Productividad, China Shock y competencia sistémica: Europa ante la prueba de Aghion
El análisis RMS girado en torno a una misma preocupación: Europa, y dentro de ella España, puede conservar durante un tiempo buenos indicadores de bienestar mientras pierde la base productiva, tecnológica e industrial que hace posible ese bienestar.
El debate no es solo económico. Es sistémico. Afecta a la capacidad de producir, innovar, escalar empresas, sostener salarios, financiar el Estado del bienestar, defender la transición verde y mantener autonomía estratégica frente a China y Estados Unidos.
La idea central puede formularse de forma sencilla: un país no se hace más próspero porque haya más gente trabajando, sino porque cada hora trabajada genera más valor. Eso se llama productividad. Y en el siglo XXI la productividad no es únicamente una variable técnica; es una forma de soberanía material.
Europa se enfrenta a una paradoja. Tiene mejores indicadores sociales que Estados Unidos en muchos ámbitos: mayor esperanza de vida, menor desigualdad relativa, ciudades más habitables, servicios públicos más robustos y mayor cohesión social. Pero pierde terreno en innovación, escalado empresarial, inteligencia artificial, digitalización, capital riesgo, productividad y tecnologías de frontera.
El debate entre Paul Krugman, por un lado, y Mario Draghi, Luis Garicano, Philippe Aghion y Antonin Bergeaud, por otro, resume bien esta tensión. Krugman recuerda que Europa no vive necesariamente peor que Estados Unidos. Draghi y Aghion advierten que, sin productividad e innovación, esa forma de vida puede volverse insostenible.
El problema es que China introduce una tercera capa que altera todo el debate. Ya no se trata solo de comparar Europa con Estados Unidos en términos de bienestar o renta. La cuestión decisiva es si Europa puede mantener su modelo social si queda rezagada frente a una China que compite como sistema industrial, tecnológico, financiero y geopolítico integrado.
China no compite solo con salarios bajos. Compite con escala, política industrial, crédito dirigido, empresas estatales, gobiernos locales, cadenas de suministro, dominio de materias primas críticas, baterías, vehículos eléctricos, telecomunicaciones, inteligencia artificial aplicada y capacidad manufacturera. Es decir, compite como una arquitectura completa. Por eso la competencia china no debe entenderse como una suma de empresas que venden productos baratos, sino como una forma de organización sistémica del poder productivo.
Aquí la obra de Philippe Aghion resulta especialmente útil. Su aportación central a la economía es la teoría del crecimiento mediante destrucción creativa. En su marco, el crecimiento sostenido no surge simplemente de acumular más trabajo o más capital, sino de la innovación que reemplaza tecnologías, procesos, productos y empresas anteriores. Una economía prospera cuando permite que nuevas empresas, nuevos conocimientos y nuevas capacidades desplacen estructuras menos productivas.
Esta idea es fundamental para Europa. Si el continente protege demasiado a sus incumbentes, fragmenta sus mercados, dificulta el crecimiento empresarial, regula antes de crear y no permite que surjan campeones tecnológicos, bloquea la destrucción creativa. Puede conservar durante un tiempo empresas tradicionales, pero pierde capacidad de renovación. Y sin renovación productiva no hay convergencia, ni salarios altos, ni soberanía tecnológica.
La competencia ocupa un lugar central en la obra de Aghion, pero no como una fuerza homogénea y siempre positiva. Su teoría de la “escape competition” muestra que la competencia tiene efectos distintos según la posición tecnológica de las empresas. Las empresas cercanas a la frontera reaccionan innovando más para escapar de sus rivales. Las empresas rezagadas, en cambio, pueden reducir su esfuerzo innovador porque la presión competitiva destruye sus márgenes y sus expectativas de supervivencia.
Esta visión es clave para interpretar el China Shock. El trabajo de Aghion, Bergeaud, Lequien, Melitz y Zuber muestra que la competencia china opera mediante dos canales opuestos. El primero es la competencia en productos finales: empresas europeas que venden bienes similares a los importados desde China sufren presión directa sobre ventas, empleo e innovación. El segundo es el abaratamiento de insumos: empresas que importan componentes o inputs chinos pueden reducir costes, mejorar competitividad y, en algunos casos, aumentar su actividad innovadora.
La conclusión es muy importante: China puede ser amenaza y oportunidad al mismo tiempo. Puede destruir capacidades productivas cuando compite directamente en productos finales, especialmente en empresas poco productivas. Pero también puede mejorar la competitividad de algunas empresas europeas cuando actúa como proveedor de insumos baratos. La pregunta correcta no es, por tanto, si el comercio con China es bueno o malo en abstracto. La pregunta correcta es qué posición ocupa la empresa europea después de comerciar con China.
Si una empresa importa componentes chinos baratos para fortalecer su propio diseño, su ingeniería, su software, su marca y su capacidad exportadora, puede ganar productividad. Pero si esos inputs baratos sustituyen proveedores locales, vacían capacidades industriales, desplazan aprendizaje tecnológico y convierten a la empresa europea en simple ensambladora, el precio bajo de hoy puede transformarse en dependencia estratégica mañana.
Esta es una de las grandes lecciones del enfoque de Aghion: la competencia no afecta igual a todos. Amplifica diferencias preexistentes. Las empresas productivas, capitalizadas, innovadoras y cercanas a la frontera pueden usar la presión china para mejorar. Las empresas rezagadas pueden hundirse. La competencia, por tanto, no es un remedio universal. Es un mecanismo de selección. Puede generar renovación si existen capacidades para responder; puede generar desindustrialización si el tejido productivo es demasiado débil.
Esto conecta directamente con España. El problema español no es solo crecer más o menos. La cuestión decisiva es qué tipo de crecimiento se está construyendo. España puede crecer por volumen: más población, más empleo, más turismo, más construcción, más servicios intensivos en trabajo y más consumo. Pero ese crecimiento extensivo no garantiza prosperidad por habitante. Puede aumentar el PIB agregado sin aumentar suficientemente la productividad, los salarios reales o el valor añadido.
El riesgo es consolidar una economía apoyada en sectores de baja productividad, empleo intensivo, salarios moderados y presión demográfica. Ese modelo genera actividad, pero no necesariamente futuro. Además, produce un bucle difícil de romper: baja productividad, necesidad de más empleo intensivo, llegada de más población trabajadora, presión sobre vivienda y servicios públicos, menor margen para inversión transformadora y más dependencia de sectores de bajo valor añadido.
En este contexto, el problema de las pymes españolas adquiere una importancia central. España no necesita solo más emprendedores. Necesita más empresas capaces de crecer, invertir, innovar, internacionalizarse, adoptar inteligencia artificial, absorber talento y competir globalmente. Las pymes son necesarias, pero una economía avanzada no puede descansar únicamente sobre microempresas. Sin escala no hay productividad suficiente. Sin productividad no hay salarios altos. Sin salarios altos no hay Estado del bienestar robusto.
Aghion ayuda a formular este problema con precisión. La competencia solo estimula innovación cuando las empresas tienen capacidad para responder. Si el tejido empresarial está compuesto mayoritariamente por empresas pequeñas, poco capitalizadas, con baja inversión tecnológica y dificultades para crecer, la competencia global no produce necesariamente destrucción creativa. Puede producir simplemente destrucción.
Por eso la política pública no debe limitarse a proteger empresas existentes ni a abrir indiscriminadamente los mercados. Debe construir capacidades. La política industrial no debe ser una excusa para subvencionar incumbentes improductivos, sino una herramienta para aumentar productividad, innovación y escalado. El propio trabajo de Aghion sobre política industrial y competencia en China muestra una idea muy relevante: las políticas industriales funcionan mejor cuando se aplican en sectores competitivos o cuando fomentan competencia dentro del sector. La clave no es proteger rentas, sino orientar recursos hacia actividades donde la presión competitiva produzca aprendizaje, innovación y productividad.
Aquí aparece una lectura más compleja de China. China no ha triunfado solo por subsidios ni solo por mercado. Ha combinado política industrial, competencia interna, escala, aprendizaje, presión exportadora y coordinación estatal. Sus empresas compiten ferozmente entre sí, sus gobiernos locales rivalizan por atraer inversión y sus sectores estratégicos reciben apoyo directo e indirecto. El resultado es una forma de destrucción creativa dirigida por el Estado: reduce costes, acelera innovación aplicada, genera sobrecapacidad y proyecta excedentes hacia el exterior.
Lo que dentro de China puede funcionar como competencia productiva, fuera de China se convierte en presión sistémica. La sobrecapacidad en vehículos eléctricos, baterías, paneles solares o bienes industriales no es solo un desequilibrio económico. Es una fuerza geoeconómica que empuja productos chinos hacia los mercados europeos y presiona a empresas, proveedores y trabajadores europeos. Por eso Europa no puede responder solo con discursos sobre libre comercio ni con proteccionismo defensivo improvisado. Necesita una política industrial competitiva, orientada a innovación, escala y autonomía.
El caso de los coches europeos fabricados en China resume esta tensión. Si marcas occidentales producen en China para exportar a Europa o a otros mercados, pueden mejorar márgenes a corto plazo. Pero Europa puede perder producción, proveedores, ingeniería, baterías, software, aprendizaje industrial y control de cadenas de valor. Una marca europea sin cadena de valor europea puede convertirse en una etiqueta comercial, no en una fuente de soberanía productiva.
La pregunta estratégica para España y Europa no debe ser solo cuánto se comercia con China, sino cuánto poder productivo se conserva después de comerciar con China. Comprar barato puede ser racional para el consumidor y rentable para una empresa individual. Pero si el resultado agregado es pérdida de capacidades industriales, dependencia tecnológica y menor productividad futura, el sistema sale debilitado.
Esta lógica también se extiende al multilateralismo. Las instituciones como la OMC fueron diseñadas para un mundo donde se asumía cierta convergencia hacia economías de mercado. Pero China representa un capitalismo de Estado de escala continental que aprovecha vacíos normativos, subsidios complejos, empresas estatales, coerción económica y planificación industrial. El problema no es abandonar el multilateralismo, sino reformarlo para que pueda operar en un mundo de competencia sistémica.
La alternativa al multilateralismo no es un orden mejor, sino un mundo de poder bruto donde Estados Unidos impone sanciones y aranceles, China usa su escala y sus cadenas críticas, y los países medianos quedan atrapados entre gigantes. Por eso Europa debe defender el sistema multilateral, pero sin nostalgia. Debe impulsar nuevas reglas sobre empresas estatales, subsidios, transferencia tecnológica, coerción económica, transparencia y seguridad económica. Defender reglas no significa aceptar reglas obsoletas.
Sin embargo, Europa tiene un problema adicional: no solo falla en producción industrial o escala tecnológica. También falla en arquitectura cognitiva. Produce buenos informes, pero a menudo malas decisiones. Diagnostica dependencias, pero actúa tarde. Reconoce riesgos, pero se autocontiene por miedo a represalias chinas, divisiones internas o costes políticos. La autonomía estratégica no empieza solo en fábricas, chips o ejércitos. Empieza también en la capacidad de pensar, diagnosticar y comunicar desde una arquitectura propia.
Europa necesita saber distinguir cuándo el comercio aumenta productividad y cuándo erosiona capacidades. Necesita medir no solo importaciones, precios o beneficios de corto plazo, sino pérdida de proveedores, dependencia tecnológica, sustitución de innovación local y vulnerabilidad futura. En otras palabras, necesita una inteligencia económica propia.
El debate sobre la medición de la productividad europea refuerza esta idea. Si Europa usa mal las métricas y se convence de que la brecha con Estados Unidos es una ilusión estadística, reducirá su urgencia reformista. Pero la productividad no es una cuestión contable. Es lo que financia salarios, pensiones, investigación, defensa, transición energética y Estado del bienestar. Medir mal la productividad puede convertirse en un error estratégico.
La síntesis de estos últimos días es clara. Europa ya no puede vivir en el mundo mental de la globalización eficiente, donde bastaba con comerciar, regular y confiar en la protección estadounidense. El mundo actual es de competencia sistémica. China compite como Estado-industria. Estados Unidos como Estado-corporación tecnológico y energético. Europa, en cambio, sigue demasiado fragmentada en capital, regulación, industria, defensa y pensamiento estratégico.
La salida no consiste en copiar a China ni a Estados Unidos. Europa no debe copiar el autoritarismo industrial chino ni la desigualdad del modelo estadounidense. Debe construir una vía propia: mercado único real, capital profundo, política industrial competitiva, empresas escalables, regulación simple y unificada, defensa comercial inteligente, alianzas con democracias medianas, energía competitiva, IA aplicada y productividad.
España tiene un papel dentro de esa estrategia. Puede convertirse en periferia de servicios, turismo, logística y ensamblaje subordinado. O puede aspirar a ser un nodo energético, industrial y tecnológico dentro de una Europa más fuerte. Para ello debe apostar por productividad, formación técnica, escalado empresarial, reindustrialización, innovación aplicada, energía renovable y conexión con cadenas europeas de alto valor.
La aportación de Aghion permite cerrar el argumento con una idea esencial: la competencia no es buena o mala en abstracto. Es una fuerza dinámica que puede estimular innovación o destruir capacidades, según la posición de las empresas y la arquitectura institucional que las rodea. La competencia china puede ser útil si obliga a Europa a innovar, escalar y aumentar productividad. Pero será destructiva si Europa responde con empresas pequeñas, mercados fragmentados, regulación descoordinada y dependencia tecnológica.
Por eso el verdadero dilema europeo no es apertura o proteccionismo. El dilema es productividad o dependencia.
Europa debe seguir comerciando, pero no a costa de vaciar sus capacidades estratégicas. Debe defender el multilateralismo, pero reformando sus reglas. Debe regular la tecnología, pero también producirla. Debe proteger su modelo social, pero entendiendo que ese modelo se financia con productividad. Debe aceptar la competencia, pero construyendo empresas capaces de responder creativamente.
La competencia con China no obliga a Europa a renunciar a sus valores; la obliga a construir la base productiva que permita sostenerlos. Porque en el siglo XXI, quien no produce las tecnologías esenciales acaba dependiendo de quienes sí las producen. Y quien depende demasiado pierde no solo industria, sino también margen de decisión sobre su propio futuro
“Europa no debe elegir entre competir y vivir mejor. Debe competir mejor para poder seguir viviendo mejor.”
La competencia en la obra de Aghion: una lectura a partir del China Shock
https://brujulaeconomica.blogspot.com/2026/05/omparacion-el-articulo-opposing-firm.html
China como amenaza y oportunidad: qué enseña Aghion sobre la competencia empresarial
https://brujulaeconomica.blogspot.com/2026/05/el-doble-filo-del-china-shock.html
Productividad o dependencia: Europa frente al capitalismo de Estado chino
https://brujulaeconomica.blogspot.com/2026/05/aghion-china-y-europa-productividad.html
“Opposing Firm-Level Responses to the China Shock: Output Competition versus Input Supply”,
Aghion, Bergeaud, Lequien, Melitz y Zuber -American Economic Journal: Economic Policy en 2024.
- https://www.aeaweb.org/articles/pdf/doi/10.1257/pol.20210753
“China shock” a nivel de empresa: lo importante es que la competencia china no produce un único efecto, sino respuestas empresariales opuestas según si China compite en el producto final o abarata insumos.
- https://www.aeaweb.org/articles?id=10.1257%2Fpol.20210753&utm_source
- https://researchonline.lse.ac.uk/id/eprint/123934/1/aghion-et-al-2024-opposing-firm-level-responses-to-the-china-shock-output-competition-versus-input-supply.pdf?utm_source
Productividad o dependencia: Europa frente al capitalismo de Estado chino VS Aghion
- https://brujulaeconomica.blogspot.com/2026/05/aghion-china-y-europa-productividad.html
Industrial Policy and Competition
Missing Growth from Creative Destruction
GOVERNMENT SUPPORT IN INDUSTRIAL SECTORS
https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2023/04/government-support-in-industrial-sectors_b2ccf11b/1d28d299-en.pdf
Industrial overcapacities, with a focus on China
https://www.europarl.europa.eu/RegData/etudes/STUD/2026/783610/EXPO_STU%282026%29783610_EN.pdf
Trade Implications of China's Subsidies
China desafía a Europa porque ha combinado política industrial, competencia interna y escala. Europa solo podrá responder si combina mercado único, capital, innovación, competencia y Estado estratégico sin caer en la protección de incumbentes improductivos
https://brujulaeconomica.blogspot.com/2026/05/la-medicion-incorrecta-de-la.html
https://brujulaeconomica.blogspot.com/2026/05/i-el-auge-de-la-politica-industrial-de.html
https://www.nobelprize.org/prizes/economic-sciences/2025/press-release/
Claves
Capitalismo de Estado, tierras raras y competencia sistémica: la arquitectura china del poder industrial
- https://articulosclaves.blogspot.com/2026/05/tierras-raras-el-control-de-china.html
- https://articulosclaves.blogspot.com/2026/05/capitalismo-de-estado-tierras-raras-y.html
Bibliografía
Autor, D.; Dorn, D.; Hanson, G. “The China Syndrome: Local Labor Market Effects of Import Competition in the United States”, American Economic Review, 2013.
Baldwin, R. “China is the world’s sole manufacturing superpower”, CEPR / VoxEU, 2024.
Bown, C. P.; Hillman, J. “WTO’ing a Resolution to the China Subsidy Problem”, Peterson Institute for International Economics, 2019.
Comisión Europea. “EU-China: A Strategic Outlook”, 2019.
Chen, Ling, and Barry Naughton. “The Emergence of Chinese Techno-Industrial Policy: From Megaprojects to Strategic Emerging Industries, 2003–2011.” Working Paper, 2013.
Chen, Ling, and Barry Naughton. “An Institutionalized Policy-Making Mechanism: China’s Return to Techno-Industrial Policy.” Research Policy 45, no. 10 (2016): 2138–2152.
Eurostat. “Trade in goods with China in 2025”, 2026.
Ferguson, N.; Schularick, M. “Chimerica and the Global Asset Market Boom”, International Finance, 2007.
García-Herrero, A. “China green tech and its industrial policy”, UNU-WIDER Working Paper, 2026.
IEA. “The State of Clean Technology Manufacturing”, 2024.
Mavroidis, P. C.; Sapir, A. “China and the WTO: Why Multilateralism Still Matters”, Princeton University Press, 2021.
Naughton, Barry. “The Rise of China’s Industrial Policy, 1978 to 2020”, 2021.. Mexico City: Universidad Nacional Autónoma de México / CECHIMEX, 2021.
Naughton, Barry. The Chinese Economy: Transitions and Growth. Cambridge, MA: MIT Press, 2007.
Naughton, Barry. “China’s Distinctive System: Can It Be a Model for Others?” Journal of Contemporary China 19, no. 65 (2010): 437–460.
Naughton, Barry. “SASAC Rising.” China Leadership Monitor, no. 14, 2005.
Naughton, Barry. “China and the Two Crises: From 1997 to 2009.” JICA Research Institute Working Paper, 2013.
Naughton, Barry. The Chinese Economy: Adaptation and Growth. 2nd ed. Cambridge, MA: MIT Press, 2018.
Naughton, Barry. “Chinese Industrial Policy and the Digital Silk Road.” Asia Policy, National Bureau of Asian Research, 2020.
Naughton, Barry. “The Trajectory of China’s Industrial Policies.” UC Institute on Global Conflict and Cooperation Working Paper, 2023.
Naughton, Barry, and Kellee S. Tsai, eds. State Capitalism, Institutional Adaptation, and the Chinese Miracle. Cambridge: Cambridge University Press, 2015
Pettis, M. “The Great Rebalancing: Trade, Conflict, and the Perilous Road Ahead for the World Economy”, Princeton University Press, 2013.
Setser, B. “China’s Massive Surplus is Everywhere”, Council on Foreign Relations, 2025.
World Bank. China country overview and poverty reduction data
Resumen del análisis: China, Estados Unidos, Europa y España desde el método RMS
- https://articulosclaves.blogspot.com/2026/05/resumen-del-analisis-china-estados.html