28 noviembre 2022

Punto de inflexión -M.Hidalgo-

 

 

Punto de inflexión de Manuel Hidalgo

Durante este otoño se han experimentado movimientos que nos llevan a considerar una re-evaluación de la desaceleración y su supuesta profundidad 

El diccionario de la Real Academia de la lengua española define como inflexión al torcimiento o comba de algo que estaba recto o plano. También como un punto de una curva en que cambia de sentido su curvatura. Atendiendo a esta definición, la pregunta es si, en el análisis de la coyuntura actual de la economía española, podríamos estar presenciando un “punto de inflexión”.

Antes de entrar en materia permítanme que reflexione sobre otra cuestión que complementa a lo que les contaré en los siguientes párrafos. Durante los últimos meses se ha ido adelantando una más que probable contracción económica en base a los indicadores observados, algunos adelantados, y a los condicionantes económicos conocidos. Más aún, si dicha contracción se mantuviera dos trimestres seguidos estaríamos hablando de recesión. El III trimestre de este año ha cumplido el guion hasta cierto punto. A medida que avanzaba se iba confirmando la desaceleración del ritmo de crecimiento del PIB, aunque finalmente no llegó a contracción. La situación, como explicaré en los siguientes párrafos, ha resultado mejor de lo esperado, de tal modo que hoy podemos estar hablando de, o bien poder sortear la posible contracción o bien de poder evitarla, algo que hace solo unas semanas era muy poco probable. Este rápido cambio en las perspectivas se explica por un hecho hasta ahora no conocido: la cantidad de información que poseemos y recibimos casi a diario, en tiempo real, siendo posible en este caso que, incluso antes de que llegue la tan anunciada recesión, o bien le perdamos el miedo a esta o bien, incluso, podamos ir casi descartándola. En todo caso, me reservo el final de esta columna para darle una nota de color no tan optimista a lo que les voy a contar.

No impide que sigamos hablando de los próximos meses desde una perspectiva relativamente pesimista, pero sí nos lleva a creer, hoy, que el futuro cercano no será tan negativo como se vaticinaba

Y ahora vamos con la inflexión. 

Desde finales de agosto los indicadores que vamos conociendo y que nos permiten evaluar la evolución de la coyuntura económica no nos han dejado de dar sorpresas positivas. Cuando hablo de sorpresa no quiero decir que las noticias generadas por los indicadores económicos hayan sido todas en positivo. A lo que me refiero exactamente es que buena parte de dichas noticias nos cuentan con sus respectivas evoluciones que han sido en buena parte mejor de lo esperado. En otras palabras, el comportamiento observado y relativo al previsto ha sido positivo. Esto, obviamente, no impide que sigamos hablando de los próximos meses desde una perspectiva relativamente pesimista, pero sí nos lleva a creer, hoy, que el futuro cercano no será tan negativo como se vaticinaba hace tan solo unos pocos meses.

¿Qué ha provocado esta mejora de las perspectivas? 

Desde luego hay varias explicaciones y muchas de ellas residen en el terreno de lo especulativo. Sin embargo, creo que es imperativo mencionar una principal causa que es la que más fácil y mejor concuerda con lo observado: los precios energéticos.

 https://www.vozpopuli.com/opinion/punto-inflexion.html

Tenemos muy claro que la deriva de la situación actual, empieza con el shock de oferta causado por la salida de la crisis sanitaria, agravado por la subida de precios debido al conflcito bélico. Asi que seguimos con "las señales mixtas" de estos dos últimos años.  

Al menos al tener las causas bien claras, los gobiernos y bancos centrales pueden orientarse hacia las soluciones Si es cierto que generar miedo no soluciona nada, más bien provoca un freno en el consumo, que si acaba perjudicando por retrasar la salida.  

  • https://www.vozpopuli.com/opinion/punto-inflexion.html

Markets send mixed signals -Ocyubre 2021-

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2021/10/globalizacion-e-inflacion-nuevos-datos.html 

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2022/09/interrupciones-en-la-cadena-de.html

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2021/10/supplychaincrisis-una-aproximacion_26.html

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2021/10/geopolitica-y-el-retorno-de-los-shocks.html

https://articulosclaves.blogspot.com/2022/11/recibimos-buenas-senales-de-eeuu.html 

https://articulosclaves.blogspot.com/2022/11/el-pmi-de-la-eurozona-sugiere-la.html

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2022/06/inflacion-una-mirada-bajo-el-capo-bis.html

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2022/11/encontrar-la-combinacion-adecuada-la.html 

https://articulosclaves.blogspot.com/2022/11/la-inflacion-adulterada.html

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2022/06/annual-economic-report-2022-i-old.html

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2022/07/globalization-and-global-disinflation.html

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2022/11/el-regreso-de-la-inflacion-supone-un.html

https://articulosclaves.blogspot.com/2022/10/situacuion-economica-esp.html 

https://articulosclaves.blogspot.com/2022/11/panel-de-previsiones-de-la-economia.html

https://articulosclaves.blogspot.com/2022/11/seguimos-con-las-senales-mixtas.html

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2022/11/como-la-inflacion-esta-cambiando-el.html

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2022/10/la-simple-economia-del-panico-el-premio.html

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2022/07/como-deben-actuar-los-bancos-centrales.html

26 noviembre 2022

Encontrar la combinación adecuada: la interacción monetaria-fiscal en momentos de alta inflación-Isabel_Schnabel-

 

Finding the right mix: monetary-fiscal interaction at times of high inflation

Encontrar la combinación adecuada: la interacción monetaria-fiscal en momentos de alta inflación

In my speech “Finding the right mix: monetary-fiscal interaction at times of high inflation” at the Bank of England Watchers’ conference I explained why I see a risk that monetary and fiscal policies are pulling in opposite directions, leading to a suboptimal policy mix. 

En mi discurso "Finding the right mix: monetary-fiscal interaction at times of high inflation" en la conferencia del Bank of England Watchers expliqué por qué veo el riesgo de que las políticas monetarias y fiscales vayan en direcciones opuestas, lo que llevaría a una combinación de políticas subóptima

Broad-based, untargeted fiscal measures risk fuelling medium-term inflation, says Executive Board member

. Incoming data signal that inflation is more persistent, limiting the room for slowing down the pace of interest rate adjustments. 

 Los datos que se van conociendo indican que la inflación es más persistente, lo que limita el margen para ralentizar el ritmo de los ajustes de los tipos de interés. 

https://www.ecb.europa.eu/press/key/date/2022/html/ecb.sp221124~fa733bc432.en.html 

https://twitter.com/ecb/status/1595764981890424832

In the recovery from the pandemic, demand started to outpace supply, putting upward pressure on prices. This was reinforced by a surge in energy and food prices after Russia’s invasion of Ukraine. Inflation broadened substantially, pushing up underlying inflation


 These price pressures are unlikely to dissipate quickly. Accumulated excess savings remain significant in both nominal and real terms. Firms in the manufacturing sector continue to have full order books. Unemployment rates remain at record low levels


 Además, la pandemia y la crisis energética pueden tener efectos negativos más permanentes sobre la producción potencial. El crecimiento de la producción potencial se ve limitado por la escasez de mano de obra. La pandemia ha provocado una menor participación laboral en sectores en los que es difícil trabajar desde casa


 La crisis energética ha afectado a la inversión y a la productividad total de los factores, sobre todo en los sectores que hacen un uso intensivo de la energía. En la industria del automóvil, el aumento de los costes energéticos se ha convertido en el factor más importante que frena la producción. Los factores de la demanda siguen siendo un apoyo


 ECB staff analysis shows that a persistent increase in energy prices significantly and persistently lowers potential output across euro area countries


 En el entorno actual, las políticas monetaria y fiscal deben ir de la mano. La política fiscal debe proteger a los hogares y empresas más vulnerables de forma selectiva. Los hogares de bajos ingresos se enfrentan a tasas de inflación efectivas mucho más altas debido a una cesta de consumo diferente.


 

 Los gobiernos también deberían fomentar el crecimiento potencial y la independencia energética mediante la inversión pública y las reformas estructurales, abordando las fuentes subyacentes de las perturbaciones de la oferta. Esto también ayudaría a amortiguar las presiones inflacionistas a medio plazo. 

Por desgracia, los gobiernos no han seguido a menudo estas prescripciones. Son pocas las medidas dirigidas a los hogares de bajos ingresos. Sólo el 1% contribuye directamente a la transición ecológica. La inversión pública seguirá siendo escasa, y sólo se recuperará en 2024/25, debido principalmente al gasto en defensa


 Las políticas fiscales sólidas son también un factor clave para estabilizar la dinámica de la deuda. Inicialmente, el aumento de la inflación tuvo un efecto beneficioso sobre los ratios de deuda en relación con el PIB. Sin embargo, es poco probable que un aumento de la inflación debido a un choque de la oferta alivie la carga de la deuda a medio plazo


 El aumento de los tipos de interés debido al endurecimiento de la política monetaria o al aumento de la deuda pública eleva el diferencial entre los tipos de interés y el crecimiento. Actualmente, el diferencial sigue estando cerca de los mínimos históricos, pero está a punto de volverse menos favorable


 If governments do not credibly commit to sound fiscal policy, people may expect that higher inflation needs to ensure debt sustainability. With a credible central bank, monetary dominance prevails and monetary policy will tighten more if fiscal policy is too accommodative

Fiscal policy is at risk of contributing to inflation at a time when price pressures remain unabated. Euro area inflation has continued to surprise on the upside. While fears of a technical recession have increased, economic data have recently also surprised positively


 Monetary policy must restore price stability as quickly as possible. ECB policy has already led to a tightening of financing conditions, but real rates mostly remain negative. Markets’ expectations of a “pivot” have worked against efforts to withdraw accommodation


 The longer inflation remains high, the larger the risk that inflation expectations de-anchor, putting medium-term price stability at risk. Higher perceived inflation appears to have a substantial impact on households’ inflation expectations, and this impact has been rising


 The largest risk for central banks remains a policy that is falsely calibrated on the assumption that inflation declines quickly, underestimating inflation persistence. #JacksonHole Therefore, we need to raise interest rates further, probably into restrictive territory.

Incoming data so far suggest that the room for slowing down the pace of interest rate hikes remains limited. High uncertainty around neutral rate estimates implies that they cannot serve as yardstick for our interest rate adjustments. Policy needs to remain data dependent.

Interest rates are the main instrument for calibrating our monetary policy stance, but we will also normalise our balance sheet in a measured and predictable way. We continue to stand ready to counter fragmentation in financial markets not justified by economic fundamentals

Summing up, governments need to internalise the effects of their actions on future inflation and monetary policy. Monetary policy needs to ensure a timely return of inflation to target, preserving people’s purchasing power and supporting investment by reducing uncertainty.

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Keynote speech by Isabel Schnabel, Member of the Executive Board of the ECB, at the Bank of England Watchers’ Conference

London, 24 November 2022

Over the past few years, the interaction between monetary and fiscal policies in the euro area has changed decisively.

In the years before the pandemic, monetary policy faced the challenge of inflation being persistently below target, while being constrained by the effective lower bound. It became widely acknowledged that accommodative monetary policy on its own may not be sufficient for inflation to return to target. At the effective lower bound and with inflation too low, monetary policy needed support from expansionary fiscal policy that would increase aggregate demand and thus inflation.[1]

It was only with the onset of the pandemic that monetary and fiscal policies started to pull in the same direction, reinforcing each other. The combination of a strong fiscal response, at both national and European level, and a forceful monetary policy response proved highly successful in lifting the economy out of the deepest contraction since the Second World War and in preventing a downward spiral of prices.

But these large-scale policy interventions coincided with a broad shift in the macroeconomic environment. Persistent constraints on production meant that supply could not keep up with demand, putting upward pressure on underlying inflation. Russia’s invasion of Ukraine fuelled price pressures further, pushing euro area inflation to double-digit levels in October.

In my remarks today, I will argue that the new macroeconomic environment requires a different mix of monetary and fiscal policies to effectively fight the current cost-of living crisis, limit the adverse distributional effects of high inflation, and tackle the long-term challenges facing our economies.

Fiscal policy needs to protect the most vulnerable parts of society from the consequences of the energy and food price shocks. At the same time, governments must avoid an overly expansionary stance that fuels inflationary pressures and adds to the historically high public debt burden. They should give clear priority to reforms and public investments that support potential growth and stabilise debt dynamics in an environment of higher interest rates. In doing so, governments should preserve relative price signals, which are needed to pave the way towards a greener and more sustainable economy.[2]

Unfortunately, this is not what we are seeing today. Many of the fiscal measures taken so far have not been targeted, they have been directed towards consumption rather than investment, and they often weaken the incentives for businesses and households to reduce energy consumption.

In any case, fiscal policy needs to observe intertemporal budget constraints. Broad-based debt-financed transfers, subsidies or public consumption today imply higher tax rates or lower expenditures tomorrow. Credible commitments preserve fiscal sustainability and help to anchor medium-term inflation expectations, supporting monetary policy.

Central banks, for their part, must remain determined to bring inflation back to target in a timely manner, so as to prevent current high inflation from becoming entrenched in expectations. Doing so requires raising interest rates further for as long as needed to put inflation back on a sustainable path towards 2%.

Monetary-fiscal interaction at the zero lower bound

The years before the pandemic were characterised by an environment of persistently low real interest rates and below-target inflation.

Structural forces, such as globalisation, digitalisation and demographic change, were putting persistent downward pressure on both real interest rates and underlying price dynamics.

Monetary policy aimed to tackle low inflation by stimulating demand, first by lowering interest rates and, when getting closer to the effective lower bound, by embarking on unconventional monetary policy measures.

However, historically accommodative financing conditions did not stimulate aggregate demand as expected. This was mainly because they failed to spur public investment, which remained at the low levels reached after the sovereign debt crisis (Slide 2).

As a result, despite the unprecedented expansion of central banks’ balance sheets, inflation remained stubbornly low, and years of subdued price pressures threatened to become entrenched in longer-term inflation expectations.

It was increasingly acknowledged that monetary policy on its own could not lift the economy out of the low inflation trap.[3] Instead, monetary and fiscal policies needed to reflate the economy together.[4] When monetary policy is constrained by the effective lower bound, fiscal policy is more effective, as a boost to aggregate demand does not immediately trigger expectations of tighter monetary policy in an environment of persistently low inflation.

The measures taken during the pandemic showcased the powerful interplay between monetary and fiscal policies. The ECB introduced a new asset purchase programme – the pandemic emergency purchase programme (PEPP) – and offered new targeted longer-term refinancing operations at highly favourable rates. Fiscal policy, meanwhile, supported demand through job retention schemes and broad support measures at national and European level.

Expansionary monetary and fiscal policies reinforced each other, successfully countering the sharp decline in demand and swiftly lifting the economy out of the deep recession.

A shifting macroeconomic environment

Yet, these large-scale policy interventions coincided with fundamental structural changes in the global economy.

As the recovery of supply was held back by persistent disruptions to global supply chains, labour shortages and social distancing measures, demand started to outpace supply, putting upward pressure on prices.

Inflationary pressures were then reinforced by Russia’s invasion of Ukraine, which led to a surge in energy and food prices. Over time, inflation broadened substantially, creeping into most goods and services, and pushing up underlying inflation to historically high levels, with no clear signs of reversal so far (Slide 3).

ECB staff analysis suggests that both demand and supply have made a significant and broadly even contribution to the recent rise in underlying inflation in the euro area (Slide 4).

These price pressures are unlikely to dissipate quickly. Even if the deterioration in the euro area’s terms of trade and the significant loss in purchasing power will dampen private consumption and investment, the current macroeconomic environment differs from that before the pandemic in at least four key aspects.

First, excess savings accumulated since the start of the pandemic remain significant in both nominal and real terms (Slide 5, left-hand side). Second, due to supply constraints, firms in the manufacturing sector continue to have full order books with a backlog of more than five months (Slide 5, right-hand side). Third, euro area firms continue to add new jobs, and unemployment rates remain at record low levels despite elevated risks of a technical recession in the winter.

Finally, there is increasing evidence that the pandemic and the energy crisis may have more permanent negative effects on current and future potential output, implying that inflationary pressures may persist if demand does not slow down accordingly.[5]

Potential output growth may be constrained through different channels.

The first is labour scarcity. A significant share of euro area firms continue to identify labour shortages as a major factor limiting production in manufacturing and the services sector (Slide 6, left-hand side). Research shows that the pandemic has led to lower labour participation in sectors where it is hard to work from home[6], and that those sectors are likely to experience some scarring, facing a loss in their trend output (Slide 6, right-hand side).[7] This development reinforces pre-existing trends, driven primarily by demographic change.

The second channel works through the capital stock and productivity growth. The energy crisis is likely to have hit investment and total factor productivity, especially in energy-intensive sectors. Higher energy prices devalue part of the existing capital stock, curbing production or raising the number of insolvencies due to higher costs and lower profitability.

The car industry is a case in point. Since the summer of 2021, the extraordinary increase in energy costs has gradually become the most important factor holding back motor vehicle output (Slide 7, left-hand side). Demand-side factors, by contrast, continue to support production.

More generally, ECB staff analysis shows that a persistent increase in energy prices significantly and persistently lowers potential output across euro area countries (Slide 7, right-hand chart).[8]

In fact, for more than two thirds of euro area countries potential growth projections for the period 2022-27 are below their long-term average from 1999 to 2021, a period that itself was already characterised by subdued growth in many countries (Slide 8, left-hand side).

Potential output has only been revised up in some of the high-debt economies. In part, this probably reflects the fact that allocations under the Recovery and Resilience Facility are tilted towards countries with lower GDP per capita and higher public debt ratios, thus advancing convergence and reducing macroeconomic imbalances (Slide 8, right-hand chart).

In sum, the important role of both positive demand-side and negative supply-side shocks in spurring inflation clearly shows that the current macroeconomic environment differs from the one before and during the pandemic, when downside risks to price stability called for an expansion of both monetary and fiscal policy to support risk-sharing and counter weakening demand.

Pulling together in a high inflation environment

In the current high inflation environment, monetary and fiscal policies should pull together rather than working against each other.[9]

Fiscal policy needs to be targeted and future-proof

Fiscal policy needs to focus on two types of measures: first, protect the most vulnerable households and firms from the energy price shock in a targeted way; and second, foster potential growth and energy independence through public investment and structural reforms.[10]

Regarding the first point, targeted support to low-income households is important, from both a macroeconomic and a distributional perspective. Low-income households are not only more liquidity-constrained and have less room to buffer sharp increases in their cost of living, but also face significantly higher effective inflation rates than high-income households. The difference between the effective inflation rate in the lowest and highest income quintiles increased to 2.2 percentage points in October 2022, its highest level since 2006 (Slide 9, left-hand chart).

This inflation gap between poorer and richer households is mainly driven by relative price increases for energy and food (Slide 9, right-hand chart). Monetary policy can do little about such relative price changes. Even tighter monetary policy, leading to lower headline inflation, would not have prevented such uneven effects across households.

Only governments have the mandate and tools to address distributional issues.

As regards the second type of measure, governments must address the underlying sources of the supply-side shocks that are likely to affect the structure of the economy more persistently.

This requires public investment and decisive structural reforms that foster potential growth and, at the same time, help to dampen inflationary pressure over the medium term by reducing supply-side constraints.[11]

In this regard, the Next Generation EU programme offers a historic opportunity.[12] Disbursements under the Recovery and Resilience Facility (RRF) are expected to stay at high levels over the coming years. A swift and efficient implementation of the key investment projects and reforms envisaged in the national plans under the RRF is key for boosting investment and potential growth.[13]

So far, governments have often not followed the above prescriptions. They focussed mainly on a combination of untargeted measures, fossil fuel subsidies and government consumption to soothe the damages inflicted by the energy crisis.

Only a small share of the temporary fiscal measures implemented to alleviate the burden of rising energy prices target low-income households (Slide 10, left-hand side). Rather than cutting taxes for vulnerable households or providing transfers to those in need, governments have mostly resorted to broad-based tax cuts or subsidies, or to outright energy price caps.

In addition, many measures support short-run fossil fuel consumption, thereby working against efforts to move away from fossil energy sources. In terms of their budgetary impact, only 1% of the total measures contribute directly to the green transition. Tax cuts and subsidies for fossil fuels, unless properly designed, incentivise neither the efficient use of energy nor investment in energy-saving technology.[14]

Moreover, public investment will remain subdued this year and next. It is only expected to pick up in 2024 and 2025, mainly reflecting increased defence spending, which helps to support our security, but has a low contribution to potential growth (Slide 10, right-hand side).

As a result, fiscal policy measures hardly help to accelerate the green transition or tackle the sources of supply-side constraints, while contributing to aggregate demand and high inflation, making it more difficult for the ECB to deliver on its mandate.

Indeed, ECB staff simulations suggest that war-related support and energy measures may dampen inflation in the short run, especially if they directly affect energy prices, but will contribute positively to HICP inflation over the medium term.

Sound fiscal policy helps to anchor inflation expectations

Sound fiscal policy is also a key factor for stabilising debt dynamics.

The fiscal support measures taken during the pandemic resulted in a sharp increase in public debt ratios, which were already elevated before the pandemic started. Euro area public debt as a ratio to GDP has increased by around 20 percentage points from 2007 to 2019, and by around another 10 percentage points by 2021.

Initially, higher inflation had a beneficial effect on debt-to-GDP ratios, due to a temporary windfall from the boost in nominal growth (Slide 11, left-hand side).[15]

However, an inflation increase due to a supply-side shock cannot be expected to significantly alleviate the debt burden over the medium term. ECB staff simulations show that the resulting decline in real growth, higher interest payments and deteriorating primary deficits would increase public debt ratios over longer horizons (Slide 11, right-hand chart).

Rising interest rates as a result of tighter monetary policy or higher public debt lift up the interest rate-growth differential for a given rate of potential growth. The negative interest rate-growth differential before the pandemic helped to contain, or even reduce, debt-to-GDP ratios. The differential still stands near historic lows but is about to become less favourable (Slide 12, left-hand chart).

Against this backdrop, current circumstances call for responsible fiscal policy. Governments need to be clear that current budget deficits are backed by future primary surpluses, via either future higher tax rates or lower spending.

If governments do not credibly signal their commitment to responsible fiscal policies, the private sector may eventually expect that higher inflation is needed to ensure the sustainability of public debt.[16] This would be the case if high unfunded budget deficits ended up eroding the credibility of the central bank to pursue its monetary policy objectives, endangering price stability.[17]

If, by contrast, the central bank is fully credible – because it has earned a reputation of safeguarding price stability – monetary dominance prevails, implying that monetary policy is going to tighten by more if fiscal policy is too accommodative.[18]

Fiscal expansion during and after the pandemic, combined with the activation of the general escape clause under the Stability and Growth Pact for a period of at least four years, from 2020 to 2023, and the lack of a functioning EU fiscal framework, risk contributing to higher inflation, by weakening public perceptions that governments would stabilise public finances by taking the necessary future fiscal adjustments.[19]

Recent developments in the United Kingdom have served as a wake-up call. They have shown that expansionary fiscal policy has its limits. Without clear communication about how fiscal spending or broad-based tax cuts are to be funded, markets are likely to expect higher inflation, higher real interest rates or both. Abrupt increases in sovereign yields can put debt sustainability at risk and jeopardise financial stability, as shown by the example of the liability-driven investment funds.

So far, in most major economies, inflation is expected to return to target over the medium term.[20] In the euro area, investors do not currently expect high debt levels to cause inflation to persistently deviate from the target, in spite of an upward shift to levels slightly above 2 percent, speaking in favour of central bank credibility and monetary dominance (Slide 12, right-hand side).

Monetary policy must stay focused on price stability

Fiscal policy is hence at risk of contributing to inflation at a time when price pressures remain unabated. Inflation in the euro area has continued to surprise on the upside, and significantly so. While fears of a technical recession have increased, economic data surprises have recently also turned positive (Slide 13, left-hand side).

In this situation, monetary policy must remain firmly focused on its mandate and restore price stability as quickly as possible. Determined policy action by the ECB has already led to a notable tightening of financing conditions. Euro area real GDP-weighted sovereign yields have increased across the maturity spectrum since the turnaround in monetary policy in December 2021.

Yet, real rates remain in negative territory for most tenors, meaning policy is likely too accommodative (Slide 13, right-hand side). Markets’ expectations of a “pivot” have recently worked against our efforts to withdraw policy accommodation, bringing the actual policy stance further away from the stance that is required to bring inflation back to target.

This raises the risks that first round effects from higher energy and food prices eventually turn into second round effects. The longer inflation is unacceptably high, the larger the risk that inflation expectations adjust in a way that puts medium-term price stability at risk.[21]

According to ECB staff analysis, higher perceived inflation appears to have a substantial impact on households’ inflation expectations, and this impact has been rising (Slide 14, left-hand side).

As a result, inflation expectations of households have been on a notable upward trend, and a significant share of survey respondents expect a sustained period of high inflation (Slide 14, right-hand side). Surveys among professional forecasters yield very similar results.[22]

Hence, recent financial market developments, broad-based fiscal stimulus and high inflation persistence call for further determined action to prevent a de-anchoring of inflation expectations. At present, the largest risk for central banks remains a policy that is falsely calibrated on the assumption of a fast decline in inflation, and hence on an underestimation of inflation persistence.[23]

In light of this, we will need to raise interest rates further, probably into restrictive territory, so as to ensure that inflation returns to our medium-term inflation target as quickly as possible and second-round effects do not materialise.

Incoming data so far suggest that the room for slowing down the pace of interest rate adjustments remains limited, even as we are approaching estimates of the “neutral” rate.

The extraordinarily large degree of uncertainty surrounding such estimates implies that they cannot serve as a yardstick to inform the appropriate pace of interest rate adjustments. Instead, policy needs to remain data dependent.

While interest rates will remain the key instrument for calibrating our monetary policy stance, we will complement our actions with a measured and predictable normalisation of our monetary policy bond portfolio. In our December policy meeting, we will lay out the principles for our balance sheet reduction.

At the same time, we continue to stand ready to counter fragmentation in financial markets that is not justified by economic fundamentals and hampers the smooth transmission of our monetary policy throughout the entire euro area.

Our toolkit – PEPP flexibility, the Transmission Protection Instrument (TPI) and the Outright Monetary Transactions (OMT) programme – allows us to swiftly respond to destabilising dynamics in financial markets. But the use of this toolkit also relies on an effective fiscal framework, making a timely agreement on a credible European fiscal framework all the more important.

Conclusion

Let me conclude.

In the pandemic crisis, monetary and fiscal policies reinforced each other, preventing a collapse of the euro area economy.

In the current environment, there is a risk that monetary and fiscal policies may pull in opposite directions, leading to a suboptimal policy mix. Many fiscal measures that are popular among the electorate, such as tight price caps or broad-based subsidies, risk fuelling medium-term inflation further, which could ultimately force monetary policy to raise interest rates beyond the level that would be seen as appropriate without fiscal stimulus.

Governments need to internalise the effects of their actions on future inflation and monetary policy. They should support fiscal sustainability and price stability by targeting their measures to the most vulnerable parts of society, fostering potential growth and accelerating the green transition. Such measures would dampen inflationary pressures over the medium to long run.

Monetary policy can best contribute to macroeconomic stability and social welfare by ensuring a timely return of inflation to target, thereby preserving people’s purchasing power, and supporting investment by reducing uncertainty.

Thank you.

En la crisis pandémica, las políticas monetarias y fiscales se reforzaron mutuamente, evitando un colapso de la economía de la zona del euro.

En el entorno actual, existe el riesgo de que las políticas monetarias y fiscales tiren en direcciones opuestas, lo que llevaría a una combinación de políticas subóptima. Muchas de las medidas fiscales que gozan de popularidad entre el electorado, como los estrictos topes de precios o los subsidios de base amplia, corren el riesgo de alimentar aún más la inflación a medio plazo, lo que podría obligar, en última instancia, a la política monetaria a elevar los tipos de interés por encima del nivel que se consideraría apropiado sin el estímulo fiscal.

Los gobiernos deben internalizar los efectos de sus acciones sobre la inflación y la política monetaria futuras. Deben apoyar la sostenibilidad fiscal y la estabilidad de los precios dirigiendo sus medidas a las partes más vulnerables de la sociedad, fomentando el crecimiento potencial y acelerando la transición ecológica. Estas medidas amortiguarían las presiones inflacionistas a medio y largo plazo.

La política monetaria es la que mejor puede contribuir a la estabilidad macroeconómica y al bienestar social garantizando el retorno oportuno de la inflación al objetivo, preservando así el poder adquisitivo de los ciudadanos, y apoyando la inversión al reducir la incertidumbre.

Annexes
24 November 2022
  1. Schnabel, I. (2021), “Unconventional fiscal and monetary policy at the zero lower bound”, speech at the Third Annual Conference organised by the European Fiscal Board, 26 February. Reichlin, L., Ricco, G. and Tarbé, M. (2021), “Monetary-Fiscal Crosswinds in the European Monetary Union”, CEPR Discussion Paper Series, No 16138, Centre for Economic Policy Research, May.

  2. Lagarde, C. (2022), “Monetary policy in a high inflation environment: commitment and clarity”, lecture organised by Eesti Pank, 4 November.

  3. Sims, C. (2016), “Fiscal policy, monetary policy and central bank independence”, address at the annual economic policy symposium organised by the Federal Reserve Bank of Kansas City, Jackson Hole, 26 August. Schnabel, I. (2020), “Pulling together: fiscal and monetary policies in a low interest rate environment”, speech at the Interparliamentary Conference on Stability, Economic Coordination and Governance in the European Union, 12 October.

  4. For a comprehensive overview and discussion of monetary and fiscal policy interactions in the euro area, see ECB (2021), “Monetary-fiscal policy interactions in the euro area”, Occasional Paper Series, No 273, September.

  5. Schnabel, I. (2022), “Monetary policy in a cost-of-living crisis”, speech at the IV Edition Foro La Toja, 30 September.

  6. Fernald, J. and Li, H. (2022), “The Impact of COVID on Productivity and Potential Output”, Working Paper Series, No 2022-19, Federal Reserve Bank of San Francisco, September.

  7. Bandera, N., Bodnár, K., Le Roux, J. and Szörfi, B. (2022), “The impact of the COVID-19 shock on euro area potential output: a sectoral approach”, Working Paper Series, No 2717, ECB, September; Aikman, D., Drehmann, M., Juselius, M. and Xing, X. (2022), “The scarring effects of deep contractions”, BIS Working Papers, No 1043, October.

  8. Le Roux, J., Szörfi, B. and Weißler, M. (2022), “How higher oil prices could affect euro area potential output”, Economic Bulletin, Issue 5, ECB.

  9. In a similar vein, the International Monetary Fund has argued that fiscal policy should not work at cross-purposes with monetary policy. See IMF (2022), “World Economic Outlook”, October.

  10. Research shows that public investment raises the productivity of the physical and human capital stock and may also encourage new private investment. See Abiad, A., Furceri, D. and P. Topalova (2016), “The Macroeconomic Effects of Public Investment: Evidence from Advanced Economies”, Journal of Macroeconomics, 50: 224–40.

  11. Fornaro and Wolf (2022) argue in favour of fiscal policy supporting business investment. In fact, in their model, monetary tightening in response to a supply side shock may be self-defeating, unless it is accompanied by fiscal policies fostering the economy’s productive capacity. See Fornaro, L. and M. Wolf (2022), “The Scars of Supply Shocks”, Economics Working Papers 1748, Universitat Pompeu Fabra.

  12. For the impact of Next Generation EU on financial integration and public risk-sharing, see European Central Bank (2022), “Financial Integration and Structure in the Euro Area”, April.

  13. Given the strong complementarity between public and private investment, the funds from the recovery programme can also pave the way for private investment activities that are at the core of the large innovation effort required to master the green and digital transitions.

  14. Checherita-Westphal, C., Freier, M. and Muggenthaler, P. (2022), “Euro area fiscal policy response to the war in Ukraine and its macroeconomic impact”, Economic Bulletin, Issue 5, ECB.

  15. European Central Bank (2022), Financial Stability Review, November.

  16. Leeper, E. (2010), “Monetary science, fiscal alchemy”, Proceedings, Economic Policy Symposium, Jackson Hole, Federal Reserve Bank of Kansas City, pp. 361-434.

  17. This relates to the fiscal theory of the price level, which was established by Leeper, Sims and Cochrane, in part expanding the work by Sargent and Wallace, in the early 1980s. See Leeper, E. (1991), “Equilibria under ‘active’ and ‘passive’ monetary and fiscal policies”, Journal of Monetary Economics, Vol. 27, Issue 1, pp. 129-147; Sims, C. (1994), “A Simple Model for Study of the Determination of the Price Level and the Interaction of Monetary and Fiscal Policy,” Economic Theory, Vol. 4, pp. 381-399; Cochrane, J. (2005), “Money as stock”, Journal of Monetary Economics, Vol. 52, Issue 3, pp. 501-528; Sargent, T. and Wallace, N. (1981), “Some Unpleasant Monetarist Arithmetic”, Federal Reserve Bank of Minneapolis Quarterly Review, Fall, pp. 1-17. See also See Bianchi, F. and Melosi, L. (2022), “Inflation as a Fiscal Limit”, Federal Reserve Bank of Chicago Working Paper, No 2022-37; Cochrane, J. (2022), “The Fiscal Theory of the Price Level”, Princeton University Press.

  18. Woodford, M. (2003), “Interest and Prices: Foundations of a Theory of Monetary Policy”, Princeton, New Jersey, Princeton University Press.

  19. Gopinath, G. (2022), “How Will the Pandemic and War Shape Future Monetary Policy?”, remarks at the Jackson Hole Symposium.

  20. Ilzetzki, E. (2022), “Commentary: Inflation as a Fiscal Limit”, remarks at the Jackson Hole Symposium.

  21. Malmendier, U. and Nagel, S. (2016), “Learning from Inflation Experiences”, The Quarterly Journal of Economics, Vol. 131(1), pp. 53-87.

  22. European Central bank (2022), “The ECB Survey of Professional Forecasters", October.

  23. Schnabel, I. (2022), “Monetary policy and the Great Volatility”, speech at the Jackson Hole Economic Policy Symposium organised by the Federal Reserve Bank of Kansas City, Jackson Hole, Wyoming, 27 August.

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Que no te engañen

¡Que no te engañen!: Un repaso a las grandes falacias económicas de los populismos a derecha e izquierda

https://twitter.com/SantiCalvo_Eco

https://www.youtube.com/watch?v=Qp6f_oU2bsc

Los terraplanistas abundan también en economía

Toni Roldan en sus articulos nos relata sobre quienes se empeñan en negar la evidencia frente a sus ideas manidas.

"Los negacionistas siempre prefieren que el mundo se adapte a sus teorías, en vez de tener que hacer ellos el esfuerzo de adaptarse a la realidad".

https://blogs.elconfidencial.com/espana/tribu-y-poder/2022-11-25/negacionismo-economico-ciencia-salarios_3528777/ 

https://twitter.com/toniroldanm 

https://politicaprosa.com/es/lo-que-los-economistas-no-entendemos-de-la-politica/

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2022/11/el-negacionismo-economico-un-manifiesto.html 

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https://brujulaeconomica.blogspot.com/2022/10/ser-economista-consiste-en-adquirir-y.html 

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2016/08/enlaces-para-estudiantes-de-economicas.html 

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2022/10/economia-y-matematicas-luis-corchon-diaz.html 

https://www.amazon.es/negacionismo-econ%C3%B3mico-manifiesto-economistas-secuestrados

/dp/8423429040 

https://www.revistaeconomiacritica.org/index.php/rec/article/view/593

https://brujulaeconomica.blogspot.com/2019/01/60-libros-de-economia-en-pdf.html 

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EL NEGACIONISMO ECONOMICO: UN MANIFIESTO CONTRA LOS ECONOMISTAS SECUESTRADOS POR SU IDEOLOGIA

EL NEGACIONISMO ECONOMICO: UN MANIFIESTO CONTRA LOS ECONOMISTAS SECUESTRADOS POR SU IDEOLOGIA

 Revista de Economía Crítica, nº32, segundo semestre 2021, ISSN 2013-5254Journal of Critical Economics, issue 32,second semester 2021, ISSN 2013-5254 

Second Semester of 2021Segundo Semestre 2021Journal of Critical EconomicsRevista de Economía Crítica 

José A. Tapia1Universidad Drexel, Filadelfia, EE.UU

El carácter de la economía como disciplina académica y campo del saber ha sido objeto de innumerables polémicas. Las escuelas de pensamiento económico se han opuesto unas a otras en todo o en parte y si en disciplinas científicas como la física o la química los principios y la teoría comúnmente aceptados son obvios, en economía eso es obviamente falso. En El negacionismo económico Pierre Cahuc y André Zylberberg han hecho una contribución notable a estas polémicas. Si hubiera que describir con una sola frase este libro, podría quizá decirse que se trata de un zarpazo bien apuntado de la economía ortodoxa o académica contra sus críticos. La lectura del libro probablemente será estimulante para cualquiera que esté interesado en materias económicas, sea economista o no. Wikipedia dice que los autores son economistas franceses, Cahuc profesor e investigador en distintas instituciones europeas; Zylberberg, actualmente retirado, fue Director de Investigación del Comité Nacional de Investigación Científica.El libro defiende sus tesis con fuerza y elegancia. Comienza relatando el descubrimiento por científicos alemanes, en la década de 1930, de que fumar provoca cáncer de pulmón, descubrimiento que los nazis se lo apropiaron para lanzar campañas antitabaco teñidas de eugenesia. Desacreditado por su asociación con el nazismo, el descubrimiento cayó en el olvido hasta que en 1953 la prensa norteamericana se hizo eco de investigaciones que mostraban que el alquitrán de los cigarrillos causaba cáncer en ratones. De inmediato, preocupada por la amenaza a sus ventas, la industria del tabaco lanzó una campaña sistemática para sembrar dudas sobre la relación entre tabaco y cáncer. Surgió así el primer baluarte contra el "pensamiento único" y la primera manifestación de lo que luego se daría en llamar "negacionismo". Décadas más tarde el negacionismo médico del presidente sudafricano Thabo Mbeki rechazó la conexión entre virus de la  inmunodeficiencia humana y sida, y presentó el asunto como un complot de las multinacionales para vender medicamentos contra una dolencia que, según Mbeki, podía tratarse perfectamente con plantas, ajo y limón (p. 14). De manera similar, los negacionistas climáticos denuncian como falsa la conexión entre cambio del clima y actividades humanas. Tras presentar esos casos ilustrativos de negacionismo, Cahuc y Zylberberg se interrogan sobre qué es el método científico y arguyen que lo que permite decidir si una disciplina es científica no es el objeto de estudio, sino el método para validar los resultados. Y dicen que desde hace más de tres décadas y "gracias al manejo de inmensas bases de datos, a la multiplicación de la capacidad de tratamiento de la información y a una renovación metodológica profunda, la Economía se ha convertido en una ciencia experimental en el sentido pleno de la palabra" (p. 15). Y como en toda disciplina de este tipo, "el análisis económico contemporáneo trata de poner de manifiesto relaciones de causa y efecto" y ya no le basta comparar puntos de vista ayudándose de cifras más o menos pertinentes, o hacer simulaciones basadas en modelos matemáticos más o menos sofisticados. Al igual que la investigación médica, la Economía "se aplica a elaborar protocolos experimentales que nos permitan conocer las causas de los fenómenos que observamos" (p. 16). 

Estas son las ideas clave del libro. De ellas se infiere que quienes niegan que la economía sea una ciencia, son tan poco de fiar como los negacionistas del cambio climático o quienes abogan por el ajo para tratar el sida. Ese precisamente es el negacionismo económico que Cahuc y Zylberberg describen y critican, con el propósito de demostrar su carácter anticientífico. El libro se subtitula "Un manifiesto contra los economistas secuestrados por su ideología". Por su tono airado y sus dimensiones reducidas, el sustantivo "manifiesto" es muy apropiado para este libro. Los "economistas secuestrados" a los que se refiere el subtítulo son en general quienes critican la economía que, a falta de mejor denominación y siguiendo a Cahuc y Zylberberg, podríamos llamar ortodoxa, o "dominante" (en el libro este adjetivo siempre aparece entrecomillado). Entre los "economistas secuestrados" que son criticados por Cahuc y Zylberberg figuran economistas, como Steve Keen o Frédéric Lordon, pero también sociólogos como Pierre Bordieu, Edgar Morin o Luc Boltansky, filósofos como Jean-Paul Sartre o ÉtienneBalibar, e incluso profesionales de las ciencias naturales, como el biólogo Axel Kahn (p. 154). Hasta el papa Francisco recibe la crítica de Cahuc y Zylberberg por haberse atrevido a criticar la especulación financiera, la tiranía de los mercados y el dinero (p. 67). 

*****Para informarse sobre un determinado tema, dicen Cahuc y Zylberberg, lo mejor "es apelar al conocimiento que la comunidad científica produce" (p. 148) y que se va refinando a través del debate científico. Y como los economistas son quienes saben de temas económicos, es a ellos a quienes hay que preguntar cuando se trata de esos asuntos. Pero, ¡ay!, no todos los que se dicen economistas son verdaderos científicos, porque el debate científico solo es tal cuando tiene lugar mediante artículos publicados "en una revista internacional", que poco a poco van confluyendo hacia un consenso. En esas revistas los artículos que se publican han sido evaluados "de la manera más minuciosa por los mejores especialistas en la materia" y ningún estudio "que no haya seguido este trámite de "validación por iguales" tiene valor alguno en el debate científico" (p. 61).Para demostrar que la economía académica actual es una ciencia experimental, Cahuc y Zylberberg mencionan los muchos estudios recientes en los cuales se da respuesta a cuestiones económicas basándose en modelos estadísticos aplicados a grandes bases de datos. Así, por ejemplo, se ha investigado si subir el salario mínimo afecta el nivel de empleo; si trasladar la residencia familiar de un barrio a otro influye en la evolución escolar de los niños; si las variaciones en el impuesto sobre la renta influyen o no sobre la actividad económica; o si las regulaciones del mercado financiero favorecen el crecimiento económico. En todos estos casos las observaciones son analizadas buscando circunstancias o condicionantes aleatorios de tal forma que lo observado antes y después o en unas u otras circunstancias pueda interpretarse como un experimento natural. A partir de ahí se concluye que existe o no una relación causal, e incluso, se cuantificasu intensidad.

 Estamos pues ante una ciencia experimental, afirman Cahuc y Zylberberg. En medicina se comparan los resultados del tratamiento de un grupo con los resultados de un grupo control no tratado, o tratado con placebo y, de la misma manera procede la economía, que para responder a cualquier cuestión en la que haya una relación de causa a efecto, "compara grupos experimentales en los que esas medidas se han aplicado, con grupos de control en los que no se han aplicado" (p. 16). Fuera de este campo de ciencia económica experimental está el negacionismo económico. Para definir sus contornos Cahuc y Zylberberg comienzan refiriéndose al caso Lysenko, en el que la genética soviética sufrió las imposiciones partidistas supuestamente inferidas de la ideología marxista-leninista. Cahuc y Zylberberg amontonan tirios y troyanos, ya que dicen que quienes nutren las filas del negacionismo económico incluyen desde gente como Sartre —un filósofo abiertamente marxista—, hasta economistas como Steve Keen o sociólogos como Pierre Bordieu —ambos no marxistas declarados. Todos estos y otros "negacionistas", dice el libro, siguen la idea estalinista de que hay una ciencia burguesa y una ciencia proletaria y creen que la ciencia económica defiende los intereses de la clase dominante, del 1% más rico, de forma que "utilizarla para mejorar la suerte de quienes no forman parte de la clase dominante es una ilusión" (p. 30). Según Cahuc y Zylberberg una estrategia propia del negacionismo en cualquier campo científico es generar "una seudociencia que cuestione el consenso establecido por la comunidad investigadora", haciendo creer que hay debate entre distintos científicos, cuando en realidad no lo hay (p. 59). El negacionismo también pone de manifiesto "anomalías que la ciencia no explica, o errores, para derribar todo el edificio y proclamar la necesidad de reconstruirlo sobre nuevos cimientos" (p. 160). Así los economistas heterodoxos y numerosos intelectuales que nutren las filas del negacionismo económico afirman que la crisis financiera de 2008 reveló "de manera definitiva la precariedad de todo el edificio que había construido la economía "dominante". Cahuc y Zylberberg arguyen que en realidad hubo "economistas perfectamente ortodoxos que señalaron la alta probabilidad de que se produjera una crisis financiera", aunque es verdad, dicen, que otros economistas, "incluso la mayoría, no pensaban lo mismo". De todas formas, "el fondo de la cuestión es otro, a saber, que la ciencia económica es incapaz de prever el futuro de un mundo muy complejo, en el que interactúan multitud de factores, sobre todo cuando se trata de fenómenos raros que solo sobrevienen algunas veces por siglo" (p. 162). De la misma manera, dicen Cahuc y Zylberberg, la medicina no puede prever la próxima epidemia, o si tal epidemia ocurrirá, y no por ello debe prestarse atención a los curanderos.

 *****El capítulo 5 del libro se titula "Las recetas de Keynes funcionan, ¡pero no siempre!". Quizás porque en la economía académica el cisma entre keynesianos y antikeynesianos es obvio, Cahuc y Zylberberg desarrollan en este tema su argumento hilando muy fino y así reconocen que, a primera vista, los economistas no salieron bien parados del debate sobre política económica que tuvo lugar en los años de la Gran Recesión. Un galardonado con el premio Nobel en Economía, Paul Krugman, y otros economistas partidarios de aumentar el gasto fiscal según recetas keynesianas disputaban con economistas igualmente ganadores del Nobel como James Buchanan, Edward Prescott y Vernon Smith, abiertamente contrarios a la política keynesiana y favorables por el contrario a la austeridad y la disciplina fiscal. El asunto es, según Cahuc y Zylberberg, que cuando se produjeron tales discrepancias, hace ya una década, las cosas no estaban claras. Entonces, "los economistas no sabían muy bien si se daban las condiciones necesarias" para el éxito de las políticas keynesianas de Obama consistentes en un aumento importante del gasto público. Eso es lo que explica en gran medida la divergencia de puntos de vista, nos dicen. Sin embargo, ahora, arguyen, los estudios experimentales ya han demostrado que aumentar el gasto público estimula la economía y que la medicina keynesiana es eficaz. Pero, ¡ay!, los estudios disponibles "recomiendan más bien ser muy cautos a la hora de aplicarla" porque la medicina ha de ser bien administrada (p. 11

 Aquí la argumentación de Cahuc y Zylberberg aparece muy endeble, puesto que siguiendo su razonamiento —que cita tan solo unos pocos estudios "experimentales"—, resulta obvio que lo que ellos dicen que la economía ha aprendido sobre las políticas keynesianas es, cuando más, una mera casuística: en tales circunstancias parece que las políticas keynesianas funcionaron, en tales otras, pareceque no funcionaron. Todo ello no permite ninguna aplicación racional de políticas económicas, habrá que aplicarlas "a ojo". Por supuesto, además, no ha habido ningún "estudio experimental" en el que diversos países se hayan asignado aleatoriamente a una política keynesiana expansiva o una política conservadora antikeynesiana de austeridad y luego se hayan comparado los resultados en ambos grupos. Si ahora se volviera a preguntar a los economistas que se enfrentaron hace diez años en su recomendación entusiasta o su rechazo tajante de las políticas keynesianas, caben muy pocas dudas de que casi todos se mantendrían en la misma postura que tuvieron entonces. Los supuestos "experimentos" decisivos realizados después de 2008 para decidir quién estaba en lo cierto no habrán convencido prácticamente a nadie. Básicamente, porque no son tales experimentos. 

*****No es de extrañar que Cahuc y Zylberberg dirijan un ataque particularmente severo al genetista Axel Kahn, que fue presidente de la Universidad de París V y que en 2013 "no dudó en publicar un libro... ¡de economía!" en el que, "no sin erudición", dicen, juzga severamente el curso que ha tomado la economía como disciplina académica. Kahn, "sin citar ninguna publicación" —comentan enojados los economistas franceses— afirma que la ciencia económica tal y como se enseña hoy día "difunde la imagen de un mercado "autorregulador", y que las "síntesis matemáticas recientes" han demostrado "el poco fundamento de querer incluir la economía entre las ciencias exactas"". El que un auténtico científico como Kahn, lamentan Cahuc y Zylberberg, se atreva a emitir un juicio "tan perentorio sobre el desarrollo actual del análisis económico" solo puede deberse a que el mencionado científico, a pesar de su erudición, "ignora que este análisis es una disciplina que sigue los mismos criterios de validación de resultados que la biología o la medicina" (p. 154).Entonces, si un científico no economista dice que la economía actual no es una ciencia, no es de fiar porque no sabe de lo que habla. Cuando el matemático Benoît Mandelbrot, por ejemplo, critica en su libro The (Mis)Behavior of Markets las patéticas ideas matemáticas de los economistas sobre cómo funcionan los mercados, no hay que hacerle caso porque no es economista. Si aplicamos el razonamiento a otros casos, resulta que el psicoanálisis, la homeopatía y hasta la astrología pueden negar las críticas que excluyen a estas disciplinas de la ciencia, porque casi siempre esas críticas proceden de científicos o no científicos que realmente no saben de qué hablan, porque en cualquier caso no son practicantes ni del psicoanálisis, ni de la homeopatía ni de la astrología.En contra de lo que dicen Cahuc y Zylberberg, hay muchas razones para pensar que lo que se enseña en las facultades de ciencias económicas y empresariales, esa disciplina que en inglés se denomina economics, dista mucho de ser una ciencia, y no digamos de ser una ciencia "experimental", como la física o la biología. Esta idea fue afirmada no hace mucho por un reputado economista, premio Nobel de economía, Christopher Sims. Según Sims, a pesar de que muchos se empeñen en presentar casi cualquier estudio económico como un experimento natural, en realidad esos estudios distan mucho de ser experimentales. Las investigaciones económicas son casi siempre estudios observacionales en los que los criterios de validez son siempre discutibles. Y también en una gran parte de los casos las investigaciones económicas tienen un problema básico que las diferencia de los experimentos de la física, la química o la biología: no son reproducibles, de la misma manera que a menudo no son reproducibles las investigaciones de otras disciplinas llamadas ciencias sociales

Desde sus inicios, lo que hoy se llama economía o ciencia económica fue una disciplina vinculada al poder político de los monarcas y al poder económico de los banqueros y los comerciantes e industriales y hay muchas razones para pensar que esa vinculación al establishment y al poder económico y político sigue existiendo. Una idea no deja de ser cierta porque se le cuelgue el sambenito de ser una idea estalinista. Además, la disciplina en cuestión siempre ha estado plagada de controversias internas y de enfrentamientos externos que a poco que se examinen revelan un importante componente ideológico. El keynesianismo surgido en la década de la Gran Depresión expresó de forma bastante obvia la práctica real de muchos gobiernos y partidos políticos que optaban por políticas intervencionistas para combatir el estancamiento productivo y el desempleo masivo asociado a las crisis económicas, frente al principio no intervencionista de la economía ortodoxa de su tiempo. Varias décadas antes, la obra de Marx, básicamente ignorada por los economistas de su tiempo, había puesto patas arriba los principios de la economía política, negando la supuesta racionalidad y eficiencia del sistema económico basado en el mercado y el trabajo asalariado que mismo y presentando ese sistema como un organismo preñado de crisis y de condiciones que llevan a su propia destrucción.

  Adam Smith, Jean-Baptiste Say y David Ricardo teorizaron un sistema de economía de mercado que tiende al equilibrio y en el que las crisis no pueden ser sino fenómenos raros y, además, generados por fuerzas externas al sistema económico. Esa idea fue negada desde distintos puntos de vista por Sismondi, Malthus y Marx, pero eso no fue óbice para que la visión de un sistema de libre mercado que se autorregula y funciona eficientemente se convirtiera en uno de los principios clave de la "ciencia económica" moderna (en esto el genetista Axel Kahn no va nada descaminado). Y eso a pesar de la historia de los tres últimos siglos que han registrado docenas de crisis económicas. Esas crisis o recesiones como se las denomina modernamente no son, como dicen Cahuc y Zylberberg, eventos raros "que solo sobrevienen algunas veces por siglo". Según la cronología de la Oficina Nacional de Investigación Económica, institución semioficial estadounidense (conocida por su acrónimo inglés, NBER), entre 1854 y 2009 hubo en EEUU 33 recesiones, a lo largo del siglo XX hubo 20 y desde el final de la II Guerra Mundial, hasta ahora, 11. La economía ortodoxa mantiene un eclecticismo teórico extremo sobre las causas de esas crisis y ha ignorado repetidamente la visión de quienes como Karl Marx, Wesley Mitchell o Henryk Grossman apuntaron a las pérdidas de rentabilidad como causa de las mismas, o a quienes como Clement Juglar señalaron la volatilidad y los trastornos de las finanzas como componente clave del fenómeno. Claro está que estas cosas no suelen ser objeto de investigación de los economistas ortodoxos. De hecho, cuando hace poco más de medio siglo Jan Tinbergen intentó aplicar métodos empíricos al estudio de estas cuestiones, fue masacrado por los dos líderes económicos de su época, John Maynard Keynes y Milton Friedman. Es verdad que en épocas recientes la economía ortodoxa ha avanzado mucho en el uso de métodos estadísticos y bases de datos masivas para estudiar cuestiones que a veces son importantes y otras muchas veces irrelevantes excepto para engordar el curriculum de quienes escriben los artículos correspondientes. En la realidad de la academia, los economistas que en sus investigaciones ponen en cuestión el mismo sistema económico, en vez de preocuparse de cómo gestionarlo, son sistemáticamente marginados y suelen vivir en los márgenes de la educación universitaria y en departamentos heterodoxos aislados que funcionan a modo de leprosarios de economistas postkeynesianos, marxistas, austríacos, feministas, ecológicos, o del tipo que sea. Por supuesto que es cierto, como dicen Cahuc y Zylberberg, que los economistas heterodoxos y otros que sin ser economistas hablan de temas económicos no pocas veces sustentan sus puntos de vista en poco más que buenos deseos o argumentaciones basadas en ideas periclitadas o demostradamente falsas, como son muchas nociones maltusianas. Pero lo mismo puede decirse de los economistas ortodoxos, que publican infinidad de informes y estudios basándose en las ideas predominantes de la economía ortodoxa que son las ideas bien vistas por los gobiernos, empresas, organismos nacionales e internacionales e instituciones diversas que generalmente financian dichos estudios. Y que, por supuesto, no tienen ningún fundamento experimental.

Un tema importante que suscita el libro es el de la relación entre la economía como disciplina académica y el negacionismo climático, al que Cahuc y Zylberberg se refieren repetidamente sin ponerlo nunca en relación con los economistas y la economía. Cuenta El negacionismo económico que el presidente francés François Hollande propuso en la conferencia sobre el clima de 2015 una tasa Tobin sobre las transacciones financieras, para aplicarla a la lucha contra el cambio climático. Otros mandatarios pretendían que los fondos obtenidos de ese impuesto se aplicaran a otros propósitos, "a causas nobles", comentan con sorna Cahuc y Zylberberg. Ahora bien, dicen, los resultados de las investigaciones económicas no descartan que ese impuesto realmente podría "perjudicar a la economía en su conjunto" (p. 81) reduciendo el crecimiento económico. Aquí se plantean dos asuntos: por una parte, si el cambio climático es suficientemente importante como para que las políticas para contrarrestarlo no deban tener en cuenta posibles efectos "nocivos" sobre el crecimiento económico; por otra parte, si hay alguna conexión causal entre crecimiento económico y cambio climático. Desarrollar ambos aspectos va mucho más allá de lo que puede caber en esta reseña. Lo que sí se puede decir es que, hasta hace muy pocos años la economía académica ha sido con su actitud ciega o despreciativa del cambio climático cuando menos auxiliar de importancia, si no componente esencial del movimiento negacionista financiado por empresas industriales y de combustibles fósiles. En general, los economistas en conjunto, quizá deslumbrados por el esplendor del crecimiento económico o del desarrollo de las fuerzas productivas, han ignorado olímpicamente la conexión obvia entre ese crecimiento y las emisiones de gases de efecto invernadero, es decir, causantes del cambio climático. De esa manera los economistas han formado probablemente el grupo profesional que junto con los políticos ha contribuidomás al negacionismo climático. Y ahí entran una gran mayoría de economistas ortodoxos y heterodoxos. Un ejemplo mencionable es el libro reciente de Anwar Shaikh, en cuyas mil páginas el cambio climático no se menciona ni una sola vez. Ha sido la profesión económica casi en bloque la que ha ignorado el vínculo obvio entre crecimiento económico y emisiones de gases de efecto invernadero, vínculo que está en la base del desastre climático y que aparece a poco que se miren los datos. Incluso hoy, la ortodoxia económica, representada por ejemplo por la economista Gail Cohen, sigue empeñada en mostrar que, a la larga, el crecimiento económico reduce las emisiones. Esto se "demuestra" por la evolución de las emisiones en unos pocos países, lo que equivale a demostrar que el tabaco no produce cáncer de pulmón mostrando unos cuantos nonagenarios que han sido fumadores toda su vida. 

*****Cahuc y Zylberberg demuestran en este libro tener un concepto muy simplista de la ciencia. A su juicio los científicos construyen su consenso mediante revistas internacionales cuyos artículos son evaluados meticulosamente por los expertos en la materia. Por ello, ningún estudio "que no haya seguido este trámite de "validación por iguales" tiene valor alguno en el debate científico" (p. 61). Ahora bien, cualquiera que haya participado en ese proceso sabrá lo idealizada que es la visión que dan Cahuc y Zilberberg. En primer lugar, las revistas más prestigiosas rechazan una gran mayoría de los manuscritos sin revisión de árbitros externos, por decisión del editor que, sin tener conocimientos especiales del tema del artículo ha de juzgar "a ojo" si vale la pena o no mandar el manuscrito a que sea evaluado por revisores externos supuestamente expertos en el tema. En segundo lugar, los "mejores especialistas en la materia" a menudo no quieren perder el tiempo evaluando manuscritos y al final los que hacen esa "validación por iguales" son profesionales que tienen un conocimiento relativo, a menudo muy indirecto, del tema del artículo, o incluso estudiantes que quieren aprender. Sea como fuere, lo que es cierto es que muy a menudo los dos, tres o n revisores que "validan" el artículo discrepan radicalmente en su recomendación de publicación o rechazo del manuscrito al editor de la revista. La decisión final es en buena parte arbitraria, aleatoria, y si un manuscrito tiene disonancias con las ideas hegemónicas en un campo, su probabilidad de ser publicado se reduce drásticamente. El resultado de la "validación por iguales" en la que los iguales son supuestamente los mejores especialistas en la materia es que las revistas científicas de cualquier disciplina publican a menudo resultados que, a la larga, incluso muchos años después, se demuestran falsos. En lo que se publica tiene gran influencia el prestigio de los autores y su sintonía con las ideas hegemónicas, de forma que artículos de autores poco conocidos que llegan a conclusiones que rompen con las ideas en boga a menudo se rechazan sin más. Luego están los conflictos de interés, el sesgo de publicación y tantas otras influencias que incluso en disciplinas científicas bien establecidas como la física o la biomedicina hacen que el consenso científico avance de manera muy sinuosa. Sistemas como la evaluación de los manuscritos "a doble ciego", en la que los evaluadores desconocen la identidad de los autores y viceversa, intentan aminorar estas influencias nocivas, pero esos métodos a menudo fallan porque en campos especializados es fácil que los evaluadores reconozcan quién escribió un manuscrito aunque el nombre del autor se haya eliminado. Además, las revistas de economía a menudo no usan esta técnica "doble ciego" porque lo habitual es que los manuscritos se circulen antes de mandarlos a una revista. En cualquier caso, lo que muestra todo esto es que la selección de los artículos que se publican puede ser mejor o peor, pero dista mucho de asegurar que todo lo que se publica es bueno. Y si todo eso es aplicable por ejemplo a los campos de la biomedicina, la química o la ingeniería, en el campo de la economía, donde las escuelas de pensamiento económico discrepan en lo básico y los conflictos de interés son notables y frecuentes por la relación habitual de los economistas con empresas y gobiernos, los factores que cuestionan la "cientificidad" de lo que se publica se elevan, por decirlo de alguna forma, al cuadrado o al cubo. Tanto la economía como las demás disciplinas que se definen como ciencias sociales tienen muy poca capacidad para aplicar los métodos experimentales o empíricos de las ciencias "duras" y por tanto sería muy propio decir que, en realidad, hoy por hoy no son ciencias, sino disciplinas precientíficas. Einstein decía que la observación de las variables permite decidir qué teorías son ciertas, pero añadió que es la teoría la que nos dice qué variables tenemos que observar. La teorías económicas que guían la investigación de los economistas son radicalmente distintas para las distintas escuelas de pensamiento económico. Además dichas teorías son aproximaciones generales a la realidad económica y no son susceptibles de verificación experimental directa.El libro de Cahuec y Zylberberg tiene mucho material que hace su lectura valiosa y educativa si se hace con espíritu crítico. Los autores son especialmente hábiles para relatar experiencias y simplificar fenómenos complejos, aunque a menudo simplifican demasiado. Es interesantísimo el relato del origen de las políticas antimigratorias francesas, hoy bandera de la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, antes del Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen, y antes del Partido Comunista Francés, que al parecer describía la emigración afluente a Francia como un complot del capital para destruir al proletariado francés. El foco del libro en la realidad francesa quizá puede detraer la atención de los lectores que por ejemplo no tengan demasiado interés en los casos en que los empresarios, los sindicatos, y algunos políticos franceses son ferozmente atacados por Cahuc y Zylberberg por defender políticas que, a su juicio, se han demostrado como ineficaces o dañinas. Muchas afirmaciones del libro son indiscutibles, por ejemplo que la ciencia busca a la postre el consenso y, en ese sentido, el ideal científico es el pensamiento único que a menudo se desprecia o se critica desde posiciones posmodernas o anticientíficas. Obviamente es absurdo despreciar el pensamiento único que nos dice que entre las relaciones sexuales y el embarazo hay una relación causal, que la Tierra es esférica, que el paludismo es una enfermedad producida por un microorganismo y transmitida por mosquitos o que la reacción de un ácido y una base produce una sal más agua. Pero no es cierto, como dicen Cahuc y Zylberberg, que toda ciencia experimental trate de poner de manifiesto relaciones de causa y efecto. No son pocos los científicos naturales que han negado que la noción de causa tenga algo que ver algo con la ciencia y si alguien le pregunta a un físico, a un químico o a un biólogo cuál es la causa de la gravedad, del ácido clorhídrico o de las mitocondrias, lo más probable es que encuentre como respuesta un encogimiento de hombros. Las ciencias respectivas no se ocupan de esas causas. Bertrand Russell llegó a decir que la noción de causa es ajena a la ciencia. Por supuesto que esa idea tiene actualmente muchos detractores, pero tiene también muchos seguidores. Que la ciencia en general

busque establecer relaciones de causa a efecto no es ni mucho menos un consenso entre los científicos. Otra cosa es que cada vez se acepte más que demostrar relaciones causales es un componente importante del conocimiento científico. De hecho, en décadas recientes se ha avanzado mucho en la discusión sobre el concepto de causalidad y su operacionalización, lo que ha tenido mucho que ver con aportaciones provenientes del área de la filosofía, la epidemiología, la estadística y la computación, destacando autores tales como Hans Reichenbach, Austin Bradford Hill y, sobre todo, Judea Pearl. Mientras que las ideas de causalidad sistematizadas por este autor mediante diagramas acíclicos direccionales han sido generalmente aceptadas en campos como la computación y la investigación de las causas de enfermedad, en el terreno económico hay una dura resistencia a aceptarlas. Así, por ejemplo, los oscuros criterios econométricos que se usan para aceptar o rechazar un modelo econométrico como sugerente o demostrativo de una relación causal han servido muy poco para clarificar las polémicas entre keynesianos y antikeynesianos.Cuando un economista se refiere a "la teoría" se referirá a cosas muy distintas si pertenece a la escuela neokeynesiana, a la austriaca, a la postkeynesiana o a la neoclásica o si es seguidor de Marx, o de la economía ecológica. Y podrían añadirse otras escuelas y también es cierto que muchos economistas dirán que no se adscriben a ninguna de esas escuelas, el eclecticismo teórico es muy habitual en la disciplina. El diálogo entre economistas de distintas escuelas es a menudo un diálogo de sordos o un intercambio de denuestos y descalificaciones. Este libro probablemente no contribuirá a cambiar esa situación, más bien contribuirá a agravarla.Philippe Sollers dijo una vez que la única ciencia social es el marxismo-leninismo y seguro que habrá todavía algún economista que crea tal cosa, o una versión restringida de lo mismo, por ejemplo, que la única teoría económica válida es la de Marx. En cambio, serán probablemente muchos más los economistas de ideas eclécticas y "criterios abiertos" que piensen que la economía contiene elementos de ciencia y de ideología y que del debate teórico entre economistas de distintas escuelas surgirán a la larga elementos de conocimiento contrastado que podría denominarse científico. Y quizá sean muchos más los economistas académicos que encuentren meritorio el ataque de Cahuc y Zylberberg contra la heterodoxia económica y que, además, se sientan reconfortados por este alegato que afirma vehementemente que eso que enseñan los economistas "no negacionistas" en las facultades de ciencias económicas y empresariales es, de hecho, una ciencia, una ciencia "dura", incluso una "ciencia experimental". A juicio de quien esto escribe las ciencias sociales, como ya se sugirió en esta reseña, están en estadio precientífico y quizá por ello es tan precaria la situación de la humanidad. Joan Robinson decía que la función de esas ciencias sociales es muy distinta a la de las ciencias naturales, porque no es otra que dotar a la sociedad de un órgano de autoconciencia. Esa autoconciencia hoy no existe de ninguna forma y lo que la economía ortodoxa puede aportar a ella parece muy escaso. De la misma forma que la química científica moderna heredó mucho de la alquimia, pero no de la teología ni de la astrología, si alguna vez llega a existir una economía a la que se pueda llamar ciencia económica sin abusar del lenguaje, esa ciencia probablemente habrá heredado mucho de autores como Karl Marx, Nicholas Georgescu-Roegen o Marion King Hubbert y poco o nada de Schumpeter, Malthus o Milton Friedman. Incluso aceptando la idea de Lionel Robbins segúna la cual la economía es la ciencia que analiza el comportamiento humano en función de la relación entre fines dados y medios escasos que tienen usos alternativos, hay que concluir que la "economía experimental" que defienden Cahuc y Zylberbeg ha fracasado estrepitosamente. Como dijo Greta Thunberg hace poco en las Naciones Unidas, frente al colapso de ecosistemas enteros y el comienzo de una extinción en masa lo único que ustedes saben hacer es hablar de dinero y contarnos cuentos de hadas de crecimiento económico eterno. En ese "ustedes" que mencionaba Greta, los economistas que piensan que su disciplina es una ciencia experimental ocupan el lugar principal.En su versión original el libro aquí reseñado se tituló Le négationnisme économique, et comment s'en débarrasser. La traducción de Juan Manuel Salmerón se lee bien, aunque tiene defectos evidentes. Refiriéndose en mal castellano a las comidas gratis que Google proporciona a sus empleados, el libro dice  que la empresa da "restauración gratuita" (p. 140). Y también dice que los biólogos y los médicos hacen experimentos o comparan grupos "cuando quieren testar un medicamento" (p. 169). Hacer testamento es sin embargo lo que en nuestro idioma significa "testar". 

Cahuc, Pierre y Zylberberg, André; El negacionismo economico: un manifiesto contra los economistas secuestrados por su ideologiaJosé A. TapiaRevista de Economía Crítica, nº32, segundo semestre 2021, ISSN 2013-5254Journal of Critical Economics, issue 32,second semester 2021, ISSN 2013-5254

https://www.revistaeconomiacritica.org/index.php/rec/article/view/593/555

REFERENCIAS CITADAS Y LECTURAS RECOMENDADAS  

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