12 diciembre 2016

La economía del conocimiento y el conocimiento de la economía J.Torrent



La economía del conocimiento y el conocimiento de la economía
Resumen
Este artículo analiza cómo el advenimiento de la tercera revolución industrial, la economía del conocimiento, transforma el paradigma científico de la economía y, en consecuencia, plantea nuevos retos para el análisis y la docencia de este campo del saber. Enlazando con la historia del pensamiento económico, el artículo saca dos conclusiones principales. En primer lugar, se plantea la necesidad de articular nuevas funciones de comportamiento y nuevas métricas de la economía. En concreto, se sugiere la necesidad de avanzar desde el comportamiento individual hacia el comportamiento colectivo, de la transacción monetaria al intercambio de conocimiento, de la competencia oligopolística a la red de negocios, de la empresa económica a la empresa social, y de la economía nacional, internacional y mundial hacia la economía global. En segundo lugar, también se sugieren nuevas aproximaciones para la docencia económica. En concreto, recuperar todas las ramas del pensamiento económico, más allá de la economía neoclásica, y reconfigurar la organización de la educación de la economía hacia una red interdisciplinaria de conocimiento transversal para resolver problemas.
economía del conocimiento; teoría económica; economía aplicada; crecimiento económico; historia del pensamiento económico; 
Abstract
This article examines how the advent of the third industrial revolution (the knowledge economy) transforms the scientific paradigm of the economy and, therefore, purposes new challenges for the economic analysis and teaching. Linking to the history of economic thought, the paper obtains two main conclusions. First, there is a need to articulate new behavior and new performance metrics of the economy. In particular, it suggests the need to move from individual behavior towards the collective behavior, from the monetary transaction towards the knowledge exchange, from oligopolistic competition to the business networks, from the economic firm towards the social firm, and from the national, international and world economy to the global economy. Secondly, it also suggests new approaches for teaching economics. In particular, recover all branches of economic thought (beyond neoclassical economics), and reconfigure the organization of teaching towards an interdisciplinary and transversal knowledge network to solve economic and social problems.
knowledge economy; economic theory; applied economics; economic growth; history of economic thought; 
Introducción: conocimiento y pensamiento económico
La frase no es mía, ya me gustaría, pero no. Dicen que es un tópico, pero yo todavía no la había escuchado. No hace mucho, en un tribunal de trabajo final de máster en la UOC, la escuché al profesor Joan Tugores. Él la planteaba en forma de pregunta y lo encontré muy acertado: ¿cambia la economía del conocimiento el conocimiento de la economía? Yo creo que la respuesta es claramente afirmativa y a lo largo de este artículo me propongo justificarlo y argumentar cuáles son los principales campos de aplicación docente de esta nueva interpretación de la realidad económica. Pero, antes, y a modo de introducción, necesitamos hacer algunas aportaciones iniciales.
En primer lugar, debemos constatar que en la actualidad asistimos a un proceso acelerado y complejo de cambio económico, que hemos convenido en llamar como el proceso de transición hacia la economía del conocimiento. Lo llamamos así porque, a diferencia de la economía industrial, los instrumentos tecnológicos y las fuerzas de eficiencia y competitividad sitúan el conocimiento y las capacidades de innovación de las personas y las empresas en el centro del escenario del crecimiento y el desarrollo económico (Torrent, 2004).
Dado que la economía no es más que el estudio del capitalismo en forma de sentido común estructurado, ya hace mucho tiempo que la ciencia económica se preocupa por los efectos que genera el conocimiento sobre el comportamiento de los agentes y los resultados de la actividad económica (Argemí et al., 2001). Pero la incorporación del conocimiento al análisis económico se empezó a llevar a cabo a través de un intermediario: la tecnología. Esto es así porque la tecnología es el fondo social del saber, las existencias de conocimiento, que se incorpora a las artes industriales, y porque la fuerza transformadora de la tecnología era mucho más evidente que la fuerza transformadora de otros tipos de conocimiento, como el capital humano o el organizativo. Así pues, el pensamiento económico cuenta con una larga tradición de estudio de la tecnología y de sus efectos sobre la actividad de producción, distribución, intercambio y consumo. Sin embargo, esta interpretación no ha sido fácil, ni dominante. Más bien todo lo contrario. La tecnología se ha incorporado al pensamiento económico en forma de heterodoxias o en forma de residuos en funciones de la ortodoxia. La economía clásica, en especial Malthus, Smith, Ricardo, Stuart Mill y Marshall, interpretaron el cambio técnico como un instrumento para lograr economías de escala y, en consecuencia, para conseguir desplazamientos de la función de posibilidades de producción. Tan solo Marx, con su estudio de las leyes de progreso del capitalismo (teoría de la explotación y de la acumulación), y Schumpeter, con su estudio de las olas de innovación, la destrucción creativa y el empresario innovador, situaron el progreso tecnológico en el epicentro del escenario del desarrollo capitalista.
Pero este pensamiento no se priorizó ni con la revolución marginalista, ni con la eclosión de la economía neoclásica. De hecho, tuvimos que esperar hasta la segunda mitad del siglo xx. La teoría del crecimiento económico exógeno, iniciada por economistas como Solow y Swan, recupera la importancia del progreso tecnológico en la explicación del crecimiento económico. Eso sí, según esta interpretación, el cambio técnico es exógeno a la actividad productiva (capital y trabajo) que se incorporan a una función de producción. Pero cuando se mide empíricamente este modelo (contabilidad del crecimiento), aparece, en forma de gran sorpresa, la paradoja de la productividad. La tasa de crecimiento de la renta per cápita de una economía en equilibrio a largo plazo viene explicada únicamente por el progreso tecnológico. La productividad total de los factores, la eficiencia en la combinación de los factores productivos, es clave para explicar el crecimiento económico. Sin la incorporación de conocimiento y tecnología a la actividad productiva (en otras palabras, sin innovación), la acumulación de capital se enfrenta a rendimientos decrecientes, y la productividad se reduce. Ante esta sorpresa histórica que pone en entredicho la esencia de la función de producción y la conexión entre ahorro e inversión de los factores productivos, la economía científica lleva más de ochenta años rebajando y repensando los postulados neoclásicos. Hemos hecho importantes progresos, como por ejemplo la consideración, desarrollada por economistas como Arrow, Lucas y Romer, del progreso tecnológico como endógeno a los factores productivos. El capital y el trabajo incorporan conocimiento y tecnología, de modo que el crecimiento económico también se explica por la experiencia en la actividad (learning by doing) o por el conocimiento incorporado al factor de trabajo (capital humano). A través de estas distintas aproximaciones, a principios del siglo xxi la economía científica ha llegado a un cierto consenso que postula que el crecimiento económico es el resultado combinado de la dotación de factores productivos (intensificación de los capitales) y de la innovación en la actividad económica (productividad total de los factores). Dos son las fuentes de este hecho. La inversión y su rentabilidad son los fundamentos de la acumulación de factores, y la inversión y la difusión del conocimiento son los fundamentos del progreso tecnológico (Torrent, 2002).
Por otro lado, los historiadores y economistas de la tecnología, como Kranzberg, Mokyr o Rosenberg, ya hace tiempo que utilizan el concepto de revolución industrial, entendida como aquel conjunto de cambios tecnológicos y económicos que se interrelacionan con cambios sociales y culturales de primer origen, para sugerir que la dinámica económica acumula ya tres revoluciones industriales. La primera revolución industrial habría empezado en la segunda mitad del siglo xviii y se fundamenta con la máquina de vapor y, en general, con el proceso de sustitución de los instrumentos por máquinas. La segunda revolución industrial, que situaría su inicio hacia finales del siglo xix, se fundamenta con la electricidad, el motor de combustión interna y el desarrollo de las tecnologías de la comunicación. La tercera revolución industrial, que situamos a partir de las dos últimas décadas del siglo xx, cuenta con una novedad técnica: una relación simbiótica nunca vista entre la tecnología, en especial las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y el conocimiento. Las TIC, como cualquier otra tecnología, son conocimiento por definición. Pero, además, sustituyen y amplifican el conocimiento empleado en la actividad económica como nunca ninguna otra tecnología había hecho. Así pues, el conocimiento es, a la vez, input y output clave del esquema económico en un proceso de retroalimentación constante entre su generación y su uso. Hoy, los efectos desbordamiento (spillovers) y las externalidades del conocimiento explican diferencialmente los avances de productividad y competitividad en muchas empresas y economías del planeta (Torrent, 2016).
Resumiendo, y como apunta Khun, cada fase histórica del desarrollo capitalista ha contado con un paradigma científico, una teoría del valor, que la explica. El mercantilismo postulaba que la capacidad de interacción comercial con el exterior generaba el valor en la época de desarrollo comercial y acumulación primitiva de capital previa al nacimiento del capitalismo industrial. La teoría del valor trabajo destacaba la importancia del trabajo como factor productivo clave en la primera revolución industrial. La revolución marginalista (precios, costes y productividad marginal) explica la creación de valor en la segunda revolución industrial. Y el nuevo paradigma del conocimiento deviene poco a poco como el marco conceptual que explica la creación de valor en la economía del conocimiento. Pero el conocimiento es un bien público (no rival) con importantes externalidades, rendimientos crecientes, utilidades marginales diversas, costes del cambio y elevados costes de entrada y de salida. Y, aún más, hay diversos tipos de conocimiento, en especial el observable (fácilmente transformable en información y proveniente del saber-qué y del saber-por qué) y el tácito (asociado a las personas y proveniente del saber-cómo y el saber-quién). La función de producción de conocimiento es muy particular y la interpretación de sus efectos sobre el comportamiento de los agentes y los resultados económicos necesita obligatoriamente de un espíritu específico, dinámico y racional. La economía del conocimiento nos plantea múltiples retos interpretativos y, por tanto, pedagógicos. A continuación abordaremos dos de los más importantes.
1. La nueva economía del comportamiento y las transacciones
Desde el pensamiento clásico, sobre todo después de Smith, Ricardo y Stuart Mill, la economía interpreta el comportamiento de las personas siguiendo los postulados utilitaristas. Las personas actúan siguiendo su interés privado, que manifiestan a través de sus preferencias y su función de utilidad. Basándose en su función de utilidad, recurren a los mercados, que son los espacios físicos regulados donde coinciden en tiempo y espacio la oferta y la demanda. Desde la revolución marginalista, sobre todo después de Jevons, Menger, Walras, Pareto y Marshall, sabemos que el precio de una mercancía se iguala a su coste marginal, y que esto determina un equilibrio óptimo en el mercado. En las dos interpretaciones se imponen fuertes restricciones que confluyen en la estructura de mercado de competencia perfecta: las personas actúan como racionalizadores perfectos buscando su interés privado, hay una gran cantidad de ofertantes y demandantes, libertad de entrada y salida, y la información fluye sin impedimentos. A pesar de que estos supuestos se han ido relajando con el paso del tiempo, hecho que ha dado lugar a interpretaciones más fieles de la realidad, como la idea de los mercados en competencia oligopolística o las asimetrías de información, hay un elemento del pensamiento económico que prácticamente se ha mantenido inalterable. Se trata de la naturaleza de la transacción.
Después de la segunda guerra mundial, y obviando buena parte de la síntesis de Marx, Sraffa, Keynes y Schumpeter, los economistas neoclásicos de las escuelas de Chicago y Cambridge (EE. UU.), con Samuelson y Friedman al frente, elaboraron una modelización teórica formal (modelos y funciones) que interpreta la dimensión económica de las personas relacionando entradas y salidas, inputs y outputs. Pero, para que todo ello funcione, la economía necesita un átomo, una mínima intersección a partir de la cual se puedan agregar resultados. El átomo de la economía es el intercambio. Pero este átomo tiene una naturaleza particular. Generalmente, el intercambio tiene base monetaria: productos o servicios por dinero, horas trabajadas por salario o rendimiento por capital. A partir de esta utilización del dinero como medio de pago y de intercambio, se puede formalizar y medir el comportamiento económico de las personas. Los mercados son formales, y las transacciones, aditivas. Es posible agregar magnitudes y construir indicadores macroeconómicos como el valor añadido o el producto interior bruto (PIB).
Con el advenimiento de la economía del conocimiento, los fundamentos del comportamiento humano en la economía se vuelven a transformar. El átomo de la economía sigue siendo el intercambio. Pero la naturaleza del intercambio evoluciona hacia una base menos monetaria y se hacen mucho más frecuentes los intercambios de conocimiento por conocimiento. Dos corolarios muy importantes a destacar. Primero, y lo veremos en la siguiente sección: los intercambios no monetarios de conocimiento no pesan, son intangibles, y no se pueden medir a través de las funciones y métricas tradicionales (Matos y Torrent, 2015). Segundo: dado que el conocimiento es la verdadera moneda de cambio, los roles tradicionales de los agentes económicos se diluyen muy rápidamente. A diferencia de los postulados clásicos, la nueva economía del intercambio de conocimiento es cuántica. Supone que puedes ser capital y trabajo a la vez, trabajador y empresario al mismo tiempo, consumidor y productor a la vez. Y he aquí la paradoja: la economía es cada vez más diferente y los modelos de interpretación del comportamiento y las funciones de los principales indicadores son los mismos de siempre. La docencia de la economía debe incorporar los nuevos modelos de comportamiento de los agentes en la economía del conocimiento. La teoría económica se tiene que repensar.
2. La nueva medida de la economía
Revisado el cambio en los fundamentos del comportamiento económico, el siguiente aspecto que se debe abordar es el aspecto de la métrica, de la medida de la economía. A pesar de que la métrica de la economía tiene múltiples dimensiones, lo ejemplificaremos a través de un indicador clave: el producto interior bruto, el PIB. Entendemos por PIB el valor monetario de la producción de bienes y servicios de una economía (territorio) durante un período de tiempo (generalmente un año). Ya hace casi nueve décadas que esta es la principal macromagnitud de medida de la actividad económica. Desde Keynes, utilizamos este indicador para medir la triple identidad macroeconómica básica. Es decir, la igualdad entre la producción, el gasto y la renta que una economía es capaz de generar durante un período de tiempo determinado.
Desde que la economía es economía industrial, es decir, desde los principios del capitalismo, sabemos de la importancia del crecimiento económico. El capitalismo tiene un principio básico –la maximización u optimización del beneficio–, una institución básica –el mercado– y una consecuencia básica –el ciclo económico. Dado que los factores productivos se enfrentan, tarde o temprano, a los rendimientos decrecientes, para optimizar los beneficios se deber crecer y, además, hacerlo continuadamente. Decía Marx, ya hace más de dos siglos, que el capital que no crece muere. Es decir, el capitalismo necesita ontológicamente del crecimiento económico. Por tanto, para tener crecimiento económico, se necesita un indicador base de medida de la actividad económica e ir evaluando su dinámica. Este indicador es el PIB.
Bajo la formulación keynesiana, Kuznets, el padre del sistema de contabilidad nacional en Estados Unidos, fue el creador de los sistemas de contabilidad nacional. Pero, desde sus principios, el mismo pionero del sistema ya vio sus limitaciones, sobre todo en el terreno de la asociación entre el PIB per cápita y el bienestar. Decía el mismo autor que era muy peligroso deducir el bienestar de una economía a partir de su renta nacional. A pesar de que economistas y políticos insistieron en seguir asociando el PIB per cápita y el bienestar de la sociedad durante un buen puñado de años, la investigación de la economía del bienestar ya hace tiempo que ha dejado de asociar directamente renta per cápita y bienestar (Torrent y Díaz, 2013). De hecho, durante los últimos años han aparecido multitud de indicadores alternativos de medida de diversas dimensiones del bienestar, especialmente los nuevos índices de felicidad. En este sentido, la paradoja de Esaterlin nos dice, ya desde mediados de los setenta, que no hay una relación directa y positiva entre más renta y más felicidad.
Pero más allá de la inadecuación del PIB como medida del bienestar inmaterial, tenemos que decir que el PIB también acumula limitaciones crecientes en el terreno de la medida de la actividad material. Especialmente importante es el déficit que acumula en la métrica de los intercambios de conocimiento por conocimiento. En la economía del conocimiento, y por la red global de tecnología, producción e intercambio, se realizan diariamente miles de millones de flujos de conocimiento científico, tecnológico, tácito o relacionado sin que aparezca en el PIB, sin ninguna medida validada de su importancia. Y todavía más: ¿es aún válido asociar el PIB a un territorio?, ¿qué es hoy la economía catalana?, ¿por qué todavía asociamos actividad económica y territorio cuando el intercambio es cada vez menos físico y más intangible? Como la teoría económica, la economía aplicada también necesita nuevas aproximaciones y nuevos aprendizajes.
Conclusión: hacia un nuevo conocimiento de la economía
En este breve artículo hemos revisado cómo el advenimiento de una tercera revolución industrial, la economía del conocimiento, transforma el paradigma científico de la economía y, en consecuencia, plantea retos importantísimos para el análisis y la docencia de este campo del saber. Para verlo, hemos revisado la historia del pensamiento económico y hemos planteado la necesidad de articular nuevas funciones de comportamiento y nuevas métricas de la economía. De hecho, y como ya ha sucedido en otras fases de la historia de la economía, la economía del conocimiento necesita articular un nuevo paradigma científico, que explique con más fidelidad la realidad económica. Este nuevo paradigma científico se sustenta en los siguientes seis pilares:
 

  • Primero: del paradigma industrial al paradigma del conocimiento. La actividad económica, y por tanto, la economía como ciencia, se adentran en un nuevo paradigma, un nuevo ciclo económico de larga duración caracterizado por la importancia decisiva de los flujos de conocimiento en la explicación del crecimiento económico, la competitividad y el bienestar. Esta importancia decisiva del conocimiento no se puede interpretar a través de las funciones económicas y de comportamiento tradicionales. La frontera habitual entre inputs y outputs se diluye notablemente. La economía es cada vez más cuántica y menos clásica.
  • Segundo: del comportamiento individual al comportamiento colectivo. La economía neoclásica considera al Homo economicus como a un racionalizador individual con información perfecta. A pesar de que los efectos sobre los otros individuos de la toma individual de decisiones ha sido abordada con solvencia por la teoría de las externalidades, no tenemos todavía una explicación definitiva de qué pasa con la toma colectiva de decisiones, ni cuáles son las funciones que explican el beneficio competitivo y el bienestar generado por la toma de decisiones colectiva basada en el conocimiento.
  • Tercero: de la transición monetaria al intercambio de conocimiento. Tradicionalmente, hemos considerado que el átomo de la economía, es decir, la transacción, se realizaba a través de un intercambio donde oferta o demanda daban dinero. En la economía del conocimiento, muy a menudo, los intercambios no suponen transacción monetaria, sino transmisión de conocimiento. No tenemos ni funciones económicas ni medidas suficientemente solventes cuando el intercambio no incorpora transacción monetaria. Los intercambios no monetarios de conocimiento no aparecen en el PIB. Nadie sabe con certeza lo que esto significa en términos de crecimiento, competitividad, bienestar, desigualdad o inflación.
  • Cuarto: de la competencia oligopolística a la red de negocios. La organización industrial nos sugiere que la estructura de mercados típica de la fase madura de la economía industrial es la competencia monopolística, es decir, una situación de grandes corporaciones que, en mercados limitados, aprovechan las economías de escala, ámbito y alcance para competir. En la economía del conocimiento, la dimensión no implica necesariamente ganar peso. A través de las redes de colaboración, las empresas tienen un instrumento muy útil de colaboración y competencia. De hecho, la red de negocios se utiliza cada vez con más frecuencia y no tenemos ni funciones ni análisis adecuados para describir su proceso de generación de valor. La cadena secuencial de valor da paso a la red autónoma de valor.
  • Quinto: de la empresa económica a la empresa social. Tradicionalmente, se ha considerado a la empresa como una institución puramente económica alternativa al mercado porque optimiza mejor los costes de transacción. Así mismo, la economía del conocimiento también plantea la oportunidad de entender la empresa como un agente de optimización de costes sociales de transacción. La visión de la empresa como un agente económico y social nos conduce hacia nuevos balances entre el corto y el largo plazo, el crecimiento y la sostenibilidad, la homogeneidad y la heterogeneidad, y la riqueza y el bienestar. Nuevamente, vamos mal en modelos e instrumentos para considerar esta doble función de la empresa.
  • Y sexto: de la economía nacional, internacional y mundial a la economía global. La economía del conocimiento trabaja en el escenario de la economía global, el espacio físico y virtual donde las transacciones monetarias o no tienen lugar sin barreras de espacio ni de tiempo. Hoy en día todavía disponemos de muy pocos instrumentos analíticos y empíricos para medir esta dimensión de la economía. Y todavía más: institucionalmente estamos absolutamente desprovistos de instrumentos para abordar los desequilibrios inherentes que genera la economía global.
     
Y, por último, la traslación docente y académica de este nuevo paradigma científico también demanda nuevas aproximaciones, especialmente en estos primeros momentos históricos donde coexisten interpretaciones nuevas y viejas de la realidad económica. Para afrontar este desencaje, necesitamos todas las herramientas a nuestro alcance, en especial dos:
 

  • Primero: la recuperación de todas las ramas del árbol del pensamiento económico. Si consideramos la ciencia económica como un árbol, la economía neoclásica (mal llamada economía neoliberal) ocupa un lugar demasiado preponderante. De hecho, ya hace muchas décadas que los postulados neoclásicos no acaban de interpretar con idoneidad toda la realidad. En consecuencia, han aparecido todo un conjunto de revisiones y relajaciones de estos postulados para acercar la ciencia a la práctica real. Pero parece que con esto no hay suficiente. Desgraciadamente, algunas ramas absolutamente imprescindibles para entender la dinámica económica actual, como el historicismo, el institucionalismo, el marxismo, el poskeynesianismo, la economía heterodoxa, la economía evolutiva, o incluso la economía clásica, han quedado en el olvido y, lo que es más importante, ocupan posiciones muy marginales en las facultades de economía y en las escuelas de negocio. Para reflejar con idoneidad la complejidad de la realidad económica de hoy en día necesitamos todas las ramas del árbol del pensamiento económico.
  • Y segundo: más allá de la disciplina, nos hace falta una clara sensibilidad interdisciplinaria para abordar mejor esta complejidad. Seguramente, los tiempos de las facultades de economía aisladas de las otras ciencias sociales se irán terminando. La docencia interdisciplinaria para la resolución de problemas económicos y sociales complejos se irá imponiendo. Si las divisorias entre los agentes económicos se van diluyendo, el análisis económico también lo hará. El nuevo paradigma científico de la economía será económico, pero también será social y experimental. La dilución de roles y comportamientos de los agentes económicos y sociales se trasladará también a la academia. Las disciplinas irán dejando paso a las interdisciplinas, las asignaturas a las competencias, y las facultades de economía se convertirán en centros de conocimiento transversal para abordar problemas.

Bibliografía
ARGEMÍ, LL.; TUGORES, J.; VIDAL-VILLA, J. M.; VILASECA, J.; TORRENT, J. (2001). Historia del pensamiento económico. Barcelona: Edicions de la UOC i Lectus Vergara.
MATOS, J., TORRENT, J. (2015). «Measuring economic order in the knowledge economy. A cross-country analysis». IN3 Doctoral Working Paper Series. N.º 15-001, págs. 1-62.
TORRENT, J. (2002). «De la nueva economía a la economía del conocimiento. Hacia la tercera revolución industrial». Revista de Economía Mundial. N.º 7, págs. 39-68.
TORRENT, J. (2004). Innovació tecnològica, creixement econòmic i economia del coneixement. Barcelona: Consell de Treball, Econòmic i Social de Catalunya, Generalitat de Catalunya.
TORRENT, J. (2016). «Knowledge products and network externalities. Implications for the business strategies». Journal of the Knowledge Economy. N.º 6, págs. 138-156.
TORRENT, J.; DÍAZ, A. (2013). Nous factors de competitivitat. Conceptes, teories i mètriques per a l’economia i les empreses de Catalunya. Barcelona: Edicions de la UOC.
Sobre el autor

03 diciembre 2016

Europeizar la globalización Alberto J. Gil Ibáñez

El ¿único? proyecto que puede salvar la UE: “Europeizar la globalización”, de Alberto J. Gil Ibáñez en El Confidencial

OPINIÓN

El mundo está en crisis, Europa está en crisis, España está en crisis. En estas líneas, abordaremos la crisis europea, con un matiz: probablemente si resolvemos la crisis de la Unión Europea, solucionaremos de paso las otras dos. Veamos: ¿cuáles son las razones de la actual crisis? A menudo se apuntan cuatro causas externas (el Brexit, más que causa, sería consecuencia): la crisis financiera y económica global, la nueva actitud ‘asertiva’ de Rusia, los flujos migratorios y de refugiados, y el terrorismo del Estado Islámico (algunos añadirían hoy la victoria de Trump). 

En realidad, esas cuatro vertientes se pueden resumir en una sola: Europa no se está adaptando eficazmente al nuevo orden mundial resultado de la globalización. 

Cuando se llega a decir que globalización es sinónimo de desigualdad y de falta de democracia, Europa asiste y asiente pasiva.
Todo esto tiene parte de verdad, pero no es toda la verdad, y muchos asertos están llenos de matices. La desigualdad, por ejemplo, surge de una comparación al interior de los países occidentales en relación con lo que pasaba hace 20-30 años. Si miramos a escala global o vamos más atrás en el tiempo (“casi todos los tiempos pasados fueron peores”), la desigualdad ha disminuido (según las Naciones Unidas, el número de pobres en el mundo con menos de 2,5 dólares al día ha disminuido entre 1990 y 2015 en 2,4 millones de personas). Lo cual no quiere decir que la situación actual sea para estar satisfechos. Ni mucho menos.
En todo caso, la tesis que queremos sostener aquí es que si Europa está en crisis, ello se debe más a causas internas que externas. La mayor parte de los diagnósticos suelen olvidar al enemigo más terrible de todos de cualquier sociedad, país u organización supranacional: el enemigo interno (ver capítulos 7, 8 y 9 de mi último libro, ‘La conjura silenciada contra España’). Todos los sistemas acaban fracasando o entrando en fase de deterioro, no tanto por la presión o ataque de los enemigos o competidores externos cuanto por los elementos internos en esas organizaciones o sociedades, a quienes suelen pillar desprevenidas porque se les tiene menos controlados e identificados.

Y ¿cuál es el enemigo interno de Europa? Aquí identificaré tres: el populismo, la corrupción y la ingenuidad. Del populismo ya se ha hablado mucho. Tzvetan Todorov lo incluye en su obra ‘Los enemigos íntimos de la democracia’ junto al mesianismo y al ultraliberalismo. Pero ello supone olvidar que existe hoy un triple populismo, y que la mayor parte de ellos son antiliberales: el de derechas (antiinmigración y anti libre mercado), el de izquierdas (anticapitalismo internacional y ‘austericidio’) y el nacionalista-separatista (dejemos el populismo del ISIS, que por cierto también ataca a los estados-nación tradicionales). 

Analizaremos los dos primeros, porque el tercero solo se da en algunos países sujetos a una especie de maldición histórica (me remito de nuevo a mi libro antes citado), mientras que los populismos de derechas (11% del electorado en Europa) y de izquierdas (10%) van creciendo y se extienden a otros lares, probablemente mucho más tras la victoria de Trump.

El populismo nace del miedo a perder la forma de vida a que estamos habituados: bajas salariales, mayor desigualdad, mayor paro o el peligro que corre el Estado de bienestarEl populismo nace del miedo. ¿Miedo a qué? Miedo a perder la forma de vida a la que estamos habituados. Tanto el populismo de derechas como el de izquierdas están preocupados por las bajadas salariales, la mayor desigualdad en el interior de sus países, el mayor paro o el peligro que corre nuestro Estado de bienestar. El diagnóstico de los problemas en gran parte coincide, pero discrepan tanto en las recetas (algunas disparatadas) como a la hora de buscar responsables directos.
El populismo de derechas detecta otra amenaza: la paulatina pérdida de los valores tradicionales de corte occidental, gran parte (guste o no) de base cristiana. Aquí se da una cierta contradicción, el populismo de izquierdas en nombre de la sacrosanta bandera del multiculturalismo no se atreve a reconocer que están en peligro, lo queramos ver o no. Algunos derechos humanos que supuestamente encajan en su ideario: el valor de la vida, de la igualdad hombre-mujer o de los derechos, de los homosexuales o de los niños/niñas, no es igual en unas culturas que en otras. Aquí el enemigo interno europeo se llama una vez más ingenuidad.
Otro de los puntos comunes de los dos populismos es que viven de la (lógica) indignación que provoca lo que ellos llaman casta política instalada en el poder, cerrada sobre sí misma y corrupta, corrupción que con distintos matices extienden a la casta financiera o de las grandes multinacionales. El problema viene de que una vez que se acercan ellos mismos al poder comparten similar condición, ignorando así que el problema de la corrupción tiene una base cultural consecuencia de la pérdida de valores de la sociedad, lo que obliga a combatirla no solo con leyes sino desde la educación.

Finalmente, coinciden en un tercer motivo: miedo a la globalización, responsable último de todos los males. Aquí, de nuevo con matices, la respuesta no es muy diferente: renacionalización y, en el caso europeo, acabar con el euro e incluso con la propia UE, a la que se considera cada vez más cómplice que baluarte defensivo de la globalización: ver reacciones a la firma del Tratado con Canadá.
¿Todo esto tiene solución? ¿Debemos necesariamente caer en el pesimismo? ¿Es cuestión de tiempo que los populismos triunfen en toda Europa? No necesariamente.

Todo este contexto podría verse de otra manera e incluso como una oportunidad. Europa tiene varias tareas pendientes, como ponerse las pilas en el terreno de la investigación y la innovación. Pero no solo. Tal como es hoy, Europa se ha convertido en un foco atractivo para la emigración, un destino más apetecible que otros polos económicos con similar o mayor riqueza. Incluso compartiendo cultura y religión, muchos refugiados o emigrantes prefieren ir a Europa que a Arabia Saudí, Kuwait, Qatar o Corea del Sur. ¿Por qué? Porque nuestro modelo de vida resulta más atractivo que otros, incluso para personas que no comparten nuestros valores. Sería para estar orgullosos, si no fuera porque ello nos puede llevar a morir de éxito, dejando planteamientos algo ingenuos como que en un país con un 20% de paro la inmigración va a resolver el problema de las pensiones.

La UE ha seguido aumentando su sistema de protección social hasta suponer ahora el 60% del gasto total en protección social del mundoLo queramos ver o no, el modelo europeo de vida no es sostenible en el tiempo con las actuales circunstancias. El Estado de bienestar se consolida después de la II Guerra mundial, y junto a los derechos humanos da lugar al modo de vida europeo. Pero las cosas están cambiando. Primero, Europa ha perdido riqueza relativa en el mundo. Hasta 1950, la participación de Europa y Estados Unidos en el PIB mundial estaba por encima del 60%, mientras que a partir de esa fecha el peso de Asia ha ido subiendo y hoy ya ocupa más del 50%. Sin embargo, a pesar de que la economía europea ha ido decreciendo en el concurso mundial (hoy, algo menos del 20% del PIB mundial), así como su población (hoy en torno al 6%), la UE ha seguido aumentando (con algunos vaivenes) su sistema de protección social hasta suponer en la actualidad el 60% del gasto total en protección social del mundo. Ello es consecuencia de que en cada convocatoria electoral, tanto la izquierda como la derecha tratan de conseguir votos con promesas de mayores ayudas (que es lo fácil), y no tanto en mejora de la gestión del sistema. Somos de las pocas zonas del mundo donde se garantiza a su población una jubilación digna, un subsidio en caso de paro, una educación y una protección sanitarias gratuitas, múltiples ayudas diversas a la dependencia y a otros sectores, así como un número de días de vacaciones pagadas sin igual en el mundo.

Ahora bien, ¿es sostenible que Europa se convierta en la proveedora mundial permanente de servicios sociales universales a coste cero? Si estamos orgullosos de nuestro modelo económico-social, primero debemos de acordar cuál es el Estado de bienestar que podemos permitirnos, asegurándonos de hacerlo sostenible en el tiempo, y luego protegerlo. Y para protegerlo hay que extenderlo a otras partes del mundo. Seamos claros: o se comparte la solidaridad con otros territorios prósperos (empezando por el sureste asiático, Australia, los Estados Unidos o la propia China) y cada parte asume su parte de responsabilidad en la acogida de los flujos migratorios, o el modelo entrará en barrena y se hará inviable. El problema de la emigración no lo puede ni debe resolver Europa, sino en su caso el G-20 o la ONU. Es un problema global, y su solución real también debe serlo.

El problema no es la globalización —ni hay que divinizarla ni demonizarla—, sino que esta pueda implicar por ejemplo que una empresa abandone el territorio europeo para buscar países que ofrezcan bajos salarios, consecuencia de la práctica ausencia de regulación laboral y protección social, lo que destruye de forma paralela riqueza y puestos de trabajo en Europa. La deslocalización de las empresas no es en sí mala, e incluso podría suponer algún tipo de redistribución, si no fuera porque busca perpetuar situaciones deficitarias en materia tanto de protección medioambiental como social. Abrir los mercados entre agentes que no juegan con las mismas reglas no es liberalismo, es ingenuidad.

Y ¿cuáles deben ser esas reglas? Pues bien, aparte del respeto al Estado de derecho y la solución pacífica de conflictos y controversias (que compartimos con otros países), quitémonos complejos de encima: ¿por qué no las que nos hemos dotado los europeos? ¿Por qué? Porque son el mejor equilibrio que se conoce. ¿Qué problema existe en pretender que África se desarrolle como lo ha hecho el centro-norte de Europa? No es que queramos imponerlo, es que es lo que sus habitantes quieren, al menos a tenor de los flujos migratorios. De forma paralela, cada país es libre de mantener sus propias costumbres y cultura, siempre que no se pongan en peligro algunos valores universales. Cuando una persona emigra a otro país, debe asumir que algunas cosas no podrá seguir haciéndolas igual. Si unos países funcionan mejor que otros, no es casualidad, y si queremos vivir como ellos o en ellos, debemos aceptar que sus valores van en el paquete.

La solución no es que todo el mundo venga a vivir a Europa, sino que todo el mundo pueda vivir como viven los europeos en su país de origen. La receta pasa una vez más por ‘más Europa’, solo que esta vez a escala global. Como en anteriores crisis, debemos ser ambiciosos, buscar un proyecto que nos una y que sea al mismo tiempo más grande que nosotros. Seamos claros, sin unas reglas claras y comunes en términos de protección social y derechos humanos, no puede haber globalización. O la podrá haber, pero Europa no sobrevivirá, porque ni somos ni podemos ser una isla. Necesitamos un nuevo proyecto europeo que tenga fuerza de arrastre y pueda provocar orgullo sano e ilusión: europeizar la globalización. O hacemos sostenible nuestro Estado de bienestar y lo extendemos en el mundo, o se hará inviable y la globalización lo/nos destruirá. Todo ello, si no queremos que tarde o temprano gane el populismo y acabe de todas formas con cualquier intento de mantener el sueño europeo.

No seamos ingenuos.

Alberto J. Gil Ibáñez es doctor en Derecho Europeo y administrador civil del Estado.

http://www.caffereggio.net/2016/11/15/unico-proyecto-puede-salvar-la-ue-europeizar-la-globalizacion-alberto-j-gil-ibanez-confidencial/

Growing like Spain: 1995-2007

En un trabajo titulado “ Growing like Spain: 1995-2007ii”, los autores señalan que el crecimiento económico en este espacio de tiempo se debió más a la acumulación de factores que a un aumento de la productividad. Mientras en España se crecía a un 3,5%, la productividad de los factores descendía a una tasa de 0,7%. La explicación que, desde la clase política, se nos acostumbra a dar es la de que los factores se desplazaron a sectores poco productivos, como el de la construcción. Pero esta explicación no se soporta con la evidencia encontrada. Lo importante de este trabajo es que la explicación entre esa disminución de la productividad durante tanto tiempo (particular el caso español) puede deberse al comportamiento que tuvieron las empresas de sectores que necesitan del gobierno para sobrevivir (obras públicas, energía, etc.). Si los gobiernos hubiesen destinado una mayor parte de los recursos a empresas “no clientelares” la productividad hubiese crecido a una tasa de 0,3%. Muy interesante, pues según este resultado, no fueron causas de restricciones financieras, problemas del mercado de trabajo, pero tampoco de competitividad, los que había detrás de la pérdida de productividad en nuestra economía

http://articulosclaves.blogspot.com.es/2016/12/growing-like-spain-1995-2007.html

Growing like Spain: 1995-2007∗
Manuel Garc´ıa-Santana UPF, Barcelona GSE, and CEPR Enrique Moral-Benito Banco de Espa˜na Josep Pijoan-Mas CEMFI and CEPR Roberto Ramos Banco de Espa˜na February 28, 2016

Abstract

Spanish GDP grew at an average rate of 3.5% per year during the expansion of 1995-2007, well above the EU average of 2.2%. However, this growth was based on factor accumulation rather than productivity gains as TFP fell at an annual rate of 0.7%. Using firm-level administrative data for all sectors we show that deterioration in the allocative efficiency of productive factors across firms was at the root of the low TFP growth in Spain, while misallocation across sectors played only a minor role. Cross-industry variation reveals that the increase in misallocation was more severe in sectors where government influence is more important for business success, which represents novel evidence on the potential macroeconomic costs of crony capitalism. In contrast, sectoral differences in financial dependence, skill intensity, innovative content, tradability, or capital structures intensity appear to be unrelated to changes in allocative efficiency. All in all, the observed high output growth together with increasing firm-level misallocation in all sectors is consistent with an expansion driven by a demand boom rather than by structural reforms

Introduccion...

The 1994-2007 expansion was the longest in Spanish history. GDP grew at an average of 3.5% per year, which compares favourably to the EU average of 2.2% over the same period. However, Spanish growth during this expansion was based on factor accumulation rather than productivity gains. In particular, annual TFP growth was -0.7%, which is low in comparison to other developed economies such as the US (+0.6%) or EU (+0.4%). Such a dismal performance of productivity growth is surprising for a country that is so well integrated in a trade and monetary union with some of the World technology leaders. We argue that the source of negative TFP growth was the increase in the within-industry misallocation of production factors across firms. We use a large administrative data set of Spanish firms in all sectors to compute several measures of allocative efficiency. In particular, for every year between 1995 and 2007, we compute the potential TFP gains due to factor reallocation as in Hsieh and Klenow (2009) and “model-free” measures of allocative efficiency such as the dynamic decomposition of TFP growth in Foster, Haltiwanger, and Krizan (2006) and the Olley and Pakes (1996) covariances. All types of measures show a severe deterioration of allocative efficiency over the period, which is pervasive across all sectors but larger in construction and services. Instead, we show that the aggregate data from EU-KLEMS is inconsistent with an increase in misallocation across sectors, which casts doubt on the widespread view that specialization in low productivity sectors such as construction was the main force behind Spanish low TFP growth. We thus argue that allocative efficiency of resources across firms is at the root of the low rates of TFP growth observed in Spain. Our results are very stark: had the level of within-sector allocative efficiency remained constant to the level observed in 1995, TFP growth would have been around 0.8% per year. Therefore, our conclusion is that aggregate productivity in Spain stagnated because the economy increasingly allocated capital and labor in the wrong place across firms within each industry....

sigue en:

https://www.cemfi.es/~pijoan/Welcome_files/missallocation_Spain_v34.pdf


01 diciembre 2016

N-492: Inteligencia artificial, retos futuros

“La tecnología que llega, tiene por su naturaleza la capacidad de transformar la forma en que el trabajo y la producción se organiza”, admite a EL PAÍS Guy Rider, director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). “Como consecuencia del retroceso de los salarios y del crecimiento del capital, el trabajo (humano) ocupa una parte cada vez más pequeña de la economía”, señalan Berg, Buffie y Zanna.
La inteligencia artificial está aquí para quedarse, y cada día surgen nuevas aplicaciones prácticas con impacto directo en nuestras vidas. En su cara más oscura se encuentra la posibilidad de que muchos servicios de espionaje se dediquen a rastrear toda la información disponible en la red, y que incluso empresas o individuos con objetivos dudosos puedan también llegar a hacerlo. Los gobiernos habrán de realizar un mayor esfuerzo para garantizar la privacidad y limitar los posibles comportamientos poco éticos que esta nueva tecnología nos trae. Tanto para mal como para bien, las posibilidades serán cada vez más ilimitadas.
1.El renacimiento de la inteligencia artificial
http://articulosclaves.blogspot.com.es/2016/11/el-renacimiento-de-la-inteligencia.html
1.La tecnologia inteligente alza el vuelo-La revolucion robotica http://www.imf.org/external/Pubs/FT/fandd/spa/2016/09/pdf/fd0916s.pdf 2The Future of Jobs Employment, Skills and Workforce Strategy for the Fourth Industrial Revolution
http://www3.weforum.org/docs/WEF_Future_of_Jobs.pdf
3-Inteligencia artificial y trabajos de cuello blanco
http://articulosclaves.blogspot.com.es/2016/11/inteligencia-artificial-y-trabajos-de.html
4.La tecnologia inteligente alza el vuelo-La revolucion robotica http://www.imf.org/external/Pubs/FT/fandd/spa/2016/09/pdf/fd0916s.pdf
5-Renta minima universal
http://articulosclaves.blogspot.com.es/2016/11/la-renta-minima-universal-no-es-ni-de.html
http://articulosclaves.blogspot.com.es/2016/11/helicoptero-renta-basica.html
6- Deben pagar los impuestos los robots?
http://articulosclaves.blogspot.com.es/2016/11/deben-pagar-impuestos-los-robots-por.html
http://transicionsocioeconomica.blogspot.com.es/2016/06/los-robots-te-pagaran-la-seg-social.html
7-Empleo 4.0
http://articulosclaves.blogspot.com.es/2016/11/empleo-40-marc-vidal.html
http://articulosclaves.blogspot.com.es/2016/11/en-la-vanguardia-hablando-de-un-nuevo.html
4-Economia circular
http://articulosclaves.blogspot.com.es/2016/11/economia-circular-mvidal.html
Trabajo -Analisis sobre el empleo-futuro del trabajo
http://transicionsocioeconomica.blogspot.com.es/2015/03/riesgos-de-la-tercera-revolucion.html
http://transicionsocioeconomica.blogspot.com.es/2015/05/future-of-work.html
http://transicionsocioeconomica.blogspot.com.es/2012/05/soluciones-de-jeremy-rifkin.html
http://transicionsocioeconomica.blogspot.com.es/2015/06/nos-acercamos-al-mayor-cambio-visto-en.html
http://transicionsocioeconomica.blogspot.com.es/2015/11/la-robotizacion-masiva-de-empleos-sera.html
http://transicionsocioeconomica.blogspot.com.es/2016/01/la-revolucion-cientifica-imparable.html
http://articulosclaves.blogspot.com.es/2016/12/puede-una-renta-basica-compensar-el.html
http://www.expansion.com/economia-digital/innovacion/2016/11/06/581b4ec4ca47417d158b45d5.html http://www.expansion.com/economia-digital/innovacion/2016/10/22/580a6d20e2704e1a568b4582.html http://www.expansion.com/economia-digital/innovacion/2016/01/23/56a26817268e3ec9788b4644.html
Sera su trabajo realizado por una maquina:
http://www.npr.org/sections/money/2015/05/21/408234543/will-your-job-be-done-by-a-machine

Disipacion de rentas-Nueva Economia http://transicionsocioeconomica.blogspot.com.es/2012/05/transicion-vs-sociedad-de-comunicacion.html
http://transicionsocioeconomica.blogspot.com.es/2015/05/la-revolucion-de-la-nueva.html
Transicion-El mundo que viene-IV Revolucion-Revolucion cientifica
http://transicionsocioeconomica.blogspot.com.es/2015/06/actual-revolucion-cientifica-como.html
http://transicionsocioeconomica.blogspot.com.es/2015/07/el-mundo-que-viene-juan-martinez-barea.html
http://transicionsocioeconomica.blogspot.com.es/2016/03/la-urgencia-de-entender-que-estamos.html
http://transicionsocioeconomica.blogspot.com.es/2016/03/designing-robotic-transition.html
http://transicionsocioeconomica.blogspot.com.es/2016/07/man-and-machine-in-industry-40.html
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Tecnologias disruptivas/Innovacion
http://www.eoi.es/blogs/solangelitacamilo/2012/03/10/la-innovacion-disruptiva-y-la-innovacion-incremental/
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http://forosenar.blogspot.com.es/2016/04/7-caracteristicas-de-la-innovacion-en.html
http://forosenar.blogspot.com.es/2015/06/economia-de-la-innovacion.html


Postcapitalismo -F.Drucker 1992 http://transicionsocioeconomica.blogspot.com.es/2012/11/la-sociedad-poscapitalista-de-peter.html