De Lan a Draghi: Arquitecturas económicas y competencia sistémica entre China y Europa
1. Introducción: de la competencia comercial a la rivalidad sistémica
La relación entre la Unión Europea y China ya no puede analizarse en términos convencionales de comercio o ventaja comparativa. Desde 2019, la Comisión Europea define a China simultáneamente como “socio, competidor económico y rival sistémico” (European Commission, 2019). Esta categoría introduce un cambio cualitativo: la competencia deja de ser sectorial y pasa a ser estructural.
En este contexto, el libro How China Works de Xiaohuan Lan ofrece una clave interpretativa fundamental: China no compite como economía de mercado convencional, sino como sistema institucional coherente en el que Estado, finanzas e industria están estratégicamente alineados. Frente a ello, el informe sobre competitividad coordinado por Mario Draghi (2024) identifica las debilidades estructurales de la UE en un entorno de competencia sistémica intensificada.
La comparación entre ambos diagnósticos revela que el núcleo del desafío no es tecnológico ni comercial, sino arquitectónico.
2. El modelo chino según Lan: descentralización competitiva bajo coordinación estatal
Lan describe el sistema chino como un “autoritarismo descentralizado”: el gobierno central establece objetivos estratégicos (crecimiento, autosuficiencia tecnológica, estabilidad social), mientras que los gobiernos locales compiten por implementarlos. Este esquema combina:
planificación estratégica central,
competencia administrativa descentralizada,
sistema financiero dominado por banca estatal,
integración estrecha entre Partido y grandes empresas.
La literatura sobre capitalismo de Estado (Naughton, 2018; Lardy, 2019) y geoeconomía (Blackwill & Harris, 2016) coincide en señalar que este modelo permite a China utilizar instrumentos económicos con fines estratégicos, incluidos subsidios, crédito dirigido y control de materias primas críticas.
Este diseño institucional explica fenómenos como:
la persistente sobrecapacidad en sectores industriales,
la rápida movilización de capital hacia tecnologías estratégicas,
la capacidad de sostener inversión masiva incluso con rentabilidad privada limitada.
Desde la perspectiva de la competencia sistémica, esta coherencia institucional constituye una ventaja estructural.
3. Sobreproducción como instrumento geoeconómico
Los datos recientes muestran:
aumento significativo de exportaciones chinas a Europa,
reducción simultánea de precios,
superávit comercial récord en 2025.
Desde una lógica de mercado puro, la sobrecapacidad sostenida sería interpretada como ineficiencia. Sin embargo, desde una lógica sistémica, puede entenderse como instrumento geoeconómico:
Mantiene empleo y estabilidad interna.
Consolida economías de escala.
Desplaza competidores extranjeros.
Genera dependencia tecnológica.
Este enfoque es coherente con la literatura sobre geoeconomic statecraft (Farrell & Newman, 2019; Baldwin, 2020), que destaca cómo las interdependencias económicas pueden convertirse en fuentes de poder.
La sobreproducción no es simplemente un desequilibrio. Es una herramienta estratégica dentro de una arquitectura coordinada.
4. El diagnóstico Draghi: fragmentación y déficit de escala
El informe Draghi (2024) parte de un reconocimiento explícito: la UE enfrenta un riesgo estructural de pérdida de competitividad frente a Estados Unidos y China. Entre los principales problemas identificados:
fragmentación del mercado de capitales,
costes energéticos elevados,
baja inversión en sectores de alta tecnología,
lentitud en la toma de decisiones,
divergencias regulatorias.
El BCE ha subrayado recientemente que la divergencia en productividad con EE. UU. está asociada a diferencias en la composición sectorial y en la calidad del entorno institucional (ECB, 2024). La menor inversión en alta tecnología (17% de la formación bruta de capital fijo en la UE frente a aproximadamente 33% en EE. UU.) refleja no solo decisiones empresariales, sino condiciones estructurales.
La literatura sobre integración europea (Pisani-Ferry, 2021; Letta, 2023) insiste en que la escala es condición necesaria para competir en sectores intensivos en capital y efectos de red.
En términos sistémicos, la UE carece de un mecanismo integrado que alinee:
política industrial,
financiación,
energía,
seguridad económica.
5. Arquitectura versus eficiencia marginal
La diferencia entre el modelo descrito por Lan y el diagnóstico de Draghi no es ideológica, sino estructural.
China prioriza coherencia sistémica incluso a costa de ineficiencia marginal.
Europa prioriza disciplina de mercado incluso a costa de pérdida de escala.
En un entorno de competencia tradicional, la eficiencia marginal puede ser suficiente. En un entorno de rivalidad sistémica, la capacidad de coordinar recursos estratégicos se vuelve determinante.
Como ha señalado la literatura sobre systemic rivalry (Meunier & Nicolaïdis, 2019; European Commission, 2019), la competencia actual no se limita a productos o empresas, sino a modelos institucionales completos.
6. Implicaciones para Europa
El desafío para la UE no es replicar el modelo chino, sino diseñar una arquitectura propia capaz de:
movilizar inversión a gran escala,
reducir fragmentación regulatoria,
fortalecer el mercado de capitales,
asegurar energía competitiva,
coordinar política industrial.
Sin reformas estructurales, la UE corre el riesgo de quedar atrapada entre:
la coherencia estatal-financiera china,
y la profundidad financiera estadounidense.
La cuestión, por tanto, no es si China es más eficiente. Es si Europa puede transformar su arquitectura antes de que la divergencia tecnológica y productiva se vuelva estructuralmente irreversible.
7. Conclusión
Lan explica cómo funciona el sistema chino.
Draghi advierte sobre las debilidades del europeo.
La competencia sistémica no se decide únicamente en innovación o comercio, sino en la coherencia entre instituciones, finanzas e industria. En un mundo caracterizado por geoeconomía y rivalidad estructural, la arquitectura importa más que la retórica.
La discusión actual en Europa no es técnica ni ideológica. Es existencial.
Referencias
Baldwin, R. (2020). The Great Convergence. Harvard University Press.
Blackwill, R., & Harris, J. (2016). War by Other Means: Geoeconomics and Statecraft. Harvard University Press.
European Commission (2019). EU–China Strategic Outlook.
ECB (2024). Reports on productivity divergence and institutional quality.
Draghi, M. (2024). Report on European Competitiveness.
Lan, X. (2024). How China Works: An Introduction to China’s State-Led Economic Development.
Letta, E. (2023). Report on the Future of the Single Market.
Meunier, S., & Nicolaïdis, K. (2019). The Geopoliticization of Europe.
Naughton, B. (2018). The Chinese Economy: Adaptation and Growth.
Pisani-Ferry, J. (2021). The EU in a Fragmented Global Order.