Crisis de oferta y crisis de demanda.¿Caso único?

 Crisis de oferta y crisis de demanda. ¿Caso único? 

"La crisis actual es más compleja. Viene por el lado de la demanda y por el de la oferta. Hay que evitar que las empresas cierren por falta de liquidez. Hay que dar cobertura de ingresos a los empleados desde el primer día en que queden temporalmente sin trabajo" A.Costas  13/03/2020

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1-Los precios bajan por sexto mes y hunden más a España en la deflación

Los precios en España siguen hundidos y en septiembre, por sexto mes consecutivo, bajaron con respecto al mismo periodo del año pasado. Según los datos adelantados este martes por el INE, el IPC anual se situó en el -0,4% y ahondó en la deflación en la que ha caído España como consecuencia de la crisis del coronavirus.

El INE apenas ofrece datos por productos y servicios con el IPC adelantado, pues todavía no ha terminado el mes. Pero sí señala como clave la bajada de los precios de los carburantes, que hace un año subían. El IPC armonizado, que es el mismo para todos los países de la Unión Europea, fue dos décimas inferior, del -0,6%.

La evolución mensual de los precios, en cambio, fue algo positiva, si bien en ella intervienen factores estacionales. El IPC avanzó dos décimas con respecto a agosto (0,2%), mientras que el IPCA se mantuvo idéntico al del mes anterior.

Lo que explica este ligero avance, según el INE, es la subida de los precios de la electricidad y que la bajada de los paquetes turísticos fue inferior a la que se produjo entre septiembre y agosto de 2019. La inusual temporada vacacional hizo que las empresas del sector no pudieran subir tanto los precios en los meses de más actividad, por lo que el fin del verano no los bajaron tanto.

La deflación, consecuencia de la caída económica

La llegada de la pandemia de coronavirus en marzo sumió a España en una grave crisis sanitaria pero también económica. Como consecuencia del parón de la actividad que provocó el estado de alarma, entre marzo y junio, y el confinamiento, la economía española ha caído en recesión en la primera mitad del año. En el segundo trimestre, el PIB bajó un 17,8% con respecto al primero y un 21,5% interanual. Son los peores datos de toda la serie histórica del INE.

En todas las recesiones, sobre todo si hablamos, como es el caso, de una de alcance mundial, uno de los productos que suele abaratarse más rápidamente son los carburantes. El freno de la actividad repercute inmediatamente en una menor demanda de petróleo, lo que baja su cotización. Su impacto en los precios es muy grande, pues la dependencia de los carburantes para el transporte y el funcionamiento de la industria es muy alta.

En esta crisis sí hemos visto como algunos productos subían, como los alimentos, por su mayor demanda inicial y porque las empresas fabricantes y distribuidoras también incrementaron costes por las medidas de prevención contra la Covid-19. Este fenómeno ha frenado un descenso de los precios que, de otra forma, habría podido ser muy superior.

  • https://www.economiadigital.es/finanzas-y-macro/los-precios-bajan-por-sexto-mes-y-hunden-mas-a-espana-en-la-deflacion_20097877_102.html?fbclid=IwAR3DMMYT8xObihBhTzYgOcQP1gyHfijpvuSExngsGPPQnko3qMyivamkYg8

 

2-La tasa de ahorro de las familias se dispara y puede desembocar en una pésima noticia

El Gran Confinamiento disparó el ahorro de los hogares hasta niveles históricos entre abril y mayo. La incapacidad para asumir los gastos habituales y el miedo a la pandemia situó su tasa anual en el 31,1% de la renta disponible, su valor más alto de toda la serie, iniciada en 1999, muy por encima del anterior máximo alcanzado en la anterior crisis económica. La capacidad de ahorro incluso subió a pesar del desplome de la renta disponible, lo que indica que parte de la contención del gasto fue forzoso. Se espera que en el próximo trimestre, la tasa de ahorro disminuya, pero está por ver si el ahorro forzoso se convierte en precautorio, una situación que complicaría la recuperación económica.

Fuente: INE

La pandemia y el Gran Confinamiento están provocando importantes anomalías en la economía, como que la capacidad de ahorro se haya disparado en el segundo trimestre, mientras las rentas disponibles y los salarios se desploman. Según las Cuentas Trimestrales no Financieras del INE en el segundo trimestre, periodo que coincide el confinamiento más duro de la economía y los meses de apertura progresiva; la renta nacional bruta y la renta nacional disponible bruta disminuyeron un 17,3% y un 17,6% en términos anuales, mientras la remuneración de los asalariados se redujo un 14%. Lo normal ante estas caídas es que las familias pierdan capacidad de ahorro.

Sin embargo,las familias ahorraron más de 60.200 millones de euros, la cifra más alta de toda la serie histórica y casi el doble que en el primer trimestre, cuando fue de 36.856 millones. Lo que se traduce en que la tasa de ahorro se situó en el 31,1%. "Una característica muy específica de la crisis actual es que, al menos en las economías avanzadas, los ingresos, protegidos de forma masiva por la política fiscal, están cayendo mucho menos que el consumo, provocando un ahorro forzoso", explica el economista jefe de AXA, Gillies Moec. El gasto en consumo final de los hogares se estima en 133.222 millones de euros, que supone un descenso del 23,9% respecto al mismo trimestre del año anterior, prácticamente siete puntos porcentuales por encima de la renta disponible y diez puntos por encima del descenso de los salarios.

En una crisis de estas características lo normal es que la destrucción de empleo se hubiera desbocado rápidamente y con ella la caída de rentas y salarios hubiera sido mucho más pronunciadas, pero las medidas desplegadas por el Gobierno como los Ertes ha amortiguado momentáneamente el golpe.

Otra parte del excedente histórico del ahorro es que el consumo fue limitado por las medidas de contención del virus. El cierre de muchos comercios, el impacto del teletrabajo o la suspensión de vacaciones por parte de muchas familias se transformó en ahorro.

En el comienzo de las crisis, lo habitual es que las familias suelen ahorrar por precaución, por el miedo a perder el empleo o que vean riesgos de garantizar otras renta como alquileres o dividendos. Esto suele agravar la situación económica. Las familias consumen menos y se retrasan sus decisiones de grandes gastos. La crisis económica provocada por el coronavirus se ha saltado este paso y queda la duda cómo evolucionará el conocido como ahorro del miedo.

La segunda ola de infecciones en España no hace presagiar nada bueno, y todo apunta que en el próximo trimestre la tendencia de las familias será de abrocharse el cinturón.  "La alta incertidumbre podría llevar a los hogares a aumentar sus ahorro por precaución, lo que reduciría el consumo privado actual y frenaría aún más el crecimiento del PIB", advertía la pasada semana en su boletín el BCE. 

A cierre de 2019, la tasa de ahorro se situó en el 7,4%. El Consejo General de Economistas vaticinaba en sus últimas previsiones que a final de año se situaría alrededor del 10%. Implica que en los próximos trimestres se irá reduciendo la capacidad de ahorro de las familias a buena velocidad, pero la tasa al 10% supone unos niveles elevados para España. La última vez que el país registró una cifra parecida fue en 2011, en plena recesión.

Las cuentas de la Administración Pública son las que más sufren

Las Administraciones Públicas registraron en el segundo trimestre una necesidad de financiación de 61.589 millones de euros, la mayor en cualquier trimestre desde que arrancó la serie en 1999. La necesidad de financiación fue del 13,2% del PIB, en máximo en 21 años.

Fuente: INE

Este fuerte repunte de la necesidad de financiación de las Administraciones Públicas, motivado por la crisis sanitaria, se produjo tras reducirse su renta disponible en un 79,5%, hasta los 9.167 millones de euros, y aumentar su gasto en consumo en un 5,5%, hasta los 63.875 millones de euros.

Esta circunstancia redujo prácticamente a cero la capacidad de financiación de la economía española frente al resto del mundo. En concreto, se situó en 2.144 millones de euros, el 0,9% del PIB, en el 0,2% del PIB, eliminando los efectos estacionales y de calendario.

  • https://www.eleconomista.es/economia/noticias/10799280/09/20/La-tasa-de-ahorro-en-Espana-se-dispara-a-maximos-historicos-y-por-que-es-una-pesima-noticia.html 

 3-Deuda publica

La crisis es global y simétrica, pero las condiciones iniciales de deuda pública condicionarán la recuperación

España debe cerca de 1.257.818.000 euros.

Las peores previsiones elevan ese nivel de endeudamiento hasta el 120% del PIB. La propuesta original de la Comisión Europea, que Michel había mantenido hasta ahora, planteaba 500.000 millones en subvenciones y 250.000 millones en créditos.

El shock sobre la deuda pública será de 20 o 30 puntos de PIB. Pero la deuda alemana u holandesa subirá hasta el 80%-90% del PIB mientras la italiana superará el 160% del PIB. Los economistas sabemos muy poco del fenómeno financiero, pero sí sabemos que los inversores son procíclicos. En las expansiones tienen exuberancia irracional y provocan burbujas y en las recesiones se asustan y buscan refugio en los activos libres de riesgo. La deuda española no es considerada libre de riesgo, por eso ha sido necesaria la intervención del BCE. Nuestra deuda acabará próxima al 120% del PIB a finales de 2020.

La próxima semana la Comisión Europea publicará su escenario de primavera y el déficit estructural español, el que no depende del ciclo, se situará por encima del 3% del objetivo del pacto de estabilidad. Los economistas recomendamos hacer políticas fiscales expansivas en las recesiones para suavizar el impacto sobre la tasa de paro. Pero eso solo es posible si el país tiene capacidad de financiar el aumento de la deuda pública.

España fuera del euro ya estaría solicitando un rescate al FMI. Dentro del euro el BCE compra nuestra deuda pública y mantiene los tipos bajos, lo cual es una condición necesaria para que una deuda sea sostenible. Otra condición es aumentar el crecimiento potencial y es necesario potenciar políticas que lo permitan.

También es condición necesaria tener un superávit primario, excluyendo el gasto en intereses de la deuda. El Estado español no tiene superávit primario desde 2007. Desde entonces España financia gasto corriente con deuda pública, lo cual es la causa principal de nuestro riesgo de insostenibilidad de la deuda pública. El Gobierno, esté el partido que esté, tendrá que subir el IVA de nuevo, que es el impuesto que más capacidad de recaudación tiene. Tendrá que priorizar nuevos gastos como desempleo, sanitario, pensiones mínimas y pobreza severa y recortar en otras partidas.

Mi colega de la Universidad de Alcalá Francisco Comín ha estudiado las crisis de deuda en España desde 1500. El indicador de alarma es el total de emisión de deuda entre los ingresos públicos. Este año aumentará hasta el 65%, el nivel más alto desde Fernando VII, hace 200 años. Cuanto antes reconozcamos la realidad, antes saldremos de la crisis y reduciremos la infelicidad que aun así será muy elevada de nuevo.

  • https://elpais.com/economia/2020-04-30/deuda-publica-al-120-del-pib.html

 La deuda pública llegará al 120% del PIB y costará un 1% de avance anual

En estos momentos, las políticas económicas deben encaminarse a dar liquidez al tejido productivo
  •  https://www.facebook.com/datosmacro
  • https://datosmacro.expansion.com/deuda/espana 


España | COVID-19: ¿una crisis de oferta o de demanda?

La caída prevista en el PIB como consecuencia de la COVID-19 no tendrá parangón histórico. La disminución en el PIB por población en edad de trabajar en 2020 superará previsiblemente el 10% respecto a 2019, retrocediendo al nivel de 2015.

Puntos clave

  • La magnitud de esta caída hace más necesario que nunca una evaluación de los factores que están detrás de esta debacle.
  • Donde posiblemente surgen las discrepancias es en el tipo de políticas a aplicar durante la recuperación.
  • España alcanzará unos niveles de deuda pública sobre PIB cercanos al 120%, unas tasas de desempleo varios puntos por encima del 13,8% de 2019, y unas necesidades de gasto superiores.
  • En el conjunto del 2020, los factores de oferta y demanda tendrían un peso similar, aunque con comportamientos diferenciados por trimestres.
  • En el primer semestre de 2020, el PIB se contraerá previsiblemente más de un 20% y la afiliación a la Seguridad Social un 4,9% respecto al cuarto trimestre de 2019.
  •  https://www.bbvaresearch.com/publicaciones/espana-covid-19-una-crisis-de-oferta-o-de-demanda/ 

COVID-19: ¿una crisis de oferta o de demanda?

La caída prevista en el PIB como consecuencia de la COVID-19 no tendrá parangón histórico. La disminución en el PIB por población en edad de trabajar en 2020 superará previsiblemente el 10% respecto a 2019, retrocediendo al nivel de 2015. La magnitud de esta caída hace más necesario que nunca una evaluación de los factores que están detrás de esta debacle. Esta crisis ha generado un amplio consenso en cuanto a sus determinantes y a los canales de propagación. Donde posiblemente surgen las discrepancias es en el tipo de políticas a aplicar durante la recuperación. España alcanzará unos niveles de deuda pública sobre PIB cercanos al 120%, unas tasas de desempleo varios puntos por encima del 13,8% de 2019, y unas necesidades de gasto superiores. Entender la crisis, sus causas y sus consecuencias es el paso previo y necesario para el diseño y la evaluación de las políticas económicas a implementar.

En un estudio reciente de BBVA Research, FEDEA y la Fundación Rafael del Pino evaluamos la importancia de un amplio conjunto de factores estructurales que está determinando el comportamiento cíclico de la economía española durante la crisis de la COVID-19. Para ello se estiman las principales perturbaciones estructurales que explican la evolución del crecimiento del PIB por persona en edad de trabajar durante 2019 y el primer trimestre de 2020 y, lo que es más novedoso, las que determinarán la recuperación durante los tres trimestres restantes de este año, en función de las previsiones de BBVA Research.

En el conjunto del 2020, los factores de oferta y demanda tendrían un peso similar, aunque con comportamientos diferenciados por trimestres. Los de demanda representan el 74% de la caída en el segundo trimestre, en el periodo más intenso del confinamiento, y contribuyen a un 48% de la caída en el conjunto del año. Por su parte, los factores de oferta supondrán el 84% del descenso interanual en el tercer trimestre, y representan el 52% de la contracción durante todo el 2020.

Entre los factores de demanda destaca la aportación negativa de las perturbaciones de consumo privado y de la demanda de viviendas. Por el contrario, el impulso del crédito bancario durante el segundo trimestre de 2020 habría impedido una caída adicional del PIB equivalente a 4,5 puntos porcentuales en su tasa interanual. Durante la crisis de la COVID-19, los factores de oferta que van a contribuir en mayor medida a la caída del PIB son la productividad total de los factores (el crecimiento del PIB no explicado por los inputs de producción) y los márgenes de precios y salarios, que determinan la distribución de la renta entre beneficios de las empresas y rentas del trabajo.

Dada la intensidad de los shocks negativos de oferta y su persistencia, estos resultados plantean la inquietud de que una parte de estos factores puedan dejar secuelas duraderas o, incluso, permanentes sobre la actividad y el empleo. Aunque la política fiscal es necesaria a corto plazo para hacer frente a la crisis de demanda, una salida sólida de la economía española hace más apremiante que antes de la pandemia la implementación de reformas estructurales y políticas presupuestarias para ganar margen fiscal, que nos permitan afrontar con éxito los retos medioambientales y de la digitalización que ya tenemos encima.

Finalmente, hay que destacar el escaso aumento previsto de la tasa de desempleo durante la crisis de la COVID-19 en relación a las anteriores. Hasta 2019, la evidencia para España indica que, en promedio, por cada punto de variación en la tasa de crecimiento del PIB, el empleo respondía cerca de 1,1 puntos. En el primer semestre de 2020, el PIB se contraerá previsiblemente más de un 20% y la afiliación a la Seguridad Social un 4,9% respecto al cuarto trimestre de 2019. En el segundo trimestre del año, la tasa de paro habrá sido previsiblemente similar a la de principios de 2016, lejos de los niveles de paro alcanzados durante la Gran Recesión. Su evolución futura dependerá de la capacidad para absorber a los trabajadores actualmente en los ERTE, de recuperar la productividad por empleado y de las reformas que se realicen para que la recuperación sea lo más intensa y sostenible posible.

Descarga el informe completo 

  • https://www.fxstreet.es/analysis/covid-19-una-crisis-de-oferta-o-de-demanda-202007060813

 Porque bajan los precios? Porque hay deflación? que ocurre en una deflación? Que es una crisis de oferta y una crisis de demanda ? Que ocurre cunado se producen al mismo tiempo?

Crisis de demanda es la crisis económica producida por un desequilibrio del mercado que presenta un defecto de demanda, o bien, un exceso de oferta. (Es la causa de la crisis de 1873 y de la crsis del 1929 que llevó a su tratamiento y solución con la política del New Deal  

¿Es necesario un new deal verde?

¿Es necesario aplicar modelso de 4- 5 helices?

¿Es necesario una politica industrial europea?

¿Es necesario un federalimos europeo que consiga que Europa sea una area económica optima?

La inflación. 

Es como la tensión de la correa con que una persona pasea a su perro.

Una inflación ligera significa que el perro, la demanda, tira del dueño, pero éste es capaz de controlarlo. El dueño es, lógicamente, la oferta, el sistema productivo del país, que es capaz de satisfacer una demanda creciente de bienes y servicios, adaptándose a ella, aunque ésta siempre vaya ligeramente por delante.
Una inflación alta es la tensión que provoca un perro desproporcionadamente más fuerte que su dueño. O que el dueño es manifiestamente más débil que el perro. Un sistema productivo notoriamente incapaz de satisfacer la demanda de bienes y servicios de su población.
La deflación
Pero, por el contrario, la deflación significa que existe una demanda débil, muy por debajo de la capacidad productiva del país. Algo así como un perro viejo o enfermo, del que su dueño debe ir tirando como puede. 
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Si aumenta el ahorro, debe disminuir necesariamente el consumo. Al ser menor el consumo, el ingreso agregado (Y) también se reduce, lo que implica que el de los individuos y/o las familias es menor. Pero, para que el nivel de ahorro (S) sea constante, el consumo (C) ha de ser aún más pequeño.
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Si el PIB y la renta crecen más que la inflación, el poder adquisitivo y el bienestar social crecen también. Una inflación controlada no es problema en una economía sana.
Ahora en esta crisis sanitaria ,estamos en una situación inedita, con una crisis de demanda y una crisis de oferta a la vez....Deflación, caída brutal del PIB, paro creciente, endeudamiento estatal creciente, mas ahorro de las familias....un buen cocktel .
 
  La ventaja de esta crisis diferente es que no se han destruido las estructuras, no ha colapsado el sistema financiero, la otra ventaja es que en el periodo de confinamiento no existio desabastecimiento en muchos sectores, las dimensiones adecuadas del sector de la alimentación evitaron racionamientos.Si existio roturas de stocks en los sectores que dependian de la entrada diaria de materias primas y productos semiacabados.
 

 

Un 75% de expertos cree que el shock de oferta por el coronavirus pasará a ser de demanda

Con datos de 7/03/2020

El gran riesgo de la propagación del coronavirus es si su impacto en la economía global será transitorio, lastrando el crecimiento solo del primer trimestre y quizá del segundo, o si marcará un punto de inflexión; tal vez, incluso, si será el inicio de una recesión en distintas regiones del mundo. Para que ocurra lo primero, y que tras la contención venga una recuperación rápida, el shock debería quedarse en la oferta, en la producción. Debería limitarse a los efectos directos de una amenaza de pandemia: un frenazo de la producción derivado de los cierres de fábricas y problemas de stock por las restricciones en el transporte. La probabilidad de recesión aumenta si el shock se traslada a la demanda, si los consumidores comienzan a aplazar sus decisiones de compra y a postergar sus inversiones y sus necesidades de crédito por la incertidumbre.

El 75% de los expertos encuestados por elEconomista considera que ocurrirá este último escenario, que el shock de oferta pasará a ser de demanda, aunque entre las distintas opiniones -han sido preguntados en total cerca de 20 economistas, gestores y analistas- las dimensiones de las consecuencias son dispares. Tomando como horquilla válida el informe del Banco Mundial sobre el impacto desde una pandemia hasta una gripe moderada, este 2020, se reduciría el crecimiento desde 4,8 puntos porcentuales a 0,7 enteros, respectivamente. En los escenarios más extremos, lo que se adelanta es una crisis, quizá similar a la de 2008. En los más suaves, una simple desaceleración.

"La buena noticia es que, a diferencia de lo que ocurre con los desastres naturales como las inundaciones y los terremotos, la capacidad de producción debería rebotar en cuanto se recupere la normalidad: las fábricas y las oficinas no han sufrido daños y la inmensa mayoría de las personas que enferman se recuperan", explica Anna Stupnytska, responsable del área de macroeconomía global de Fidelity, quien advierte que "la otra cara es que esta situación podría provocar que los gobiernos esperasen acontecimientos hasta ver cómo evoluciona el virus antes de abrir el grifo del gasto público".

Chia-Liang Lian (Resp. deuda EM en Western Asset): "En un mundo dominado por las redes sociales, el efecto manada podría acentuar el coste psicológico"

 La duración es clave

Sara Herrando, subdirectora de análisis de Norbolsa, quien considera que el shock de oferta sí se convertirá en uno de demanda, matiza que no será muy duradero, "por los niveles de paro actuales", y, además, lo achaca más a la desconfianza que a la disminución de renta disponible. Aunque en su caso limita el parón a la oferta, Miguel Angel Villoslada, gestor de MoraWeatlh, sigue la misma línea y afirma que "el nivel de inventarios puede ayudar a contener temporalmente las disrupciones en las cadenas de producción fuera de China", mientras que añade que "la fortaleza global del mercado laboral y la confianza del consumidor evitarán una caída del consumo y de la inversión".

Hay más expertos que asumen ya problemas en la oferta y en la demanda. "Consideramos que, en algunos puntos, es ya un shock de demanda ahora mismo: resulta evidente, por ejemplo, en todo lo relacionado con el desplazamiento de personas entre diversos puntos del Globo", comenta David Macià, director de inversiones de Crèdit Andorrà AM. "El virus ya ha pasado de ser un shock de oferta de China a ser una amenaza para la demanda mundial", insiste Paul O'Connor, director de multiactivos de Janus Henderson.

"Aerolíneas, agencias de viajes, hoteles, restaurantes y demás actividades relacionadas con el ocio presencial o congresos, ferias sectoriales y encuentros de negocios deberían quedar seriamente afectadas en el corto plazo", continúa el analista, quien incide en que para que "dicho shock se haga extensivo a otras áreas de la economía habrá que medir la duración y amplitud del episodio de propagación del virus en el que estamos inmersos".

Los análisis más extremos son los más temibles y los que desatan el pánico en el mercado. "Nuestro escenario base es que será un shock de oferta temporal, del que China conseguiría salir a mediados/finales del segundo trimestre, mientras que el resto del mundo lo haría ya en la segunda mitad del año: la recesión sería por tanto temporal", contempla Rosa Duce, economista jefe de Deutsche Bank, quien, por el contrario, afirma que "si la enfermedad persiste más allá de primavera, el impacto económico será mucho mayor, pues efectivamente veremos una caída importante de la demanda, más permanente".

"En última instancia tiene un impacto muy importante a nivel global, que puede generar, por una parte, desabastecimiento derivado de la interrupción de la actividad y, por otra, subidas de los precios en los inventarios existentes", añade Ignacio Perea. "Lo que nos dice la historia es que estas crisis sanitaria tienen un efecto temporal, no permanente, sobre la actividad económica", tranquiliza Rosa Duce.

  •  https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/10400371/03/20/Un-75-de-expertos-cree-que-el-shock-de-oferta-pasara-a-ser-de-demanda.html 

Ante nosotros, una crisis de oferta

Existe una razón por la cual todas estas medidas de apoyo a la economía no están repercutiendo en tranquilidad para los inversores y subidas bursátiles: El problema no es de demanda sino de oferta. Da lo mismo rebajar tipos de interés para incrementar la demanda de dinero o empezar a hacer estímulos que tampoco sirvieron de mucho en el pasado (solo para crear una burbuja de renta fija). Lo único que se consigue rebajando el precio del dinero es hundir al sector bancario ya muy tocado.

Una crisis de oferta cronificada termina impactando a la demanda

No obstante, de una crisis de oferta podemos derivar a una de demanda, especialmente en un mercado global con relaciones comerciales cruzadas en los diferentes países. Si recordamos la Ley de Say, para demandar algo al mercado, primeramente hay que producir algo o comprometer la producción futura para obtener una renta presente (deuda).

En un país como España que es el segundo país en recepción de turistas a escala global y que el sector del turismo aporta el 12% del PIB y el 13% del empleo, si todas estas limitaciones se terminan cronificando en el tiempo más allá de un hecho puntual, tendrán un impacto tanto en el sector como en los sectores adyacentes, derivando en una crisis de demanda.

  •  https://www.elblogsalmon.com/economia/estimulos-no-sirven-para-nada-nos-dirigimos-a-crisis-oferta

 "Esta crisis no es como la de 2008, se están repitiendo las medidas que funcionaron entonces, que eran políticas para estimular la demanda, pero aquí lo que tenemos es un shock de oferta".  Daniel LaCalle

"Los avales del ICO nacen muertos, solo se han habilitado 6.000 millones de los 100.000 previstos, porque los que están cayendo son los que no acudían al crédito", consideró. En cuanto al papel de los bancos centrales, cree que "la liquidez va a llegar a quien ya la tenía, los estados y las mega empresas, que se financian a tipos negativos". En este sentido, reiteró que "en 2008 estalló la burbuja, la banca cerró el crédito y hubo un shock de demanda, pero esta vez no tiene nada que ver, no puedes aplicar políticas de demanda cuando el problema es que has cerrado la oferta".

Otro problema que ve Lacalle a esta política es que "se van a inflar los activos de riesgo y se incrementará la desigualdad financiera, mientras las empresas mueren por capital circulante". Algo que aboca a España y Europa a un escenario deflacionista, a su juicio. Eso sí, Lacalle cree que la banca está "mucho más preparada que en 2008 para hacer frente al riesgo que ya tiene en su balance, pero lo que no se puede pretender", como teme que hará el Gobierno, es "añadir otros 150.000 millones de riesgo vía avales; en 2008 el 83% de los créditos ICO entraron en impagos". Si se insiste en "trasladar" el riesgo a la banca, "nos encaminamos a otra crisis financiera de dos años". Daniel LaCalle

Para terminar, y tras repasar las tres grandes tendencias en las que recomienda invertir (tecnología disruptiva, sostenibilidad y demografía), Lacalle respondió a un cuestionario rápido en el que aventuró, "moderadamente optimista", que la recuperación será en 'U', que será difícil alcanzar un pacto de Estado, que no habrá nacionalizaciones y que tanto China como Estados Unidos saldrán "bien" de esta crisis.

Los shocks de oferta y el proceso de ajuste macroeconómico

  • https://www.google.com/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=&ved=2ahUKEwjz1JrpuJbsAhUFyYUKHesLAo44ChAWMAl6BAgJEAI&url=https%3A%2F%2Fwww.bde.es%2Ff%2Fwebbde%2FSES%2FSecciones%2FPublicaciones%2FPublicacionesSeriadas%2FEstudiosEconomicos%2FFic%2Fazul33.pdf&usg=AOvVaw3Cv62NCwxBhRf689cNC610 

La parálisis de la actividad empresarial resultante del 'shock' de oferta y de demanda amenaza con degenerar en una crisis financiera. Si las empresas no producen, tampoco ingresan y, si no ingresan, no pueden hacer frente a sus pagos salvo por la liquidez que tuvieran atesorada.

  • https://cincodias.elpais.com/cincodias/2020/03/24/opinion/1585084670_364646.html 

Por la demanda y por la oferta

La pandemia exige una medicina económica que evite una crisis gemela, sanitaria y económica. La experiencia de la crisis de 2008-2013 nos enseña que es mejor y menos costoso evitar la caída de la actividad económica y del empleo que tener que salir después al rescate de los bancos, las empresas y los parados. La crisis actual es más compleja. Viene por el lado de la demanda y por el de la oferta. Hay que evitar que las empresas cierren por falta de liquidez. Hay que dar cobertura de ingresos a los empleados desde el primer día en que queden temporalmente sin trabajo. Y hay que hacer llegar ingresos adicionales a las familias que ven cómo aumentan sus gastos por el cierre de escuelas y atención a los familiares. Todo eso incrementará el gasto público. Pero es mejor endeudarse para evitar la enfermedad que para curarla.

La pandemia introduce un sentido de peligro colectivo frente al que la sociedad responde de forma solidaria. Algunos expertos y políticos creen que ante una gran catástrofe la gente se comporta de forma asustadiza, indisciplinada y egoísta. No es cierto. La mayoría se comporta de forma solidaria, dando prioridad a los demás antes que a sí mismos. Y está dispuesta a cambiar las normas sociales, tanto interpersonales como relacionadas con el ocio y el medio ambiente. No es cierto que solo las sociedades totalitarias como China sean más capaces de aceptar medidas drásticas como las cuarentenas. Las sociedades liberales pueden hacerlo con un mejor equilibrio entre restricciones y respeto a las libertades y los derechos humanos.

Y la cuarta. La pandemia permite construir empresas más productivas e inclusivas. El cambio hacia normas sociales más solidarias y sostenibles tiene que producirse también en el seno de las empresas. Los directivos y accionistas tienen una oportunidad de oro para mostrar su orientación al bien común. No se trata de salvar solo las empresas, sino todos los interesados en su mantenimiento y rentabilidad a largo plazo. Es necesario negociar una mayor flexibilidad sin romper la relación laboral, acompañada de un mayor compromiso colectivo. Algunos temen que surjan muchos 'free-riders' ('gorrones'). Pero la evidencia que tenemos los economistas no apoya ese temor. De esta forma, la crisis económica durará lo que dure la sanitaria. De otra forma, volveríamos a tener otra década perdida.

Escepticismo frente a esperanza

¿De qué depende de que se materialice esta oportunidad que trae la pandemia para construir una sociedad mejor? Del funcionamiento de la política, tanto de la nacional como de la europea. Y es aquí donde el escepticismo reta mi esperanza.

En el plano nacional, tenemos una hornada de políticos jóvenes e inexpertos que hasta ahora han estado peleando para ver quién es el más listo de la clase. La pandemia es una oportunidad para que pongan el bien común por delante de sus intereses partidistas y personales. Veremos si aprueban este examen.

En el ámbito europeo, veo que el Banco Central Europeo está por la labor, pero no advierto en los dirigentes políticos conciencia del sentido de urgencia. Siguen bajo la nebulosa mental de la austeridad y dentro del corsé de las reglas del déficit y la deuda. Es la última oportunidad que tienen las autoridades de la zona euro para diseñar una medicina económica que evite otra recesión y dar lugar a otros 'brexits'. Si no cambian, al Gobierno español no le quedará más remedio que forzar más allá del límite las cláusulas de excepcionalidad del pacto de estabilidad y crecimiento. Pero mantengo una esperanza escéptica de que la política europea entienda el sentido de urgencia del momento.

  • https://www.elperiodico.com/es/opinion/20200313/articulo-anton-costas-pandemia-coronavirus-como-oportunidad-economia-crisis-7888379

 Historias de ayer y hoy: el ‘two-handed approach’

Repercusiones en la anterior crisis, del parón del credito que afecto a la oferta y a la demanda
 

Muchos de los lectores de NeG, y desde luego la mayoría de los colaboradores, son lo suficientemente jóvenes como para que les resulte igual de cercana la Gran Depresión que la estanflación de los setenta/ochenta del siglo pasado. Para ellos, ambas son historia. Sin embargo para quienes iniciábamos nuestra andadura profesional por aquellas fechas –en los ochenta, no en los treinta- es difícil no establecer comparaciones entre la situación actual y la que sufrieron las economías occidentales y, muy en particular, España hace tres décadas.

Las diferencias son notables. Mientras que nadie duda en catalogar la recesión actual (2007-2017) como una recesión típica de demanda, los shocks de oferta tuvieron una importancia crucial en la estanflación de entonces. Aspectos como el desarrollo y la integración financiera, la globalización, etc, son también factores que diferencian uno y otro episodio. Por ello no deja de ser sorprendente el paralelismo entre las propuestas de política económica que entonces hicieron furor en el mundo académico –también tras la recesión de principios de los noventa- y las que hoy se proponen desde ámbitos similares. Algún crítico avispado podría habernos advertido de esta aparente inconsistencia. ¿Cómo es que, a pesar de estas diferencias en el diagnóstico, hoy seguimos proponiendo algo parecido a lo que entonces se dio en llamar ‘two-handed approach’?

El two-handed approach proponía la aplicación simultánea de políticas de oferta y de demanda y fue defendido por muchos economistas europeos como Charlie Bean, Olivier Blanchard, Willem Buiter, Rudi Dornbusch, Richard Layard, Steve Nickell,  entre otros. Su lógica se entiende de una forma natural cuando la economía sufre un shock de oferta de la magnitud de los sucesivos incrementos del precio del petróleo en 1973 y 1978. La caída de la actividad y el aumento del paro hacen muy tentadora la aplicación de medidas fiscales y monetarias contracíclicas que, sin embargo, acaban teniendo un efecto inflacionario que se suma al del shock inicial. Esta fue de hecho la respuesta de (la mayoría de) bancos centrales y gobiernos en 1973 llevando a la inflación en muchos países desarrollados a valores cercanos al 20 por ciento anual. Tras el segundo shock en 1978 la política monetaria cambió de orientación, centrándose en la recuperación de la estabilidad de precios. El resultado fue un incremento generalizado del desempleo y una lenta vuelta de la inflación a los niveles de los años sesenta. Tras el shock de oferta, la expansión de la demanda primero y su drástico frenazo después sumieron a las economías en una situación de elevado paro e inflación y pusieron en cuestión el uso tradicional de las políticas de estabilización.

El two-handed approach -que Charlie Bean denominaba jocosamente ‘two hundred approach’, para señalar el predicamento creciente que fue teniendo en la profesión- partía de la convicción de que las políticas de demanda sólo tendrían el efecto deseado si simultanea y rápidamente se aplicaban políticas dirigidas a mejorar las condiciones de oferta de la economía. Estas políticas de oferta eran necesarias para compensar el encarecimiento de un input fundamental para la producción y para favorecer el cambio de tecnologías, en favor de un uso menos intensivo de los derivados del petróleo, con la mayor eficiencia y el menor coste posibles. También en la recesión de principios de los noventa, la elevada volatilidad del desempleo y la persistencia de la inflación volvieron a poner sobre la mesa la necesidad de reformar los mercados como paso previo a la aplicación de políticas contracíclica de demanda.

A pesar de diferente naturaleza de la crisis actual, las discusiones de política económica están siguiendo –en España sobre todo- una pauta muy similar. La respuesta inicial, coordinada en la reunión del G20 en Londres, fue un estímulo monetario y fiscal sin precedentes, pero cuando este ha empezado a dar síntomas de agotamiento muchos han vuelto la vista hacia propuestas que enfatizan la necesidad de corregir las limitaciones por el lado de la oferta de la economía y, muy en particular, del mercado de trabajo. ¿Por qué esta preocupación de nuevo por las reformas? ¿Pero no habíamos quedado en que esto es una crisis de demanda? ¿No bastará con mantener los estímulos hasta que se recupere el buen funcionamiento del sector financiero?

Desde el inicio de la crisis ha habido una reivindicación del uso de las políticas de estabilización –‘we are all keynesians now’. De hecho las condiciones para que las políticas de demanda alcancen todo su potencial parecen ahora idóneas. La contracción del crédito es un campo abonado para que los bancos centrales se embarquen en políticas monetarias expansivas, y la caída resultante en la demanda del sector privado abre la puerta a una expansión del gasto público. Las características específicas de la crisis financiera permitieron además abrigar grandes esperanzas sobre la eficacia de las políticas fiscales discrecionales y de los estabilizadores automáticos: el mantenimiento de tipos de interés muy reducidos –ausencia de ‘crowding out’- y la existencia de consumidores ‘no ricardianos’ que básicamente consumen todo lo que ingresan y tienen por ello una tasa de ahorro muy baja. Por otra parte el principal riesgo de la aplicación excesiva de políticas de demanda es la inflación y este riesgo no aparece en el horizonte cercano, a pesar del extraordinario crecimiento de las magnitudes monetarias y de los ingentes déficits fiscales en muchos países desarrollados -de hecho no faltan quienes, como Martin Wolf, tildan a la política monetaria actual del BCE no de expansiva sino más bien de timorata.

Sin embargo, con el paso del tiempo, el interés por las políticas de oferta ha ido ganando terreno otra vez. Hay varias explicaciones para ello y no todas son amables con los partidarios de las reformas. Para algunos se trata de ‘cierta pereza intelectual’, como se nos ha achacado desde diversos frentes académicos y periodísticos. Esto podría ser cierto para algunos que por edad hemos vivido ambas crisis y que a lo peor simplemente nos hemos limitado a repetir recetas de entonces. Pero muchos jóvenes economistas, que no vivieron aquellas recesiones, se han apuntado a una interpretación similar y con buenas razones para ello.

En primer lugar el parón del crédito no es tan sólo un shock de demanda, sino que tiene también los tintes de un shock de oferta aunque de forma poco convencional. Las economías desarrolladas han reducido sustancialmente su dependencia del petróleo -por lo que pueden considerarse más eficientes en lo energético- pero dependen mucho más del crédito, que ha crecido más rápidamente que el PIB en la última década. Cuando este se encarece o simplemente no está disponible, sus efectos sobre la producción y la demanda de trabajo y capital son inmediatos. De nuevo hay que reorganizar la producción, de nuevo hay que reasignar recursos hacia sectores menos intensivos en el uso del crédito bancario y de nuevo es necesario que este proceso se haga de la mejor forma posible –en términos de coste y de eficiencia.

Pero más importante todavía es el hecho de que la percepción que hoy tenemos de la eficacia y el uso adecuado de las políticas de demanda ha cambiado en más de un sentido. Es evidente que los estímulos públicos son necesarios para mitigar el impacto catastrófico que la pérdida generalizada de confianza tiene sobre la economía. Pero el mantenimiento de estas políticas durante un tiempo prolongado no ayuda necesariamente a recuperar dicha confianza, que es fundamental para superar la crisis financiera. Respecto a la política monetaria, la posibilidad de topar con el límite cero del tipo de interés es muy elevada en un contexto de baja inflación. Además el cortocircuito bancario afecta de una forma fundamental al mecanismo de transmisión monetaria. Algo similar ocurre con la política fiscal. Años de investigación teórica y empírica han confirmado que los multiplicadores fiscales son positivos aunque en general más pequeños de lo que tradicionalmente se suponía y, sobre todo, que estos multiplicadores son todavía más modestos cuando los estímulos fiscales no vienen acompañados de un compromiso creíble de consolidación en un plazo razonable. Además algunos de los supuestos en los que se basaba la presunción de un efecto importante de la política fiscal no se satisfacen. El mantenimiento de bajos tipos de interés por parte de los bancos centrales no es suficiente para mitigar el ‘crowding out’ cuando la percepción del riesgo es elevada. Prueba de ello es el proceso de ‘flight to quality’ que hace a muchos inversores demandar ávidamente algunos títulos públicos en detrimento de otros y de la inversión privada. El tipo de interés que fija el banco central pierde relevancia en la financiación externa de las empresas, que tienen que pagar una prima de riesgo muy importante o simplemente no pueden acceder al crédito bancario. Por otra parte, la necesidad de hacer frente a las deudas acumuladas en el pasado y la elevada incertidumbre están impulsando la recuperación de las tasas de ahorro de las familias, contribuyendo a reducir los multiplicadores fiscales.

Pero es que además la tolerancia social a los efectos no deseados de las políticas de demanda ha variado también sustancialmente . El costoso proceso de desinflación que tuvieron que afrontar las economías de mercado tras el segundo gran shock del petróleo ha condicionado desde entonces la actuación de los bancos centrales, que tienen entre sus mandatos la prevención de una inflación excesiva. Esto influye también en la capacidad para manipular los tipos de cambio y para reducir el peso de la deuda con inflación. Por otra parte, el proceso sostenido de expansión de la deuda pública –como ratio sobre el PIB- que tuvo lugar durante los ochenta, tanto durante las recesiones como en las expansiones, es hoy impensable. La propia globalización financiera, que hace que los gobiernos se endeuden en un mercado global –frente a una financiación más nacional hace años- impone un escrutinio diario de las condiciones macro-financieras de los países para colocar sus bonos en competencia con otros muchos países en situación similar.

La competencia que los países emergentes suponen para los más desarrollados plantea a estos el reto de una ganancia permanente de eficiencia para mantener nuestro nivel de vida relativo y el objetivo de pleno empleo –o algo que se le parezca- sin el recurso a políticas de demanda que sólo son eficaces si usan transitoria y juiciosamente. Esta ganancia de eficiencia requiere un esfuerzo para mejorar los mecanismos de asignación en nuestras economías. La Unión Europea en su conjunto es consciente de la urgencia con la que debe afrontarse este reto para evitar que la región se convierta en el ‘sick man of the world’ con un raquítico crecimiento en el futuro. España parte de un retraso notable respecto al promedio europeo por lo que su esfuerzo tiene que ser mayor. Incluso en la crisis con más componente de demanda que ha tenido lugar en los últimos tiempos, la necesidad de aplicar reformas estructurales va a estar presente entre las propuestas de política económica. Y por mucho tiempo. Larga vida al two-handed approach.

  • https://nadaesgratis.es/admin/historias-de-ayer-y-hoy-el-%e2%80%98two-handed-approach%e2%80%99

 Ademas a las complicaciones 1,2,3 podemos añadir:

Reimagining the postpandemic economic future -Reimaginar el futuro económico pospandémico -Wan-Lae Cheng - McKinsey’s Washington  
  • https://forosenar.blogspot.com/2020/10/reimagining-postpandemic-economic.html
  • https://www.mckinsey.com/industries/public-and-social-sector/our-insights/reimagining-the-postpandemic-economic-future
  • Machina-economicus or homo-complexicus: Artificial intelligence and the future of economics?Gregory A. Daneke[Arizona State University,USA
  • Daneke, Gregory A. (2020) “Machina-economicus or homo-complexicus: Artificial intelligence and the future of economics?” real-world economics review, issue no. 93, 28September, pp. 18-39, http://www.paecon.net/PAEReview/issue93/Daneke93.pdf

Escenarios

  • https://brujulaeconomica.blogspot.com/2020/05/estudio-de-4-escenarios-post-coronavirus.html 

En otros paises:

El grupo de aerolíneas Lufthansa ha recomendado a los alumnos de su escuela de formación de pilotos en la localidad alemana de Bremen (norte de Alemania) que se busquen otro empleo y dejen la escuela sin compromisos financieros.

Lufthansa forma en Bremen a unos 700 pilotos que ya no va a necesitar los próximos años porque, al igual que otras aerolíneas, ha reducido capacidades.

  • https://www.expansion.com/empresas/transporte/2020/10/01/5f75eeb8e5fdea28538b463c.html

Política Macroprudencial y COVID-19: restringir la distribución de dividendos para mejorar la efectividad de la regulación de capital contracíclica

 

Política Macroprudencial y COVID-19: restringir la distribución de dividendos para mejorar la efectividad de la regulación de capital contracíclica

Manuel A. Muñoz

(Esta entrada es una versión adaptada y resumida del post del autor en VoxEU)

De acuerdo a la evidencia, la banca de la zona euro es particularmente reticente a reducir el pago de dividendos durante la fase bajista del ciclo. Es decir, buena parte del ajuste ante shocks negativos que afecta a sus beneficios se hace vía beneficios no distribuidos. En esta entrada argumento que dicho patrón puede amplificar el impacto que un shock negativo de oferta (como ha sido el COVID-19) tiene sobre el crédito bancario y la actividad económica. Propongo un modelo dinámico, estocástico, de equilibrio general y con sector bancario, calibrado para datos trimestrales de la zona euro y concluyo que restringir la distribución de dividendos de los bancos tiene el potencial de mejorar significativamente la efectividad de los colchones de capital contracíclicos para garantizar que las entidades de crédito continúan financiando a los hogares y empresas durante la crisis del COVID-19.

Recomendación del BCE (Mecanismo Único de Supervisión)

El pasado 28 de julio de 2020, el BCE prorrogó la vigencia de su recomendación a los bancos sobre distribución de dividendos hasta enero de 2021. Las entidades de crédito no deben distribuir dividendos correspondientes a los años 2019 y 2020 ni recomprar acciones hasta enero del año próximo. El objetivo es garantizar que los bancos continúen financiando a familias y empresas a pesar de la crisis del COVID-19. La recomendación – que originalmente se emitió el 28 de marzo de 2020 (con vigencia hasta el 1 de octubre de este año) – no tiene precedentes, en la medida en que es la primera vez que el BCE solicita a los bancos que no distribuyan dividendos incluso si están cumpliendo con sus requerimientos de capital.

En esta entrada, presento una serie de resultados que proporcionan apoyo teórico y empírico a este tipo de recomendación ante la situación actual. Otras contribuciones recientes en las que se ha abogado por una restricción en la distribución de dividendos en el contexto del COVID-19 incluyen, entre otras, Abad y Suarez (2020), Acharya y Steffen (2020), Beck et al. (2020), y Stein et al. (2020).

Evidencia empírica: patrones en las distribuciones de dividendos en la banca de la zona euro

La Figura 1 muestra la evolución de los dividendos en efectivo y de los beneficios de los bancos incluidos en el Euro Stoxx Banks’ Index (i.e., SX7E) con una frecuencia trimestral, para el periodo 2002:I-2018:II. La fuerte preferencia de los bancos por suavizar el pago de dividendos en efectivo  a lo largo del ciclo (Figura 1a) tiene dos implicaciones relevantes. Primero, la ratio dividendo-beneficio del sector es notablemente contracíclica (Figura 1b), lo que implica que los bancos distribuyen una proporción de sus beneficios relativamente mayor precisamente cuando sus posiciones de capital son – presumiblemente – más frágiles. Segundo, este patrón afecta significativamente a la dinámica del capital bancario en la medida en que las reservas (beneficios no distribuidos acumulados) representan una proporción muy significativa de aquel y ambas variables están alta y positivamente correlacionadas (Figura 1c).

Nota: SX7E hace referencia al índice bancario del Euro Stoxx. Las series representadas en la figura 1a han sido construidas como una suma simple de los miembros del SX7E mientras que aquellas mostradas en las figuras 1b y 1c se refieren al índice en sí (es decir, son una suma ponderada de los miembros de ese mismo grupo de bancos). En la figura 1b, la línea discontinua está asociada al eje de ordenadas secundario (i.e., el de la derecha). En la figura 1c, la línea punteada está asociada al eje de ordenadas secundario. Fuentes: Bloomberg, Eurostat y cálculos propios.

La Figura 2 presenta el componente cíclico de reservas, capital bancario, activo total de la banca, y PIB real. La Figura 2a confirma que la correlación entre beneficios retenidos (acumulados) y capital bancario es muy elevada, sugiriendo que aquéllos son un motor importante de la volatilidad de este. Debido a la importancia del capital propio como fuente de financiación y a la restricción que impone la identidad del balance, no sorprende que la correlación entre capital y activos totales de la banca (como proxy de crédito bancario) sea también elevada y positiva (Figura 2b). En resumen, hay un elevado grado de comovimiento entre reservas de los bancos, crédito bancario y PIB real (Figuras 2c y 2d).[1]

La reticencia de los bancos a reducir el pago de dividendos ante shocks negativos que afectan a sus beneficios lleva a caídas en sus reservas y capital bancario. Para cumplir con sus objetivos de ratios de capital regulatorio en un contexto de presión sobre su capital y desaceleración (o incluso recesión) económica (periodos en los que hacer ampliaciones de capital suele ser más costoso o incluso inviable para algunos bancos), los directivos de los bancos tienen incentivos a restringir la oferta de crédito para reducir el denominador de la ratio de capital regulatorio. A nivel agregado, esta estrategia (individual) tiene el potencial de amplificar los ciclos financieros y económicos.

Nota: Esta figura muestra el componente cíclico del PIB real así como de los beneficios retenidos acumulados, del capital propio y de los activos totales de los miembros del SX7E (suma simple de todos los miembros). El componente cíclico se ha obtenido extrayendo la tendencia lineal de las series desestacionalizadas y deflactadas en logaritmos. En la figura 2d, la línea discontinua está asociada al eje de ordenadas secundario. Fuentes: Bloomberg, Eurostat y cálculos propios.

Restricciones de dividendos dinámicas

Basándome en el modelo cuantitativo DSGE que propongo en Muñoz (2020); evalúo la deseabilidad (o no) de recomendar a los bancos que limiten temporalmente su distribución de dividendos (incluso si cumplen con sus requerimientos de capital) con el fin de mantener el flujo de crédito a la economía durante la pandemia COVID-19.

El modelo incorpora el mecanismo clave a través del cual el ajuste ante shocks negativos que afectan a los beneficios de la banca es soportado, fundamentalmente, por los beneficios no distribuidos, lo cual induce volatilidad en el capital bancario y, en última instancia, amplifica el ciclo crediticio y económico.[2]

En concreto, los bancos: (i) tienen preferencia por la distribución de una fracción elevada y estable (en el tiempo) de sus beneficios, (ii) acumulan capital vía retención de beneficios, (iii) están sujetos a una restricción de balance y (iv) cumplen con sus requerimientos de capital periodo a periodo.

En Muñoz (2020), las restricciones de dividendos dinámicas se modelizan mediante lo que denomino objetivo prudencial de dividendos (DPT, por sus siglas en inglés). El DPT es un objetivo regulatorio sobre el pago de dividendos, el cual debe ser tomado como referencia por parte de los bancos a la hora de planificar sus distribuciones de beneficios. Dicho objetivo es dinámico en la medida en que reacciona ante desviaciones del indicador seleccionado por la autoridad pública con respecto a su tendencia, y entra en una función de penalización (cuadrática) que juega el papel de mecanismo sancionador y está orientada a incentivar a los bancos a que no se desvíen significativamente de dicho objetivo regulatorio. El DPT óptimo es contracíclico y llama a que el pago de dividendos sea procíclico y relativamente más volátil con el fin de suavizar el flujo de crédito mediante unas reservas y capital bancario más estables.

Uno de los principales resultados del paper es que este tipo de restricciones de dividendos dinámicas es particularmente eficaz a la hora de complementar y reforzar la efectividad de la liberación del colchón de capital contracíclico (CCyB, por sus siglas en inglés) en términos de suavizamiento del crédito y del PIB real. La razón fundamental es que sendas herramientas de política prudencial operan a través de mecanismos de transmisión diferenciados. En concreto, el DPT aborda el “problema” que está amplificando la prociclicidad desde su raíz (i.e., la preferencia de los bancos por el suavizamiento de los dividendos).

Tal y como puede observarse en la Figura 3, relativa a las respuestas de ciertos agregados ante un shock negativo al capital bancario, el DPT óptimo es más eficaz que el CCyB óptimo a la hora de contener la caída del capital propio – vía mayor volatilidad en los dividendos – lo cual, al combinarse con el CCyB, refuerza la efectividad en términos de suavizamiento del crédito y de diversos agregados de la economía real (línea negra con  diamantes).

Nota: Las variables están expresadas en desviaciones porcentuales con respecto a su nivel de estado estacionario. La línea sólida (azul) se refiere al escenario base (sin política macroprudencial), la línea estrellada (rojo) hace alusión a un escenario en el que una medida del bienestar social ha sido maximizada con respecto al parámetro cíclico del DPT, la línea punteada (verde) representa un escenario en el que la misma medida del bienestar social ha sido maximizada con respecto al parámetro cíclico de los requerimientos de capital, y la línea con diamantes (negro) representa un escenario en el que dicha medida de bienestar social ha sido maximizada conjuntamente con respecto a ambos parámetros de política macroprudencial.

El análisis cuantitativo que presento en Muñoz (2020) concluye no sólo que regular la distribución de dividendos es óptimo (aún bajo el supuesto de que los bancos cumplen con sus requerimientos de capital) sino que – a nivel agregado (asumiendo una variedad de shocks financieros y no financieros) – el DPT es más eficaz que el CCyB a la hora de estabilizar el ciclo crediticio y económico. El bien diferenciado canal de transmisión a través del que operan uno y otro instrumento se traduce en que el DPT es particularmente más eficaz que el CCyB ante shocks no financieros (incluyendo los shocks de oferta). La Figura 4 muestra las respuestas del capital, del crédito y del PIB real ante una perturbación negativa de productividad.[3] Con independencia del criterio de optimización elegido, el DPT es más eficaz que un CCyB optimizado y muy reactivo.[4] Este resultado es particularmente relevante a la luz de estudios recientes que demuestran que el CCyB es relativamente menos eficaz ante shocks de productividad que ante shocks financieros (vease, e.g., Angelini, Neri y Panetta 2014).

Nota: Las variables están expresadas en desviaciones porcentuales con respecto a su nivel de estado estacionario. La línea sólida (azul) representa un escenario con un CCyB optimizado (que es muy reactivo), las líneas estrellada (rojo), punteada (verde) y con diamantes (negro) representan escenarios en los que el parámetro macroprudencial del DPT ha sido optimizado en base a distintos criterios de maximización del bienestar social y de suavizamiento del ciclo financiero bajo compromiso pleno (véase Muñoz 2020 para más detalles).

Conclusión

Debido a los distintos mecanismos a través de los que operan cada una de las dos herramientas de política prudencial, restringir la distribución de dividendos ante un shock de oferta negativo (presumiblemente el tipo de perturbación al que corresponde el COVID-19) tiene el potencial de ser particularmente eficaz a la hora de complementar la liberación del CCyB con el fin de sostener el flujo del crédito a la economía real y la actividad económica durante la fase más aguda de la crisis.

Nota del autor: las opiniones expresadas en esta entrada son del autor y no reflejan necesariamente ni las opiniones del Banco Central Europeo ni las del Eurosistema.


 [1] Nótese que los beneficios retenidos acumulados, capital y activos totales son variables stock mientras que el PIB real es una variable flujo. Presumiblemente, la correlación entre PIB real y beneficios no distribuidos (variable flujo) sería todavía mayor que aquella entre PIB real y reservas.

[2] En concreto, hay dos canales a través de los cuales el suavizamiento de dividendos de los bancos puede exacerbar la contracción en la oferta de crédito durante la fase bajista del ciclo: la restricción impuesta por la identidad del balance (asumiendo que todo lo demás se mantiene constante, una mayor volatilidad en el capital propio se traduce en un incremento de la volatilidad en el activo), y los requerimientos de capital (para cumplir con los requerimientos de capital sin tener que reducir el pago de dividendos significativamente, los bancos tienden a hacer el ajuste vía restricción de activos).

[3] Un shock negativo de productividad, estándar, tiene ciertas similitudes con un shock de tipo COVID-19 en la medida en que ambos se traducen en la generación de un menor nivel de PIB dados unos factores productivos. En el caso de un shock de tipo COVID-19, la caída en la productividad total de los factores proviene de los límites que un periodo de cuarentena impone sobre el uso y combinación de factores productivos disponibles (movilidad de trabajadores limitada, etc). Tal y como se menciona en Baldwin y di Mauro (2020), el cierre de establecimientos, las restricciones de viajes y otras reacciones humanas ante la pandemia  han tenido un impacto directo sobre la economía por el lado de la oferta. Hasta la fecha, distintos autores han modelizado el shock de oferta de tipo COVID-19 de distintas maneras. Por ejemplo, Guerrieri et al. (2020) asumen un MIT shock a la oferta de trabajo mientras que Fornaro y Wolf (2020) consideran que un shock a la tasa de crecimiento tecnológico caracteriza mejor el episodio del COVID-19.

[4] Muy reactivo en el sentido de que se trata de un CCyB de acuerdo al cual un incremento del output gap en un punto porcentual se traduce en un incremento de los requerimientos de capital en un punto porcentual.

 

  • https://nadaesgratis.es/admin/politica-macroprudencial-y-covid-19-restringir-la-distribucion-de-dividendos-para-mejorar-la-efectividad-de-la-regulacion-de-capital-contraciclica 

El espejismo del impuesto sobre las grandes fortunas.Francisco López Peña

 

El espejismo del impuesto sobre las grandes fortunas

Francisco López Peña

El ya famoso libro de Thomas Piketty, “El capital en el siglo XXI” propone, en su capítulo XV, un impuesto mundial sobre el capital, como medida para acabar con la creciente desigualdad. Después de dedicar 573 páginas a exponer de forma rigurosa sus argumentos centrales sobre el aumento de la desigualdad, en pocas páginas expone una solución que, a mi juicio, no calibra las implicaciones que tiene: el establecimiento de un impuesto sobre las grandes fortunas. Ante un problema complejo aplica una solución simple, que más parece un Bálsamo de Fierabrás que un tratamiento científico.

Pero lo más sorprendente de esto es que en España se viene preconizando la implantación de un impuesto sobre las grandes fortunas, siguiendo la estela anterior, pasando por alto que desde el año 1978 ya tenemos un impuesto sobre la riqueza: el Impuesto sobre el Patrimonio (ley 50/1977), que, a mi juicio, se ha convertido en un impuesto zombi (hasta el extremo que ahora se ignora su existencia), totalmente injusto y que genera importantes ineficiencias económicas, como veremos luego.

Los impuestos sobre las grandes fortunas, sobre la riqueza o sobre el patrimonio, desde el punto de vista económico, son el mismo impuesto, con distintas denominaciones: son un impuesto sobre el capital.

Lo primero que hay que señalar es que un impuesto sobre el capital es equivalente a un impuesto sobre las rentas de capital (Atkinson and Stiglitz, “Lectures on Public Economics”, pg. 59); algunos manuales de economía pública señalan que la diferencia entre ambos es administrativa y que el cálculo de la riqueza del individuo no es tarea fácil (Kaplow, L. “The Theory of Taxation and Public Economics”, pg. 236).

Veamos un ejemplo. Supongamos que un contribuyente tiene activos por valor de 100 millones, que tienen una rentabilidad del 4 por cien y el impuesto sobre la riqueza es del 2 por cien. Tendrá que pagar 2 millones de impuesto y, dado que las rentas generadas son 4 millones, el impuesto será equivalente a un impuesto sobre las rentas del capital del 50 por cien.

Hay que advertir de tres diferencias entre los modelos de Economía Pública y los impuestos de un sistema tributario:

• Los modelos suponen una economía cerrada.

• En ellos, las rentas del capital son rentas generadas, por lo que el impuesto sobre las rentas de capital que contemplan grava éstas con indiferencia de que se hayan realizado o no; es decir, incluye las plusvalías, aunque no se hayan realizado.
El impuesto sobre la riqueza se grava con indiferencia de que el patrimonio genere rendimientos o no; así, por ejemplo, se incluyen las obras de arte, que no generan rendimientos; incluso grava activos que están generando pérdidas. En los sistemas tributarios, el impuesto sobre las rentas del capital sólo grava las rentas que se hayan realizado.

• Los modelos económicos son modelos de competencia perfecta, en donde la rentabilidad del capital es la misma en todos los activos. En el mundo real hay grandes diferencias en la rentabilidad del capital. Los impuestos sobre la riqueza no gravan el rendimiento actual producido por los activos, sino que es equivalente a un impuesto sobre el rendimiento presunto. Ello implica que, a diferencia del impuesto sobre las rentas del capital, el impuesto sobre la riqueza impone un tipo de gravamen efectivo más bajo en los activos de alta rentabilidad en relación a los de baja rentabilidad (OCDE 2018, “The Role and Design of Net Wealth Taxes in the OECD”, pg. 49). Esto tiene implicaciones desde el punto de vista de la equidad, ya que los ricos suelen obtener mejores rentabilidades de su patrimonio, con lo que la carga fiscal será menor que la de las rentas más bajas, que tienen, en general, el patrimonio en cuentas bancarias y otros activos de baja rentabilidad.

En los países que se ha implantado no ha contribuido a la redistribución de la riqueza, manteniéndose invariable su recaudación a pesar del incremento de la riqueza, siendo, además, los ingresos impositivos muy bajos. Tiene unos altos costos administrativos y gran ineficiencia en relación a los ingresos tributarios que generan. Por ello de 12 países que lo tenían implantado en 1990 ahora solo lo conservan 3 (OCDE 2018, pg. 16. En el momento en que se redactó el informe de la OCDE eran 4, pero Francia lo eliminó en diciembre de 2017, por la ley 2017-1837, sustituyéndolo por un impuesto sobre el patrimonio inmobiliario, para activos superiores a 1.300.000 €).

Desde un punto de vista administrativo, este impuesto genera importantes problemas:

• El más importante es el de medición de la riqueza. Hay que tener en cuenta que muchísimos bienes no tienen mercado y que la valoración que se haga hay que poder defenderla con argumentos legales ante los tribunales de justicia. Además, esta valoración hay que hacerla todos los años.

• En bastantes ocasiones el propietario de un patrimonio carece de liquidez para poder pagar el impuesto, ya que tiene activos no líquidos. Incluso puede estar asumiendo importantes pérdidas y tener que pagar el impuesto.

• Para algunos patrimonios la tarifa del impuesto puede resultar elevadísima, pensemos, por ejemplo, en propiedades agrícolas o forestales que, normalmente, tienen una rentabilidad muy baja.

• En España, como pasa también en Suiza, el cambio del domicilio fiscal a otra autonomía puede evitar el pago del impuesto.

En España cada comunidad autónoma puede fijar sus tipos impositivos, de no hacerlo se aplica la escala general que es progresiva, va desde el 0,2 por ciento al 2,5 este tipo para patrimonios superiores a 10.695.996 € (artículo 30 de la ley del Impuesto sobre el Patrimonio). Además, hay una deducción general de 700.000 € de la base imponible (artículo 28 de la ley). Esta tarifa es superior a la que propone Piketty: cero por cien para patrimonios inferiores a un millón de euros, 1 por cien para patrimonios entre uno y cinco millones de euros y 2 por cien para patrimonios superiores a 5 millones de euros (Piketty, pg. 576). Hay que señalar que la tarifa española es la más alta del mundo.

Esta tarifa, dados los niveles actuales de los tipos de interés, es altísima. Supongamos un patrimonio de 100 millones de Euros en bonos de renta fija a 10 años, con una rentabilidad del 0,5 por cien. Los ingresos íntegros serán 500.000 €, pero habrá que deducirle el 23 por cien de cuota del IRPF (artículos 66 y 76 de la ley del IRPF), por lo que sus ingresos se reducen a 385.000€. Tendrá que pagar 2.500.000 € de impuesto de Patrimonio con solo unos ingresos netos de 385.000€.

Más gravoso todavía es en el caso de minusvalías permanentes, como sucede con los patrimonios inmobiliarios adquiridos en el momento de la burbuja inmobiliaria, que tienen importantes pérdidas y, a pesar de ello, deben pagar un impuesto sobre el capital.

Visto esto, la pregunta que nos debemos hacer es por qué los ricos no protestan airadamente. La respuesta es simple: LOS RICOS NO PAGAN EL IMPUESTO SOBRE EL PATRIMONIO.

La ley del Impuesto sobre el Patrimonio ha introducido los mecanismos para que la mayoría de los patrimonios no paguen este impuesto:

• Están exentos los patrimonios empresariales y profesionales y las participaciones en sociedades superiores al 5 por cien (artículo 4 ocho de la ley). De esta forma se resuelve el problema de falta de liquidez y de baja rentabilidad, pero, al mismo tiempo, ha permitido que la mayor parte de los patrimonios se hayan ocultado bajo formas societarias (aquí se pueden incluir coches, aviones u obras de arte).
La ley del Impuesto de Patrimonio de 1991 (ley 19/1991) estableció los tipos impositivos más alto del mundo en un impuesto sobre la riqueza. Tras una fuerte contestación, dos años más tarde (ley 22/1993, artículo 3), se estableció esta exención a los patrimonios empresariales que desactivó, en gran medida, el contenido de la ley.

• Se ha dado competencias normativas a las comunidades autónomas y la Comunidad de Madrid, de facto, ha suprimido este impuesto (el Decreto Legislativo 1/2010, en el artículo 20, establece una bonificación del 100 por cien de la cuota), así como el de sucesiones entre parientes de primer grado (el Decreto Legislativo 1/2010, en el artículo 25.1 establece una bonificación del 99 por cien de la cuota). Por ello, muchas fortunas españolas tienen su domicilio en Madrid. Esto ha permitido a esta Comunidad atraer unas bases fiscales de IRPF muy elevadas y aumentar su recaudación, a costa de las demás comunidades autónomas (es un procedimiento similar al que utilizan los paraísos fiscales). El atractivo fiscal se ve reforzado con el tramo de la tarifa de IRPF correspondiente a las rentas más altas más bajo de todas las comunidades autónomas (“Memento práctico. Fiscal.2020”. Francis Lefebvre. Pgs. 2128-2132).
De forma contraria a la lógica económica, muchas comunidades autónomas elevaron el tipo impositivo (“Memento Práctico. Fiscal. 2020”. Pgs.2132-2134) con lo que aumentaron el incentivo a la deslocalización fiscal.

• Para hacerlo menos impopular entre las clases medias, en el año 2000, se estableció una exención para la vivienda habitual (Real Decreto-ley 3/2000. Disposición adicional primera), que fue inicialmente de 150.253€ y posteriormente, en el año 2011, se subió a 300.00€ (Real Decreto-ley 13/2011. Artículo único. 1º.1) para edulcorar la reimplantación del impuesto, que había suprimido tres años antes. Es una exención importante ya que hay que tener en cuenta que la vivienda, en general, se valora por el valor catastral, que suele ser muy inferior al valor real. Además, si la propiedad pertenece a dos personas (matrimonio) la deducción pasaría a ser de 600.000 €.
El informe Meade decía a este respecto: “La exención de las casas ocupadas por su propietario introduciría una intolerable desigualdad entre tales propietarios y los que han elegido invertir su propiedad en otras direcciones” (“The Structure and Reform of Direct Taxation”, The Institute for Fiscal Studies, 1978, pg.354). Esto implica que, por ejemplo, si alguien debe cambiar de ciudad por motivos laborales, vivía en una casa en propiedad y pasa a alquilar un piso, su anterior vivienda pagará impuesto sobre el Patrimonio.

En 1978, el informe del comité presidido por el profesor Meade, del Institute for Fiscal Studies (Meade 1978), dedicaba un capítulo entero al impuesto sobre la riqueza (el capítulo 16). En el año 2011, ese mismo instituto publicaba el informe del comité presidido por el profesor Mirrless (“Tax by Design”, Institute for Fiscal Studies, 2011) que le dedicó solo tres párrafos y son solo para señalar la inconveniencia de implantar este impuesto.

En España fue suprimido de facto en el año 2008 (el artículo tercero de la ley 4/2008 estableció una bonificación en la cuota del 100 por cien), pero se restableció dos años más tarde (Real Decreto Ley 13/2011. Artículo único. Primero.Uno), por lo que su ausencia duró solo los años 2009 y 2010.

El aumento de la desigualdad es un dato real, exhaustivamente estudiado por Piketty, que se produce de forma mucho más intensa en unos países que en otros. España sigue a la cabeza, junto con Italia, entre los países de Europa occidental por su peor distribución de la renta.

Coeficiente de Gini de distribución de la renta, de algunos países europeos:

(Fuente: Eurostat 2018)

Es evidente, por tanto, que en España tenemos un problema con la distribución de la renta, pero la solución solo puede venir de la revisión de los impuestos sobre la renta, de sociedades y sucesiones; y digo los tres porque el IRPF no grava las plusvalías no realizadas, que, con el tiempo, quedarían sin tributación. Además, es fundamental acabar con los mecanismos de fiscalidad internacional que permiten que grandes multinacionales y otras empresas prácticamente no paguen impuestos.

El informe de la OCDE considera que hay pocos argumentos para defender un impuesto sobre la riqueza cuando existe un impuesto sobre las rentas del capital y un impuesto de sucesiones y donaciones. Admite que estos argumentos serían mucho más consistentes cuando estos impuestos no existen (OCDE 2018, “The Role and Design of Net Wealth Taxes in the OECD”. Pgs. 98-99). Éste sería el caso de los otros dos países que mantienen este impuesto: Noruega no tiene impuesto sobre las herencias y Suiza no tiene impuesto sobre las rentas de capital.

Después de todo lo expuesto, tengo que coincidir con la opinión de la OCDE e inclinarme por decir que el Impuesto sobre el Patrimonio debería ser suprimido.

 

https://nadaesgratis.es/admin/el-espejismo-del-impuesto-sobre-las-grandes-fortunas

 

Todos los errores pigouvianos son iguales, pero algunos son más iguales que otros

 

Todos los errores pigouvianos son iguales, pero algunos son más iguales que otros

A.Cabrales

Hoy les voy a contar algo que quizá les sorprenda tanto como a mí. No hace falta torturar mucho a los datos ni proponer teorías muy heterodoxas para tomar acciones serias contra el cambio climático. Las consecuencias de hacer demasiado son mucho más benignas que las de hacer demasiado poco. Esta afirmación se basa en la conferencia presidencial que impartió Per Krusell en el congreso anual de la Asociación Europea de Economía, que este año se ha celebrado de manera virtual por primera vez. La conferencia de Per, como las demás plenarias, está disponible para todo el mundo aquí. No se la pierdan porque vale mucho la pena.

Per ya ha sido mencionado en este blog en múltiples ocasiones. Por ejemplo, el artículo pionero de Per con Anthony Smith enseñó a una generación de macroeconomistas a trabajar con agentes heterogéneos y hoy lo raro es ver modelos macro con agentes representativos. Así que cuando alguien le diga que el problema de la macro “ortodoxa” es que supone agentes representativos, ya sabe que lleva más de veinte años sin leer nada de macro moderna.

La conferencia comienza con algo obvio, el cambio climático está ocurriendo, y hay un consenso sobre que es importante limitarlo. En cambio, hay menos consenso en cómo hacerlo. Y los economistas estamos muy cualificados para identificar la forma óptima de reducir emisiones. La receta ya la proporcionó Pigou hace 100 años. Debemos aplicar un impuesto equivalente a la diferencia entre el coste marginal privado y el coste marginal social de las emisiones. Como además el dióxido de carbono se expande muy rápidamente en la atmósfera y afecta a todo el mundo, el impuesto debe ser global.

Pero si estamos de acuerdo en todo, ¿podemos parar de investigar ya? La respuesta de Per es claramente negativa por tres motivos. Primero, decidir cuál es el impuesto óptimo no es trivial y requiere trabajo de varios campos, teóricos y empíricos. Segundo, porque quizá la receta de Pigou está mal. Para empezar, supone la ausencia de otras distorsiones que habría que tener en cuenta. También supone que los “mercados funcionan” y quizá no lo hagan. Y además supone que los incentivos van a ser suficientes, la gente es racional y las normas sociales no son importantes. En tercer lugar, los líderes mundiales no siempre siguen nuestras recomendaciones y queremos saber qué pasa bajo políticas que no son óptimas. El trabajo de Per se va a centrar en el primer y tercer puntos. Ya me encargaré yo en otras entradas de traerles alguna discusión sobre los otros puntos.

Para trabajar sobre el primer punto, es útil ver de una forma simplificada la fórmula del coste marginal social, o “coste social del carbono” (CSC)

Los elementos esenciales para darse cuenta de la complejidad del problema están aquí. Por un lado, hay incertidumbre. Además, el problema es dinámico y hay que tener en cuenta, y potencialmente descontar (o no), el impacto sobre distintas generaciones. También hay que calcular el daño en la producción del stock de carbono en la atmósfera y lo que añade a ese stock las emisiones.
El siguiente paso es construir modelos como los que preconizó Nordhaus llamados “modelos de evaluación integrada” (o IAM por sus siglas en inglés) que utilizan métodos de equilibrio general computacional, calibrados con datos reales, para calcular el CSC. Algo importante que surgió en el seminario es que el proceso de construcción del modelo preferido varió entre versiones muy complicadas y otras más sencillas. Al final se decantó en la versión sencilla, porque las complicadas no daban resultados muy diferentes y oscurecían el proceso de comprensión de los resultados.

Este modelo final era de tiempo discreto e infinito, con un bien final y ocho regiones en el mundo (Europa, USA, China, América del Sur, India, Africa, Oceanía, y los productores de petróleo – OPEP y Rusia). Dentro de cada región se produce un único producto por un agente representativo. La función de producción utiliza capital, trabajo y un producto compuesto de energía que tiene elasticidad de sustitución constante, pero imperfecta, entre distintos tipos de energía (petróleo, otros combustibles fósiles y energía “verde”). La productividad total de los factores incorpora daños derivados del cambio climático, y el coste marginal de la energía es constante (cero para el petróleo). El cambio tecnológico es exógeno y el ciclo entre carbono y clima es parecido al que usa Nordhaus. Se supone que hay competencia perfecta, y sólo el petróleo produce rentas, y es la única mercancía que se comercia. Los gobiernos tienen presupuestos equilibrados, no hay transferencias entre países y tienen un impuesto al sector de energía fósil que devuelven directamente los consumidores. Claramente hay muchas limitaciones en el modelo: no hay crecimiento endógeno (podría haber I+D para acelerar las tecnologías verdes), ni no-linealidades (puntos críticos o “tipping points” que generan cambios bruscos, o incertidumbre). Todas estas cuestiones son fáciles de incorporar y no dan cambios gigantes, pero hacen el modelo mucho menos transparente. Por otro lado, como decíamos al principio, es un modelo completamente estándar, sin cargar las tintas ni exagerar en nada los efectos del cambio climático, algo que conviene mantener en mente cuando veamos las conclusiones.

Una vez calibrado con datos reales, el modelo replica de manera muy adecuada muchos aspectos de la economía real actual, a pesar de su simplicidad. Pero lo interesante son las implicaciones de política que vamos a ver en unas cuantas figuras. Primero en este gráfico se puede ver lo que pasa con seis políticas (en el orden de la leyenda del gráfico):. 1. Sin impuestos, 2. Impuestos al carbono solo en la UE, 3. Impuestos al carbón solo en la UE, 4. Impuestos al carbono globales, 5. Impuestos al carbón globales, 6. Impuestos globales al carbono del nivel de Suecia. Hay dos aspectos a resaltar. No hay mucha diferencia entre poner impuestos solo al carbón o a todas las emisiones. Los impuestos tienen que ser globales, no sirve para casi nada que solamente lo haga la UE.

El siguiente gráfico es para mí el más importante de la charla.

La línea negra nos dice qué pasa si ponemos un impuesto basado en los supuestos más optimistas del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) pero la realidad es mucho peor (impuesto bajo y cambio climático severo). La línea roja es lo contrario. Se pone un impuesto basado en supuestos pesimistas del IPCC pero la realidad es mejor (impuesto “alto” y cambio climático moderado). El resultado es extraordinariamente llamativo. Un error “optimista” nos hace perder una cuarta parte de nuestra renta. Un error “pesimista” prácticamente no tiene efectos. La intuición para este resultado es que partiendo de un impuesto casi cero la distorsión (el coste) que genera en la economía un impuesto “alto” (que en realidad no lo es tanto), es usar una fuente de energía algo menos eficiente, lo que no es un coste brutal y además es fácilmente reversible. Por el contrario, emitir demasiado y dejar que la atmósfera se caliente muchísimo porque el impuesto no reduce suficientemente las emisiones es catastrófico e irreversible. En esta tesitura parece claro lo que tenemos que hacer, tomar el escenario pesimista y actuar ya.

Un par de observaciones más y concluyo. Un impuesto no uniforme es mala idea. Si excluimos a los países en desarrollo, especialmente a China, del impuesto, el resultado es desastroso. Es verdad que la mayor parte del stock actual lo hemos puesto los países del primer mundo. Se les puede (¿debe?) compensar a esos países por otras vías, pero no por la de que no tengan el impuesto pigouviano o no conseguiremos casi nada.. La otra observación es que empujar la energía verde solamente es mala idea. Es imprescindible usar también un impuesto pigouviano.

De manera que ya lo saben. Incluso para un economista completamente ortodoxo hay que tomar acciones serias e inmediatas sobre el cambio climático. Si alguien lo niega no sólo es negacionista sobre la ciencia física, también es un mal economista.

Antonio Cabrales

https://nadaesgratis.es/cabrales/todos-los-errores-pigouvianos-son-iguales-pero-algunos-son-mas-iguales-que-otros

 Seguimos con el capítulo 19 , donde la genealogía pasa de instituciones relativamente persistentes a cambio, innovación, selección y destru...