: más control, más securitización, más política industrial defensiva.

  • Sistema se vuelve conflictivo: más fricción con EE. UU., más restricciones tecnológicas, más fragmentación.

El loop se transforma:

  • más conflicto → menos acceso tecnológico → menos TFP → más necesidad de control → más conflicto.

Es un loop de endurecimiento sistémico, no de expansión.

4. Lectura geoeconómica profunda: qué significa esta trayectoria

4.1. No hay transición hegemónica, hay “bloqueo de convergencia”

El modelo dice que China se estabiliza en ~4045% del PIB per cápita de EE. UU. Geoeconómicamente, eso significa:

  • China no controla la frontera tecnológica.

  • No domina las instituciones clave (financieras, normativas, tecnológicas).

  • No puede imponer un orden alternativo global.

La trayectoria sistémica es de ascenso bloqueado:China llega a ser demasiado grande para ser subordinada, pero insuficiente para ser hegemónica.

4.2. Competencia de modelos sin sustitución

  • El modelo occidental sigue siendo el modelo de frontera (innovación, TFP endógena).

  • El modelo chino es un modelo de convergencia y control (absorción + securitización).

La trayectoria sistémica que emerge:

  • Competencia de modelos:

    • estándares tecnológicos,

    • gobernanza digital,

    • cadenas de valor.

  • Pero sin que el modelo chino pueda desplazar al occidental como referencia global.

Es una bifurcación parcial, no una sustitución.

4.3. De expansión geoeconómica a gestión de vulnerabilidades

En la fase de ascenso, China usa la economía como instrumento de expansión:

  • exportaciones,

  • inversiones,

  • proyectos de infraestructura,

  • control de nodos industriales.

En la fase de meseta, la prioridad se desplaza:

  • proteger cadenas críticas,

  • reducir dependencias,

  • blindar sectores estratégicos,

  • gestionar riesgos financieros y demográficos.

La lectura profunda: China pasa de una geoeconomía de proyección a una geoeconomía de protección.

5. Escenarios de trayectorias sistémicas (2025–2100)

A partir del paper, puedes dibujar tres grandes trayectorias:

Escenario A — “Meseta controlada”

  • China acepta la desaceleración.

  • Ajusta su modelo hacia estabilidad interna.

  • Mantiene influencia regional fuerte, pero no busca hegemonía global.

  • El sistema internacional se estabiliza en una bipolaridad incompleta.

Escenario B — “Endurecimiento conflictivo”

  • China intenta compensar la desaceleración con más coerción externa.

  • Aumenta la presión sobre vecinos, recursos, estándares.

  • EE. UU. responde con más contención tecnológica y financiera.

  • El sistema entra en una competencia geoeconómica de alta intensidad, sin ganador claro.

Escenario C — “Reconfiguración parcial”

  • China reorienta su modelo hacia más innovación endógena.

  • Logra elevar algo su TFP, pero sin romper la brecha con EE. UU.

  • Se convierte en co‑arquitecto de partes del sistema (Asia, África, ciertas tecnologías), pero no del conjunto.

El paper, tal como está, es más compatible con A o B que con C: la convergencia limitada y la desaceleración estructural hacen difícil una ruptura de frontera.

6. Síntesis: la trayectoria sistémica que sugiere el paper

En clave RMS y geoeconómica:

  • R: China maximiza recursos, pero entra en fase de tensión y gestión.

  • M: su modelo de convergencia se agota y se transforma en modelo de control.

  • S: su influencia sistémica se consolida, pero no alcanza hegemonía.

La trayectoria profunda es:

Ascenso acelerado → bloqueo de convergencia → competencia prolongada sin sustitución → geoeconomía de protección y fricción



The Neoclassical Growth of China

This paper studies China's four-fold increase in per capita GDP relative to the U.S. between 1995 and 2019. First, we argue that China's growth pattern is very similar to that of several other East Asia economies that initially grew very quickly. Second, we show that a minimalist Ramsey-Cass-Koopmans model with a parsimonious TFP catch-up process can account for China's growth path and the growth paths of other East Asia economies at a similar stage of development. The growth paths of other East Asia economies and the model predictions suggest that China's growth will substantially slow, so much so that we find the U.S. growth rate will likely be higher than China's by 2043. We also find that China's income per capita will level off at roughly 44% of the U.S. level around 2100

https://www.nber.org/papers/w31351

"Entre los objetivos de una comunidad política, el absolutamente prioritario es el del respeto a la dignidad humana y libertades fundamentales. China no cumple con esos objetivos."JFV


Industrial Accelerator Act al Sistema Operativo Industrial Europeo: síntesis RMS de una nueva estrategia para Europa **

 

 Industrial Accelerator Act al Sistema Operativo Industrial Europeo: síntesis RMS de una nueva estrategia para Europa

La tesis central es: Europa ha comenzado a comprender que la competencia internacional del siglo XXI ya no enfrenta simplemente a empresas, productos o países aislados. En realidad, compiten sistemas completos: sistemas industriales, financieros, tecnológicos, energéticos, logísticos, regulatorios e institucionales capaces de coordinar recursos, inversión, innovación, cadenas de suministro y poder geopolítico.

Este cambio de paradigma conecta directamente con el análisis desarrollado durante las últimas semanas en el proyecto RMS. China no compite solo con precios bajos, subsidios, moneda débil o grandes empresas exportadoras. Compite con una arquitectura industrial completa. Estados Unidos, por su parte, ha respondido con el CHIPS Act, el Inflation Reduction Act, controles de exportación, Buy American y políticas de seguridad tecnológica. Europa, en cambio, ha tardado más en comprender que su problema no es únicamente de recursos, sino de modelo, sistema, orquestación y capacidades.

El método RMS —Recursos, Modelo, Sistema— permite ordenar esta transformación. La pregunta ya no es únicamente cuánto capital llega, cuántas fábricas se anuncian o cuántos empleos se crean. La pregunta decisiva es qué capacidades quedan dentro del sistema europeo, quién controla la arquitectura productiva y qué autonomía conserva Europa bajo presión geopolítica. Esa es la pregunta que une los tres textos: el Industrial Accelerator Act como primera respuesta normativa, el Protocolo RMS como método de evaluación estratégica y el Sistema Operativo Industrial Europeo como arquitectura completa de coordinación industrial.

Durante décadas, Europa actuó bajo una lógica de apertura, competencia, regulación y defensa comercial tardía. Ese modelo funcionaba en una globalización donde se asumía que el comercio generaba eficiencia, que la inversión extranjera era positiva por definición y que la integración económica reduciría la rivalidad geopolítica. Pero la pandemia, la crisis energética provocada por Rusia, la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China y la sobrecapacidad industrial china han destruido esa ingenuidad. La eficiencia ya no basta si produce dependencia. La apertura ya no es suficiente si permite captura tecnológica. La regulación ya no protege si no va acompañada de capacidades productivas.

Aquí aparece una de las grandes ideas acumuladas del proyecto RMS: Europa no debe abandonar el comercio, pero sí debe abandonar la ingenuidad. La globalización no ha terminado, pero ha cambiado de naturaleza. Ya no se organiza solo en torno a costes, especialización y cadenas eficientes. Se organiza cada vez más en torno a resiliencia, autonomía, seguridad económica y control de nodos críticos. La competencia ya no se decide solo en el producto final, sino en las capas invisibles que hacen posible fabricar: energía, materiales, datos, software, maquinaria, financiación, conocimiento, proveedores y capacidad de escalado.

La dependencia invisible es una de las claves del diagnóstico. Europa no puede medir su vulnerabilidad frente a China mirando únicamente las importaciones directas o el déficit bilateral. La dependencia más peligrosa está muchas veces dentro de los productos europeos: baterías, celdas, materiales activos, electrónica de potencia, software, maquinaria, sensores, imanes, tierras raras, refinado mineral y componentes intermedios. Europa puede conservar la marca, el ensamblaje y la regulación, pero depender de China en las capas estratégicas de la cadena de valor. Como se ha señalado en los análisis anteriores, la pregunta ya no es cuánto importa Europa de China, sino cuánto China hay dentro de lo que Europa fabrica.

Esa dependencia invisible se combina con otra idea esencial: los subsidios sistémicos. La visión convencional mide ayudas directas, exenciones fiscales o créditos preferenciales declarados. Pero China no compite únicamente mediante subvenciones visibles. Compite mediante una arquitectura económica que reduce estructuralmente los costes de producción: crédito barato, banca estatal, suelo industrial subvencionado, energía asequible, infraestructuras públicas, refinanciación de deuda, apoyo provincial, tolerancia regulatoria, compras públicas, gestión cambiaria y transferencia de renta desde los hogares hacia la inversión productiva. Desde RMS, el verdadero subsidio no es una ayuda aislada, sino la capacidad del Estado para organizar recursos, incentivos y políticas en favor de la acumulación industrial.

Michael Pettis y Ragnar Nurkse ayudan a entender la raíz macroeconómica de este fenómeno. Pettis sostiene que los superávits estructurales no son simples señales de competitividad, sino externalizaciones de desequilibrios internos. Nurkse ya había mostrado que el comercio no es neutral: sus efectos dependen del estado macroeconómico del sistema. Si una economía genera ahorro excesivo y no lo absorbe mediante consumo interno, ese ahorro se canaliza hacia inversión, capacidad productiva y superávit exterior. El país excedentario expande su producción, pero sus socios absorben el ajuste mediante déficits, deuda, presión salarial o pérdida industrial.

Kaldor añade la dimensión productiva. La industria no es un sector cualquiera: es el espacio donde se acumulan aprendizaje, productividad, economías de escala, proveedores, ingeniería y capacidad tecnológica. Cuando Europa pierde una cadena industrial, no pierde solo producción presente. Pierde trayectoria futura. Por eso el China Shock 2.0 es más grave que el primer China Shock. No afecta solo a manufacturas intensivas en trabajo, sino a sectores estratégicos: vehículos eléctricos, baterías, solar, química, acero, maquinaria, electrónica, automatización y tecnologías limpias.

El China Shock 3.0 sería todavía más profundo. No consistiría solo en importaciones baratas, sino en dependencia de sistemas externos de productividad: IA industrial, robótica, software manufacturero, sensores, plataformas logísticas, datos industriales, cloud, biotecnología y sistemas energéticos inteligentes. En ese escenario, Europa podría seguir fabricando formalmente, pero depender de arquitecturas externas para diseñar, optimizar, actualizar, automatizar y controlar su producción. La pérdida no sería solo de fábricas, sino de capacidad de aprendizaje.

En este contexto, el Industrial Accelerator Act puede leerse como una primera traducción normativa de lo que Andrew Small llama convertir el sistema europeo en poder. Small sostiene que Europa no debe copiar ni a China ni a Estados Unidos, sino usar sus propios instrumentos: mercado único, regulación, contratación pública, estándares, transparencia, reglas de origen, seguridad económica, control de inversiones y coaliciones internas. El IAA intenta precisamente eso: pasar del mercado como fin al mercado como instrumento de autonomía estratégica.

El IAA introduce una lógica distinta a la de los aranceles. Un arancel actúa en la frontera: encarece la entrada de un producto. El IAA actúa sobre el interior de la estructura productiva: condiciona el acceso a demanda pública, ayudas e incentivos a la creación de valor real dentro de Europa. No se trata solo de frenar importaciones, sino de crear demanda garantizada para cadenas europeas. Esa diferencia es fundamental. La defensa comercial compra tiempo; el IAA intenta convertir ese tiempo en reconstrucción de capacidades.

Visto desde RMS, el IAA actúa en tres niveles. En Recursos, intenta proteger y reconstruir capacidades europeas en baterías, solar, eólica, bombas de calor, electrolizadores, nuclear, vehículos eléctricos, acero, cemento, aluminio bajo en carbono, materias primas críticas, empleo industrial, I+D y proveedores europeos. En Modelo, sustituye la lógica de mercado abierto más regulación ex post por un modelo de mercado abierto condicionado, compra pública industrial, contenido europeo, permisos acelerados e inversión extranjera con transferencia tecnológica. En Sistema, sitúa a Europa en una realidad donde China usa escala, subsidios, integración vertical y control de inputs, mientras Estados Unidos usa IRA, CHIPS Act y créditos fiscales.

Pero el IAA no basta. Los propios textos insisten en que es un primer ladrillo, no el edificio terminado. Puede crear reglas, umbrales y condiciones, pero necesita un método que permita evaluar si una inversión o proyecto realmente fortalece el sistema europeo. Ahí entra el Protocolo RMS de Inversiones. El IAA responde a una pregunta regulatoria: qué condiciones mínimas debe cumplir una inversión para ser compatible con los intereses europeos. El Protocolo RMS responde a una pregunta más profunda: si esa inversión fortalece o debilita la capacidad estratégica europea a largo plazo.

La diferencia es decisiva. Una inversión puede cumplir requisitos legales y, aun así, no generar capacidades. Puede crear empleo, pero no dejar conocimiento. Puede instalar una planta, pero mantener fuera el software, la maquinaria, la propiedad intelectual, los datos y la decisión estratégica. Puede fortalecer la producción visible y, al mismo tiempo, consolidar una dependencia arquitectónica. Por eso el Protocolo RMS propone tres cribados: comercial-productivo, para medir exposición, sustituibilidad y efectos de arrastre; arquitectónico, para analizar quién controla tecnología, software, datos, estándares, maquinaria y know-how; y sistémico-dinámico, para evaluar si la inversión genera aprendizaje o produce bloqueo, captura y dependencia.

La pregunta RMS no es cuánto capital llega. Es qué capacidades quedan. Dos inversiones con el mismo volumen financiero pueden tener efectos opuestos. Una puede crear proveedores, I+D, transferencia tecnológica, formación y autonomía. Otra puede crear empleo inmediato, pero consolidar dependencia tecnológica y control externo. Esta distinción es especialmente relevante para España, que puede beneficiarse de inversiones en vehículos eléctricos, baterías, renovables, hidrógeno, almacenamiento, electrónica de potencia, redes, reciclaje y componentes. Pero el riesgo es atraer fábricas sin controlar capacidades. La pregunta no debe ser cuántas inversiones llegan, sino qué parte de la cadena queda en España y en Europa.

De ahí surge la necesidad del Sistema Operativo Industrial Europeo, el SOIE. Su objetivo no es crear una nueva institución ni sustituir a las existentes, sino construir una capa funcional de coordinación sobre el sistema europeo. Europa no carece de recursos: tiene mercado, talento, universidades, centros tecnológicos, empresas industriales, regulación, ahorro e infraestructuras. Su problema es que esos recursos no siempre se convierten en capacidades estratégicas. El SOIE busca precisamente transformar recursos dispersos en capacidades coordinadas.

La analogía con un sistema operativo es muy potente. Un ordenador puede tener el mejor procesador, la mejor memoria y los mejores componentes, pero sin sistema operativo no funciona como unidad coherente. Europa tiene muchos componentes valiosos, pero no siempre una arquitectura que los sincronice. El SOIE sería esa capa de integración: no centraliza Europa, la hace interoperable. No sustituye instituciones, las conecta. No elimina la diversidad europea, intenta convertirla en ventaja organizativa.

Los textos desarrollan varias capas del SOIE. La primera es la inteligencia estratégica: vigilancia tecnológica, análisis geoeconómico, prospectiva industrial y detección de dependencias. La segunda es la coordinación de capacidades: hacer visibles los activos europeos y conectarlos. La tercera es la orquestación dinámica: reasignar recursos, detectar cuellos de botella, sincronizar inversiones y responder a shocks. La cuarta es el aprendizaje institucional: convertir la experiencia de proyectos, errores y evaluaciones en conocimiento acumulativo. La quinta es la gobernanza adaptativa: mantener objetivos estratégicos estables, pero modificar instrumentos cuando cambia el entorno.

El SOIE también incorpora una dimensión cognitiva. Cada proyecto genera información. Cada inversión revela aprendizajes. Cada crisis muestra vulnerabilidades. Tradicionalmente, esa información queda dispersa en administraciones, empresas, agencias, regiones y programas. El SOIE intentaría convertirla en inteligencia colectiva. El uso de inteligencia artificial y de un posible gemelo digital del ecosistema industrial europeo permitiría simular escenarios, evaluar impactos, detectar dependencias ocultas, anticipar cuellos de botella y optimizar inversiones. La política industrial dejaría de basarse solo en diagnósticos retrospectivos y pasaría a incorporar capacidades predictivas.

Esta idea conecta con Elinor Ostrom y la gobernanza policéntrica. Europa no es China ni Singapur. No es un Estado centralizado. Es un sistema multinivel compuesto por instituciones europeas, Estados miembros, regiones, bancos públicos, universidades, centros tecnológicos, empresas, agencias y consorcios. Esa complejidad suele verse como debilidad, pero puede convertirse en fortaleza si existe una arquitectura de coordinación. El objetivo del SOIE no es centralizar Europa, sino hacerla interoperable.

También conecta con David Teece y las capacidades dinámicas. Las empresas competitivas no se distinguen solo por los recursos que poseen, sino por su capacidad para integrarlos, reconfigurarlos y adaptarlos en entornos cambiantes. RMS traslada esa idea desde la empresa al nivel institucional. Europa necesita capacidades dinámicas públicas: detectar riesgos, movilizar recursos, reconfigurar cadenas, aprender de shocks y adaptar políticas. La competencia sistémica exige que las instituciones aprendan más rápido que el entorno que intentan gobernar.

Aquí aparece una de las tesis más originales de los textos: la próxima ventaja competitiva no será solo tecnológica, sino institucional. Durante el siglo XIX, las potencias construyeron ferrocarriles. Durante el siglo XX, autopistas, redes eléctricas, puertos y telecomunicaciones. En el siglo XXI deberán construir infraestructuras institucionales capaces de coordinar ecosistemas industriales complejos. Quien domine esa capacidad no solo producirá más; innovará más rápido, responderá mejor a las crisis y transformará conocimiento en poder económico.

Esta tesis dialoga con muchos de los autores trabajados en el proyecto RMS. Esser y la competitividad sistémica recuerdan que la ventaja no está solo en la empresa, sino en el entorno institucional, productivo y sociopolítico. Hidalgo y Hausmann obligan a preguntar si Europa conserva complejidad productiva real o solo apariencia de sofisticación en el producto final. Hirschman subraya la importancia de los encadenamientos locales. Rodrik insiste en que la política industrial debe construir capacidades, no solo proteger sectores. Aghion recuerda que la destrucción solo es creativa si las nuevas capacidades se desarrollan dentro del sistema europeo. Kindleberger muestra que el sistema internacional necesita liderazgo estabilizador. Naughton explica que China actúa como sistema. Tordoir advierte de la erosión de los ecosistemas industriales europeos.

El SOIE también tiene una dimensión comercial internacional. La OMC fue construida para un mundo de aranceles, cuotas y subsidios visibles. Pero la competencia actual incluye subsidios sistémicos, sobrecapacidad, moneda, crédito barato, datos, inversión estratégica, controles de exportación, coerción económica y dependencia de nodos críticos. Por eso Europa debe defender el multilateralismo, pero también reformarlo. No se trata de abandonar las reglas, sino de adaptarlas a un mundo donde conviven modelos económicos distintos. El reto ya no es restaurar la globalización del pasado, sino gobernar la competencia entre sistemas.

Desde este punto de vista, el SOIE no es solo una política industrial interna. Es una infraestructura geopolítica. Permitiría a Europa actuar como sistema coherente sin renunciar a su diversidad democrática. Mientras China coordina desde una arquitectura centralizada y Estados Unidos desde una combinación de poder federal, capital tecnológico y mercado financiero, Europa debe construir una tercera vía: coordinación democrática, mercado único, regulación, capital europeo, compra pública estratégica, estándares, trazabilidad, cooperación territorial y aprendizaje institucional.

Los riesgos, sin embargo, son claros. El IAA puede degenerar en proteccionismo de demanda si encarece insumos sin crear capacidades reales. Puede ser insuficiente si no cuenta con financiación comparable a la escala del desafío. Puede aumentar la fragmentación europea si las zonas de aceleración industrial se concentran en países con más capacidad fiscal. Puede generar conflictos jurídicos con la OMC o con socios comerciales. Y puede caer en el ensamblaje superficial si se acepta contenido europeo demasiado débil o equivalencias demasiado amplias.

Por eso la secuencia estratégica debe ser clara. El China Shock 2.0 revela que Europa compite contra sistemas industriales coordinados. El IAA introduce instrumentos de defensa, control, aceleración y coordinación. El Protocolo RMS evalúa si inversiones y proyectos fortalecen o debilitan capacidades europeas. El SOIE integra recursos, inversión, innovación, financiación, talento, cadenas de valor y coordinación en una arquitectura permanente. Esta secuencia evita confundir el primer paso con la solución completa. El IAA es necesario, pero no suficiente. El Protocolo RMS le da profundidad estratégica. El SOIE convierte regulación e inversión en capacidades reales.

La gran conclusión es que Europa debe pasar de la política industrial como suma de instrumentos a la política industrial como arquitectura de coordinación. Debe pasar de medir importaciones a auditar dependencias. De atraer inversión a exigir capacidades. De proteger productos finales a controlar capas críticas. De regular mercados a construir sistemas. De tener políticas a tener un sistema operativo.

Europa no debe copiar a China ni a Estados Unidos. Debe construir su propia forma de competir como sistema. Su ventaja potencial no está en centralizarse, sino en coordinar mejor su diversidad. Tiene mercado, talento, universidades, ahorro, regulación, industria y legitimidad democrática. Pero debe convertir esos recursos en arquitectura productiva. Si no lo hace, seguirá teniendo productos europeos con dependencia china en su interior, inversión extranjera sin transferencia real y políticas industriales sin suficiente capacidad de ejecución.

La frase final del proyecto RMS es: en el siglo XXI, la riqueza de las naciones ya no dependerá solo de lo que producen, sino de la inteligencia con la que sean capaces de organizar sus sistemas. Europa aún tiene recursos para competir. Lo que necesita ahora es convertirlos en capacidades, convertir sus políticas en arquitectura y convertir su complejidad institucional en una ventaja estratégica

La síntesis : el IAA crea reglas, el Protocolo RMS evalúa impacto sistémico y el SOIE convierte regulación, inversión y capacidades dispersas en una arquitectura europea de competencia sistémica

El IAA es el inicio del SOIE

El IAA es el primer paso hacia el sistema RMS

El IAA es la primera pieza institucional europea que se aproxima al método RMS

Integración del IAA en el marco RMS (Recursos–Modelo–Sistema)

El método RMS como puente entre regulación, inversión y capacidades estratégicas

El Industrial Accelerator Act (IAA) VS Método RMS como primer paso a un Sistema Operativo Industrial Europeo




- La primera teoria, representada por el paper de Fernández-Villaverde, Ohanian y Yao, sostiene que China sigue una trayectoria clásica de c...