30 septiembre 2011

N-295:Estudios sobre el impacto de la política económica en el desempleo.


El Premio Nobel de Economía 2010 ha sido otorgado a Peter Diamond, Dale Mortensen y Christopher Pissarides por sus estudios sobre el impacto de la política económica en el desempleo. La teoría de Diamond, Mortensen y Pissarides busca respuestas a la pregunta del porqué aún en tiempos de crecimiento económico hay tanta gente sin empleo al mismo tiempo que existe un número de vacantes importantes. La teoría se basa en la existencia de mercados donde los participantes de lado de la demanda y los del lado de la oferta no están en contacto directo de manera inmediata. El mercado laboral es claramente un mercado de este tipo. Por ejemplo, una empresa que busca llenar vacantes generalmente realiza un proceso de búsqueda que requiere de tiempo, recursos y en muchos casos de intermediarios. Durante la búsqueda, existe la posibilidad de que las ofertas de trabajo no lleguen a manos de los que están dispuestos a realizar esos trabajos.
Los ganadores del Nobel desarrollaron un marco teórico para analizar este tipo de mercados de “búsqueda” y aplicarlo al mercado laboral. Su trabajo se basa en analizar la formación de precios en este tipo de mercados bajo el supuesto de que la oferta y la demanda no necesariamente llegarán a un equilibrio óptimo por fricciones. Los estudios intentan determinar si dichas fricciones incentivan la intervención gubernamental y si dicha intervención juega un papel determinante en eliminar algunas de estas fricciones. La intervención gubernamental en un mercado laboral es prioritaria desde el punto de vista político ya que el desempleo es una de las variables que más pesan en las decisiones de voto. Para los galardonados, la intervención gubernamental en un mercado de búsqueda como el laboral es necesaria, pero no suficiente, para eliminar algunas de las fricciones y por lo tanto podría resultar deseable.
Un ejemplo de esta teoría de las «fricciones»: «Un seguro de desempleo puede ayudar a que el mercado de trabajo funcione mejor: si yo ando buscando empleo y me muero de hambre, aceptaré lo primero que me salga, aunque esto sea un mal "emparejamiento" desde el punto de vista de la sociedad (por ejemplo, un informático trabajando en un Burger King). Pero si tengo un subsidio seguiré buscando hasta que encuentre algo adaptado a mi formación, y que por tanto genere más bienestar para la sociedad. A la vez, un subsidio excesivamente generoso reduce los incentivos a la búsqueda de trabajo. El trabajo de los premiados nos permite medir estos dos efectos y diseñar subsidios de desempleo eficientes desde el punto de vista de la sociedad».
Los galardonados desarrollaron un modelo, conocido como el DMP (por sus iniciales) para analizar el funcionamiento del mercado laboral, la influencia de la política económica y los mecanismos de transmisión de choques externos. El modelo DMP permite analizar el desempleo, la formación de precios (salarios) y las vacantes. El modelo analiza el comportamiento de aquellos que buscan empleo y el proceso de reclutamiento de aquellos que buscan llenar vacantes. El modelo estima la influencia de diferentes variables como la tasa de interés, el seguro de desempleo, los costos de contratación y despido, sobre el empleo.
Respecto a los problemas del mercado de trabajo español basándose en la DMP. Las teorías de los premio Nobel apuntan a que tenemos una tasa de paro tan elevada porque nuestra regulación contractual y nuestra negociación colectiva exacerban las tasas de creación y destrucción de empleo. También porque las subvenciones al empleo son poco eficaces para alargar la duración de las relaciones laborales, porque nuestras prestaciones por desempleo son netamente mejorables en relación con la búsqueda de empleo y el reciclaje, y también porque nuestras políticas activas no facilitan suficientemente los emparejamientos. Éstas serían las claves de una reforma laboral integral.

Basándose en el modelo de «búsqueda» de los Nobel, un grupo de economistas («Los Cien») consideran que es necesario cambiar el nivel de protección social en España. La teoría de explica que apuestan por una reforma que modifique el sistema de contratos y la regulación de la negociación colectiva (consideran "absolutamente necesaria" una nueva regulación de la negociación colectiva, de forma que los convenios de ámbito superior a la empresa dejen de limitar las posibilidades de reorganización del trabajo en las mismas).

Estos economistas  reclaman un contrato único y cambiar el sistema de subsidio del paro. Consideran que una reforma laboral efectiva pasa por la implantación de un contrato único con indemnización por despido creciente con la antigüedad, que permitiría a los trabajadores tener un contracto indefinido desde el principio: contrato único con indemnización progresiva. Al tener indemnizaciones reducidas al principio, este contrato no perjudicaría a los sectores con puestos de trabajo más estacionales y de menor duración, y a la vez generaría una mayor estabilidad laboral a medida que aumentase la duración del empleo.

También apuestan por elevar la eficacia de las políticas activas de empleo (especialmente en el actual contexto de restricciones presupuestarias). Concretamente, por que la percepción de las prestaciones por desempleo se vincule estrechamente a la participación en políticas activas de reinserción y formación.
  Además, un subsidio decreciente incentiva la búsqueda, ya que si es elevado provoca que el trabajador no tenga prisa para buscar empleo y espere a encontrar la oferta que más le guste. De ahí que su propuesta plantee subir la indemnización inicial por despido y que se reduzca con el paso del tiempo, para mantener la protección social y estimular la búsqueda.
 

notas 290-295, basadas en manuales de economia mundial de la UOC 

 

N-294: CEE, operaciones suplementarias de financiación


Tras la quiebra de Lehmann Brothers, en septiembre de 2008, universalmente considerada como el comienzo oficial de la crisis, los organismos internacionales di­fundieron la doble consigna de sostener al sis­tema bancario (contaminado, en medida en­tonces aún ignorada, por activos tóxicos) y poner en marcha impulsos fiscales para soste­ner la demanda. Todo ello presuponía, previ­siblemente, fuertes incrementos del gasto pú­blico y, en presencia de una más que probable caída de la recaudación tributaria, un aumento considerable del déficit público. Parecía prefe­rible la financiación ortodoxa de ese déficit, pero la destrucción de riqueza registrada du­rante la crisis, unida a la general ausencia de li­quidez, no permitían albergar muchas espe­ranzas de que el ahorro disponible pudiera hacerse cargo de la financiación que iban a ne­cesitar los países más sacudidos por la crisis, y prácticamente todos al mismo tiempo.

En el caso de la Unión Monetaria Europea, la solución pasó por una serie de operaciones su­plementarias de financiación del Banco Central Europeo a plazo de un año, a un coste para las entidades bancarias del 1% de interés anual. Los bancos obtenían prestado al 1 por ciento y compraban deuda pública a tipos mayores del 3%. De este modo, la fi­nanciación a un año ha condicionado el venci­miento de la mayor parte de la deuda pública, que ha tenido que emitirse a corto plazo: con las operaciones a un año, una gran parte de las necesidades (financiar el déficit pú­blico anual, la renovación de deuda que financia el déficit de años anterio­res y los pagos por venci­miento de parte de la deuda pública) ha podido ser cu­bierta por la banca, que a su vez obtenía sus re­cursos del BCE. Este mecanismo de financiación del déficit público implica una monetarización (indirecta) del déficit público. Recordemos que la monetarización consiste en la financiación del déficit público mediante la emisión de dinero, originando con ello inflación.  
En el otoño de 2009 el BCE tomó en serio los in­dicios de reactiva­ción económica en Ale­mania y Francia, y reapareció la preocupación ante posibles rebrotes inflacionistas. La reactivación franco-alemana prometía disminuir rápidamente el déficit, reconducién­dolo a la tasa del 3 por ciento, fijada como má­ximo en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que la Unión Europea había decidido dejar en suspenso temporalmente en lo más álgido de la crisis. Y dado que el lide­razgo franco-alemán debía permitir disciplinar a los demás miembros de la Unión Monetaria, el BCE anunció que en 2010 ya no habrá más operaciones suplemen­tarias de financiación.

Si no se dispone del mecanismo de las operaciones suplemen­tarias de financiación todos los países de la Unión Mo­netaria con necesidades financieras tendrán que acudir al mer­cado de capitales. Pero dado que es dudoso que haya re­cursos para todos los distintos países, estos competirán por la financiación disponible, debiendo convencer a los ahorradores de que la deuda es tan segura como la que más. Esto afecta intensamente a los países con una situación financiera más débil: Grecia, Portugal, España… Si además, la reactivación de Alemania se está frenando (con esto no contaba el BCE) y si Alemania no cierra la brecha de su déficit, también competirá con Grecia, España y los demás países débiles por renovar su propia deuda, y difícilmente habrá para todos.  
Este racionamiento de fondos disponibles afecta a los tipos de interés. La prima de riesgo la deuda pública española (que es el diferencial de los tipos de interés que paga España respecto a Alemania en bonos a 10 años) ha aumentado (ha pasado de 58,7 a 188,6 puntos básicos) en los últimos 12 meses. Ello a pesar de que las decisiones adoptadas en el ámbito de la contención del déficit público y de la reestructuración bancaria han sido  pilares básicos que han permitido que los tipos de interés de la deuda pública española, desde julio, se hayan desmarcado de la pauta de continuo incremento observado en el resto de economías periféricas.

La decisión del BCE de imposibilitar la monetarización del déficit público, afecta a la capacidad (reduciéndola) de colocar la deuda pública española en los mercados de capitales  internacionales o alternativamente obliga a aumentar los tipos de interés.

Un mayor gasto público y una menor recaudación fiscal implican la expansión del déficit público. Cerrada la vía de la monetarización del déficit público, dada la dificultad de colocar la deuda pública tanto por la mayor concurrencia de un mayor número de países a los mercados internacionales de capitales como por el hecho de que España forma parte (junto con Grecia, Irlanda, Portugal) de los países con mayores desequilibrios estructurales y que han sido los más expuestos al escrutinio del mercado, dadas las exigencias de las autoridades europeas y del conjunto de acreedores de la deuda española (que suele conocerse con el nombre de mercados), resulta evidente que la única forma de hacer frente al déficit público es reducirlo, es necesario un ajuste presupuestario. Un ajuste presupuestario que implica aumentar los ingresos públicos aumentando los tipos impositivos (ya la recaudación vía impuestos se ve reducida por la disminución de la renta en las fases de recesión) y reducir el gasto público. Luego, no serían factibles políticas fiscales expansivas dada la imposibilidad de su financiación.

Para apaciguar las dudas sobre las finanzas públicas españolas y convencer de que se puede volver al cumplir con el Pacto de Estabilidad (que establece un límite de déficit del 3%), el Gobierno aprobó un plan de austeridad para reducir el gasto en 50.000 millones durante los próximos cuatro años. Además, el Ejecutivo hizo coincidir este anuncio con la propuesta de reforma de las pensiones que elevaba la edad de jubilación a 67 años para reforzar su imagen de que va a cumplir con el mandato de la UE. Además, los Presupuestos del Estado para 2011 son un intento obsesivo por reducir el déficit público al 6%, según el programa marcado por las exigencias de las autoridades europeas.

Entre las medidas adoptadas han consistido en: el recorte del sueldo de los empleados públicos; la congelación de las pensiones; la suspensión del régimen transitorio de la jubilación parcial; la eliminación de la retroactividad en prestaciones por dependencia; la eliminación del «cheque-bebé»; el recorte del gasto farmacéutico; el recorte de inversiones y ayuda al desarrollo; y la modificación de acuerdos marco con comunidades y entidades locales.

De estas medidas, resulta contradictorio proponer un recorte del déficit fundamentado en una contención de los gastos sociales y un recorte sin precedentes de la inversión en infraestructuras y, al mismo tiempo, sostener que ese presupuesto ayudará a conseguir una tasa de crecimiento del 1,3% en el ejercicio presupuestario. Esto es así porque al reducción en el consumo público, inversión pública y transferencias suponen una reducción de los componentes de la demanda agregada, que agrandados vía multiplicador, posiblemente afectarán negativamente a la producción y al crecimiento.



N-293-La economía española y la primera crisis del siglo XXI

1-Factores de crecimiento a largo plazo                 

     España se separa definitivamente de lo que el Gobierno llamó la Champions League, donde España era  “la que más partidos gana, la que más goles marca y la menos goleada”. Lo decía el presidente Zapatero hace ahora exactamente cuatro años, en 2007, cuando la economía acarició el G-8. Era más que un sueño: entonces, cuando el PIB trotaba a tasas interanuales superiores al 3,5%, España era la octava potencia del mundo. Figuraba en el grupo de élite con EEUU, Japón, China, Alemania, Reino Unido, Francia e Italia.
Ahora, en la peor crisis de la historia reciente, la situación es bien distinta. España pasa del 8 al 12  puesto del ránking y caerá al 13, en 2013. 
Canadá, Brasil, Rusia, India o Australia llegarán a superar a la economía nacional según esta clasificación, que es la que ejemplifica la Champions League de Zapatero, pero no la más rigurosa. Calcula el PIB en dólares corrientes, por lo que es muy sensible a la variación de los tipos de cambio, provocando que una brusca oscilación del euro pueda alterar el resultado.
Para eliminar ese problema, se utiliza la medición por paridad de poder de compra. Aunque las conclusiones en este ránking, que filtra las distorsiones que genera la inflación, tampoco varían mucho. El descenso en este caso es de sólo tres puestos, pero se muestra mejor esa progresiva pérdida de peso de España a lo largo del tiempo.
Así, de 2004 a 2008, el año en que empezó a caer el PIB, España ocupó el duodécimo puesto gracias a un producto interior bruto de 1.396.895 millones de dólares. Pero en 2009 la situación se torció: Corea adelantó a España, que bajó al decimotercer puesto. 
Después, el descenso proseguirá: el empuje de Canadá relegará a España a una modesta decimocuarta posición en 2014 y 2015. Ya en 2016, culmen de la carrera cuesta abajo, el país verá cómo le supera Indonesia para conformarse con el puesto decimoquinto. El resto de campeonas de euro (Alemania, Francia e Italia) seguirán en el top ten.


 
PIB, población y empleo 2007.
Países
PIB*
Población**
Activos
Ocupados
USA
13.741,6
301.140
153.124
146.045
Japón
4.293,5
127.694
66.680
64.130
Alemania
2.829,1
82.731
41.686
38.083
Francia
2.077,8
61.525
27.843
25.628
Reino Unido
2.168,1
60.821
30.006
28.435
Italia
1.813,2
58.754
24.728
23.222
España
1.417,4
44.072
22.190
20.356
Portugal
242,0
10.606
5.618
5.170
UEM-15
10.516,5
319.857
152.586
141.392
*PIB a precios de mercado; miles de millones de $ (PPC) -Paridad de Poder de Compra-
**Población, Población activa y empleo en miles
***Empleo Total (miles)
Fuente: OCDE
El PIB por habitante de una economía es el resultado conjunto del rendimiento por ocupado (relación entre PIB y número de ocupados) y el porcentaje de población que realiza actividades productivas (ocupados per cápita). A su vez, el empleo per cápita depende de la parte de la población que participa activamente en el mercado de trabajo (tasa de actividad) y de la relación entre la ocupación y la población activa (tasa de ocupación); así puede escribirse:

PIB/Población = PIB/Ocupados x Ocupados/Activos x Activos/Población

De esta relación se infiere que el aumento de la productividad, de la tasa de ocupación o de la tasa de actividad (o cualquier combinación de ellas) conduce a un incremento del PIB per cápita, esto es a un crecimiento económico.
El resultado de realizar la descomposición del PIB per cápita aparece en las tablas siguientes: Ejemplo: España

PIB/P = 1.417,4*106/44.072 = 32.161$
PIB/PO = 1.417,4*106/20.356 = 69.630,6$
PO/PA = 20.356/22.190 = 0,92
PA/P = 22.190/44.072 =0,50

Países
PIB/P*
PIB/PO*
PO/PA
PA/P
USA
45.631,9
94.091,5
0,95
0,51
Japón
33.623,3
66.949,9
0,96
0,52
Alemania
34.196,4
74.287,7
0,91
0,50
Francia
33.771,6
81.075,4
0,92
0,45
Reino Unido
35.647,2
76.247,6
0,95
0,49
Italia
30.860,9
78.081,1
0,94
0,42
España
32.161,0
69.630,6
0,92
0,50
Portugal
22.817,3
46.808,5
0,92
0,53
UEM15
32.878,8
74.378,3
0,93
0,48

Países
PIB/P
PIB/PO
PO/PA
PA/P
Italia
93,9
105,0
101,34
88,23


España
97,8
93,6
99,00
105,54

 Existen diferencias relevantes en el PIB per cápita de los países considerados, destacando los mayores niveles de USA (138,8 UEM=100) respecto de Japón y las economías europeas. Estos contrastes internacionales se deben principalmente a la mayor productividad estadounidense (126,5 UEM = 100) y en menor medida a las variables de empleo.

Entre los países comunitarios destacan los mayores niveles de PIB per cápita del Reino Unido, Alemania y Francia respecto a los inferiores de España, Italia y Portugal. Estas desigualdades se deben básicamente a las superiores productividades, destacando en este sentido Francia (109 UEM=100), ya que en el resto de economías mediterráneas (excepto Italia, con una elevada participación de la productividad (105 UEM=100) y muy reducida en términos de empleo -Tasa de actividad 88,23 UEM=100- ésta es comparativamente más reducida. En términos de empleo, en cambio, los cocientes son mejores para España y Portugal, con altas tasas de actividad en ambos casos.

2-Pautas de crecimiento de la economia española               

A partir de los datos de Eurostat de 2009 podemos señalar diversos cambios en las pautas de crecimiento de la economía española como consecuencia de la crisis económica. En primer lugar, destaca el mayor crecimiento de la productividad aparente del trabajo que en términos relativos supera a la media de los países euro (101,3 UEM=100), y por otro lado la menor importancia de las variables de empleo, destacando la caída de la tasa de ocupación.  Es decir, parece ser que en épocas de ralentización del crecimiento la productividad del trabajo aumenta más que la renta per cápita, disminuyendo por tanto la tasa de empleo per cápita como consecuencia del descenso en el empleo. Esta situación también patente en otros países europeos es especialmente importante en el caso de España, como consecuencia del mayor ritmo de destrucción de empleo. En definitiva este repunte tan acusado de las tasas de variación de la productividad no ha venido dado por un incremento de la capitalización de las empresas o por mejoras en el capital humano, físico o tecnológico sino simplemente por la masiva destrucción de empleo, más de un millón setecientas mil personas de 2007 a 2009:

En realidad, la mejora de productividad indicada es la consecuencia precisamente del ajuste de plantillas de las empresas. Han desaparecido muchas de las empresas menos productivas y las que quedan han llevado a cabo procesos de ajuste cerrando las plantas y actividades menos productivas, con la consiguiente reducción de empleo. Como es bien conocido esa reducción ha afectado especialmente a los trabajadores con contrato temporal por su menor coste de despido (o directamente la no renovación)”. Con P de productividad
Por otro lado, y enlazando con lo anterior, la necesidad de  recortes presupuestarios en los próximos años por el elevado endeudamiento de la economía española afectará negativamente a los factores condicionantes más importantes del crecimiento de la productividad a largo plazo: la calidad del capital humano, las actividades de I+D o las infraestructuras públicas.

3-Deficit publico                                     


Necesidad de Financiación de la Nación 

La posición financiera de los sectores institucionales, en el periodo comprendido en el gráfico, el bienestar (privado y público) de la sociedad española se ha financiado en parte con deuda exterior, porque el ahorro interno y los recursos fiscales no son suficientes para sostener el nivel de gasto en España, sobre todo el generado a partir de la burbuja inmobiliaria expandida a partir de 1998.
Por lo que se refiere a la financiación de las administraciones públicas, estas han incrementado considerablemente sus necesidades de financiación, dado que las políticas presupuestarias han sido una importante herramienta con la que los Gobiernos han tratado de frenar la pérdida de pulso económico observado desde finales de 2008 (citemos como ejemplo el Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo (Plan E), el aumento de prestaciones por desempleo,...). La activación de tales políticas ha generado un desajuste significativo de las cuentas públicas en España (y en la mayor parte de los países desarrollados).

4-Reforma del mercado de trabajo                       

El coste laboral unitario es el cociente entre el coste laboral y la productividad de un trabajador. .Los Costes Laborales Unitarios (CLU) relacionan la remuneración a los asalariados por su participación en el proceso productivo y la productividad de la mano de obra utilizada en el mismo. Es decir, es el coste laboral de una unidad producida.  

El coste laboral es la suma de los costes salariales en que incurre el empleador por la utilización del factor trabajo (las remuneraciones totales, en metálico y especie, que perciben los trabajadores por la prestación de sus servicios laborales) y la suma de otros costes los cuales comprenden las cotizaciones obligatorias a la Seguridad Social y las percepciones no salariales como las indemnizaciones por despido y por terminación de contrato,…
La evolución a lo largo del tiempo de los niveles de CLU se analiza como indicador de competitividad-precio, de tal forma que un crecimiento de los costes laborales superior a la productividad empeora los CLU, lo que supone pérdidas de competitividad en comparación con otras economías que los mantengan estabilizados. Un crecimiento del  CLU se trasladará necesariamente sobre el precio del producto (elevándolo) siempre que se quiera mantener constantes los márgenes empresariales, o sobre el margen de beneficio de la empresa (reduciéndolo) si se mantienen inalterados los precios con objeto, por ejemplo, de no perder competitividad-precio, o en una combinación de ambos.

Respecto a las medidas adoptadas destacar: la extensión del contrato de fomento del empleo con indemnización de 33 días por año.; que una empresa pueda despedir por motivos económicos (con indemnización de 20 días por año trabajado) si alega "pérdidas actuales o previstas" o si registra "una disminución persistente de su nivel de ingresos". Esta última norma se aplica a todos los contratos, ya sean indefinidos, de fomento del empleo o temporales, firmados antes de la reforma o después, y el Estado financia, a través de un fondo público nutrido con aportaciones empresariales, parte de la indemnización. En ambos casos, la reducción del la indemnización reduciría el coste laboral y disminuiría el CLU, lo que apuntaría a una mejora de la competitividad vía precio. El descuelgue salarial respecto de lo que marque el convenio sectorial reduciría los costes salariales y con ello disminuiría el CLU.

Respecto al avance en flexibilidad interna, perseguido con el modelo alemán de reducción de jornada, propone que a cambio de mantener la plantilla, el empresario reduce la jornada y el sueldo al trabajador, al cual se le compensa la merma salarial cobrando el paro correspondiente a las horas no trabajadas. Esto supondría una mejora de la productividad y disminuiría el CLU.

Respecto a justificar que estas medidas pueden ser poco efectivas, señalar que la contratación no tiene su origen en la facilidad que tenga el empresario para despedir al trabajador, sino en la demanda (recordemos que la demanda de trabajo es una demanda derivada: depende de la renta de una economía). El reducir el coste del despido tiene una afectación sobre la creación de empleo en el sentido de que cuando las empresas tengan descensos en la demanda optarán prioritariamente por este recurso en vez de fomentar el desarrollo técnico como fórmula para incrementar la productividad. Así, la competitividad de nuestra economía se sigue basando en la reducción de costes laborales y no en incrementar la productividad, a través de la inversión empresarial, la innovación, la formación y el empleo de calidad, la mejora en el funcionamiento de los servicios públicos,...Pero, y es más, reducir los costes laborales puede deprimir aún más la demanda, lo cual dificultaría la reactivación de la inversión y de la innovación.

La reforma laboral se está planteando exclusivamente en términos de  reducción de los costes del factor trabajo, pero sin afrontar los dos aspectos fundamentales para una economía del siglo XXI en nuestro entorno: incrementar el capital tecnológico (y su uso eficiente por las empresas) y del capital humano (educación y formación permanente).

http://www.bde.es/webbde/SES/Secciones/Publicaciones/PublicacionesAnuales/InformesAnuales/09/Fich/inf2009.pdf
  

Factores de crecimiento económico en España, 2009
Países
PIB/P
PIB/PO
PO/PA
 PA/P
España
95,8
101,3
89,9
105,2
UEM15
100,0
100,0
100,00
100,00
Fuente: Eurostat


     La web del Banco de España presenta datos recientes sobre la balanza de pagos española. Los cuadros siguientes resumen la evolución de las principales cuentas de la balanza de pagos en este último año.  http://www.bde.es/webbde/es/estadis/infoest/indeco.html
La situación deudora o acreedora de un país respecto del exterior refleja la relación entre ahorro e inversión internos así como el estado del saldo exterior de la economía. Esta situación se expresa en la identidad del equilibrio exterior:
      (X-M)=(S-I)

 España no tiene  una posición acreedora o que tenga capacidad de financiación, el ahorro interno no es superior a la inversión y hay deficit las exportaciones de bienes y servicios son inferiores a las importaciones. La economía tiene un nivel de ahorro insuficiente y se necesita recurrir a la financiación externa.
A partir de la incorporación de España a la UE, momento en lo que tenía un ligero superávit exterior, empieza un proceso de deterioro de su capacidad acreedora que se acentúa en periodos de crecimiento debido principalmente al déficit comercial crónico y estructural de la economía española.

Los diferentes saldos de la balanza de pagos de España indican que actualmente tiene una clara necesidad de financiación. La capacidad o necesidad de financiación de una economía corresponde con la suma de los saldos de la balanza por cuenta corriente y la balanza por cuenta de capital y actualmente la suma de estos saldos de enero en julio de 2010 es de -27.223 millones de euros. Tanto el saldo de la balanza por cuenta corriente como el saldo de la balanza de capital han mejorado en el último año; reduciéndose el déficit comercial por cuenta corriente por la reducción de los pagos por rentas e incrementándose el valor positivo del saldo de la balanza de capital por aumentos de los fondos comunitarios incluidos en esta partida (fondos estructurales y de cohesión). Eso ha implicado una disminución de la necesidad de financiación de la economía española de un 19% respecto del mismo periodo del año 2009.

Estos factores explican que el saldo de la balanza por cuenta corriente haya variado en el último año,  las partidas que integran la balanza por cuenta corriente vemos cómo la balanza comercial sigue presentando un saldo negativo que se agudiza durante el 2010 debido al incremento del déficit energético marcado por el incremento de los precios del petróleo respeto al 2009. La balanza de servicios tiene una tendencia a la mejora pero no consigue compensar el déficit comercial debido al deterioro del superávit por turismo. La balanza de transferencias presenta un déficit creciente ya que la moderación por el pago por remesas de emigrantes ha sido compensada por el descenso de las transferencias corrientes procedentes de la UE. En cambio la balanza de rentas ha reducido su déficit por la disminución de los pagos ligados al capital (dividendos, rentas inmobiliarias, etc.).



Factores que han influido en la situación actual de España:

  • Conocer las características de la globalización con más repercusiones sobre la economía española.

  • Conocer las características del nuevo régimen macroeconómico español.

  • Entender la influencia de la base material, principalmente de la población, como factor de crecimiento económico en España.

  • Analizar las virtudes y defectos del crecimiento económico español.

  • Conocer el papel que las condiciones de financiación ha tenido sobre la economía española y su influencia en el crecimiento económico.

  • Comprender cómo los factores de crecimiento económico conducen a un aumento del negocio inmobiliario en España y cómo éste se convierte en un factor adicional de crecimiento económico.

  • Analizar cómo se pasa del crecimiento a la crisis económica en España.

  • Estudiar la influencia de los factores internacionales en la crisis económica española.----